‘Match points’

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:27

TRBUNA ECONÓMICA, 9/12/2016

En la Eurozona no ganamos para sustos. A cada poco tiempo se nos presenta un match point, y son ya muchos los años que llevamos enfrentando un punto de partido tras otro sin apenas descanso. Con todos ellos, aguantamos la respiración y observamos con miedo la cotización de nuestra divisa y la reacción de los mercados, temiendo desintegrarnos. De momento, tras las turbulencias iniciales que provocan, siempre la calma ha regresado. Tiene razón Mario Draghi cuando afirma que “la zona euro está demostrando una resistencia alentadora”. Como con las malas rachas que suceden en la vida de cada uno de nosotros, en las que tenemos que ir encajando los match points que nos llegan sin poder evitarlos, el éxito depende de saber jugarlos.

El pelotazo que nos llegó hace unos meses desde el Reino Unido ha sido importante, y sorprendente. Pero lo dañados que quedemos en la Eurozona con este revés del Brexit dependerá de cuándo se active la salida, de la duración de las negociaciones y del acuerdo final que se alcance. Y hace unas semanas, del otro lado del Atlántico, nos ha venido otro no menos impactante: la victoria de Donald Trump. En principio es un peligro potencial para Europa, especialmente para Alemania, por el gran superávit comercial que mantiene con EEUU, aunque todavía está por ver las decisiones que, con el nuevo presidente en el poder, realmente se acaben tomando.

Y no sólo vienen desde fuera; el más reciente proviene de Italia, la tercera economía de la Eurozona, porque la incertidumbre que provoca la derrota de Matteo Renzi, entre otros conflictos, precipita su importantísimo problema bancario. O de los euroescépticos austriacos, pues, aunque no han conseguido su objetivo, los votos que han obtenido (el 46%) no son para obviarlos. Y se aproximan unos cuantos puntos internos que jugar en los próximos meses: en Francia, con el partido antieuro de Marine Le Pen; o en Alemania, con Alternativas por Alemania… Pero también es verdad que las consecuencias de otros match points del pasado en contra de la Eurozona se han ido al menos paliando: Grecia, Portugal, Irlanda. Y España. El Banco Central Europeo (BCE) salvó in extremis el euro dos veces: en 2012, con un billón de liquidez para la banca y aquella influyente frase del “haré todo lo que sea necesario y, créanme, será suficiente”; y después con el QE, el programa de compra de activos, unos años más tarde.

Ayer, 8 de diciembre, en la última reunión del año del BCE, Draghi mantuvo la mano firme: conserva los tipos de interés actuales y alarga las compras -modificando también los parámetros para hacerlas factibles- hasta diciembre de 2017, aunque a partir de abril se reducirán de 80.000 a 60.000 millones mensuales. Así, los match points abiertos y los que están por venir se desarrollarán bajo condiciones financieras muy favorables. Pero Draghi de nuevo advirtió que son los gobiernos los que tienen que jugarlos. De ellos dependerá que las adversas pelotas que nos están llegando sirvan -como en la película de Woody Allen, en la que el anillo no cayó al río y esto no sirvió, como parecía, para condenar al asesino sino para salvarlo- para que finalmente la Eurozona termine ganando.

Etiquetas: , , ,

Coletazos de la crisis

Carmen Pérez | 16 de enero de 2017 a las 14:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/12/2016.

Hace décadas que en los países desarrollados se impuso la idea de que la política monetaria debía estar fuera del alcance de los gobiernos. Por una razón de peso: los políticos, sujetos a los ciclos electorales, se mueven por objetivos partidistas a corto plazo, que no son los óptimos para las decisiones monetarias. Era, por tanto, más conveniente que se tomaran por expertos desde entidades -los bancos centrales- con total independencia.

Además, en estos últimos años, no sólo han sido independientes sino que se les tomó por omnipotentes al descargarse sobre ellos toda la responsabilidad de combatir la intensa crisis financiera. Pero la agresiva y prolongada política monetaria que han ido aplicando ha conseguido unos resultados tan poco perceptibles por parte de la población que toda su actuación, incluso su independencia, se ha terminado cuestionando. Y en este estado de cosas, Donald Trump ha llegado dispuesto a tomar el mando.

El enfrentamiento de Trump con la Reserva Federal durante la campaña ha sido importante; las críticas a la gobernadora, Janet Yellen, han sido continuadas, llegando a decir que debería estar avergonzada de las decisiones que tomaba; sus asesores incluso han declarado que el recién elegido presidente quiere alguien con su misma ideología al frente de la Fed. Sin embargo, por mucho que lo desee, acabar con la independencia no está dentro de su competencia, y tampoco parece probable que lo intente ni siquiera de facto, porque Yellen estará hasta 2018 y no hay precedentes de relevos de gobernadores antes del final de sus mandatos.

Pero lo que de ningún modo está dispuesto a aceptar de la Fed es su preponderancia. Quiere devolver el protagonismo a las políticas fiscales; inversiones, infraestructura, comercio, salarios, impuestos, fábricas…, éstas son sus claves, dejando en segundo plano los tipos de interés, la prima de riesgo, la inflación o la masa monetaria. No es de extrañar este retorno a la economía real cuando él es un empresario, que ha dedicado su vida a materializar proyectos empresariales. El problema no está en esta nueva y necesaria revitalización de las políticas fiscales, sino en cómo la incógnita Trump va a enfrentarla, porque no son pocos los temores de que la deuda y la inflación se disparen.

Theresa May, en la misma línea, ha criticado con dureza la actuación del Banco de Inglaterra, y dispuesta a potenciar la inversión ha iniciado una gran negociación con las empresas británicas. En la eurozona, en cambio, seguimos confiando en la magia de Draghi, a pesar de que él declare su impotencia de forma continuada. Ni a nivel nacional ni con el Plan Juncker la inversión europea está alcanzando la energía necesaria. Y, sin embargo, es aquí, por nuestra configuración plurinacional, donde el cambio hace más falta: numerosos partidos populistas se han manifestado no contra la independencia del BCE sino directamente a favor de eliminarlo: quieren uno propio, que puedan utilizar sin límites y a conveniencia. O en la Eurozona alguien con fuerza coge el mando o lo cogerá un Trump cualquiera, pero de forma independiente en cada uno de sus estados ya separados.

A punto de fusión

Carmen Pérez | 14 de diciembre de 2016 a las 10:06

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/11/2016

Parece que ya, por fin, sí: tras décadas gestándose, la fusión de las dos sociedades de garantía recíproca andaluzas, Avalunión y Suraval, está a punto de culminarse. Sus consejos de administración han firmado el acuerdo, que finalizará con la firma de sus presidentes, Francisco Herrero León y Javier González de Lara. La sede social estará en Granada y la sede operativa, en Sevilla, pero quedan por fijar muchos aspectos, empezando por el nombre y su nuevo presidente. Con la fusión, autónomos, emprendedores y pymes de Andalucía están de enhorabuena, porque van a disponer de un claro agente de referencia a la hora de encontrar para sus proyectos la financiación adecuada.

No es tarea fácil la que desempeñan estas sociedades, porque los proyectos que avalan incorporan un nivel de riesgo mayor que los aceptados por la banca. Sin embargo, los ratios de solvencia de las SGR andaluzas superan los requeridos para las entidades de crédito y han cumplido siempre con los ratios de calidad de Cersa, compañía pública estatal que las reavala. Mantienen un delicado equilibrio entre la necesidad de recibir apoyos públicos y la de actuar con una gestión completamente independiente, evitando convertirse en instrumentos políticos por parte de las Comunidades Autónomas. No obstante, éstas pueden direccionar su actuación modulando las ayudas hacia aquellos sectores, zonas o segmentos empresariales que considere prioritarios para desarrollar su política económica.

La Junta de Andalucía -socio mayoritario en ambas- no las ha utilizado en el pasado para su política de apoyo a la pyme, como sucede en otras CCAA, por ejemplo, Castilla y León o el País Vasco. En los últimos años se ha limitado al reafianzamiento parcial -programa ya paralizado- de determinadas operaciones a través de la agencia IDEA. A raíz de la fusión debería potenciarlo porque el reaval andaluz y el de Cersaunidos pueden conseguir un apalancamiento de los recursos públicos muy beneficioso. Además, sería muy positivo abrir diversas líneas de apoyo, como la subsidiación de tipos de interés y/o coste del aval, planes de cobertura definidos o realizar dotaciones directas con finalidades específicas al Fondo de Provisiones Técnicas. También, en el ámbito estatal, sería interesante que consiguieran una línea ICO/SGR sin intermediación bancaria, que traslade de forma directa a la pyme los beneficios de acceso y tipos de dicha mediación pública.

Sin duda, la fusión va a ser muy positiva para que este instrumento de apoyo a la financiación adquiera protagonismo en nuestra región. Pero será tanto más importante en cuanto que la Junta de Andalucía, que está jugando un papel tan crucial para que la fusión se consolide, la acompañe de un plan con iniciativas concretas para contribuir a través de esta nueva SGR a que los autónomos, los emprendedores y las pymes andaluces puedan acceder a la financiación, y en condiciones de tipos de interés y plazos que mejoren su estructura y costes financieros. La fusión llega además en un momento excelente, porque la Junta de Andalucía puede encontrar en Europa para esta nueva sociedad un amplio respaldo.

Etiquetas:

¿A tipo fijo o variable?

Carmen Pérez | 8 de diciembre de 2016 a las 8:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/11/2016

Comprar una vivienda es sin duda una decisión importante que no se suele tomar a la ligera; se trata de un proyecto a largo plazo en el que hay que valorar numerosas variables: importe, zona, metros cuadrados, impuestos y un largo etcétera. Además, en la actualidad, por si todo eso no fuera bastante, hay que tomar una decisión adicional: optar por una hipoteca a tipo de interés fijo o a tipo variable. Hasta ahora, la inmensa mayoría de las hipotecas se firmaban a tipo variable, referenciadas a algún indicador externo. Con ellas, la cuota a pagar va modificándose en consonancia con las subidas o bajadas que experimente el Euríbor a doce meses, que es el indicador usualmente utilizado. Pero en los últimos meses se ha incrementado el número de hipotecas -son ya el 28% del total- con tipo fijo, con cuota constante durante toda la vida del contrato. Los bancos, de no ofrecerlas siquiera, han pasado a promocionarlas intensamente: ¿por cuál de ellas decantarse?

Hay dos aspectos que pueden ser determinantes: el plazo y las comisiones. Las hipotecas fijas suelen tener un plazo máximo de 10 o 15 años, por lo que la cuota es alta, al tener que devolver todo el préstamo en ese breve plazo. Así, si los ingresos actuales no son elevados, es posible que haya que elegir una variable, cuyo plazo puede alcanzar los 40 años. Respecto a las comisiones, algunas, como la de apertura, son comunes a ambas, pero en las fijas, en las que el riesgo de tipo de interés lo asume el banco, se exigen comisiones que pueden llegar hasta el 5%, para disuadir al cliente de cancelarla.

La cuota mensual con la hipoteca variable será menor: el euríbor se encuentra en mínimos históricos, -0,071%, y los diferenciales que se le suman son bajos por la fuerte competencia que existe entre los bancos. Pero pueden subir en el futuro, a diferencia de la cuota fija con la que no habrá nunca sorpresas. Sin embargo, la decisión entre tranquilidad o precio se complica: algunas entidades ofrecen las fijas a tipos muy bajos, casi similares a las variables, pero exigiendo que el cliente se vincule de forma intensa a la entidad, esto es, que contrate otros productos -fondos de inversión, seguros o planes de pensiones- y habrá entonces que observar cuáles son sus propios condicionantes.

Lo ideal sería firmar una mixta, con tipo variable ahora que está el Euríbor bajo y determinar un buen tipo fijo para más adelante, pero sólo las encontraremos al contrario. Sin conocer el futuro, es imposible saber cuál es la decisión óptima. Las previsiones son que los tipos de interés se mantengan así algunos años -son muy significativos estos tipos fijos actuales tan bajos-, pero es absurdo pensar que será para siempre, y ahora que la inflación está empezando a asomarse, ese momento puede acercarse. Conviene utilizar un simulador y calcular cuotas para diferentes escenarios, con dos referencias claves: la media histórica del euríbor es 2,87% y el máximo de 5,39%. También es posible ser más sofisticado, firmar una variable y cuando los tipos vayan a elevarse, contratar un swap de tipos de interés, ese instrumento financiero con el que se establecieron tantos suelos, pero que de igual forma puede poner techos.

El nuevo modelo de negocio bancario

Carmen Pérez | 27 de noviembre de 2016 a las 18:55

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/11/2016

Numerosos representantes de la industria bancaria han analizado recientemente los retos que tiene el sector en este momento tan crucial de transformación de su modelo de negocio. El documento resultante El cambio del modelo de negocio de la banca, editado por el Instituto Español de Analistas Financieros, fue presentado en Sevilla en el Círculo Financiero del club Antares. La nueva regulación bancaria, los competidores digitales, la rentabilidad en este contexto de tipos de interés tan bajos o la situación del crédito en España son las principales tendencias que se debatieron. A través de ellas se puede aventurar cómo será la relación del cliente con esa nueva banca.

Las sucursales bancarias serán como supermercados, con sus estanterías virtuales repletas de productos financieros variados. Funcionará el autoservicio para las transacciones operativas, y se acudirá a la oficina exclusivamente a contratar algún producto, para recibir asesoramiento con calma. Los agentes comerciales, sobradamente cualificados, tendrán que guiar al cliente por el complejo mundo financiero actual; su tarea -y su responsabilidad- residirá en ayudarle a tomar la decisión adecuada, que desbordará incluso los productos propios de su grupo bancario, exponiendo los riesgos, los costes o sus implicaciones fiscales.

De forma similar se comportarán antes los productos de activo, cuando el cliente quiera negociar una hipoteca o un préstamo. El análisis de crédito tendrá que retornar en gran medida a épocas pasadas, especialmente en las empresas, porque los intangibles ganarán peso en su balances. Así, con menos activos reales que sirvan de garantía, el papel del analista es esencial para valorar esos activos con menores valores residuales. No obstante, el crédito no volverá a suponer la fuente de rentabilidad de antes de la crisis: los altísimos niveles de endeudamiento no se repetirán, con las fintech habrá mayor competencia y las grandes empresas se financiarán más en los mercados.

Será, por tanto, una banca de menor crédito y de mayores servicios financieros, que se habrán de remunerar de forma suficiente. Pero si quieren fomentar los ingresos por comisiones, tendrán que conseguir un cambio de mentalidad en la población, acostumbrada a no pagarlas. Para ello, se hace completamente necesario que recuperen la confianza perdida y que además los clientes perciban con claridad que su intervención les aporta un valor añadido en las operaciones contratadas.

En definitiva, una banca que mantenga una relación con el cliente directa, cercana y muy especializada. Un panorama estupendo, pero para el que pueda disfrutarlo, porque el sector tiende -el FMI y el BCE lo recomiendan- a una mayor concentración. En España, en la que ya es muy alta, con menor número de entidades se corre el peligro de que no se atienda adecuadamente a las poblaciones de escaso tamaño. No sólo porque se elimine en ellas la sana competencia sino porque incluso no haya ni presencia: Liberbank, que aglutina a seis cajas que cumplían ese papel de banca de proximidad, sustituirá, antes de final de año, 150 sucursales en pequeños pueblos por agentes financieros franquiciados.

Etiquetas:

El Euríbor Plus

Carmen Pérez | 21 de noviembre de 2016 a las 8:39

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/11/2016

EURÍBOR Plus, ése es el nombre que tendrá el nuevo Euríbor, que entrará en vigor en 2017. El Instituto Europeo de Mercados Monetarios, EMMI, encargado de su gestión, lleva algunos meses trabajando para cambiar su método de cálculo. La reforma se inició tras los escándalos del pasado, cuando se descubrió que numerosas entidades financieras habían manipulado este indicador durante años, y por los que la Comisión Europea terminó imponiéndoles multas millonarias. Ciertamente, el procedimiento que se diseñó y que está funcionando actualmente peca de ingenuo, y no es extraño que hasta el Banco Central Europeo se haya involucrado en su cambio: la determinación de este índice es una cuestión de la máxima importancia.

El Euríbor es el índice que refleja el tipo de interés al que los bancos se prestan el dinero entre sí a distintos plazos en el mercado interbancario: desde una semana hasta doce meses. Como en cualquier mercado, el precio se establece de la confluencia de la oferta y la demanda. Así, el Euríbor es el precio del dinero que sirve de referencia posteriormente para las operaciones privadas: 180 billones de euros es el volumen de contratos ligados al Euríbor, en su mayoría operaciones con productos derivados.

El cambio fundamental que se ha propuesto reside en realizar los cálculos sobre las transacciones entre las entidades financieras realmente efectuadas. Actualmente, los bancos que intervienen en el panel de cálculo, si no han acordado operaciones en el mercado interbancario a alguno de los plazos, comunican, y se tienen en cuenta del mismo modo, al tipo de interés “al que lo hubieran hecho de haberlas realizado”. De ahí la ingenuidad del método actual, porque en proposiciones así es complicado demostrar que sean verdaderas o falsas.

Sin embargo, el nuevo método también tiene sus inconvenientes. Puede suceder que algún día se realicen pocas o ninguna transacción a alguno de los plazos, y hay que dejar establecido qué valor se debe escoger en ese caso. De hecho, apenas hay cruces reales para operaciones a plazos superiores a tres meses. Por ello, una vez que se definieron con detalle los cambios, se viene calculando a la vez el euríbor antiguo junto con el nuevo para detectar posibles fallos.

Existe un temor generalizado a que el Euríbor plus a doce meses arroje un porcentaje mayor, que actualmente cotiza al 0,069%, encareciendo hipotecas y préstamos a empresas, que toman masivamente ese euríbor como indicador de referencia. Pero hay una circunstancia que permite sospechar que pueda ser al contrario. Además del EMMI, paralelamente, el BCE puso en marcha el pasado julio un control propio sobre las transacciones que los 53 mayores bancos llevan a cabo en el mercado interbancario de la zona euro. Para el BCE, el Euríbor constituye el enlace entre su política monetaria y lo que sucede en la economía real: de nada sirve que establezca tipos oficiales al 0% o incluso negativos si no se trasmiten al mercado interbancario: el Euríbor a doce meses, desde marzo que se volvió negativo, no ha bajado del -0,074%, sin seguir la tendencia descendente tan intensa que ha experimentado el Euríbor al resto de los plazos.

Etiquetas: ,

‘Tapering’

Carmen Pérez | 14 de noviembre de 2016 a las 9:50

TAPERING, otra palabra inglesa que se cuela en nuestro vocabulario, como tantas que nos ha traído la crisis. En finanzas, este proceso hace referencia a la disminución gradual de las medidas extraordinarias de política monetaria expansiva tomadas por los bancos centrales, esto es, la retirada paulatina del quantitative easing, QE. La Reserva Federal, FED, comenzó a aplicarlo en 2013, pero ahora es cuando vamos a escuchar esta palabra una y otra vez porque se acerca la fecha -marzo- del final del programa de compras de activos del BCE. De momento, Draghi en su última reunión -octubre- no ha mostrado sus cartas: ni negó el tapering ni tampoco que el programa no se pudiera continuar, ampliar o reformar sus características en próximas citas. Todo puede ser. Next meeting: diciembre. Paradójicamente, no parece que genere mucha alegría que el tapering se acerque.

El programa de compras ha llevado al BCE a ser dueño de más de un billón de euros en bonos soberanos de la zona euro: unos 255.000 millones de deuda alemana; 202.000,  francesa; 176.000, italiana; y más de 126.000 de deuda española. Pero aún sólo representa el 10% del total de la deuda europea, lejos del 20% que posee la FED de la deuda federal o del 30% que tiene el BoJ de la nipona. Respecto a los bonos privados, el BCE ha comprado desde junio 29.700 millones de euros. En Europa vamos por detrás de otros bancos centrales; seguimos yendo cuando, por ejemplo, la FED está de vuelta, y en la actualidad se enfrenta a subidas de tipos de interés aunque de forma muy lenta.

Los programas de compras hay que retirarlos como la cortisona, poco a poco,  para evitar movimientos bruscos en los mercados financieros. Por ello, la comunicación de cualquier cambio en la estrategia monetaria debe hacerse con sumo cuidado. Incluso puede darse marcha atrás si es conveniente. Todo depende de cómo vayan evolucionando las variables macroeconómicas, especialmente la inflación, objetivo del BCE. La inflación europea alcanzó en septiembre el 0,4%, y los pronósticos apuntan a 1,2% en 2017, 1,5% en 2018 y 1,8% en el largo plazo. En diciembre, cuando Draghi concretará su postura, se dispondrá también de nuevas proyecciones de crecimiento y de inflación hasta 2019.

Que se hable del inicio del proceso de tapering debería alegrarnos, porque significaría que la economía europea está mejorando, que la tasa de inflación está alcanzando  niveles más saludables y que se está consolidando el crecimiento económico. Así lo subrayó Draghi: “El QE no durará siempre, dependerá de que se consiga llegar a una senda de convergencia duradera y autosostenida hacia el objetivo del BCE”. Antes o después, el tapering será un hecho. Pero la decisión -Alemania apremia- se tomará en función de la situación de Europa en su conjunto, aunque a España no le convenga. Con presupuestos con ingresos insuficientes para abordar el alto volumen de gasto público, pensiones incluidas, preocupa pensar que tengan además que soportar el efecto negativo del tapering en familias y empresas endeudadas, así como asumir el mayor coste de la deuda pública que desenganchados de los estímulos con seguridad tendríamos.

Cartas develadoras

Carmen Pérez | 9 de noviembre de 2016 a las 11:20

TRIBUNA ECONÓMICA, 21710/2016.

Las cuatro cartas -correos electrónicos- enviados por un inspector del Banco de España a su superior en 2011, y que han salido a la luz ahora en el trascurso del juicio del caso Bankia, desprenden la autenticidad de algo que se ha escrito en confianza, informalmente, manifestando la opinión sincera de lo que él y su equipo habían concluido tras el análisis de viabilidad realizado a BFA-Bankia. Se expresa con la seguridad de un experto, dándose cuenta de la gravedad del problema: “Os recomiendo la impresión y la lectura tranquila porque en pantalla es aún más difícil de digerir”, con honda preocupación por encontrar una solución que evite -lo repite machaconamente- el coste para el contribuyente: “Estoy resultando muy pesado, pero la trascendencia del asunto es tal que merece la pena pasar por pesado”.

El análisis técnico realizado le lleva a mostrar serias dudas sobre que la solución fuera la salida a bolsa de Bankia; en todo caso, recomienda, debería salir como banco único, porque “con la estructura de banco doble no funcionará”, y añade una serie de precauciones a tomar por si finalmente se hiciera. Además, propone otra alternativa, “la definitiva y la óptima”: su venta a un tercero, con coste cero para el contribuyente. Pero sobre ella comenta: “Otra cosa es que los políticos que gestionan Bankia no quieran explorar esta vía para no perder sus poltronas ni su herramienta de financiación”. El gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez -de hulio 2006 a junio de 2012-, terminó meses después autorizando la salida a bolsa.

No es la primera vez que conocemos que la inspección diagnosticó certeramente y no se le tuvo en cuenta. Pasó con las repetidas advertencias sobre la burbuja inmobiliaria que se estaba formando y la petición de que se actuara al efecto. Fue en una carta de 2006, que saltó a la prensa en 2011, de la asociación de inspectores del Banco de España, enviada al Ministerio de Economía ante la impotencia de hacer reaccionar a la cúpula supervisora ante el tsunami que se venía encima. Advertía de la elevadísima concentración en el sector inmobiliario y del altísimo nivel de dependencia de los capitales externos; y acusaban al gobernador, Jaime Caruana -de julio de 2000 a julio de 2006-, de obviar los desequilibrios, de minimizar el riesgo latente y de ignorar las previsibles consecuencias para el sistema económico y para numerosas familias.

Estas cartas ponen de manifiesto que la independencia del Banco de España no era real, aunque por sus estatutos lo fuera. Ya no volverá a pasar, a los gobernadores de los bancos centrales nacionales se les han quitado competencias, la supervisión de los grandes bancos -en España, prácticamente todos- se hace en Europa, en el Mecanismo Único de Supervisión, dentro del BCE. Acabar con las poco fiables y politizadas supervisiones nacionales era esencial si se quería avanzar hacia una Unión Bancaria, para llegar a compartir juntos los riesgos de cualquier banco europeo. Nuevas cartas en el futuro nos develarán lo que ahora se está debatiendo sobre Deutsche Bank, Caixa Geral o Monte dei Paschi di Siena. Esperemos que nos muestren que la confrontación de los intereses políticos nacionales consiguió que se atendieran las opiniones de los expertos.

Etiquetas: , ,

Realidades financieras paralelas

Carmen Pérez | 25 de octubre de 2016 a las 14:52

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/10/1966.

Resulta interesante confrontar dos realidades financieras completamente dispares con las que actualmente convivimos para que, al verlas una al lado de la otra, se desprenda una interpretación de su imagen conjunta. Ambas son circunstancias tan extremas y anómalas que la mayoría de las personas ajenas al mundo financiero, al conocerlas, desconfían incluso de que sean ciertas. Una está ligada al sistema financiero formal, establecido, asociada a los grandes importes; la otra, a las finanzas no controladas, al menudeo y a las cantidades pequeñas.

Por una parte, estamos envueltos en una realidad mágica, en un mundo de irracionalidad financiera. Como Alicia en el País de las Maravillas, hemos traspasado el espejo: los tipos de interés están negativos y las operaciones financieras se han dado la vuelta. Así, los Estados se están financiando cobrando intereses a los inversores que les prestan su dinero; y no son casos aislados sino que alcanza al 35% de los títulos de deuda pública, lo que supone unos 8,3 billones de euros. De igual modo, numerosas grandes empresas están emitiendo bonos por los que pagan cupones por debajo o cerca del 0%. Y es posible que se extienda esta irracionalidad todavía más porque el Euríbor lleva meses en negativo en todos sus plazos y, de seguir bajando, serán los bancos los que paguen intereses a sus clientes -familias o empresas- por tener una hipoteca o un préstamo con ellos.

De otra parte, nos encontramos un mundo más sórdido, más cercano al que denuncia Larra en suEmpeño y Desempeños, aunque modernizado con la tecnología actual. Proliferan las entidades -fuera del control del Banco de España- que ofrecen micropréstamos, de cantidades que suelen ser inferiores a 800 euros y que se tramitan de forma rápida. Su publicidad puede verse continuamente en todos los medios de comunicación: “Tu dinero on line cuándo y cómo quieras” o “Primer préstamo sin intereses y comisiones” son algunos de sus reclamos. Sus intereses llegan a superar el 4.000% y utilizan agresivas técnicas de recobro en caso de incumplimiento. Ya existen sentencias, basadas en la aún vigente ley Azcárate de 1908, anulando operaciones de estas compañías por sus intereses usureros.

En realidad, lo novedoso es el perfil del que contrata estos créditos rápidos, que se corresponde, cada vez más, con personas -asalariadas y jubiladas, en su mayoría- que necesitan el dinero para llegar a fin de mes o para atender los gastos imprevistos que se les presentan. Cuando no consiguen resolver sus dificultades a través de los bancos -que, por cierto, también aplican altos intereses y comisiones en los préstamos al consumo, por los números rojos o por el uso de la tarjeta de crédito-, acuden y se someten a los intereses desorbitados de estas entidades de micropréstamos. Y de forma paralela al ir solventando mes a mes esta crónica y costosísima tortura financiera, estas personas tienen que escuchar una y otra vez que el Banco Central Europeo BCE) está interviniendo, que actúa para mejorar la economía real y reflotar el crédito, creando un mundo artificial en el que los tipos de interés se sitúan por debajo del 0%.

Mejor prevenir que curar

Carmen Pérez | 18 de octubre de 2016 a las 11:36

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/10/2016

ES posible que entre las personas que se encuentren en una sucursal bancaria, guardando la cola para ser atendidas por un agente comercial, alguna de ellas no sea un cliente normal, aunque lo parezca. Puede ser un cliente espía. La figura no es nueva, tradicionalmente se ha utilizado por las empresas para detectar las estrategias de la competencia; o dentro de sí mismas, para medir la eficacia de las personas que cara al público la representan. Lo novedoso, en España, es que trabajen para el supervisor financiero. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha contratado a mystery shoppers, o inspectores de incógnito, para que comprueben sobre el terreno si los bancos cumplen con la normativa establecida para la comercialización de los productos financieros. Después de la epidemia de reclamaciones del pasado, y ante los virus del presente, mejor intensificar los mecanismos de prevención que dejar que nuevas enfermedades lleguen.

No es la única medida de prevención implantada en los últimos tiempos; también se han adoptado otras que igualmente siguen esta filosofía, como los semáforos financieros y otras clasificaciones obligatorias, que con códigos de colores o mediante escalas con diferentes niveles advierten al cliente de la intensidad y tipos de riesgos que conllevan los productos financieros. Por otra parte, los protocolos de actuación han sido reforzados para garantizar transparencia y claridad en la información así como idoneidad respecto al perfil del inversor. Y se va a exigir legalmente la cualificación profesional de los agentes, aunque es cierto que la inmensa mayoría ya la tienen.

Las quejas y reclamaciones recibidas por los supervisores en estos últimos años constituyen un buen termómetro para tomar conciencia del problema: 20.000 reclamaciones ante el Banco de España en 2015, en su mayoría por cláusulas suelo; y 1.400 quejas ante la CNMV, en un 75% a causa de participaciones preferentes. No obstante, aún siendo todavía muchas, están lejos de las 35.000 y 10.900 respectivamente de 2012. Y cuando el mal está hecho, la curación que pueden ofrecer los supervisores no es eficaz. Los informes que emiten -que además exigen de uno previo del defensor del cliente- no son vinculantes, y los usuarios terminan en los tribunales, si la entidad reclamada no rectifica voluntariamente.

Actualmente, la CNMV está especialmente preocupada por el trasvase de los depósitos hacia los fondos de inversión. Con los tipos de interés tan bajos, son muchos los clientes que están optando por cambiar seguridad por rentabilidad. Esperemos que los nuevos mecanismos de prevención funcionen en dos sentidos, ambos de igual importancia: que protejan al inversor, para que ninguno pueda encontrarse en el futuro con las consecuencias adversas de haber asumido un riesgo excesivo sin haberlo conocido ni deseado; y que desprotejan al mal inversor, ése que intenta aprovechar las aguas revueltas para eludir con artimañas legales los resultados negativos de aquellas decisiones que conscientemente toma. Porque, para ser justos con la banca, hay que reconocer que junto a las miles de reclamaciones legítimas recibidas de clientes engañados, muchas otras eran falsas.