Prestar en tiempos de magia

Carmen Pérez | 11 de marzo de 2016 a las 10:51

daenerys

 

EN un momento de la serie Juego de Tronos, la princesa Daenerys Targaryen pide ayuda económica a un rico comerciante de especias del Reino de Qarth para recuperar el Trono de Hierro, que según ella le corresponde por linaje. Le ofrece devolverle el triple de lo que le solicita. El prestamista, aunque no duda ni de su honestidad ni de sus buenas intenciones, le deniega la ayuda. “¿Tienes un Ejército?, ¿tienes poderosos aliados?”, le interroga. “Valoro cada transacción en función de sus beneficios. En los negocios confío en la lógica, no en la pasión. Soy la Madre de los Dragones”, le dice ella mostrando por todo su haber a sus pequeñas criaturas. Pero el comerciante sabe de sobra cuándo prestar: “No puedo hacer una inversión basada en sueños y deseos”.

Hoy no son tiempos ni de fantasmas ni de caminantes blancos pero sí de mucha magia. La que aplica, entre otros, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que ha traído un tiempo de sobreabundancia de dinero y de tipos de interés negativos, propiciando que los prestamistas regalen su uso, o incluso que paguen con tal de que se lo lleven. El problema sigue residiendo en encontrar princesas primorosas en las que pueda confiarse en que por lo menos lo devuelvan. Hecho el conjuro para que los préstamos se multipliquen, los mismos magos se enfrentan ahora a que los prestamistas hagan saltar por los aires la lógica necesaria a la hora de concederlos.

A los bancos, los grandes prestamistas, les quema literalmente el dinero. Tienen que soltarlo como sea porque les hierve a un -0,3%, temperatura que han fijado los magos del BCE para ellos, y que quizá eleven unos grados más en su reunión del próximo del 10 de marzo. Lo suyo sería que los bancos le trasladaran este calor a los que a su vez les entregan a ellos su dinero, los depositantes, pero no se atreven, de momento, a socavar el suelo mínimo del 0%. Por los préstamos negociados en otros tiempos, de todo tipo pero especialmente los hipotecarios, con pequeños diferenciales sobre el Euríbor, están al borde de tener que pagarles a los clientes. Para los nuevos se protegen con diferenciales algo mayores, pero compiten ferozmente por los que ofrecen suficiente confianza como para concederlos. Prestárselo a los estados tampoco es solución porque la pócima mágica incluye compras cuantiosas que han disminuido considerablemente la rentabilidad de sus deudas públicas.

La magia ha convertido a los bancos en ollas a presión dispuestas a estallar con pérdidas. Intentan enfriarse con fusiones, cierre de sucursales y despidos masivos, pero la tentación es hacerlo también aceptando oportunidades de inversión con mayor retorno, como los préstamos apalancados, los préstamos rápidos concedidos en 48 horas o los que ofrecen menos garantías para su cumplimiento. La vicepresidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), Sabine Lautenschläger, en su discurso del pasado 1 de marzo en Nueva York, así lo advierte, señalando además que, frente a la psicología de los seres humanos que constantemente se balancea entre ser demasiado optimista y demasiado pesimista, los gestores de riesgos tienen que ver las cosas como realmente son, sin contagiarse de sueños y deseos como los de la princesa.

Existen prestamistas adecuados para las Daenerys, como los business angels, el capital riesgo, los compradores de bonos basura o los fondos de inversión de alto riesgo. Por obtener “el triple” confiarían en ellas, ya que su modelo de negocio está basado precisamente en asumir estos altos riesgos y en que algunas de estas operaciones prosperen. Los dragones de Daenerys, por ejemplo, crecieron, y por no spoilear la serie sólo se dirá que con su fuerza impulsaron el proyecto de su Madre de ser la Reina de Poniente. Lautenschläger asegura que como supervisores estarán al tanto de que los bancos se comporten como el comerciante de Qarth, y no rebajen lo más mínimo el rigor financiero. Más nos vale, porque los bancos, a pesar de todas las prevenciones que se han establecido desde la crisis, siguen contando con el respaldo público de última instancia: las calientes llamaradas que vomitarían los dragones de los proyectos fallidos surgidos de esta nueva magia terminarían quemando en el futuro, otra vez, la cara de la gente.

BCE, perdónanos nuestras deudas

Carmen Pérez | 1 de marzo de 2016 a las 8:40

MUCHO se está hablando estos días de la posibilidad de una nueva recesión, y de cómo podrían enfrentarla los bancos centrales en este nuevo contexto, en la que los tipos de interés ya están por los suelos. El bajo precio del petróleo, los desequilibrios con la economía china y las dificultades de muchas economías emergentes son algunas de las causas, todas relacionadas entre ellas, que están provocando una incertidumbre tal que los inversores están paralizados, prefiriendo mantener liquidez incluso al coste de pagar por ella.

Los glorificados bancos centrales para combatir los efectos de la crisis financiera del 2008 tuvieron que sacar su artillería y activaron sus herramientas de política monetaria, tanto las convencionales, como la intervención en los tipos de interés, como las que no lo son, concretadas en la compra masiva de activos financieros, en su mayoría de carácter público. ¿Qué podrán hacer entonces si esta nueva recesión se convierte en realidad?

Podrían, desde luego, intensificar las medidas actuales, como por ejemplo seguir deprimiendo los tipos de interés. Pero las anomalías que están produciendo son enormes -endeudados cobrando e inversores pagando- y tampoco están consiguiendo grandes efectos, porque la inflación sigue manteniéndose a niveles muy bajos. La demanda de crédito solvente se mantiene baja, y no va precisamente a subir ante la expectativa de esta nueva depresión, aunque se prime sustancialmente al que se endeude. Además, no ofrece confianza seguir intentando que el impulso a la economía se realice desde la banca, con la grave crisis que está atravesando; crisis que, por otra parte, con menores tipos de interés se acentuaría aún más.

No obstante, también podrían ponerse en marcha nuevas medidas, más radicales, todavía menos convencionales, como eliminar deuda. El Banco Central Europeo, BCE, por ejemplo, con las compras masivas que está llevando a cabo, se está convirtiendo en propietario de una gran cantidad de deuda pública de los Estados europeos. Hasta ahora, con estas compras está facilitando la labor de los gobiernos al proporcionarles que se financien a un baratísimo coste. Pero ante una nueva e importante recesión tendría que ir más allá y monetizarla, es decir, ir perdonándola (volverla perpetua y a interés nulo) mientras fuera necesario. Esto ya sí que sería realmente imprimir dinero nuevo, que hasta ahora no se ha hecho.

A partir de ahí, se abrirían varias posibilidades. Una de ellas, que los estados europeos, al adquirir mayor margen para el gasto -tanto por la bajada directa de deuda pública que supondría como por la inflación que con seguridad se generaría, que la disminuye también indirectamente- asumieran un mayor papel inversor, tomando protagonismo en la economía real. Si con tanta incertidumbre, bancos, empresas y familias no quieren tomar riesgos, las administraciones públicas, siempre dispuestas al gasto, estarían encantadísimas de hacerlo. Otra posibilidad es que se hiciera esto mismo pero a escala europea, emprendiendo grandes proyectos de inversión con dinero nuevo, por ejemplo ampliando e intensificando el plan Juncker. Una tercera alternativa es que ese alivio de la deuda proporcionado a los estados redundara en una fiscalidad más favorable para los ciudadanos y empresas europeas, y que fueran ellos los que estimularan la economía a nivel individual. Una suerte de “helicóptero del dinero” por la vía impositiva.

Pero lo cierto es que está completamente prohibido por la normativa europea que el BCE se utilice como caja de amortización de la deuda pública, aunque fuera quien lo orquestara, controlando las cuantías y tiempos, y respetando la proporcionalidad adecuada entre los países miembros. Precisamente sus estatutos se han blindado para que no se establezcan estos servicios monetarios a los gobiernos, por lo que llevar la iniciativa a nivel europeo quizá fuera lo más compatible. Aunque entregarlo directamente a los ciudadanos y empresas mediante una fiscalidad mejorada tampoco contradice la filosofía que subyace tras esta norma europea: los gobiernos tendrían que seguir esforzándose en mantener el equilibrio presupuestario, sólo que compensarían las bajadas de los ingresos impositivos con nueva deuda, sustituta de la amortizada.

Si se nos viniera encima una nueva recesión, desde el BCE no tendrán más remedio que poner voluntad y encontrar soluciones, todavía ignotas. Pero todo parece indicar que, sean cuales sean finalmente las fórmulas utilizadas para disolver la incertidumbre y asegurarnos el costoso pan nuestro de cada día, pasarían por establecer a la vez el perdón de nuestras deudas. Y así, al mismo ritmo que somos perdonados, podamos conseguir que en Europa la economía real vuelva a tener el protagonismo que nunca debió perder.

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Los intereses del billón

Carmen Pérez | 25 de febrero de 2016 a las 7:28

sensibilidad

En el gráfico se muestra lo que nos cuesta el total de la deuda , como media, y lo que nos van costando las nuevas emisiones. Con las nuevas emisiones, España renueva cada año unos 180.000 millones de euros y además sigue incrementando el volumen total con mayor deuda.

El coste de las nuevas emisiones depende del nivel general de tipos interés, actualmente muy muy bajos; y de la prima de riesgo propia, esto es, de la confianza que tengan los inversores en la capacidad de pago de España para atender los intereses de toda la deuda viva y afrontar la devolución del principal de las deudas que van venciendo.

Las continuas emisiones van condicionando el tipo medio resultante del total. En el gráfico se observa con claridad que el mayor o menor precio de las nuevas emisiones se traslada al tipo medio. La variación del tipo medio afecta de forma más radical al total de intereses generados en los últimos años porque el volumen de deuda es muchísimo mayor. Por hacer unos cálculos, por cada 1% que suba el tipo medio, el coste de la deuda actual, 1 billón de euros, se incrementaría en 10.000 millones de euros al año. Cualquier programa económico para los próximos años debería tener muy presente esta circunstancia.

 

 

 

 

 

 

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Sobre Moral Tributaria

Carmen Pérez | 23 de febrero de 2016 a las 9:09

Escribe Jonathan Ford en Financial Times un artículo, The taxman, Google and the benefits of fiscal voyeurism, proponiendo una medida para su país que ayudaría a fortalecer “la moral tributaria” de todos y que, de no existir en España, propongo, podríamos copiar y que la incluyeran en sus programas todos los partidos políticos.

Ford plantea que sea cuál sea la disposición de los ciudadanos para pagar sus impuestos, mayor o menor en cada país, la cuestión es evitar aquellas circunstancias que la debiliten. Por ejemplo, cuando saltan escándalos sobre el importe del impuesto de sociedades pagado por multinacionales, y no tanto porque existan acuerdos fiscales especiales con algunas de ellas sino en la resolución de conflictos de éstas y los inspectores fiscales.

Enoja, nos dice,  porque a los particulares y pequeñas empresas no se les invita a negociar cuando se les realiza una inspección o una declaración paralela. Y enoja aún más porque la percepción de la población cuando se finalizan las negociaciones con las grandes empresas es que no se ha sido lo suficientemente riguroso con ellas. Y es que, envueltas de misterio, no trascienden sus entresijos por respeto a la confidencialidad de los clientes. Los individuos merecen confidencialidad en sus asuntos fiscales, sí, pero no está tan claro que deba aplicarse  esto también a las grandes empresas, que además disponen de una responsabilidad limitada de la que no gozan los particulares.

Conflictos fiscales siempre existirán y se hará necesario llegar a acuerdos, esto es inevitable, pero realizar todo el proceso de forma transparente sería un método eficaz para reforzar la moral tributaria. Imitemos a países, como Dinamarca y Noruega, donde ya se hace. Ahora que en nuestro país, España, tanto se habla de combatir el fraude fiscal, permitir un poco de voyeurismo fiscal, como lo denomina Ford, podría hacer también indirectamente mucho bien!

 

 

El problema de España

Carmen Pérez | 22 de febrero de 2016 a las 9:32

 

 

17,1 millones de cotizantes con empleo, 11,5 millones de pensionistas+desempleados con prestación. Única solución: generar empleo.

empleo

 

 

Extraído del artículo de CincoDías:

http://cincodias.com/cincodias/2016/02/17/economia/1455734097_250348.html

y para ver la % de empleo público por Comunidades Autónomas:

http://cincodias.com/cincodias/2016/02/17/economia/1455736432_319514.html

 

 

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Pablo Iglesias: ¿dación en pago retroactiva?

Carmen Pérez | 18 de febrero de 2016 a las 9:24

Dice el documento de Podemos: ” El Gobierno del Cambio establecerá el derecho a la dación en pago. Limitación de la responsabilidad del deudor hipotecario al bien hipotecado. El derecho a la dación en pago tendrá carácter retroactivo.”

Nada que objetar si se acuerda para el futuro cambiar las reglas del juego y establecer la dación en pago: bancos y familias se adaptaran a ellas en sus negociaciones. Pero lo que es inadmisible es que se quiera aplicar con carácter retroactivo, porque con las normas vigentes se realizó la evaluación del riesgo de crédito y se fijaron las condiciones financieras, en plazo, comisiones y tipos de interés,  de las hipotecas actuales. Hubieran sido muy distintas de ser otro el marco legal.

La inseguridad jurídica que implicaría esta retroactividad es enorme, porque se trasmitiría la percepción de que en este país las condiciones legales con en las que estableces  los contratos, no sólo los hipotecarios, pueden cambiar en los años siguientes: ¿quién se atreve a realizar negocios así?

Ni siquiera se añade la coletilla de que sea sólo en caso de personas en situación de vulnerabilidad, por lo que se abre la puerta a que cualquiera que haya comprado en el pasado una vivienda, habitual o segunda vivienda, que haya visto descender su precio por encima del importe de la hipoteca, se deshaga de ella simplemente no pagando. De ser así, la banca repercutiría los perjuicios que les causara esta retroactividad en el resto de su negocio: usted y yo acabaríamos pagando las daciones en pagos de las hipotecas pasadas, muchas de ellas procedentes de inversores que no midieron bien su capacidad de pago futura.

 

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Pablo Iglesias: Europa, regálanos dinero

Carmen Pérez | 17 de febrero de 2016 a las 10:35

Pablo Iglesias,  pides que Europa nos regale dinero, porque eso es lo que significa que solicites que el BCE adquiera al valor nominal los viejos títulos de nuestra deuda y canjearlos por otros nuevos, a tipo de interés del 0% y con el objetivo de mantenerlos a perpetuidad en su balance: pides monetizar nuestra deuda y de todas las economías de la eurozona que excedan el 60% del PIB (pág. 74 del documento) ¿Por qué habrían de aceptar esto el resto de países?, ¿nos gustaría regalarle nosotros dinero a otros?

Pero es que además de que no lo van a consentir, supondría un gran riesgo moral, porque incita a los Estados a gastar  y endeudarse sin problemas, porque luego podrían acogerse a esta monetización. ¿O es que la propuesta es sólo para ahora que nos viene bien a nosotros?

Particularmente estoy convencida de que el BCE terminará monetizando deuda pública, pero primero tendría que salvar el obstáculo normativo, porque está completamente prohibido por los estatutos europeos. Y de salvarse, lo haría proporcionalmente para todos los países, como debe ser.

Además, ¿que quieres?, ¿que nos regalen dinero para volver a gastarlo a gusto y dentro de unos años volver a pedir más?

 

Texto del documento: Convocar una Conferencia Europea de Deuda para discutir la reestructuración coordinada de las deudas públicas en el marco de la eurozona. El Gobierno del Cambio propondrá una modificación en los plazos de vencimiento de las deudas europeas en circulación mediante un canje de bonos que facilite que los viejos tí- tulos sean sustituidos por nuevos títulos que se mantengan a perpetuidad. El BCE sería la institución que debería adquirir, al valor nominal, los viejos títulos y canjearlos por otros nuevos, a tipo de interés del 0% y con el objetivo de mantenerlos a perpetuidad en su balance. El BCE debiera reestructurar las deudas públicas de las economías de la eurozona que excedan el 60% del PIB.

 

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Pablo, ¿y la prima de riesgo?

Carmen Pérez | 16 de febrero de 2016 a las 9:30

Te has olvidado de ella, Pablo Iglesias, pero existe. Ni la nombras en las 98 páginas, y mucho me temo que es muy importante dado el cuento de la lechera que propones.

Con todo, la parte económica no es lo peor, el resto da pavor.

 

La pirámide convulsionada

Carmen Pérez | 15 de febrero de 2016 a las 8:45

CADA uno de nosotros debería aspirar a alcanzar la cúspide de la pirámide de Maslow. Esta famosa imagen creada por este psicólogo estadounidense establece la jerarquía u orden en el que las necesidades humanas deben satisfacerse, subiendo los escalones desde la parte inferior y más ancha, ocupada por las necesidades humanas básicas o fisiológicas, como respirar o comer, hasta la autorrealización o necesidad de ser, superando los peldaños sucesivos relacionados con la seguridad, la afiliación, y el reconocimiento. Hoy en día, en las sociedades occidentales, el denominado Estado de bienestar desempeña, nos guste o no, un papel fundamental en facilitar este desarrollo vital, disponiendo de un importantísimo presupuesto para ello.

Las cifras nos dan cuenta de la magnitud del cambio en España como Estado de bienestar en estos últimos decenios. En 1980 el gasto público ascendió a 30.066 millones de euros (31,16% del PIB) frente a los 463.041 millones de euros en 2015 (45,40%). Desde 1980 no paró de crecer hasta 2010, con 493.865 millones de euros (45,80%), pero tras la crisis experimentó un ligero retroceso hasta 2012; volvió a elevarse en 2013, alcanzando la mayor cifra de gasto público de la historia, 500.071 millones de euros (48% del PIB), y descendiendo estos dos últimos años hasta los datos actuales ya indicados, y que han supuesto un decremento del 7%.

Este creciente gasto público ha conseguido que desde 1980 la población en su conjunto haya experimentado una mejoría importantísima en sus condiciones de vida. Hace unos pocos años las necesidades fisiológicas y de seguridad las dábamos por superadas y, aunque seguían persistiendo en determinados colectivos, la gran mayoría pudo ir escalando puestos más altos en la pirámide de Maslow. Pero la crisis la mermó y trastocó su orden lógico, dándose, por ejemplo, la paradoja de personas que no tienen para comer pero que disponen de una asistencia sanitaria pública de primera calidad. O que no puedan afrontar la factura de la luz pero que tienen a su hijo estudiando ingeniería en la ciudad o en el conservatorio de música del pueblo. También se bajaron niveles dramáticos con la pérdida del empleo, al dañarse la autoestima o el sentido de pertenencia, aunque no se perdieran los niveles de subsistencia. Tampoco consuela mucho poder disfrutar de los mejores museos del mundo si no se llega a final de mes.

Esta convulsión en la cobertura de las necesidades también se ha visto reflejada claramente en la evolución de la obra social de las cajas de ahorro. Desde su origen, cuando estaban dedicadas fundamentalmente a beneficiencia y atención de las necesidades más básicas, se fue transformando al introducir objetivos que apuntaban a nuevos y más altos deseos de la población, como formación, exposiciones, conferencias, restauración del patrimonio artístico, apoyo a equipos deportivos y actos culturales de todo tipo. Su gestión privada posibilitó que de nuevo en estos últimos años la actividad se reorientara con rapidez, y se volviera a volcar en bancos de alimentos, comedores y ayudas a familias necesitadas, frente a las instituciones públicas, que han sido más tardías en reaccionar y en comprender que la atención de las necesidades de la base de la pirámide de Maslow debe ser siempre un objetivo prioritario e inmediato.

Pero el Estado de bienestar no ha sido en absoluto desmantelado. Pese a las innumerables necesidades básicas que se desataron, pese a las incesantes prestaciones a causa del desempleo, pese a la caída radical de los ingresos de una economía altamente deteriorada…No nos dejemos engañar, ni la corrupción ni el rescate bancario sino el sostenimiento del Estado de bienestar es lo que explica el aumento descomunal de la deuda pública. Muchos alegan que podría haberse hecho más en favor de la población, y reclaman sin pensar mayores aumentos del gasto, pero no olvidemos que los intereses de una deuda creciente pueden aniquilarnos, cuando además no siempre vamos a tener una política monetaria europea tan benefactora.

Conseguir que todos recuperemos, y mejoremos, el lugar que ocupábamos en la pirámide de Maslow antes de la crisis precisa crecimiento que genere empleo. El empleo consigue que cada uno cubra dignamente sus necesidades básicas, gane en autoestima y autorrealización, y además contribuya a la viabilidad de todos los logros -sanidad, educación, pensiones, prestaciones sociales,…- que el Estado de bienestar tiene establecidos. No hay otra solución. Así que, como advirtió Hamilton en El Federalista, prevención contra los que actúan como “defensores fervorosos de los derechos del pueblo, despreciando el celo por la firmeza y la eficacia del Gobierno. La Historia nos ha enseñado que casi todos los hombres que han derrocado las libertades empezaron su carrera cortejando servilmente al pueblo: se iniciaron como demagogos y acabaron tiranos”. Y entonces, serían todas las necesidades de la pirámide de Maslow, incluso las de su base, las que quedarían insatisfechas.

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Regulación bancaria

Carmen Pérez | 11 de febrero de 2016 a las 8:45

El 10 de noviembre comenté la excelente jornada sobre regulación  bancaria que tuvo lugar en  la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. Ya están disponibles en su página web, tvus, los vídeos de este evento:

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-i/

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-ii/

Las conferencias que incluyen son:

Tendencias Regulatorias Globales, a cargo de D. Santiago Fernández de Lis Alonso.        Economista Jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research.

-Nueva Regulación y Unión Bancaria: Una Perspectiva Global, impartida por  D. Francisco Uría Fernández. Socio Responsable del Sector Financiero en KPMG y Responsable del Área Legal de KPMG Abogados.

El Sistema Bancario tras la Crisis. Dr. Emilio Ontiveros Baeza. Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI).