Contenedor, ‘blockchain’ y contaminación

Carmen Pérez | 11 de junio de 2018 a las 8:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/5/2918

Los países han mantenido relaciones comerciales entre ellos desde tiempos remotos. Pero la gran expansión comercial se experimentó en la década de 1960. Por entonces el comercio internacional representaba el 20% del PIB mundial; hoy en día llega al 50%. Un sencillo invento, una caja de acero ondulado de 2,44 metros de ancho, 2,89 de alto y 12,19 metros de largo, provocó en gran medida este cambio: el contenedor de mercancías. Tim Harford, en su delicioso libro 50 innovaciones que han cambiado el mundo cuantifica el ahorro que supuso el uso del contenedor estandarizado: de los 420 dólares que costaba que un barco transportara una tonelada a través del Atlántico en 1954, con contenedores pasó a costar menos de cincuenta. Ahora Hardford tendría que añadir a su lista un nuevo invento que va a volver a revolucionar el comercio internacional: la tecnología blockchain.

El ahorro de tiempo y dinero fue lo que impulsó al joven camionero estadounidense, Malcom McLean, a diseñar los contenedores. Con el blockchain la revolución vendrá por los mismos motivos. Especialmente beneficiará al transporte marítimo, que mueve el 80% del comercio mundial. Las estimaciones que se barajan señalan que digitalizar el comercio, sustituyendo el complicado y lento papeleo actual por plataformas neutras y abiertas, mediante las que el intercambio de información se haga de forma rápida y segura, reducirá espectacularmente los costes administrativos del transporte, que suponen el 20% de los costes reales del transporte físico. Así, los costes de transporte de muchísimos productos serán prácticamente nulos. Además, la documentación, que ahora tarda días en llegar a su destino, podría llegar en cuestión de minutos.

Esta transformación digital seguirá impulsando el comercio internacional, haciéndolo crecer un 15% más. Y, como todas las innovaciones, provocará nuevos ganadores y nuevos perdedores. En su día, los poderosos sindicatos de estibadores y los burócratas que manejaban el antiguo sistema no estuvieron muy a favor del cambio hacia el uso del contenedor. Del mismo modo, la aplicación del blockchain nos les hará ninguna gracia a muchos. Pero más allá de los colectivos particulares afectados, todos perdemos con el comercio internacional, y más mientras más intenso sea: por la contaminación que produce.

El transporte de mercancías es uno de los sectores que más contamina. En concreto, sólo la industria naviera genera más del 2% de las emisiones de CO2totales. Hace unos días, los 173 países integrantes de la Organización Marítima de las Naciones Unidas (OMI) se comprometieron a reducir las emisiones del transporte de carga marítima para que en 2050 sean al menos un 50% menores que en 2008, y poner así al sector en línea con los objetivos propuestos en el Acuerdo de París de 2015. Pero este acuerdo quedará en nada si esos países no descienden a adoptar medidas obligatorias para controlar las emisiones. Y no será fácil. Así que, mientras se imponen o no, mejor será que seamos nosotros los que, cuando pidamos algún producto a otra parte del mundo, contemos no sólo con su coste sino también con lo que afecta a nuestros pulmones.

La psd2: ¿en qué nos afecta?

Carmen Pérez | 11 de junio de 2018 a las 8:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/5/2918

la PSD2 es como se conoce a la nueva Directiva europea sobre Servicios de Pagos. Ha entrado en vigor este año, aunque para que esté plenamente operativa en España hace falta que se produzca su trasposición a nuestro ordenamiento jurídico. Viene a actualizar la PSD de 2007, que sentó las bases para acabar con la fragmentación del mercado de servicio de pagos en Europa. Pero la aparición de nuevas tecnologías y la proliferación de entidades de servicios de pago desde entonces, incluidas las grandes compañías tecnológicas, han hecho necesario reformar la regulación. La nueva directiva busca que el usuario realice sus pagos electrónicos con total confianza, y también que le sean menos costosos, al fomentar la innovación y facilitar la competencia entre las entidades que ofrezcan estos servicios.

Para comprender la disrupción que supone esta normativa hay que recordar que los bancos son las únicas entidades financieras autorizadas para captar el dinero del público, a través de cuentas corrientes y depósitos. Los bancos son así los propietarios de la red de tuberías por donde circula el dinero. Pero ahora esta directiva obliga a los bancos a que otras entidades puedan acceder a las cuentas de los clientes, conocer las posiciones de estos y actuar sobre sus saldos. Las dos nuevas actividades que regula son la “iniciación de pagos” y el “acceso a la información de cuentas de pagos de los clientes bancarios”. Por la primera se podrá, por ejemplo, al hacer una compra on line autorizar al vendedor a que se cobre el importe directamente de la cuenta, sin necesidad de tarjeta. Con la segunda, nuevas entidades podrán tener una visión financiera completa de un cliente, pudiendo proponerle así soluciones a su situación concreta.

 Las entidades de pago tendrán que obtener la autorización del regulador y el consentimiento expreso de los clientes. La directiva exige que se establezcan mecanismos de autenticación reforzada y que las transacciones se realicen con todas las medidas de seguridad necesarias. Obliga a que se utilicen al menos dos mecanismos independientes: un PIN, que sólo conozca el cliente; algo material, como una tarjeta, o algún rasgo biométrico, como la huella o el iris.

Con esta directiva quedan reguladas muchas fintech, que podrán ofrecer nuevos sus servicios. Las grandes tecnológicas, como Facebook, Amazon, Apple o Google, están ya inmersas en el mundo de los pagos, funcionando como entidades de pago o de dinero electrónico, los dos tipos creados con la PSD. Ahora, con la PSD2, podrán desplegar todo su potencial sobre sus grandes masas de usuarios. Para las grandes cadenas de comercio, restauración o turismo también constituye una gran oportunidad, tanto iniciando los pagos, eliminando el coste de las tarjetas, como accediendo a datos que les permitan atender de forma más personaliza a sus clientes.

La PSD2 es un paso radical en la transformación del negocio financiero. Los bancos tradicionales tendrán que espabilarse, pues seguirán siendo los dueños de las tuberías del sistema financiero, pero toda la interacción con el cliente se la pueden arrebatar rivales tecnológicamente más cercanos y capaces.

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Salir de la droga financiera no será fácil

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2018

No, no va a ser fácil acabar con el dopaje del Banco Central Europeo. La buena marcha de la economía del pasado año permitió a Mario Draghi iniciar el abandono de los estímulos. Por entonces, dejó planificado el camino hacia la normalización financiera, aunque de forma muy gradual y sin cerrar ninguna puerta. Ayer se celebró una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE. En esta ocasión, con la expectación puesta en si la debilidad de los datos económicos recientes de la eurozona iban a obligarle a reevaluar sus cálculos. No obstante, Draghi no ha alterado en absoluto su hoja de ruta.

“El misterio de la desaceleración de la Eurozona”, “La economía de la Eurozona: ¿una desagradable sorpresa?” o “La debilidad de la zona del euro plantea la perspectiva de una larga despedida para el estímulo de la crisis” son los títulos de algunos artículos del Financial Times de estas de estas últimas semanas donde se resaltan las debilidades de la eurozona. Es verdad que algunos autores de ese periódico suelen ser agoreros, no sin cierta alegría, con nuestra economía. Pero contienen datos. Y los datos no son subjetivos.

La producción industrial cayó un 1,6% en febrero. Las exportaciones descendieron un 3,2% desde enero, la mayor caída desde agosto de 2015. En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más vigilados del país, que mide la confianza en la economía, cayó en marzo a un mínimo de cinco años. El índice Sentix, que evalúa el sentimiento de los inversores para la eurozona, descendió en marzo por tercer mes consecutivo. Gavyn Davis, el autor de uno de esos artículos, lo resume: “El optimismo se ha debilitado por una desaceleración repentina y bastante brusca de la actividad en la zona del euro, una región que hasta hace poco lideraba la expansión mundial”.

Draghi, ayer, reconoció la existencia de este estancamiento: “Casi todos los países de la zona euro han experimentado una moderación del crecimiento o una pérdida de momentum“. Sin embargo, prefirió darle a la economía el beneficio de la duda y no cambiar en nada el plan programado. Confía en que el crecimiento se mantenga sólido, y achaca esta situación a factores puntuales como el frío extremo, las huelgas, la fecha de la Semana Santa, y a la amenaza de guerra comercial lanzada por EEUU.

La reunión de junio será decisiva. Entonces no tendrá más remedio que pronunciarse sobre si la compra de bonos seguirá el próximo año, lo que conllevaría que el aumento de las tasas de interés se retrasaría. Además, todo dependerá de la inflación, la única variable por la que el BCE decide actuar en uno u otro sentido. Las estimaciones la mantienen en los próximos años por debajo del 2% objetivo. Si se disparara, por el incremento de los precios de la energía o de las materias primas, se aceleraría sin más remedio la retirada de estímulos. Si deja margen, y persiste la debilidad de la eurozona, podría incluso incrementarlos. En este último caso, la tragedia estaría al llegar la próxima recesión, que llegará, porque el BCE se encontraría con sus armas gastadas: sin salir del dopaje actual, tendría que diseñar una nueva droga que suministrar para volver a activar la economía.

El tamaño empresarial importa

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/4/2018

En un mundo globalizado la dimensión de la empresa es un factor esencial para su competitividad. La media de trabajadores en España es de 4,7 frente a los 11,7 de Alemania, 11 del Reino Unido ó 5,7 de Francia. Nuestro tejido productivo necesita más empresas, pero también que sean más grandes. Ésta es la conclusión que alcanza el reciente estudio “El tamaño empresarial como palanca de la productividad, la inversión y el crecimiento económico”, auspiciado por el Instituto Español de Analistas Financieros (IEAF): tras una década de crisis, el tamaño empresarial sigue lastrando el crecimiento y la productividad a medio y largo plazo. ¿Qué hacer para que las empresas sean más grandes?, ¿cómo facilitar que crezcan?

Este estudio subraya que el impacto de este menor tamaño no es poca cosa: “Si la estructura de las empresas convergiese con la media europea, el PIB aumentaría el 3,5%; y si fuera similar a la de Alemania, el 6%”. Las empresas pequeñas encuentran mayores dificultades para llevar a cabo proyectos de inversión, especialmente en I+D+i y TIC, así como para internacionalizarse. El acceso a la financiación o la cualificación de los equipos gestores y el gobierno corporativo son otras variables determinantes de la productividad que están relacionadas con el tamaño. En resumen, tienen más dificultades para exportar, innovar y aprovechar las economías de escala.

Ante este diagnóstico, urge solventar las causas que provocan esta situación. Y algunas de las más importantes se derivan de un marco institucional inadecuado. Así, el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad se propone revisar hasta 130 regulaciones que ha encontrado que juegan un papel desincentivador para ganar tamaño: la empresa se retiene de saltar a otro segmento mayor porque se activan normativas que perjudican los costes o dificultan la gestión.

Del mismo modo, mejorar el clima de negocio es otro aspecto fundamental. Hay que facilitar la apertura de empresas, agilizar y abaratar el coste de registros y permisos, y mejorar la financiación, el sistema judicial, la fiscalidad y la normativa laboral. Tampoco ayuda que existan tantas diferencias regulatorias entre las diferentes comunidades autónomas, que obligan al empresario a asumir cargas administrativas duplicadas y a afrontar trámites y requisitos distintos en cada una de las regiones. Así, todas estas actuaciones deberían ser abordadas en estrecha cooperación entre el gobierno central y los autonómicos.

En Andalucía, la necesidad de mejora del marco institucional para que las empresas no encuentren obstáculos si quieren crecer ya fue puesta de manifiesto en la Jornada El reto del dimensionamiento empresarial, que fue organizada por la Confederación Empresarial de Andalucía (CEA) a finales del pasado año. En nuestra comunidad, por una parte, hace falta aumentar el censo total de empresas, cerca de cien mil más para igualar la densidad media empresarial a nivel nacional. Pero, por otra, también hace falta que ganen dimensión porque el tamaño medio de la plantilla de las empresas andaluzas se sitúa incluso por debajo del ya de por sí reducido tamaño medio de España.

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Bonos andaluces, españoles y eurobonos

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/4/2018

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, manifestaba este lunes, con motivo de la presentación del Anuario Joly 2018 en Sevilla, que estos últimos años Andalucía había cumplido los deberes. Desde luego, en materia de deuda pública autonómica, esta afirmación es completamente cierta. Y los buenos datos la han animado a pedir al ministro Cristóbal Montoro volver a financiarse en los mercados. Quiere ir retirándose de los programas de asistencia financiera que se han ido poniendo a disposición de las Comunidades Autónomas (CCAA) porque a éstas con la crisis les era imposible obtener financiación solas. Andalucía ha cumplido. La presidenta tiene toda la razón. Pero, cuando Montoro manifiesta que este asunto no puede plantearse como si fuera una pugna política, también la tiene.

La deuda andaluza, dentro del horror de endeudamiento generalizado en el que se encuentra el mundo, ha evolucionado mejor que la del resto de CCAA. Ha pasado de 14.793 millones de euros en 2011 hasta los 34.260 actuales, sólo el 11,9% de la deuda total autonómica. La evolución del ratio deuda/habitante ha ido mejorando comparativamente en los últimos años: cada andaluz debe 4.088 euros frente a los 6.206 euros que resultan de la media nacional autonómica. Los andaluces somos los menos endeudados de España.

Además de crecer, la estructura de la deuda andaluza ha cambiado estos años. En 2011, era 50% bancaria y 50% a través de los mercados. Y en 2017: 15% bancaria, 11% vía mercados y el 74% lo ha prestado el Estado. Los Presupuestos Generales del Estado 2018 cifran el ahorro de las CCAA por la financiación vía Estado en 28.500 millones de euros en el período 2012-2017, 4.532 para Andalucía. Y si se considera toda la vida de los préstamos formalizados, el ahorro será de 51.900 millones de euros en 2027, 8.253 para Andalucía.

Resulta muy positivo que la Junta se atreva a salir de la tutela estatal y recuperar la autonomía financiera. Y no hay motivos para que Montoro lo niegue. Los momentos de asfixia financiera pasaron y puede ser el momento adecuado para que Andalucía dé el paso. Lo que no está tan claro, por mucha estabilidad política que haya en Andalucía y sus buenas cifras -relativas- de déficit y deuda, que las condiciones que consiga en los mercados vayan a ser mejores yendo sola. No somos el País Vasco, que tiene presupuesto fijo e independiente. El rating andaluz estará siempre condicionado al de España.

Pero lo que resulta absurdo es plantear esta cuestión como una disputa entre partidos políticos. Es más, deberían plantearse con seriedad si es conveniente abandonar completamente la financiación de las autonomías por bonos españoles. Ahora, están tan sobrados de optimismo que hasta olvidan que llegaran nuevos shocks, y no les van a coger con los bajísimos niveles de deuda de 2011. En Europa defienden la emisión de eurobonos porque se considera que la estabilidad europea se conseguiría con la financiación al menos parcial de la deuda de cada Estado con el respaldo del conjunto. ¿Por qué no se aplica esta receta de forma interna? ¿O es que se aplaude cofinanciarse con italianos pero no con valencianos?

Los PGE y la deuda

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:08

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/4/2018

Eta semana, el ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro, ha presentado el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2018. Todavía está por ver si estos presupuestos se terminarán aprobando, pero lo que es impepinable, lo que de forma inexorable se terminará cumpliendo, es que el pago de intereses por la deuda pública este año rondará los 31.547 millones de euros. Para tomar conciencia de la importancia de este montante, basta con señalar que supone más del 63% de todo lo que se gasta en España en educación, el 42% en sanidad o más del doble de lo que se gasta en defensa.

Y los intereses sólo llegarán a esa cifra porque, gracias a la política monetaria del Banco Central Europeo, los tipos de interés de la deuda se mantienen en niveles muy bajos. Las mejores calificaciones que han otorgado las agencias Fitch y S&P al bono español y la volatilidad que están experimentando las Bolsas, que termina beneficiando a los mercados de deuda, también están ayudando a que los costes financieros no se  incrementen.

Así, las subastas de esta semana han reflejado este buen momento por el que estamos pasando. El martes, el Tesoro colocó 4.501 millones de euros en letras a 6 y 12 meses, con tipos de interés resultantes de -0,466% y el -0,406%, menores que los de la última subasta de las mismas referencias. Y ayer, emitió deuda a largo plazo: bonos a 3 años y obligaciones a 10 y 30 años, con resultados más que excelentes: -0,287%, 1,17% y 2,24% respectivamente. Los PGE estiman que el rendimiento del bono a diez años termine el año en el 1,6%.

Pero no podemos esperar que estos tipos ultra bajos vayan a durar para siempre. El proceso de normalización monetaria ya se ha iniciado y empujará poco a poco el coste de la deuda al alza. Y además de más altos, cada vez hay que aplicarlos a una cifra mayor de deuda. Según los PGE la deuda pública volverá a crecer en 2018 en unos 40.000 millones de euros. Cuando termine este año, la deuda se acercará a los 1,2 billones de euros. Los PGE ofrecen estos datos desde una perspectiva más positiva, detallando que el porcentaje de deuda sobre el PIB, al crecer esta variable también, concluirá en el 97%, frente al 98,3% del cierre de 2017.

Aún así, estamos a años luz del objetivo europeo, que establece que ese ratio no debe superar el 60%. El gobernador del Banco de España afirmaba esta misma semana que llevará varias décadas llevarla hasta ese punto. También esta semana, el presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, advertía -como ha hecho tantas veces Mario Draghi- que este nivel de deuda no es sostenible y proponía crear colchones fiscales que permitan al país soportarla cuando las condiciones financieras no sean tan favorables, o cuando el crecimiento se ralentice, como se espera a medio plazo.

Los PGE 2018 significan hacer oídos sordos en gran medida a estas advertencias. Cumplen con el límite europeo sobre el déficit, pero, sin desatender a los más desfavorecidos, que era prioritario, podrían haber hecho más para domar la excesiva deuda que mantenemos, porque corremos el riesgo de que en el futuro nos aplaste.

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Cofradías y empresas

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:05

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/3/2018

Hoy, Viernes Santo, coinciden de vacaciones millones de personas. Muchas se habrán ido a disfrutar del sol y la playa. Otras habrán apostado por el turismo rural para pasar la Semana Santa. Viajar a otros países o desplazarse por el interior del propio habrán sido otras alternativas elegidas. Todas ellas permiten a los viajeros conocer diferentes formas de vida, el patrimonio cultural que poseen los destinos elegidos y, especialmente en estas fechas, sus manifestaciones religiosas. Además, otro tipo de actividad puede complementar la comprensión de los lugares que se visitan: el turismo empresarial, tanto en su versión de patrimonio industrial como la visita a industrias y empresas en funcionamiento. Visitar la mina de Cobre Las Cruces, la planta termosolar Solúcar, la refinería de Cepsa, el puerto de Algeciras o las canteras de mármol de Macael son algunas de las posibilidades para disfrutar estos días.

El turismo empresarial es una oferta consolidada desde hace años en otros países. En Francia, donde esta modalidad turística se halla más desarrollada, sus empresas reciben al año millones de visitantes. Alemania, Bélgica y Holanda también están potenciándolo. En Irlanda, la fábrica de cervezas Guinness se ha convertido en el principal foco de atracción turística. En España, la oferta de patrimonio industrial -con museos, viejas fábricas o minas inactivas- está más desarrollada, pero la visita a empresas vivas, sin embargo, es todavía un turismo incipiente.
La web de la Junta de Andalucía, en la página de la Consejería de Turismo, contiene una serie de guías que recogen la oferta de empresas de interés en cada una de las provincias de Andalucía, con horarios, condiciones y días de visitas. Es un buen comienzo, aunque habría que ampliar el catálogo e ir más allá aún de lo que se ha venido haciendo de manera más o menos tradicional: visitar bodegas, empresas del sector agroalimentario y talleres artesanales.

En muchos casos este tipo de turismo constituye un importante medio de desarrollo local y una fuente de creación de empleo. También es un modo de reivindicar el valor de la empresa. El turismo empresarial es una magnífica forma de dar a conocer a la sociedad el verdadero rol de las empresas. Potenciarlo ayudaría a conseguir uno de los objetivos que Javier González de Lara, en su acto de investidura como presidente de Confederación de Empresarios de Andalucía, consideró prioritario: “es necesario incrementar el grado de conocimiento sobre la actividad de la empresa, despojándola de esos tópicos negativos, que siguen presentes en una suerte de conciencia social, que no es capaz de evolucionar…”.

Por su parte, para el turista, contemplar, por ejemplo, el espectáculo que supone ver una siderúrgica en funcionamiento o cualquiera de las empresas del Parque Tecnológico de Málaga puede ser tan edificante, o más, que visitar un museo, admirar un monumento, conectar con la naturaleza o presenciar una cofradía. Son sólo diferentes caminos para conseguir el objetivo que se esconde, o debería esconderse, cuando hacemos turismo: enfrentarnos a la pregunta ¿qué es el hombre?, cuya respuesta, como señaló Kant, debe ser el fundamento de nuestra existencia.

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Guerra por la supremacía económica

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/3/2018

Durante décadas nos hemos acostumbrado a ver en innumerables productos la frase made in China. Este país ha sido la fuerza bruta que fabricaba lo que en los países desarrollados se ideaba. Pero el Gobierno chino está decidido desde hace años a que esta etapa sea cosa del pasado. El plan de acción nacional chino señala la intención de seguir un modelo de crecimiento impulsado por la innovación, apoyando a las compañías de alta tecnología y de nueva economía. Quiere productos designed in China. China mira al futuro con estrategias a largo plazo sobre numerosos sectores, como el computacional, la Inteligencia Artificial o la tecnología 5G. Está dispuesta a ganarle a EEUU la guerra por la supremacía tecnológica.

La respuesta de Trump a esta batalla, sin embargo, se está centrando en proteger el pasado, bloqueando compras de empresas tecnológicas y subiendo aranceles. La forma de entender su America First es a base de aislamiento y de “políticas orientadas al interior”, como ahora se denomina eufemísticamente a sus medidas proteccionistas. Este comportamiento está siendo muy criticado desde numerosos ámbitos, desde donde se hace notar que China está haciendo ahora lo que EEUU hizo en los años cincuenta y que le proporcionó el éxito: incrementar la inversión pública en investigación básica, que requiere gran cantidad de recursos, y abrir el país a mentes brillantes procedentes de cualquier rincón del planeta.

El martes, en su primer discurso tras la eliminación del límite a los mandatos, el presidente chino, Xi Jinping, se expresaba ya como líder mundial: “Es hora de que tomemos el centro de la escena en el mundo y hagamos una mayor contribución a la humanidad”, e imploró a Trump que no se “guíe por las emociones”. Pero también a China hay mucho que reprocharle. Las regulaciones chinas obligan a las empresas extranjeras a transferir sus innovaciones tecnológicas a empresas nacionales chinas, con las que están obligadas a trabajar para obtener el acceso al mercado del país, de 1.300 millones de personas. De hecho, EEUU, Japón y la UE están considerando presentar ante la Organización Mundial del Comercio una demanda por robo de propiedad intelectual y transferencia forzada.

El PIB de EEUU, de más de 18 billones de dólares, todavía supera al de China, con cerca de doce billones. Pero el alto crecimiento anual de China, en torno al 6%, está cerrando poco a poco la brecha. Y puede repetirse la Historia. En su día, fue EEUU el que superó al Reino Unido, y décadas después el dólar sustituyó a la libra como moneda de referencia. China tendrá en su contra que el valor de una moneda no sólo depende del PIB, sino de la calidad de las instituciones que la respaldan. Pero está trabajando con fuerza para que el yuan se internacionalice. Desde 2016 el yuan está incluido en la cesta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional, con un 10,9%, por encima de la libra o del yen japonés. El dólar y el euro tienen un papel hegemónico, con un 41,7% y un 30,9%, respectivamente. Para China, que el yuan sea la moneda principal es sólo cuestión de tiempo. Ganar la guerra por la supremacía tecnológica es el primer paso.

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Italia pone al euro “contra las cuerdas”

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/3/2018

En los últimos años se han planteado algunos combates electorales, como en Francia o Alemania, en los que se cuestionaba gravemente al euro. Sin embargo, afortunadamente, sus adversarios ni siquiera consiguieron entrar al ring porque las urnas no les dieron las suficientes papeletas para hacerlo. En las elecciones italianas, el 65% de los votos han subido al cuadrilátero a tres partidos políticos dispuestos a poner al euro contra las cuerdas. Han recogido la decepción de los ciudadanos contra las élites (los de arriba) o contra los extranjeros (los de enfrente). También son portadores de las quejas internas, de unos contra otros, que dividen norte-sur a la nación italiana. Los que fueron de los más entusiastas del proyecto europeo, ahora culpan al euro de todas sus desgracias.

Al golpe que le tiene más miedo Bruselas es al que pueda asestarle el Movimiento 5 Estrellas (32,6%), porque los otros son mucho más improbables o por el efecto contagio que pueda extenderse. No piden la salida del euro, pero sus propuestas de políticas sociales, incluida la renta básica universal, suponen todo un desafío al cumplimiento de las reglas -déficit y deuda pública- europeas.

Más radical es la postura de la Liga del Norte (18%). Les gustaría salirse de lo que consideran una “moneda fallida”, un “euro asesino”. Claman contra los “pobres y vagos” del Sur y se sienten abandonados por Europa en cuanto a la política migratoria. El impuesto plano del 23% que defienden tampoco es compatible con lo que determina Europa.

Y el tercer ataque al euro, el de La Forza de Italia (14%), es puro diseño italiano. Su propuesta no es dejar el euro, sino pervertirlo, creando una moneda paralela, para poder desarrollar una especie de política monetaria propia: en el país en el que se creó el Derecho, hecha la ley, hecha la trampa.

Por su parte, la única fuerza europeísta, el Partido Democrático, ha sufrido un gran descalabro (19%). Ningún partido político tiene mayoría suficiente para formar gobierno y todas las combinaciones resultan problemáticas. Nada nuevo en Italia, que siempre ha salido airosa de situaciones similares: para ellos no son definitivos ni el sí ni el no, todo es negociable. Pero esa incertidumbre política se superpone ahora a una delicada situación económica: bajo crecimiento, un sistema bancario no saneado y una deuda pública del 140%.

Harían bien en hacer crítica interna de cómo han llegado a esta situación y no sólo arremeter contra el euro. Podrían analizar la corrupción que padecen, la falta de control o la mala gestión que llevan años y años desarrollando, como con el chorro de fondos que le han llegado al Sur desde Europa. También deberían acordarse del inmenso apoyo que están recibiendo de su compatriota Draghi desde el Banco Central Europeo.

Pero Bruselas también tiene que enfrentar con soluciones este combate, que hasta ahora se había podido ir esquivando. La insatisfacción de la población y la inmigración son problemas compartidos con otros muchos países europeos. Ahora van a plantearse desde el poder. Y desde Italia, un país demasiado grande para caer: sus golpes pueden dejarnos KO a todos.

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El BCE y la gestión del miedo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/3/2018

El que piense que el protagonismo del Banco Central Europeo va a ser menor ahora que la las economías de la Eurozona están recuperadas se equivoca. La etapa actual es incluso más delicada que la pasada. Durante estos últimos años, el BCE ha comprado masivamente activos financieros, engordando su balance hasta los 4,5 billones de euros. No le va a resultar nada fácil deshacerse de todo eso. Tampoco va a ser moco de pavo subir los tipos de interés después de haberlos mantenido tanto tiempo por los suelos. El BCE quiere que la transición sea muy lenta, para no fastidiar la recuperación económica y para que no se produzcan turbulencias en los mercados financieros. Pero cualquier señal que augure un ritmo más rápido puede desatar el miedo. Y, como dijo Montaigne, “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”.

Ha pasado en EEUU, que nos lleva la delantera en este desarrollo. El conocido como el “indicador del miedo”, tras una anormal calma chicha de meses y meses, dio de repente un respingo y subió a más del doble en una sola sesión de febrero. La Bolsa sufrió un importante descenso. Llevaba años creciendo gracias a la política monetaria, que fue debilitando el sentido del riesgo. Ha sido una primera cura de verdad: si los tipos de interés suben, esos precios no son correctos. La posibilidad de que la subida se acelerara por la política fiscal de Trump, que añade palos a una economía que arde con fuerza, desencadenó el proceso.

No le viene mal este suceso al BCE, porque ayuda a que en la Eurozona se tome conciencia de que progresivamente también aquí se irá caminando hacia la normalización financiera. De hecho, ayer, el BCE, que celebró un nuevo Consejo de Gobierno, dio un pasito más en esta línea, suprimiendo la posibilidad de aumentar el volumen de las compras, aunque mantuvo que podrían prolongarse en los términos actuales más allá de septiembre. Los tipos de interés permanecen sin cambios, y así seguirán hasta más allá de que el programa de compras cese.

Draghi se mostró optimista en cuanto al crecimiento, elevando una décima el esperado para la zona euro este año (2,4%). También afirmó que aún no hay presiones inflacionistas preocupantes. Y mientras la inflación lo permita, la retirada de los estímulos será muy gradual, y el BCE podrá conseguir que no decaigan las inversiones de las empresas, y que sigan generando empleo; que no se venga abajo el consumo de los ciudadanos; y que no haya pánicos en los mercados financieros.

Pero en la conferencia posterior salieron a relucir importantes riesgos que podrían perjudicar este proceso, como la guerra comercial que ha declarado Trump o la elevada deuda de algunos países europeos. No son los únicos riesgos. La incertidumbre política de Italia, la actividad económica de China o el problema catalán en España son otros, que aunque no se nombraran están sobre la mesa. Y de fondo de escenario, un mundo con una descomunal deuda, el 318% del PIB, por la que cada subida de tipos causará un gran efecto. En este complicado contexto, el BCE tiene que gestionar bien que no se desmande el miedo. Porque, como decía Sófocles, “todo son ruidos, para quién tiene miedo”.