Reestructurando

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/1/2017

El Tesoro Público ha publicado recientemente su Estrategia de emisión de los valores del Tesoro 2017. Un documento digno de analizarse. Muestra en clave financiera las vicisitudes por las que ha atravesado España y lo que se espera que suceda en el próximo año. La confianza que otorgan los mercados se refleja en varios parámetros: el volumen que se puede captar, y más importante, a los tipos y plazos que se colocan las diferentes emisiones. El balance de estos últimos años es muy positivo, pero hay que resaltar que no obedece sólo a que hayamos ido mejorando como país, que también, sino a la intensa protección del BCE que disfrutamos desde 2012. España es como un joven que si accede al crédito en excelentes condiciones no es por su solvencia propia sino gracias al aval de sus padres.

No es poca la tarea que tiene el Tesoro cada año. Los vencimientos de emisiones pasadas acucian y hay que obtener dinero para amortizarlas, y además conseguir dinero adicional para atender los déficits anuales: en 2017 tiene previsto emitir 220.017 millones de euros, de los que 87.905 serán para atender amortizaciones de deuda a largo plazo -bonos y obligaciones-y 97.113 para hacer lo propio con las letras del tesoro. Habrá adicionalmente un aumento neto de 35.000 millones, que se espera colocar íntegramente a largo plazo.

El coste medio de las nuevas emisiones marcó el año pasado un mínimo histórico del 0,61%, tras descender de forma continuada desde el 3,90% que supuso en 2012. Estas bajadas arrastran a un menor coste medio de la deuda total en circulación. Así, éste ha ido disminuyendo del 4,07% de 2012 al 2,77% de 2016: más de 32.000 millones de euros ahorrados en intereses desde el rescate bancario.

Además, este coste mínimo ha sido posible incluso con un alargamiento del plazo de la deuda. La vida media de la emisión a medio y largo plazo fue de 11,5 años, cifra muy superior a la del año anterior, y más del doble de la registrada en 2012, de 5,1 años. Esta evolución ha ido aumentando la vida media de toda la deuda en circulación, desde los 6,20 años en 2013 hasta los 6,81 actuales. Eso sí, el perfil de vencimientos muestra que ya tenemos comprometidas amortizaciones para el año 2066. De esta forma, el Tesoro está reestructurando la deuda, haciendo más cómoda la refinanciación para el futuro y reduciendo la vulnerabilidad de la carga financiera del Estado ante subidas de tipos de interés en la Eurozona.

El documento se acompaña de fotos de algunos de los monumentos del riquísimo patrimonio histórico del Reino de España: la Alhambra, el Alcázar de Segovia y los castillos de Soutomaior, Butrón, Burgalima y Bellver. Con ellas se habrá querido trasmitir a los inversores una imagen de solidez y fortaleza, y a la vez la garantía que supone nuestro boyante sector turístico. Las emisiones de este enero se han mantenido en la buena línea de las anteriores, y Draghi en su conferencia de ayer apostó por dar más tiempo. El Tesoro podrá seguir reestructurando, pero más nos vale seguir mejorando las cifras de nuestra economía: las trompetas de retirada terminarán sonando y entonces ser tierra de castillos no será suficiente.

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Gresca en Basilea

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/1/2017

Desde que comenzó a funcionar en 1975, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha venido acordando un marco de normas mínimas que garanticen la solvencia de los bancos y la estabilidad financiera a nivel global. Así, los acuerdos de Basilea I, II y III se han ido trasladando -en sí mismos no son vinculantes- a los respectivos regímenes jurídicos nacionales sin mayores complicaciones. Sin embargo, con los últimos cambios que ha propuesto el Comité ha saltado la gresca: los bancos europeos -alemanes, franceses y holandeses- denuncian que las modificaciones benefician a los americanos. Sería la primera vez que las decisiones de este Comité se boicotearan. Pero, además, esta polémica, más allá de las cuestiones técnicas, deja traslucir una vez más las complejas relaciones entre lo público y la banca.

El motivo de la disputa es el cálculo del coeficiente de solvencia. Inicialmente la medición del riesgo de los activos era muy simple, un modelo estándar, a base de compartimentos estancos. Pero en un acuerdo posterior se intentó afinar su cálculo para que fuera más sensible al riesgo, permitiendo que las entidades aplicaran unos modelos internos de gran complejidad estadística, que desarrollaban ellas mismas basándose en sus experiencias históricas. La propuesta actual es una vuelta a la sencillez, restringir el uso de los modelos internos y, en todo caso, que el ahorro máximo de capital con ellos sea limitado. Por tres motivos: se duda de que estos modelos midan correctamente los riesgos; se desconfía de los bancos, de que aprovechen la complejidad para presentar una imagen de solvencia mayor de la que disfrutan realmente; y tampoco se confía en que puedan ser supervisados adecuadamente, porque son cada vez más complicados.

137.000 millones de euros serían las necesidades de capital estimadas para los bancos europeos, especialmente los alemanes, franceses y holandeses, que han utilizado en mayor medida estos modelos internos. Ante esto, se han metido en la pelea, a defender a “los suyos”, los ministros de finanzas de esos países, implicando incluso a la Comisión Europea, cuyo vicepresidente, Valdis Dombrovskis, ha exigido enérgicamente que se revisen esas medidas porque, si no, la UE no dará su apoyo al acuerdo.

El gobernador del Banco de España, Luis Linde, que aboga por preservar el uso de los modelos internos, pero que también acepta la posibilidad de incluir ciertas limitaciones, sin que ello derive en una estandarización excesiva, está mediando: “No nos podemos permitir un escenario de no acuerdo”. Estaba previsto que se resolviera el conflicto durante este mes de enero, aunque hace unos días se publicó un comunicado señalando que se necesita más tiempo. Pero, con independencia de cómo termine, esta gresca está evidenciando -una vez más- las interrelaciones del poder político con sus bancos: la configuración actual de nuestro sistema bancario conlleva que la falta de solvencia de los bancos se convierta inmediatamente en un quebradero de cabeza para sus respectivos Estados. Ya lo dijo Mervyn King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: “Los bancos son mundiales en su vida, pero nacionales en su muerte”.

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El adolescente euro

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/6/2017

Hace quince años y aún recordamos cómo en 2002 por estas fechas acudimos a bancos y cajeros para conseguir nuestros primeros euros. Y empezamos a utilizarlos. Como si estuviéramos en un país extranjero, todo el día calculando: seis euros mil pesetas, era la referencia mental para ajustar el cambio. Todavía ahora las grandes cifras las seguimos convirtiendo. Su primera etapa transcurrió con calma, sin sobresaltos: la zona euro creció y mejoraron el empleo y los salarios, impulsada por los bajos tipos de interés, la inflación controlada y la eliminación interna de los tipos de cambio. Pero pronto el euro empezó a enfrentarse a sacudidas externas e internas tan importantes -a punto de morir estuvo en 2012- que ha llegado a ser un adolescente frágil, sin autoestima, conflictivo, con desequilibrios internos, problemático. Y lo peor es que le han aparecido unas tendencias suicidas que pueden aniquilarlo.

Desde la crisis, el raquítico crecimiento de la eurozona ha perjudicado el bienestar general que se había alcanzado y ha frenado e incluso empeorado la convergencia económica. Algunos países -Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre- tuvieron que ser rescatados, y casi todos han venido sufriendo de presupuestos deficitarios, que han disparado sus deudas públicas, comprometiendo gravemente el futuro de la eurozona. Es cierto que se han tomado medidas para contenerlos -el déficit medio se sitúa en el 2,1% del PIB y la deuda en el 90,4% del PIB- y que se han llevado a cabo desde el BCE radicales actuaciones de política monetaria. Pero todas ellas han buscado salvar al conjunto sin cuidar que el desarrollo interno haya sido equilibrado: se han acentuado las diferencias entre los países del norte y del sur; se están produciendo importantes transferencias de rentas de ahorradores a endeudados; y ha aumentado la desigualdad entre la población de manera generalizada.

Y si descendemos directamente a lo que ha significado el euro para el bolsillo de los españoles tras estos 15 años, encontramos que mientras el sueldo mediano, más realista que el salario medio, ha experimentado, según el INE, un crecimiento del 24,2%, la inflación creció un 36%. Es más, los precios de los productos y servicios más cotidianos, según la OCU, lo hicieron en más de un 60%, superando el 100% en otros, como el transporte o los precios de bares y restaurantes. Sólo bajaron videoconsolas, teléfonos y ordenadores.

Así, el proyecto euro ha llegado a su pubertad muy debilitado; tanto que, del mismo modo que a algunos jóvenes les brotan pensamientos suicidas, han surgido movimientos euroescépticos, principalmente en Francia, Alemania e Italia. Además, acontecimientos como el Brexit, la victoria de Trump, la llegada de inmigrantes o el terrorismo islámico tampoco facilitan que el euro supere esta etapa. Sin embargo, el euro -que involucra a más de 320 millones de personas de 19 países- sigue contando con un elevadísimo nivel de apoyo entre los ciudadanos. En 2002 le pedimos a los Reyes Magos una calculadora convertidora. Hoy, 6 de enero de 2017, la carta de peticiones para que el adolescente euro consiga encontrar su identidad es bien larga.

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Predicando sin ejemplos

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:35

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/12/2016

A los que nos dedicamos a las finanzas nos entran ganas de coger los libros donde se detallan sus fundamentos y tirarlos por la ventana. Es imposible explicar muchos de los principios que las sustentan cuando los ejemplos que encontramos en la realidad los ignoran. En la actualidad existen anomalías que sólo pueden entenderse a base de otras anomalías con las que coexisten, formando una compleja situación que indica claramente que algo falla. Los ejemplos sirven para dar luz, son el carromato de la comprensión. Pero con los actuales más bien nos sumimos en un mar de contradicciones, repleto de incoherencias entre la teoría y la práctica.

Que el dinero tiene un valor en el tiempo es un principio fundamental en finanzas: no vale igual un euro de hoy que un euro de mañana. En nuestros días, sin embargo, la inversión en muchos productos financieros arroja rendimientos negativos, a pesar de que pagar por prestar repele a nuestra lógica. Muchos analistas han rastreado en la historia para comprobar si alguna vez había sucedido algo igual. Sin éxito; por el contrario, pasajes bíblicos, como la parábola de los talentos, ya recogen la premisa financiera básica. Y esta represión financiera ataca también la máxima tradicionalmente aceptada de la importancia del ahorro para el individuo así como para que la sociedad tenga una economía sana. Hasta la saciedad hemos oído que una de las causas de la crisis ha sido el exceso de deuda mas favorecer el endeudamiento es la solución propuesta para superarla.

Por otra parte, otro principio fundamental es la conveniencia de que exista competencia entre las empresas. Pero, en los últimos tiempos, los organismos financieros más relevantes -el FMI, el BCE o el Banco de España- instan a las entidades financieras a fusionarse. Se prima la rentabilidad de las entidades frente a la competencia. El consejo no sólo va dirigido a países como Alemania, con casi 2.000 bancos, sino también para España, donde apenas quedan unos cuantos relevantes, tras la intensa reestructuración pasada.

Además, alentar estas fusiones también contradice otra de las conclusiones más claras que se han extraído de la crisis: no es conveniente que existan entidades financieras too big to fail, demasiado grandes para caer, que obligan a su rescate público para evitar las desastrosas consecuencias sistémicas si la quiebra se presenta. Lejos de limitar el tamaño, se las anima a aumentarlo, a sabiendas de que supone negar totalmente la ética del capitalismo, que exige aceptar la posibilidad de perder todos los haberes hasta la quiebra.

Y en estos días encontramos la última de las incoherencias: recién aprobada la directiva europea de reestructuraciones y resoluciones bancarias, llega el primer caso para probarla y, sin embargo, el gobierno italiano está procediendo al rescate público de su banca. Un ejemplo más donde la razón ha dictado un camino y la realidad se desmarca. “Nada estará bien si no se cuenta con la inteligencia; esto es, porque de otro modo lo que se haga se opondrá y repugnará a la naturaleza de las cosas” dijo Marco Tulio Cicerón hace dos mil años. A ver qué nos depara el futuro. ¡Feliz 2017!

Cataluña, dependiente financiera de España

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/12/2016

En el pasado, las comunidades autónomas se endeudaban de forma independiente para cubrir sus déficits anuales, emitiendo su propia deuda o pidiendo préstamos a los bancos. Pero, en plena crisis, cuando tuvieron complicado obtener financiación por sus propios medios, se pusieron en marcha unos mecanismos -entre ellos, el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y el Fondo de Financiación del Pago a Proveedores (FFPP)- para que fuera el Estado el que financiara a las autonomías que lo solicitaran y fuera él el que buscara el dinero en los mercados. Estos procedimientos -en principio extraordinarios- se han ido consolidando, consiguiendo las autonomías de forma adicional beneficiarse de los bajos costes con los que, gracias a la actuación del Banco Central Europeo, se financia el Estado. Así, todas las regiones -salvo Navarra y el País Vasco- están enganchadas a la financiación nacional, aunque no todas en el mismo grado.

Según los datos publicados el 15 de diciembre por el Banco de España, la deuda total de las autonomías asciende a 271.980 millones de euros, de los que el Estado central les tiene prestado más de la mitad, 137.970 millones de euros. Madrid, La Rioja, Castilla y León, Galicia, Aragón, Asturias y Extremadura participan poco de ellos pero el resto de las regiones lo hacen con porcentajes superiores al 60% de sus deudas. Cataluña es la región que más fondos estatales ha recibido, el 33,8% del total: de sus 74.400 millones de deuda, 46.731 millones de euros se los tiene prestado el Estado. Además, desde 2012, año en que se pusieron estos procedimientos en marcha, el ahorro de intereses para las autonomías ha sido importante, unos 44.484 millones de euros, de los que 15.781 millones corresponden a Cataluña, las autonomía más beneficiada.

Así, Cataluña es la región que más fondos ha recibido y la que ha experimentado un mayor alivio financiero, pero además esta financiación estatal significa mucho más para ella, porque supone poder renovar sus deudas, no caer en la quiebra: la agencia de calificación Standard & Poor’s degradó el pasado julio su rating hasta B+, hundiéndola aún más en el bono basura; es, con diferencia, el peor rating autonómico. Con esta nota, Cataluña no tiene otras opciones de financiación, depende de España.

Los independistas catalanes defienden que esta mala situación financiera deriva de lo que España les roba cada año. Sin embargo, convendría que tuvieran presente la estructura de sus gastos así como también -como reconoce el economista Xavier Sala-i-Martin, favorable a la independencia- sus despilfarros del pasado. Podrían defender el próximo enero una balanza fiscal más favorable, cuando se aborde la reforma de la financiación territorial del Estado, porque es cierto que bajo otros sistemas de interterritorialidad tendrían que ser menos solidarios. Con el alemán, por ejemplo, incrementarían sus recursos en 800 millones de euros al año. Pero esto ya no les bastaría, ni siquiera ya su referencia es el País Vasco. “Queremos referéndum”, le repitió hace unos días Junqueras a Montoro. Sólo habrá una forma de calmarles: inyectándole mucho dinero y de inmediato.

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Violencia financiera contra el depositante

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/12/2016

No es una noticia nueva que en estos últimos años los depositantes están siendo castigados a consecuencia de la política monetaria que está desarrollando el Banco Central Europeo. Ellos bien lo saben, han visto cómo se han ido reduciendo los intereses que percibían por sus ahorros hasta prácticamente anularse.

De hecho, la media de la retribución de los depósitos españoles alcanzó en octubre un mínimo histórico, el 0,13 %. Y dadas las decisiones tomadas por el BCE el pasado 8 de diciembre, al menos en 2017 y 2018 las cosas no van a mejorarse. Además, por si esta intervención pública no fuera ya suficientemente injusta con los pequeños ahorradores, convirtiéndolos en verdaderas víctimas de la crisis, un nuevo factor viene a machacarles.

El ahorro de los hogares españoles, que está concentrado en depósitos en un 42,8%, se enfrenta en los próximos años a tipos de interés nulos -o incluso negativos- junto con una inflación creciente: el escenario más desfavorable.

Uno de los principales argumentos del BCE para defenderse de las críticas a su política ha sido que hay que observar los tipos de interés reales y no los nominales: de tipos muy bajos pero con inflación negativa resultan rentabilidades aceptables. Y comparaba con épocas en las que los tipos se movían a niveles mayores pero con tasas de inflación cercanas al 2%. Pero ahora el razonamiento se le ha vuelto en contra: según el INE, los precios en España en noviembre han aumentado un 0,7% interanual, y las expectativas del BCE para los dos próximos años son del 1,3% y 1,5% respectivamente: ésa es la pérdida de valor que van a sufrir los depositantes.

La incoherencia financiera en la que vivimos es sorprendente: ¿dónde queda aquello de que el ahorro de la población es de gran importancia en la economía tanto individual como de la población en general? ¿Qué pensar al leer frases como “fomentar el hábito de ahorro es uno de los mejores regalos que puede hacer a sus hijos” o “saber ahorrar de una forma adecuada está en la base de la educación financiera”, extraídas de la web Finanzas para Todos, base del plan de educación financiera del Banco de España y la CNMV, y que estarán presentes también en los portales de los demás supervisores financieros europeos? ¿Cómo se puede aconsejar y alabar un determinado comportamiento y al mismo tiempo torpedearlo?

Los 758.000 millones de euros en depósitos a hogares en España corresponden en gran parte a ahorradores minoristas y conservadores, que consiguen sus ahorros a base de esfuerzo y sacrificio. Entienden que, por gozar de la protección estatal -hasta 100.000 euros por titular y entidad-, sólo pueden esperar rendimientos por renunciar a la disponibilidad de su dinero durante un plazo. Por contra, privados ya de intereses, ahora empezarán a descapitalizarse. Para evitarlo tendrían que emigrar hacia productos de mayor complejidad y riesgo. Pero ellos ni saben ni quieren especular con su dinero. Se les incita a actuar en contra de su natural modo de proceder, se están aplicando medios para vencer su resistencia, su repugnancia a hacer algo: exactamente así es como define la palabra violencia la Real Academia Española.

‘Match points’

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:27

TRBUNA ECONÓMICA, 9/12/2016

En la Eurozona no ganamos para sustos. A cada poco tiempo se nos presenta un match point, y son ya muchos los años que llevamos enfrentando un punto de partido tras otro sin apenas descanso. Con todos ellos, aguantamos la respiración y observamos con miedo la cotización de nuestra divisa y la reacción de los mercados, temiendo desintegrarnos. De momento, tras las turbulencias iniciales que provocan, siempre la calma ha regresado. Tiene razón Mario Draghi cuando afirma que “la zona euro está demostrando una resistencia alentadora”. Como con las malas rachas que suceden en la vida de cada uno de nosotros, en las que tenemos que ir encajando los match points que nos llegan sin poder evitarlos, el éxito depende de saber jugarlos.

El pelotazo que nos llegó hace unos meses desde el Reino Unido ha sido importante, y sorprendente. Pero lo dañados que quedemos en la Eurozona con este revés del Brexit dependerá de cuándo se active la salida, de la duración de las negociaciones y del acuerdo final que se alcance. Y hace unas semanas, del otro lado del Atlántico, nos ha venido otro no menos impactante: la victoria de Donald Trump. En principio es un peligro potencial para Europa, especialmente para Alemania, por el gran superávit comercial que mantiene con EEUU, aunque todavía está por ver las decisiones que, con el nuevo presidente en el poder, realmente se acaben tomando.

Y no sólo vienen desde fuera; el más reciente proviene de Italia, la tercera economía de la Eurozona, porque la incertidumbre que provoca la derrota de Matteo Renzi, entre otros conflictos, precipita su importantísimo problema bancario. O de los euroescépticos austriacos, pues, aunque no han conseguido su objetivo, los votos que han obtenido (el 46%) no son para obviarlos. Y se aproximan unos cuantos puntos internos que jugar en los próximos meses: en Francia, con el partido antieuro de Marine Le Pen; o en Alemania, con Alternativas por Alemania… Pero también es verdad que las consecuencias de otros match points del pasado en contra de la Eurozona se han ido al menos paliando: Grecia, Portugal, Irlanda. Y España. El Banco Central Europeo (BCE) salvó in extremis el euro dos veces: en 2012, con un billón de liquidez para la banca y aquella influyente frase del “haré todo lo que sea necesario y, créanme, será suficiente”; y después con el QE, el programa de compra de activos, unos años más tarde.

Ayer, 8 de diciembre, en la última reunión del año del BCE, Draghi mantuvo la mano firme: conserva los tipos de interés actuales y alarga las compras -modificando también los parámetros para hacerlas factibles- hasta diciembre de 2017, aunque a partir de abril se reducirán de 80.000 a 60.000 millones mensuales. Así, los match points abiertos y los que están por venir se desarrollarán bajo condiciones financieras muy favorables. Pero Draghi de nuevo advirtió que son los gobiernos los que tienen que jugarlos. De ellos dependerá que las adversas pelotas que nos están llegando sirvan -como en la película de Woody Allen, en la que el anillo no cayó al río y esto no sirvió, como parecía, para condenar al asesino sino para salvarlo- para que finalmente la Eurozona termine ganando.

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Coletazos de la crisis

Carmen Pérez | 16 de enero de 2017 a las 14:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/12/2016.

Hace décadas que en los países desarrollados se impuso la idea de que la política monetaria debía estar fuera del alcance de los gobiernos. Por una razón de peso: los políticos, sujetos a los ciclos electorales, se mueven por objetivos partidistas a corto plazo, que no son los óptimos para las decisiones monetarias. Era, por tanto, más conveniente que se tomaran por expertos desde entidades -los bancos centrales- con total independencia.

Además, en estos últimos años, no sólo han sido independientes sino que se les tomó por omnipotentes al descargarse sobre ellos toda la responsabilidad de combatir la intensa crisis financiera. Pero la agresiva y prolongada política monetaria que han ido aplicando ha conseguido unos resultados tan poco perceptibles por parte de la población que toda su actuación, incluso su independencia, se ha terminado cuestionando. Y en este estado de cosas, Donald Trump ha llegado dispuesto a tomar el mando.

El enfrentamiento de Trump con la Reserva Federal durante la campaña ha sido importante; las críticas a la gobernadora, Janet Yellen, han sido continuadas, llegando a decir que debería estar avergonzada de las decisiones que tomaba; sus asesores incluso han declarado que el recién elegido presidente quiere alguien con su misma ideología al frente de la Fed. Sin embargo, por mucho que lo desee, acabar con la independencia no está dentro de su competencia, y tampoco parece probable que lo intente ni siquiera de facto, porque Yellen estará hasta 2018 y no hay precedentes de relevos de gobernadores antes del final de sus mandatos.

Pero lo que de ningún modo está dispuesto a aceptar de la Fed es su preponderancia. Quiere devolver el protagonismo a las políticas fiscales; inversiones, infraestructura, comercio, salarios, impuestos, fábricas…, éstas son sus claves, dejando en segundo plano los tipos de interés, la prima de riesgo, la inflación o la masa monetaria. No es de extrañar este retorno a la economía real cuando él es un empresario, que ha dedicado su vida a materializar proyectos empresariales. El problema no está en esta nueva y necesaria revitalización de las políticas fiscales, sino en cómo la incógnita Trump va a enfrentarla, porque no son pocos los temores de que la deuda y la inflación se disparen.

Theresa May, en la misma línea, ha criticado con dureza la actuación del Banco de Inglaterra, y dispuesta a potenciar la inversión ha iniciado una gran negociación con las empresas británicas. En la eurozona, en cambio, seguimos confiando en la magia de Draghi, a pesar de que él declare su impotencia de forma continuada. Ni a nivel nacional ni con el Plan Juncker la inversión europea está alcanzando la energía necesaria. Y, sin embargo, es aquí, por nuestra configuración plurinacional, donde el cambio hace más falta: numerosos partidos populistas se han manifestado no contra la independencia del BCE sino directamente a favor de eliminarlo: quieren uno propio, que puedan utilizar sin límites y a conveniencia. O en la Eurozona alguien con fuerza coge el mando o lo cogerá un Trump cualquiera, pero de forma independiente en cada uno de sus estados ya separados.

A punto de fusión

Carmen Pérez | 14 de diciembre de 2016 a las 10:06

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/11/2016

Parece que ya, por fin, sí: tras décadas gestándose, la fusión de las dos sociedades de garantía recíproca andaluzas, Avalunión y Suraval, está a punto de culminarse. Sus consejos de administración han firmado el acuerdo, que finalizará con la firma de sus presidentes, Francisco Herrero León y Javier González de Lara. La sede social estará en Granada y la sede operativa, en Sevilla, pero quedan por fijar muchos aspectos, empezando por el nombre y su nuevo presidente. Con la fusión, autónomos, emprendedores y pymes de Andalucía están de enhorabuena, porque van a disponer de un claro agente de referencia a la hora de encontrar para sus proyectos la financiación adecuada.

No es tarea fácil la que desempeñan estas sociedades, porque los proyectos que avalan incorporan un nivel de riesgo mayor que los aceptados por la banca. Sin embargo, los ratios de solvencia de las SGR andaluzas superan los requeridos para las entidades de crédito y han cumplido siempre con los ratios de calidad de Cersa, compañía pública estatal que las reavala. Mantienen un delicado equilibrio entre la necesidad de recibir apoyos públicos y la de actuar con una gestión completamente independiente, evitando convertirse en instrumentos políticos por parte de las Comunidades Autónomas. No obstante, éstas pueden direccionar su actuación modulando las ayudas hacia aquellos sectores, zonas o segmentos empresariales que considere prioritarios para desarrollar su política económica.

La Junta de Andalucía -socio mayoritario en ambas- no las ha utilizado en el pasado para su política de apoyo a la pyme, como sucede en otras CCAA, por ejemplo, Castilla y León o el País Vasco. En los últimos años se ha limitado al reafianzamiento parcial -programa ya paralizado- de determinadas operaciones a través de la agencia IDEA. A raíz de la fusión debería potenciarlo porque el reaval andaluz y el de Cersaunidos pueden conseguir un apalancamiento de los recursos públicos muy beneficioso. Además, sería muy positivo abrir diversas líneas de apoyo, como la subsidiación de tipos de interés y/o coste del aval, planes de cobertura definidos o realizar dotaciones directas con finalidades específicas al Fondo de Provisiones Técnicas. También, en el ámbito estatal, sería interesante que consiguieran una línea ICO/SGR sin intermediación bancaria, que traslade de forma directa a la pyme los beneficios de acceso y tipos de dicha mediación pública.

Sin duda, la fusión va a ser muy positiva para que este instrumento de apoyo a la financiación adquiera protagonismo en nuestra región. Pero será tanto más importante en cuanto que la Junta de Andalucía, que está jugando un papel tan crucial para que la fusión se consolide, la acompañe de un plan con iniciativas concretas para contribuir a través de esta nueva SGR a que los autónomos, los emprendedores y las pymes andaluces puedan acceder a la financiación, y en condiciones de tipos de interés y plazos que mejoren su estructura y costes financieros. La fusión llega además en un momento excelente, porque la Junta de Andalucía puede encontrar en Europa para esta nueva sociedad un amplio respaldo.

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¿A tipo fijo o variable?

Carmen Pérez | 8 de diciembre de 2016 a las 8:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/11/2016

Comprar una vivienda es sin duda una decisión importante que no se suele tomar a la ligera; se trata de un proyecto a largo plazo en el que hay que valorar numerosas variables: importe, zona, metros cuadrados, impuestos y un largo etcétera. Además, en la actualidad, por si todo eso no fuera bastante, hay que tomar una decisión adicional: optar por una hipoteca a tipo de interés fijo o a tipo variable. Hasta ahora, la inmensa mayoría de las hipotecas se firmaban a tipo variable, referenciadas a algún indicador externo. Con ellas, la cuota a pagar va modificándose en consonancia con las subidas o bajadas que experimente el Euríbor a doce meses, que es el indicador usualmente utilizado. Pero en los últimos meses se ha incrementado el número de hipotecas -son ya el 28% del total- con tipo fijo, con cuota constante durante toda la vida del contrato. Los bancos, de no ofrecerlas siquiera, han pasado a promocionarlas intensamente: ¿por cuál de ellas decantarse?

Hay dos aspectos que pueden ser determinantes: el plazo y las comisiones. Las hipotecas fijas suelen tener un plazo máximo de 10 o 15 años, por lo que la cuota es alta, al tener que devolver todo el préstamo en ese breve plazo. Así, si los ingresos actuales no son elevados, es posible que haya que elegir una variable, cuyo plazo puede alcanzar los 40 años. Respecto a las comisiones, algunas, como la de apertura, son comunes a ambas, pero en las fijas, en las que el riesgo de tipo de interés lo asume el banco, se exigen comisiones que pueden llegar hasta el 5%, para disuadir al cliente de cancelarla.

La cuota mensual con la hipoteca variable será menor: el euríbor se encuentra en mínimos históricos, -0,071%, y los diferenciales que se le suman son bajos por la fuerte competencia que existe entre los bancos. Pero pueden subir en el futuro, a diferencia de la cuota fija con la que no habrá nunca sorpresas. Sin embargo, la decisión entre tranquilidad o precio se complica: algunas entidades ofrecen las fijas a tipos muy bajos, casi similares a las variables, pero exigiendo que el cliente se vincule de forma intensa a la entidad, esto es, que contrate otros productos -fondos de inversión, seguros o planes de pensiones- y habrá entonces que observar cuáles son sus propios condicionantes.

Lo ideal sería firmar una mixta, con tipo variable ahora que está el Euríbor bajo y determinar un buen tipo fijo para más adelante, pero sólo las encontraremos al contrario. Sin conocer el futuro, es imposible saber cuál es la decisión óptima. Las previsiones son que los tipos de interés se mantengan así algunos años -son muy significativos estos tipos fijos actuales tan bajos-, pero es absurdo pensar que será para siempre, y ahora que la inflación está empezando a asomarse, ese momento puede acercarse. Conviene utilizar un simulador y calcular cuotas para diferentes escenarios, con dos referencias claves: la media histórica del euríbor es 2,87% y el máximo de 5,39%. También es posible ser más sofisticado, firmar una variable y cuando los tipos vayan a elevarse, contratar un swap de tipos de interés, ese instrumento financiero con el que se establecieron tantos suelos, pero que de igual forma puede poner techos.