Archivos para el tag ‘Alemania’

La Chapuza

Carmen Pérez | 20 de septiembre de 2016 a las 19:36

TRIBUNA, 16/9/2016.

¿Alguien diría que la situación de Francia está tan al límite de la desprotección al ciudadano que su única solución es una revolución violenta? Es lo que defiende Frèderic Lordon, líder del movimiento de indignados francés Nuit Debout (Noche en Pie), movimiento que ha brotado a raíz de la reforma laboral impuesta por el presidente socialista François Hollande. “El desastre a menudo es la mejor opción de los dominados” o “un orden de dominación solo da su brazo a torcer si se le derriba por la fuerza” son frases -digna de ETA la primera- de su libro La chapuza, publicado recientemente, y en el que pese a las frases anteriores no está hablando de sí mismo. En sus conferencias, Lordon arenga a los aún edulcorados enragés franceses actuales para que -previa salida del euro- aniquilen por completo el sistema. Ese sistema que le ha permitido estudiar -es economista y filósofo-, en el que disfruta de libertad de expresión -colaborador habitual de Le Monde diplomatique- y del que es empleado público -director del Centre National de la Recherche Scientifique e investigador del Centre de Sociologie Europeènne-.

Hay que irse de Europa, defiende, porque permanecer implica cumplir normas -el control del déficit y de la deuda-, que no le dejan libertad al Gobierno francés para atender a su pueblo. También es preferible disponer de un banco central propio, sin mandatos, que pueda utilizarse sin límites y a conveniencia. Gastar todo lo necesario, que ya se imprimirá dinero para soportarlo, parece ser su propuesta. Así, tampoco hay problemas con la deuda, y no hay que entregarse a los acreedores ni a esos despiadados mercados. Y concentra su iras en un enemigo concreto: Alemania, a la que acusa de que “sólo piensa en ella”, aunque, de forma incoherente, en otros momentos afirme “que lidera una aventura colectiva que en realidad no le conviene”.

Como Europa es la “realización regional de la mundialización liberal” (¡sorprendente afirmación cuando en Francia el gasto público supera el 56,8% del PIB!), cree que hay que recuperar la soberanía perdida para ejercerla sin capitalismo, sin bancos, sin ricos, sin mercados. Aunque, él mismo lo reconoce, la revolución genere caos, dificultades económicas y probablemente un retroceso transitorio del nivel de vida. No hay otra solución, dice, porque la izquierda tradicional socialista francesa es una derecha acomplejada, que aún cree en reformas, cuando sólo existe la posibilidad de la revolución: “Europa no es coyunturalmente de derechas porque lo es a todos los efectos constitucionalmente”. Eso, al tiempo que Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, partido de extrema derecha francés, acusa a la derecha tradicional de socialista…

Después de décadas de enormes avances sociales en los países europeos, los partidos tradicionales convergen, quizá más de la cuenta, en los aspectos fundamentales del modelo de sociedad y de sistema económico. Pero son muchas las deficiencias que la crisis ha puesto de manifiesto -la evolución histórica se desarrolla en espiral y no linealmente-, y si algo tiene de positivo La chapuza es sacarlas a debate: los bancos centrales, las políticas de austeridad, la configuración del sistema bancario, los oligopolios empresariales, la desigualdad o el exceso de deuda, por señalar algunas de las más importantes.

Frente a ellas, han resucitado por todos los rincones de Europa los populistas de ambos extremos, que ante los retos abiertos no proponen más solución que la ortodoxa de imponer sus ideologías radicales -contra las élites o los de arriba, o contra los extranjeros o los de enfrente-. Tanto el movimiento Nuit Debout -lejos aún de conformarse como partido político- como el Frente Nacional buscan el apoyo de los franceses decepcionados, y con métodos y medidas tan a menudo intercambiables, en una demostración más de que, como dijera hace ya casi dos siglos el insigne politólogo francés de origen suizo Benjamin Constant, los extremos no sólo se tocan, sino que se continúan. Y ambos extremos coinciden en la necesidad imperiosa de salir del euro: para que sus delirios puedan tener campo libre.

ANTONIO HERMOSA Y CARMEN PÉREZ

Etiquetas: , ,

Alemania está que trina

Carmen Pérez | 7 de junio de 2016 a las 14:33

DICE el refrán que nunca llueve a gusto de todos, y no faltan ocasiones para comprobarlo. Como con la política monetaria que está llevando a cabo el Banco Central Europeo, BCE, que no resulta igual de benéfica para todos los socios europeos. Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas de Alemania denuncia que “el BCE ha adoptado una política en la Eurozona -para los 19 estados miembros- que no es la óptima para ellos”. Incluso lo hace responsable del ascenso de Alternativa para Alemania (AfD), el partido antieuro y antiinmigrantes alemán. Parece claro que hay que recordarle que la actuación del BCE -organismo independiente- está encadenada a la consecución de su objetivo principal: la estabilidad de los precios; concretamente, a mantener la inflación por debajo, pero cercana, al 2%. Así lo marca de forma tajante su Estatuto. En 2012, el BCE, temiendo un repunte de la inflación, subió, a instancias de Alemania, los tipos de interés: tampoco era esto lo óptimo para España en aquellos momentos.

Llevan tiempo quejándose. Hace cerca de un año, ante la insistente acusación de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores, el BCE encargó un trabajo sobre este tema,Critique of accommodating central bank policies, en el que los autores concluyen negando este efecto. En resumen, vienen a decir que si no actuara el BCE así las perspectivas futuras serían peores, que los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero que obtendrán más dinero a largo plazo. Pero no hay quien los convenza: su percepción inmediata -la suya y la de todos, para qué vamos a engañarnos- es que están siendo perjudicados. Por mucho estudio que quiera rebatirlo, los tipos de interés tan bajos provocan una transferencia de renta de los países ahorradores a los países endeudados, y tanto más cuanto más endeudados estén sus empresas, sus familias y su Estado.

Del mismo modo, Alemania protesta porque su sector bancario, muy fragmentado, con muchas y pequeñas entidades, unas 1.500, ha sufrido especialmente los efectos de las tasas negativas de interés (aplicable a la facilidad de depósito). Esto no es una queja exclusiva alemana, sino de todos los bancos europeos, que, no sólo por esta causa, están viendo mermada su rentabilidad, y que se ven abocados a disminuir costes y a fusionarse entre ellos para adquirir tamaño: toda la banca ha de redefinir su modelo de negocio para ser viable, no sólo la alemana. Por otra parte, las compañías de seguro y los fondos de pensiones son otras entidades a las que les están afectando de forma muy negativa los bajos tipos de interés, y los alemanes, muy conservadores, invierten gran parte de sus rentas en seguros de vida con rentabilidad garantizada. Algunos medios han cuantificado que los ahorradores alemanes han perdido en total unos 200.000 millones de euros desde 2010 hasta la actualidad.

Pese a todas estas críticas, en su comparecencia del 2 de junio, el BCE ha mantenido sus políticas monetarias sin cambios respecto a la última reunión de marzo. La inflación interanual de la zona del euro se situó en -0,1 %, y el crecimiento económico, el empleo o el progreso social europeos -objetivos secundarios del BCE- siguen precisando que continúen los tipos de interés al 0% y del apoyo que suponen las otras medidas puestas en marcha: es necesario, por tanto, proseguir con este caldo de cultivo favorable hasta que la economía europea lo requiera.

Pero además Draghi ha vuelto a advertir que la política monetaria no es suficiente, y ha reclamado que las políticas fiscales nacionales -sin dejar de observar las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, PEC- también deberían apoyar la recuperación económica. Y añade la necesidad de que todos los países deben esforzarse por lograr una composición de las políticas fiscales más favorable al crecimiento europeo. En este sentido, Alemania, que el pasado año cerró el ejercicio con 12.100 millones de euros de superávit (0,75% de su PIB), tendría que valorar si está haciendo por su parte lo posible para elevar la inflación y ayudar a la recuperación, aplicando voluntariamente medidas para fortalecer su demanda interna, y por ende, a dinamizar la economía europea. Alemania, en el futuro, puede encontrarse que desde Europa se les obligue a ello, porque la holgura fiscal que permite el PEC no sólo establece máximos para los déficits sino también topes a los superávits. Entonces, llegado este caso, quizá tampoco sea lo óptimo para ellos.

Etiquetas: ,

Las CCAA, según la solidaridad alemana

Carmen Pérez | 13 de mayo de 2016 a las 9:29

¿Cómo se repartirían los recursos entre nuestras Comunidades Autónomas, CCAA, si se aplicara el sistema de solidaridad interterritorial alemán? Un interesante estudio -elaborado por  Ángel de la Fuente (Fedea), Michael Thöne (FiFo, Uccaa alemanniversidad de Colonia) y Christian Kastrop (OCDE), y al que Expansión (artículo de Bernat García) hace referencia hoy- aborda esta cuestión. La conclusión que alcanza es que se reducirían las disparidades sin eliminarlas completamente: seríamos menos solidarios.  Así, las CCAA más ricas cederían menos: Madrid, Valencia y Cataluña incrementarían sus recursos en 1.600 millones, 500 y 800 millones de euros, respectivamente. Andalucía también saldría favorecida con el sistema alemán, recibiendo algo más de lo que obtiene por el reparto español. Las CCAA más perjudicadas serían Cantabria, Extremadura o La Rioja.

Yendo al estudio directamente, http://docuEmentos.fedea.net/pubs/fpp/2016/02/FPP2016-05.pdf, dentro de las conclusiones, además, señalan que en el método español hay una gran cantidad de fondos que se asignan en función de criterios muy diversos y a veces contradictorios. Esto es lo que arruina el resto del sistema y los resultados en una distribución final muy discutible. Por contra, en el sistema alemán las transferencias se realizan sobre una base comprensible y razonable.   Sin embargo, el sistema alemán carece de una ventaja que sí está presente en el español: atar las necesidades a indicadores vinculados a la demanda de los principales servicios públicos regionales.

Estudios como éste no sólo pueden ayudar a mejorar la distribución territorial en los dos países analizados, en futuras, y próximas, renegociaciones, sino que, como dicen los autores, pueden marcar el mejor camino a seguir en Europa.

 

Etiquetas: , ,

BCE independiente

Carmen Pérez | 12 de mayo de 2016 a las 9:54

Cuando estalló la crisis, y los años siguientes, se criticó mucho a Alemania por imponer sus criterios en el Banco Central Europeo, BCE. Ahora, que la política monetaria que lleva a cabo el BCE es contraria a los intereses alemanes, también se la sigue criticando. Tanto, como para que Martin Wolf titulara su artículo de ayer en el Financial Times: Alemania, el mayor problema de la eurozona.

(http://www.ft.com/intl/cms/s/0/7fcb38e8-15f5-11e6-9d98-00386a18e39d.html#axzz48QkbekUr).

Es cierto que Alemania se ha quejado de que los tipos de interés negativos y  la relajación cuantitativa que está llevando a cabo el BCE les perjudica, Esto, por mucho análisis lleno de estadísticas que haga el BCE para demostrar lo contrario, es cierto. Los alemanes están tan descontentos que Wolf  incluso destaca las declaraciones de Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas de Alemania, afirmando que esta circunstancia  era en gran parte responsable del aumento de la popularidad del partido alemán que está totalmente en contra del euro.

Pero la conclusión que extrae Wolf de todo esto no parece correcta: si se muestra a favor de la actual política monetaria del BCE  si reconoce que Alemania está perjudicada con ella, y si el BCE se está comportando de forma independiente, tomando las medidas que cree convenientes para el conjunto, pese a la oposición de uno de los socios más potentes:¿cómo puede concluir que Alemania es el problema de la eurozona? Alemania defiende sus intereses como un socio más,  y en su defensa señala los efectos negativos que conllevan las actuaciones del BCE, que los tiene. Lo único que cabe es alegrarse de que por fin la eurozona  esté actuando como eurozona, y esperar que esto siga siendo así siempre.