Finanzas ‘cárnicas’

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:47

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/8/2017

En pleno mes de agosto los móviles están que echan humo. No paran, especialmente el Whatsapp, por el que nos llegan fotos y mensajes desde todas las partes del mundo: del que se ha ido a recorrer las Highlands escocesas; de la que anda por los países nórdicos; de los que están visitando alguna Universidad latinoamericana, o de otros, que han escogido destinos más novedosos, como Vietnam o Birmania. Sitios muy diferentes entre sí pero que, sin embargo, comparten algo en común. En todos ellos se puede acudir a un McDonald’s para tomar una hamburguesa Big Mac. De hecho, 69 millones de clientes pasan cada día por estos establecimientos. Y esta circunstancia, que un mismo producto, con idénticas características, se sirva en restaurantes muy similares en 120 países, lo convierte en ideal para establecer comparaciones monetarias. Es lo que hace desde 1986 la revista The Economist al calcular el Big Mac Index.

Este indicador se basa en la teoría de la paridad del poder adquisitivo, que afirma que las tasas de cambio de los países deben ajustarse hasta ser iguales a los precios de una canasta de bienes y servicios. Para este índice la canasta estaría compuesta por un solo producto: el Big Mac. Comparando los precios en las monedas locales de esta hamburguesa y los tipos de cambio oficiales, el índice permite valorar de forma aproximada si las monedas están en su nivel correcto, sobre o infravaloradas respecto al dólar americano.

A julio de 2017, fecha de la última actualización, de las 34 monedas que se analizan, 31 están infravaloradas, aunque muchas han recuperado terreno frente al dólar en estos últimos seis meses. Sólo el franco suizo y las coronas noruega y sueca están más caras que el dólar, sobrevaluadas un 27%, 11% y 9%, respectivamente. A la cola, las monedas de Ucrania y Egipto, infravaloradas más del 67%.

En la Eurozona, el precio medio de un Big Mac es de 3,91 euros, ó 4,47 dólares al cambio de mercado. Como en Estados Unidos cuesta 5,30 dólares, esto implica que el euro está un 16% infravalorado: el cambio es a 0,88, pero el índice señala que realmente debería ser 0,74. No obstante, el euro ha mejorado porque en enero el descuento llegaba al 20%. Las políticas monetarias de la Reserva Federal y de otros bancos centrales, como el Banco Central Europeo o el de China, han distorsionado fuertemente los tipos de cambio, afectando más a las monedas de aquellos países que no se han defendido con estímulos propios.

A este índice se le acusa de poco científico, pero a pesar de sus limitaciones se ha convertido en una valiosa herramienta de análisis económico, prefiriéndose a estudios similares como los índices Ipod o Coca Cola. En todo caso, sus resultados indican hacia dónde deberían encaminarse los tipos de cambio, hay que enmarcarlos como comportamientos de las monedas en el largo plazo.

Repaso el destino de mis allegados y los cotejo en el Excel de The Economist. En Vietnam el precio de la Big Mac es de 60.000 dongs vietnamitas, 2,64 dólares al tipo de cambio actual: esta moneda está infravalorada un 50,2%. Casualmente me entra un whatsapp: “Este país va hacia arriba”. Contesto desde mi pueblo: “¿Me traerías dongs para España?”

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Aniversario de la crisis financiera

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/8/2017

Esta semana se han cumplido diez años desde el inicio de la crisis financiera. El aniversario ha propiciado que se lleve a cabo en los medios de comunicación una revisión exhaustiva de la misma: los hitos más importantes, el análisis de sus causas y consecuencias, el impacto particular en cada uno de los países o los remedios aplicados para sortearla. No es para menos, la crisis fue de tal magnitud que las economías se resquebrajaron, los mercados financieros y la banca estuvieron a punto de colapsar y han sufrido una intensa reestructuración, transformó la política e incluso ha supuesto un cambio cultural de importancia. Ayer mismo, la Comisión Europea también aprovechaba esta fecha para celebrar la situación económica actual y, al igual que han hecho los otros países desarrollados, daba la etapa por finalizada. Demasiado optimismo derrochan.

Si hay algo que no se cuestiona de la crisis es que la desaforada expansión del sistema financiero fue su principal causa. La llegada de internet junto con la intensa desregulación y la mala supervisión del sistema financiero permitieron que la banca aumentara espectacularmente el volumen de deuda. En 1950 la deuda privada -a hogares y a empresas- en EEUU suponía el 50% del PIB, y en 2007 alcanzó el 160%. En España, creció del 80% del PIB de 1980 al 230% en 2007. “Los bancos ponían dinero en cualquier cosa”, dijo hace pocos días Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal, recordando el inicio de la crisis.

Sin embargo, a pesar del consenso sobre lo anterior, diez años después, la deuda total sigue creciendo. Si la deuda privada en los países desarrollados se ha reducido significativamente, este descenso se ha visto acompañado del crecimiento de sus deudas públicas. Además, la política de sus bancos centrales, con tipos de interés a niveles nulos o negativos, incitan de nuevo a que se endeuden familias y empresas.

Seguimos instalados, por tanto, en un modelo económico que necesita deuda para el crecimiento. Y si atendemos a la cualificada tesis de Adair Turner, presidente que fue de la Autoridad para la Estabilidad Financiera del Reino Unido, expuesta en su libro Between Debt and the Devil (2015), para crecer es necesario cada vez mayor cantidad de deuda. Y en las décadas anteriores a la crisis ya se necesitó un aumento del 10-15% para lograr un crecimiento del PIB del 5%.

No puede decirse que la crisis haya pasado en balde. La Comisión Europea también hacía balance ayer de las muchas medidas que se han tomado para que nuestras instituciones financieras sean más fuertes y para que estén mejor supervisadas. Pero no deben bajar la guardia. La economía occidental se desarrolla sobre un volumen descomunal de deuda, que habría que restringir y vigilar hacia dónde es canalizada. Además, como consecuencia también de la crisis, otros países se han añadido a este modelo de endeudamiento excesivo. Entre ellos, China, donde se ha cuadriplicado la deuda privada en estos últimos diez años, alcanzando el 304% del PIB. Así, la deuda mundial no deja de batir récords, ya nos debemos a nosotros mismos 217 billones de dólares: la adicción a la deuda se contagia y no para

 

Reclamaciones financieras

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/8/2017

El Banco de España ha publicado recientemente la Memoria de Reclamaciones de 2016. Este documento permite conocer el grado de armonía de los clientes con sus entidades bancarias. En principio, parecen buenas noticias. El informe señala que el número total de expedientes interpuestos el pasado año fue de 14.462, un 28,6% menor que en 2015, continuando la tendencia descendente experimentada desde 2013, cuando se alcanzó el máximo histórico, con 34.645 reclamaciones. Pero sigue siendo muy alto en comparación con lo habitual antes de la crisis financiera, cuando se registraban unas 5.000 solicitudes al año. Además, la Memoria avanza un mal dato para 2017: se espera que el año termine con 30.000 reclamaciones.

Los andaluces son los que más reclamaciones presentaron, 3.564, un 24,6% del total. Le siguen los madrileños, con el 16% del total en términos absolutos, pero con una incidencia muy escasa si se pondera en función de la intensidad de la actividad bancaria de cada región. Los valencianos y los catalanes ocupan el tercer y cuarto puesto, ambos con un 10%.

Los clientes protestaron principalmente -más de la mitad- por las operaciones de préstamos. En un gran porcentaje por las cláusulas suelo, las causantes de que se hayan disparado el número de reclamaciones estos últimos años. También fueron muy numerosas las discrepancias en las liquidaciones de las cuentas corrientes y las incidencias relacionadas con las tarjetas de crédito y las transferencias.

De las reclamaciones recibidas, algo más de la mitad fueron admitidas a trámite; el resto se rechazó por falta de documentación, incumplimiento de requisitos o bien porque se trasladaron a otros organismos supervisores. De las admitidas, en 7 de cada 10 el Banco de España falló a favor del cliente, considerando que la entidad no había hecho lo correcto en cuanto a la normativa de transparencia o a las buenas prácticas bancarias.

Pero, a pesar del dictamen del supervisor, los bancos sólo rectificaron su postura en el 36,8% de las veces, para cuestiones ajenas a las cláusulas suelo, y en el 31% para éstas, lo que supone un empeoramiento respecto al pasado año. Así que, como las resoluciones que emite el Banco de España no son vinculantes, la mayoría de los clientes tienen que acudir finalmente -con su informe favorable en mano- a la vía judicial.

Los juzgados están colapsados, y lo seguirán estando porque el grado de confrontación sigue siendo muy intenso. Y de nuevo son los préstamos hipotecarios los que están detrás del descomunal incremento de reclamaciones que se está experimentando este año. Ahora, por los gastos de formalización, al declarase abusivas las cláusulas que los imputaban al consumidor. Es de esperar que la nueva ley hipotecaria deje bien claros los términos en los que deben firmarse estas operaciones, porque en el futuro el nuevo foco de conflictividad podría derivarse de las desavenencias de los clientes respecto a cómo evolucionen las condiciones de los productos financieros a los que se vinculan para obtener mejores precios en sus hipotecas. Y habrá un ejército de abogados perfectamente entrenado deseando atenderles.

El seguro de depósitos bancarios

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/7/2017

Quién a la hora de abrir una cuenta corriente o un depósito en un banco se preocupa previamente de analizar su situación financiera? Pocos contestarán afirmativamente, aunque sería lo adecuado, porque, al fin al cabo, le estamos prestando nuestro dinero. Lo elegimos por la proximidad de su sucursal, por los consejos de otros usuarios o por sus ofertas. Sólo los que manejan importes muy altos se preocupan por la mayor o menor solvencia de la entidad en la que depositan su dinero. Elegimos sin temor y los mantenemos con confianza en gran parte porque sabemos que los depósitos están garantizados, por persona y entidad, hasta 100.000 euros. Pero hay que ser conscientes de que este seguro tiene un precio.

En principio, de esta protección se encarga el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) que se nutre de las aportaciones ordinarias, y extraordinarias si hacen falta, de la banca. Pero lo cierto es que si se presenta una crisis sistémica, con muchas entidades implicadas, o si la entidad es demasiado grande, el fondo puede resultar insuficiente. Entonces, la responsabilidad de los depósitos recae finalmente en el Estado. No es teoría, lo hemos sufrido en la práctica.

Hace unos días, el gobernador del Banco de España, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación en el Congreso de los Diputados, al disertar sobre la crisis financiera y el rescate, dejaba este funcionamiento bien claro: la insuficiencia de recursos de los fondos de garantía de depósitos hacía necesario utilizar recursos públicos para la banca, se adoptara la solución que se adoptara. Los depósitos de las entidades financieras quebradas ascendían a 487.000 millones de euros, de los que más de 250.000 millones estaban garantizados. Se les inyectó 21.071 millones de euros del FGD y 39.542 millones de euros de dinero público. Ningún depositante se ha quedado sin su dinero, ni siquiera los no cubiertos.

No sólo ha pasado en España, en otros muchos países se ha utilizado dinero público para salvar el sistema bancario. Por eso, en Europa, tras la crisis, los controles se han disparado, elevando los requerimientos de capital e imponiendo nuevos ratios, de liquidez y de endeudamiento. Se ha trasladado la supervisión a Europa. Se ha creado un Mecanismo de Resolución para atajar los problemas… Todo lo necesario para evitar que la garantía pública tenga que entrar en juego. El banco Popular ha sido el primer ejemplo. Pero, por mucho que se vigile, podrá pasar de nuevo.

Actualmente el seguro de depósitos -y cada vez con un límite más alto- es esencial para la estabilidad financiera, porque aumenta la confianza de los depositantes, frenándose los pánicos bancarios. También se considera positiva la tranquilidad que supone para el ciudadano, que puede considerar el depósito como un producto sin riesgo. Pero los depósitos en España equivalen a más del 140% del PIB; y más de un 60% del PIB los que están cubiertos Y el seguro de depósitos se ve condicionado -sólo es creíble- por la fortaleza financiera del Estado que lo soporta. ¿Qué clase de sistema bancario hemos diseñado?, ¿dónde empiezan y terminan banca y Estado?

‘Winter is coming’

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/7/2017

Esta semana se celebraron dos nuevas subastas de valores del Tesoro. Da gusto ver sus resultados, esos tipos de interés tan negativos a corto y tan mínimos a largo. Proporciona alivio saber con el bajo coste con el que el Reino de España se está financiando. Pero, a la vez, producen el sentimiento de ver algo falso, artificial, impostado, que van ir desapareciendo en un breve plazo: “ya los días son más cortos y el frío empieza a calarnos”. En la última comunicación del Banco Central Europeo (BCE), de 8 de junio, se retiró la coletilla “y más negativos si fuese necesario”. Y en las actas de esa reunión se recogía la posibilidad de eliminar “prolongar las compras más allá de 2017 si fuera necesario”. También, en el castillo de Sintra las trompetas de retirada sonaron. Ayer volvió a hablar Draghi. Winter is coming, pero como en Juego de Tronos, aún se tomará su tiempo.

De momento, como en estos últimos años, el sol seguirá calentando. En la subasta del pasado martes, el Tesoro colocó 2.981 millones de euros en letras a 3 y a 9 meses, obteniendo nuevos récords de tipos a corto plazo: -0,48% y del -0,39%, respectivamente. En la subasta de ayer jueves, colocó 4.577 millones de euros, la mayor parte a diez años, con una rentabilidad, 1,64%, algo superior a la de la última subasta; el resto, en bonos a tres y cinco años, con rendimientos, 0,02% y 0,31%, aún menores que los anteriores. La prima de riesgo se mantiene muy baja, ayer descendió hasta los 93 puntos básicos.

Las subastas sienten la magia de Draghi. De los 1,12 billones de euros de deuda del conjunto de las administraciones públicas españolas, el BCE es el dueño del 16,33%, es el principal acreedor del Reino de España. De los 221.364 millones de euros que emitió el Tesoro en 2016, el BCE arrambló con 93.514 millones. Es una mano fuerte. Y cuando en un mercado hay un comprador dispuesto a comprarlo todo, ya se sabe, suben los precios, o sea, bajan los rendimientos.

Ya han pasado ocho años desde que el BCE comenzara a actuar para paliar los efectos negativos de la crisis sobre la inflación, la actividad y la estabilidad financiera. Winter is coming se repite como un mantra desde hace meses. Sin embargo, ayer no se cambió ni una coma respecto al último comunicado. Se mantienen intactos los tipos de interés y el programa de compras como estaba previsto hasta finales de 2017. En la conferencia posterior, Draghi no quiso hablar de fechas. “Hay que ser prudente, persistente y paciente”. Y es que gestiona la retirada de estímulos con delicadeza, para evitar que los mercados de deudas reaccionen excesivamente.

“Este cambio de estación que se acerca” no afecta igual a todos. “Cada pueblo tiene sus propias reglas, misticismos y liturgias”. La política monetaria expansiva supone una represión financiera, e implica una transferencia del coste de la crisis a los ahorradores. Para algunos, el invierno que se acerca será cálido. En el Reino de España, por el contrario, las subastas se irán enfriando. En las condiciones actuales, cuesta poco mantener la deuda. Pero hay que ir preparándose. En septiembre, puede ser una realidad que el invierno se acerque.

Conócete como inversor

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/7/2017

En el templo de Apolo, en la ciudad griega de Delfos, se encontraba inscrito con letras de oro uno de los más famosos aforismos de todos los tiempos: “Conócete a ti mismo”. Las interpretaciones de esta frase han sido muchas, desde cómo el autoconocimiento es el camino para acceder a la sabiduría filosófica, hasta alguna otra más práctica, muy explotada hoy en día por la literatura de autoayuda: sólo conociéndose, el individuo podrá orientar su propia vida. Sirve para todos los campos donde actuamos cotidianamente, como la familia, el trabajo, la pareja… Y también, como inversores, en el ámbito financiero.

No es sencillo contestar a preguntas como ésta: “¿Se arriesgaría a perder hasta el total de la cantidad invertida a cambio de tener la posibilidad de duplicarla?”. Sin embargo, será una de las que responda cuando la entidad financiera le realice un test para descubrir su perfil como inversor financiero, determinando si es conservador, moderado o agresivo en este aspecto. Además, la entidad financiera tendrá que asegurarse mediante un test de conveniencia de que el cliente conoce el producto financiero a contratar, cuyo riesgo vendrá necesariamente identificado mediante un semáforo de colores o con escalas numéricas.

Y es que la comercialización inadecuada de productos de riesgo en el pasado ha conseguido que se intensifiquen los controles para proteger al inversor minorista. Pero la mejora de los procedimientos por parte de las entidades financieras no elimina la necesidad de que el inversor lleve a cabo un análisis racional y emocional para conocerse a sí mismo de forma previa.

Evaluar nuestra capacidad financiera antes de invertir se hace imprescindible, y no sólo conocer la cuantía que se puede ahorrar, sino también la calidad de esa cuantía, determinando el horizonte temporal en el que estará disponible y hasta qué punto puede uno permitirse obtener pérdidas. También nuestros objetivos vitales cuentan, tenerlos claros es fundamental para elegir los productos más adecuados al efecto. Por otra parte, es necesario tomar conciencia de nuestra formación financiera y del tiempo que tenemos para el seguimiento posterior de las operaciones: si faltan, hay que recurrir al asesoramiento de un experto. Y, por último, y lo más complicado de determinar, ser conscientes de cómo somos, de cuál es nuestra verdadera tolerancia al riesgo. Porque, incluso teniendo capacidad para asumir pérdidas, lo mismo el riesgo no es lo nuestro.

Y si nos atenemos a lo que finalmente hacemos, eso es lo que parece, que primamos más la seguridad que la rentabilidad, que somos conservadores. Los depósitos y el efectivo suponen el 41% del ahorro financiero de las familias españolas. Además, este comportamiento se ha mantenido, sólo con ligeros trasvases hacia los fondos de inversión, a pesar del escenario de nulos tipos de interés que llevamos años viviendo. La obtención de rentabilidad no ha sido lo suficientemente importante para el español como para entregarse al riesgo. ¿Será por nuestra incultura financiera, como dicen los expertos, o porque los españoles nos conocemos y sabemos que no siempre compensa perder ni tiempo ni sueño?

Día de la liberación fiscal

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/7/2017

A estas alturas del año casi todos hemos traspasado nuestro “día de la liberación fiscal”. Se conoce ese día como aquél hasta el que se trabaja únicamente para pagar impuestos. A partir de ahí, uno trabaja para sí mismo, queda liberado. Este año, el día de liberación fiscal para el español medio fue el 28 de junio, un día antes que en 2016. Son 178 días de trabajo los que se precisan para pagar todos los impuestos: cotizaciones sociales, IRPF, IVA, impuestos especiales -tabaco, alcohol y energía- y tributos estatales, autonómicos y municipales. Por término medio, se aportan 12.038 euros.

Pero las diferencias entre los contribuyentes son amplias. Por ejemplo, para un salario de 150.000 euros brutos al año, sin hijos, la liberación no llega hasta los 190 días de trabajo, y termina desembolsando 83.839 euros. También por comunidades autónomas hay diferencias: a La Rioja le llega la liberación antes, el 27 de junio, y Cataluña es la que más se demora, el 5 de julio. Por su parte, Andalucía alcanza su liberación fiscal el 29 de junio.

Y es posible descender a cada caso particular, porque el think tank Civismo, una de las instituciones que realiza estos cálculos, también proporciona un simulador para que cada uno, dependiendo de sus circunstancias propias, calcule su día. Sólo hay que contestar a 11 sencillas preguntas.

Sin duda, resulta muy interesante conocer este día porque da cuenta de la importancia de lo que aportamos a la sociedad. Pero lo negativo es que suele acrecentar el rechazo visceral y generalizado que los españoles sentimos por pagar impuestos. Rechazo, además, desde todos los niveles de renta, no sólo de aquéllos a los que se les exige un nivel de solidaridad muy alto. Hasta la palabra que se utiliza para definir este día, liberación, imprime al pago de impuestos una connotación negativa, como si solamente implicara dar, sin obtener nada a cambio.

Para cambiar esa actitud, sería bueno que se extendieran también los cálculos sobre el valor de los servicios que se reciben o por tenerlos potencialmente disponibles. Algunos ya vienen tasándose: una plaza en un colegio o instituto público supone 6.000 euros al año, y en la universidad, 9.000 euros, becas aparte. Incluso para los gastos sanitarios más importantes, se están entregando facturas ficticias que informan del coste de la prestación recibida. Y habría que avanzar en este sentido: ¿cuánto vale vivir en un país seguro?, ¿cuál es el valor de un paseo por un parque, utilizar una biblioteca o entrar en un museo gratuito? Quizá así, tendríamos siempre presente lo costoso que es mantener el completo Estado del Bienestar en el que vivimos.

A lo que sí nos debe conducir el “día de la liberación fiscal” es a ser más exigentes con los que gestionan nuestros impuestos. Porque tienen mucho por hacer para que, sin descender en calidad, todos alcancemos antes ese día: aligerando el peso del Estado en lo superfluo, mejorando la eficiencia de los servicios que se prestan y combatiendo con dureza el fraude y la corrupción. Y también está en manos de cada uno de nosotros conseguirlo, utilizando con honradez y responsabilidad todos los recursos públicos.

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Inflación y mercado de trabajo

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/6/2017

Vaya despliegue de conceptos económicos hizo Mario Draghi esta semana, en su discurso de apertura del Foro organizado por el BCE en Sintra. Sacó a relucir la curva de Phillips, la holgura económica, o las tasas U6 y Nairu. El discurso fue todo un alegato a favor de su política monetaria. Y es que su actuación está siendo muy cuestionada por los que se sienten perjudicados: ahorradores, algunos países y la banca. Pero, sobre todo, necesita defenderse del ataque a la premisa mayor: que su política monetaria no está funcionando. Tras años con bajísimos tipos de interés, y de haber llevado el balance del BCE a superar los 4 billones de euros -el 38,2% del PIB de la zona euro-, no ha conseguido cumplir con su mandato. Así que fue directo al grano: ¿por qué la inflación se resiste a alcanzar el objetivo del 2%? Y señala el comportamiento del mercado laboral como una de las causas.

Sí está funcionando -defiende- sus efectos en la economía real se están notando con claridad. Ahí están los 16 trimestres consecutivos de crecimiento, con poca dispersión además entre los países, y ahí están las tasas de crecimiento del empleo: 6,4 millones de puestos de trabajo nuevos en la Eurozona desde el inicio de la recuperación. Sin embargo, esta reactivación de la economía no se está traduciendo en inflación a la velocidad que debiera. Y apunta varias causas. Alguna, más que comentada en el pasado, como los bajos precios en los mercados de energía y de materias primas a nivel mundial. Algunas otras, que por primera vez desarrolla, como la situación del mercado de trabajo.

El empleo que se está creando es precario: a muchos trabajadores les gustaría trabajar más horas o tienen trabajos temporales y quieren ser fijos. Así, en las negociaciones priorizan conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. Además, la cifra de paro oficial es engañosa, debería incluirse en ella a los desempleados, a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. De esta forma, el paro en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa. Por otra parte, la misma baja inflación provoca que suban poco los salarios, se retroalimentan, porque suelen estar indexados.

Confianza, persistencia y prudencia son las tres palabras que destacan en el discurso de Draghi: las pone en cursiva y las repite hasta tres veces. Con ellas afirmaba que va a seguir manteniendo un caldo de cultivo propicio para la recuperación. Y considera que circunstancias concretas, como la baja calidad del mercado de trabajo, retrasan pero no van a impedir que se alcance el objetivo de inflación. Pero el desplazamiento que hace desde los conceptos financieros habituales a los económicos es muy significativo. Ya no habla en abstracto, sino que desciende a señalar problemas económicos concretos que tienen que resolverse: defendía su actuación, pero a la vez estaba lanzando una nueva llamada -como tantas lleva hechas- para que las políticas fiscales acompañen a las monetarias.

(Un año ya a cargo de esta Tribuna Económica. Muchas gracias a todos mis lectores. Espero haber sido útil.)

Rentabilidad y deuda de las empresas españolas

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/6/2017

¿A cuáles se parecen más nuestras empresas, a las de los países de Europa Central, como Alemania o Austria, o a las de los países Periféricos, también llamados de forma más peyorativa, PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? El Banco de España publicó recientemente un análisis de la evolución de las compañías españolas en el periodo 2005-2015, comparándolas con las de estos dos grupos de países. De los muchos indicadores que se analizan, dos son especialmente relevantes: la rentabilidad de activo y el ratio de endeudamiento.

Pues bien, la rentabilidad de las empresas españolas en 2005 era igual a la de las empresas de los países del centro de Europa (6,5%). Diez años después, éstas últimas prácticamente han recuperado ese nivel, pero las nuestras no lo han conseguido todavía y su rentabilidad sólo alcanza el 4,5%. Respecto a las empresas de los países periféricos, la rentabilidad de las nuestras era superior hasta 2011, manteniéndose desde entonces en porcentajes cercanos hasta 2014, año en el que vuelven a despegarse con fuerza y a aproximarse de nuevo a las empresas del núcleo central. Y esta tendencia se confirma con las previsiones de cierre de 2016.

Pero estos datos para el total de empresas esconde un desigual comportamiento entre las pymes y las grandes empresas. Así, las pymes españolas siempre han generado una rentabilidad similar a la de los países periféricos, incluso algo por debajo durante los años más duros de la crisis. La brecha con las pymes de los países centrales es de más del 2%, y llegó a ampliarse hasta casi un 5% en 2012.

Sin embargo, la rentabilidad de las grandes empresas españolas es la que hace que la media del total de empresas se acerque a la de los países de Europa Central. En 2005, la rentabilidad de nuestras grandes empresas era incluso más alta (7,7% frente al 6,7% y el 5% de los otros dos grupos), y aunque sufrieron un deterioro importante y continuado durante la crisis que las distanció, desde 2014 la tendencia es a volver a igualarse. De hecho, las del sector industrial ya lo han conseguido.

En cuanto a la deuda, los resultados son muy distintos. Todas las pymes europeas han ido reduciendo el ratio de endeudamiento progresivamente desde 2005; las españolas, hasta situarse en un 50%, un 7% menor que diez años antes. Esta tendencia descendente prosigue en 2016. Además, comparativamente, las nuestras se han mantenido siempre un 10% por debajo de los niveles observados en las pymes de los otros dos grupos de países. En cuanto a las grandes empresas, el endeudamiento de las españolas se ha reducido más de un 6%, hasta situarse en 2015 en el 60%, convergiendo con los niveles de los países de la Europa central, y distanciándose del 65% de endeudamiento de las de los países periféricos.

En definitiva, nuestras pymes se parecen a las de los países del grupo en el que suelen incluirnos, y es posible que su menor acceso a la financiación ajena sea un factor limitante para mejorar su rentabilidad. Nuestras grandes empresas, sin embargo, son similares -crisis aparte- a las de los países de Europa Central, tanto en generación de beneficio como en niveles de deuda

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Corrida bancaria silenciosa

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:27

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/6/2017

Todos recordamos películas -Mary Poppins, entre ellas- que representaban corridas bancarias, con imágenes de gran cantidad de clientes haciendo cola a las puertas de un banco, intentando retirar su dinero. El pánico puede llevar a un banco hasta la bancarrota en poco tiempo: mientras más personas retiran sus depósitos, la probabilidad de impago se incrementa y se agudiza el proceso. Cuando el dinero era exclusivamente físico, todo esto era visible y muy rápido. Hoy en día, las retiradas de fondos se hacen desde casa, con transferencias a otros bancos, sin que nadie aparentemente se entere. En silencio.

Detrás del pánico suele existir fundamento. El Popular llevaba años mal. Su rating era ya de bono basura. Pérdidas en 2016 de casi 3.500 millones de euros. Activos improductivos por 35.000 mil millones, derivados del sector inmobiliario, en el que entró en el peor momento. La acción cotizaba a la baja desde hacía tiempo y los bajistas se agarraron a la situación como los perros a su presa: imparable el descenso. La sangría de depósitos se tornó hemorragia sin posible taponamiento. Los empleados, clientes, administraciones públicas, empresas: se iban los que tenían depósitos cubiertos -el miedo es libre- y no cubiertos: hasta 18.000 millones de euros.

La forma de trabajar la banca conlleva este riesgo. Como falte la confianza, incluso siendo solvente a largo plazo, una fuga de depósitos masiva conduce a una insolvencia a corto plazo, sin remedio. Asegurarlos hasta 100.000 euros y la provisión de liquidez desde el banco central son los muros de contención de las corridas bancarias. Para el Popular no han sido suficientes. El procedimiento de resolución ha sido impecable: la normativa vigente protege al depositante sin que sufra el contribuyente. Se lo ha quedado el banco de Santander por un euro. Se le acusa de haber hecho negocio. Si hubiera sido Bankia, muchos opinarían que el Estado había cargado con un muerto.

Lo que no puede entenderse es cómo los gestores no hicieron durante años nada para evitarlo. Quizá quisieron aguantar con las propias fuerzas. Pudieron pedir el rescate en 2012 o haber vendido cuando aún estaban a tiempo. Ron, sin transparencia y sin afrontar los activos deteriorados con diligencia. Saracho, hablando demasiado, sin acompañarse de una propuesta de solución resuelta.

Los accionistas, los poseedores de bonos contingentes convertibles -Cocos- y subordinados se han quedado sin nada. El alto riesgo que tienen estos productos financieros se ha puesto de manifiesto.

La cúpula directiva del Popular ya ha recibido demandas. Es inadmisible que se vayan a casa de rositas y con millones de euros. No serán los únicos. Al BCE le rebatirán la declaración de inviabilidad. A la Junta Única de Resolución, que así resolviera. A los supervisores, que no prohibieran las posiciones en corto; que no hablaran antes o que sí lo hicieran. Contra la auditora, contra el Santander… Los que más probabilidades tienen de éxito son los que acudieron a la ampliación de hace sólo un año, muchos empleados o incitados a comprar con préstamos. Con todo, la solución que se le ha dado a la silenciosa corrida bancaria del Popular parece la correcta.