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Comerse los ladrillos

Carmen Pérez | 29 de noviembre de 2017 a las 8:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/11/2017

Los españoles somos, tras los japoneses, los más longevos. Nuestra esperanza de vida es de 83 años. Esta circunstancia, unida a la caída de la tasa de natalidad, han conseguido que la edad media haya subido en esta última década de los 40 a los 46 años, y seguirá subiendo. Que vivamos tantos años es una noticia excelente pero, a la vez, constituye un problemón financiero: demasiados viejos viviendo demasiados años tras la jubilación. Un problema macroeconómico por la dificultad de hacer sostenible el actual sistema público de pensiones, cuya solución derivará en gran medida en uno microeconómico, porque muchos jubilados se encontrarán sin suficientes ingresos para vivir cuando llegue el momento.

No es que sean suposiciones. Algunas reformas están en marcha y vendrán otras. Sus consecuencias están escritas en los documentos que envía el Gobierno a la Unión Europea estableciendo las previsiones para el futuro a muy largo plazo: la tasa de sustitución -porcentaje de ingresos que tiene un jubilado comparado con el salario que obtenía cuando era un trabajador activo- irá cayendo. Si ahora es del 79% del salario por término medio, una de las más altas de los países de la OCDE (la media es del 59%), irá descendiendo poco a poco hasta suponer sólo el 50% por término medio en 2060.

Resulta muy impopular comunicar estas perspectivas, pero, sin embargo, conocer con toda crudeza la realidad es completamente necesario porque nos permitiría reaccionar a tiempo, sabiendo cómo nos afectan a cada uno exactamente las reformas. Según la V Encuesta sobre la Jubilación, realizada por el Instituto BBVA de Pensiones y publicada esta semana, un 81% de los entrevistados reconocen que tienen que ahorrar para la jubilación, pero sólo el 28% ha comenzado a hacerlo.

Los españoles, además, tenemos un sesgo importante hacia la inversión inmobiliaria -el 83% de los hogares tienen una vivienda en propiedad- y somos reacios a las inversiones financieras, como planes de pensiones, fondos de inversión o inversión directa. Así, llegado el momento, si se necesitara completar la pensión pública, y no se tuvieran ahorros suficientes, la solución pasaría por “comerse los ladrillos”: vender la casa e irse a otra más pequeña o menos costosa; o seguir disponiendo de ella y conseguir una renta de por vida, mediante la venta a una compañía de seguros o contratando una hipoteca inversa junto con un seguro de renta vitalicia. Pero todas estas posibilidades para utilizar la propiedad como remedio son muy costosas, con numerosos gastos fiscales y sólo para determinado tipo de viviendas.

Se hace fundamental, por tanto, incentivar fiscalmente el ahorro financiero, con reformas como la que se está llevando a cabo con los planes de pensiones. Pero, de forma añadida, y dado que no se cambian las costumbres fácilmente, mejorar y promover nuevas soluciones para que puedan hacer líquidas sus viviendas aquellos que lo necesiten, y más si se encuentran en situación de dependencia. Incluso utilizando la Sareb, que si sirvió para que entidades financieras le dieran salida a sus inmuebles, también puede hacerlo con las personas.

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¿Caída de la tasa de ahorro: ¿vuelta al pasado?

Carmen Pérez | 29 de noviembre de 2017 a las 8:14

TRIBUNA ECONÓMICA, 3/11/2017

Esta semana, concretamente el martes 31 de octubre, se celebró el Día Mundial del Ahorro. Con este día se quiere resaltar lo esencial del ahorro a nivel macroeconómico y que sirva a la vez para que la población tome conciencia sobre su importancia para el buen desarrollo de sus economías individuales. Pero no serán pocas las personas que al enterarse de lo que se festeja pensarán que sí, que ojalá pudieran, pero que les resulta del todo imposible si cada final de mes sus cuentas terminan en números rojos. Poco se puede ahorrar con bajos salarios, como los de los empleos que el mercado de trabajo español está generando. No obstante lo anterior, el nivel de ahorro no depende sólo y proporcionalmente de la mayor o menor capacidad financiera, sino que otros factores lo condicionan.

Así, las expectativas acerca del futuro son determinantes. De hecho, las tasas de ahorro en España han sido especialmente bajas precisamente en épocas de prosperidad económica. Las estadísticas señalan que el ahorro de las familias españolas en 2007, el último de los años de euforia, fue del 5,8% de la renta disponible. Se vivía con la creencia de que la economía seguiría siempre igual de bien, provocando poco ahorro y mucha deuda. Sin embargo, el miedo y la incertidumbre que trajo la crisis disparó la tasa de ahorro hasta situarse en el 13,5% en 2009. En 2016, se volvió de nuevo casi a niveles precrisis, el 6,5%, en parte por las mejores perspectivas económicas actuales.

Una tasa de ahorro muy baja al compararla con otros países europeos, como Italia (10,5%), Francia (14%) o Alemania (17%), aunque sería incorrecto interpretar estos datos sin ponerlos en relación con la mayor propensión a tener una vivienda en propiedad que se tiene en España. En torno al 75% de la riqueza de las familias está invertida en la vivienda habitual, segunda vivienda, locales o garajes. Es decir, sólo queda un 25% disponible para dedicarlo a las finanzas. Además, los bajísimos tipos de interés actuales tampoco animan a incrementar el ahorro financiero, sino que fomentan de nuevo el interés por el mercado inmobiliario.

Las familias españolas, por tanto, son poco “ahorradoras financieras” y, además, cuando toman la opción de las finanzas son más conservadoras que las europeas, aunque las bajas rentabilidades actuales las están empujando a asumir mayores riesgos. La estructura del ahorro en España, según la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones, Inverco, muestra que el 40% del ahorro financiero se encuentra en efectivo, cuentas corrientes y depósitos. La inversión colectiva (fondos de inversión, principalmente) acapara el 14%. La inversión directa (acciones o bonos) supone el 26%, en su mayoría en empresas no cotizadas. El 16,9% restante corresponde a planes de pensiones, seguros de vida, etcétera.

En resumen, mejores expectativas, mayor consumo y menor tasa de ahorro, reactivación del sector inmobiliario y desplazamiento de la inversión financiera hacia productos más arriesgado: una música que resulta familiar aunque suene débil. Es de esperar que suban los salarios, pero que no se repitan los errores del pasado.

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Ahorra, pero no ahorres

Carmen Pérez | 5 de febrero de 2016 a las 11:35

La política del BCE no es inocua. Aunque Mario Dragui se esfuerce en defender que ni los bajísimos tipos de interés que imponen desde el BCE ni el programa de compras de activos que se está desarrollando desde esa entidad perjudican al ahorrador, sus argumentos no convencen. Por muy sesudos y llenos de fórmulas que sean sus informes.

Ellos se justifican diciendo que aunque es cierto que los productos financieros menos arriesgados han bajado espectacularmente su rendimiento, incluso a tasas negativas en muchos de ellos, sin embargo muchos activos financieros y los bienes raíces han elevado su valor. Así, una cartera diversificada no tendría por qué haber descendido el rendimiento medio.

Pero, ¿qué ahorradores tienen carteras diversificadas?,  la mayoría de los europeos tienen sus ahorros sólo en depósitos y fondos del mercado monetario. Para los más ricos, que sí mantienen esas carteras, y acceden a una gama más amplia de productos europeos e internacionales, la incógnita está en si ese mayor valor de los activos se mantendrá en el tiempo.

Del mismo modo apelan a la inflación, que al estar en niveles casi nulos consiguen que los rendimientos reales, en términos comparativos a otras épocas, no sean tan bajos.  Sin embargo, es un débil consuelo, porque la inflación es baja para todos, no sólo para los inversores, con lo que el agravio comparativo persiste. La riqueza se mide siempre en términos relativos a los demás.

Y esta situación puede agravarse, porque la inflación subirá, ya que las medidas del BCE están haciendo, aunque lentamente, su efecto, y nos afectarán también a todos, pero es muy posible que los tipos de interés no se eleven al mismo ritmo y se extiendan por un largo periodo de tiempo.

Conducir la inflación a su objetivo del 2% y de camino crear un caldo de cultivo apropiado para que se produzca la recuperación económica pueden justificar estas medidas. Es de esperar que así sea, pero el sacrificio  está recayendo en gran medida en el pequeño inversor. ¿No cantan desde los púlpitos de todos los foros y entidades financieras, públicas y privadas, las excelencias del ahorro?. Ahorra, nos dicen con sus palabras; no ahorres, nos empujan con sus hechos.

 

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¿Están siendo los ahorradores “expropiados”?

Carmen Pérez | 8 de julio de 2015 a las 10:34

Ante la acusación de algunos medios de comunicación y de ciertos economistas alemanes de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores  – como el banco central ha bajado tanto el tipo de interés básico (0,05%) se  está abaratando el crédito para los prestatarios pero los ciudadanos no están obteniendo intereses por sus ahorros- , el BCE vio la necesidad de encargar a unos especialistas que estudiaran este tema y otros relativos a la conveniencia de sus políticas monetarias. El informe resultante,  «Critique of accommodating central bank policies», ha sido publicado por el BCE recientemente.

Los autores concluyen negando este efecto. Sus argumentos pueden resumirse en estos puntos:

–  El BCE afecta a los rendimientos nominales, no a los rendimientos reales (una vez descontada la inflación), que son los que les interesan a los ahorradores.

–  Si los rendimiento reales del ahorro son bajos es porque estamos en una fase de débil crecimiento económico.

–  Para elevar los rendimientos reales  hay que aplicar  políticas favorables al crecimiento que  fortalezcan la economía real. No es la política monetaria la que puede cambiar esta situación, pero sí puede actuar en su apoyo.

–  Si el BCE no aplicara la política monetaria adecuada (minorando  los tipos de interés nominales a largo plazo ante  un escenario de debilidad económica y baja inflación, como el que tenemos ) podría frenarse la economía aun más, perjudicando las perspectivas de rendimiento real a largo plazo de los ahorradores. Además, el mandato del BCE es  garantizar la estabilidad de precios (objetivo inflación por debajo, pero cercano, al 2%).

En definitiva, nos dicen, si no actuara, las perspectivas futuras serían peores. Los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero obtendrán más dinero a largo plazo. Que sus políticas monetarias son correctas, tanto por su mandato respecto a la inflación como para ayudar a la recuperación económica.

Todo esto está muy bien, pero si volvemos a la  pregunta inicial, la respuesta es afirmativa: los ahorradores actualmente están perjudicados con las tasas tan bajas que impone el BCE, aunque,  eso sí, es lo mejor que se puede hacer por ellos a largo plazo, y pueden tener esperanzas de que compensarán en el futuro. ¿Alguien se consuela?

https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpops/ecbop161.en.pdf

 

Ahorradores condenados al riesgo

Carmen Pérez | 10 de enero de 2015 a las 20:20

En su reunión del 4 de septiembre de 2014, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, BCE, decidió establecer el tipo de interés aplicable a las operaciones principales de financiación en el 0,05%, el tipo de interés aplicable a la facilidad marginal de crédito en el 0,30%, y el tipo de interés aplicable a la facilidad de depósito en el -0,20%. Estos tipos de interés no se han cambiado desde entonces, veremos qué ocurre en próximos días que toca nueva revisión.

De esta forma (Ver “Instrumentos de política monetaria” en  https://www.ecb.europa.eu/ecb/educational/movies/html/index.es.html), el banco que le pida dinero al BCE tendrá que pagar un 0,05% o el 0,30%, dependiendo del instrumento utilizado, y, si por el contrario tiene exceso de liquidez y el banco quiere depositarlo en el BCE, tendrá que pagar un 0,20%. Sí, extraño, pagar por prestar es algo que rechaza nuestro entendimiento porque supone un total desorden financiero.

Estas decisiones de política monetaria pueden parecernos de altas finanzas, de carácter macroeconómico, y que poco tienen que ver con nosotros. Nada más lejos, porque ese mismo esquema es el que los bancos trasladan en sus relaciones con la clientela. Es lo que se pretende. La receta empuja al endeudamiento y complica el ahorro.

Centrándonos en el ahorro, tenemos que tener claro que se acabó el percibir intereses con total seguridad. Las imposiciones a plazo o  depósitos, garantizadas por el Estado hasta 100.000 euros por cuenta y depositante, se moverán por debajo del 0,5%. O menos, porque algunos bancos alemanes ya están cobrando a sus depositantes, aunque es cierto que para cuentas de más de 500.000 euros. No parece una hipótesis realista que llegue a España y para ahorradores de escasa cuantía, pero no del todo descabellada si el BCE incrementa el 0,20% para la facilidad de depósito para los bancos en las próximas revisiones.

Tampoco el comportamiento de las Letras del Tesoro es ajeno a éstas y a otras decisiones que está tomando el BCE. Sólo hace unos meses estuvieron a punto de adjudicarse en una de las subastas a rendimientos negativos. De haberse producido este hecho los inversores a corto plazo habrían tenido que pagarle al Estado español por prestarle su dinero.

Así, el trasvase de depositantes a fondos de inversión y a otras alternativas financieras está siendo masivo. Pero todas ellas implican asumir un mayor o menor nivel de riesgo, o entrar en mayores plazos, lo que dificulta recuperar la inversión en caso de necesidad. Es más, con las compras de títulos que está realizando el BCE, y las que se esperan, tampoco se obtendrán rendimientos positivos con las opciones más conservadoras, como los fondos de renta fija. No hay escapatoria, los ahorradores están condenados o a asumir riesgos, o a resignarse y dejar su dinero en cuenta corriente.

Dos últimas cosas. La primera, aconsejar al inversor no experto: 1) si no entiende lo que va a comprar, no lo haga, busque asesoramiento en otra parte; 2) el nombre del producto puede no reflejar la realidad, desconfíe de las promesas de rentabilidad “elevada”, “garantizada”, “cubierta” o “absoluta” porque pueden resultar engañosas; 3) sea precavido si necesita liquidez antes de que venza la inversión; 4) asegúrese de entender cuáles son los costes totales; y 5) puede haber disponibles productos similares menos complejos con costes inferiores. La segunda: desearle suerte.