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‘Fintech’, la banca ‘uberizada’

Carmen Pérez | 11 de enero de 2016 a las 10:11

A la gran banca le están creciendo los enanos. Por si no fueran pocos los problemas de eficiencia y rentabilidad que tienen, son muchas las startups que intentan quitarles clientes en algunas áreas de negocio específicas, o incluso en todas. Es el mundo Fintech, acrónimo de los términos anglosajones financial y technology, que engloba a los servicios o empresas del sector financiero que aprovechan las tecnologías más modernas para crear productos innovadores en el campo financiero. La referencia es Uber, la startup que se ha convertido en el paradigma de la disrupción de sectores a nivel mundial. Todos ellos acabarán siendo uberizados; muchos, como la prensa, la hostelería o las aerolíneas, ya lo han experimentado.

En el área que más tiempo se lleva trabajando es la de pagos y transacciones, con empresas como PayPal, o como Cashcloud, con su monedero electrónico para smartphones. Pero la expansión se está produciendo en todos los frentes. Así, son numerosas las empresas que ofrecen préstamos interpersonales o las que financian las ventas de las pyme. Seguros, asesoramiento, optimización de carteras de inversión a través de internet o monederos digitales son otros de los servicios que se están ofreciendo.

El volumen de negocio de esta banca sin bancos no para de crecer. El Financial Times hace pocos días, en su artículo Alternative groups seize business from lenders, señalaba que la consultora McKinsey pronostica que en la próxima década la competencia tecnológica reducirá las ganancias de la industria bancaria en un 60% en los préstamos al por menor, como los préstamos para coches, y entre un 10 y un 35% los beneficios derivados del procesamiento de pagos, los préstamos a pymes, la gestión del patrimonio y las hipotecas. Por su parte, la consultora PwC prevé que los nuevos préstamos peer-to-peer en los EEUU se multiplicarán por veinte para 2025.

Los bancos no sólo ven peligrar las comisiones de esas parcelas de negocio sino también su protagonismo como interlocutor con el cliente en lo relativo a su vida financiera. Algunos todavía creen que las estrictas regulaciones les protegerán y pondrán límites al crecimiento del sector Fintech, aunque otros están adoptando posturas más activas, desarrollando diferentes estrategias: colaborando con ellas, estableciendo alianzas, invirtiendo o incluso comprándolas. Un ejemplo es ING, que se asoció con Kabbage para lanzar una plataforma en línea que ofrece préstamos de hasta 100.000 euros en sólo siete minutos, o la puesta en marcha de la aplicación Twyp con la que se puede enviar y recibir dinero de móvil a móvil.

Pero lo cierto es que estas empresas aún dependen de los bancos para desarrollar su actividad. Primero, por la necesidad de recursos, ya que muchas de las plataformas, como la empresa Lending Club, obtienen hasta un 80% de su liquidez de instituciones financieras y no de particulares, por lo que el resultado final es que los bancos prestan su dinero a través de ellas en vez desde sus sucursales. Y segundo, porque las operaciones terminan finalmente necesitando de cuentas corrientes tradicionales, y esta delicada función de captar fondos reembolsables del público la desarrollan con absoluta exclusividad las entidades que disponen de ficha bancaria.

Pero quizá en el futuro se vaya más allá constituyéndose auténticos bancos Fintech, que, libres de la dependencia bancaria por disponer de licencia propia, ofrecerán directamente a los clientes los productos típicos para captar, mantener y mover los fondos, y el resto de servicios los proporcionará un tercero que seleccionen, compitiendo así con todos los servicios bancarios sin necesidad de crearlos: se tratará de buscarle al cliente en el mercado la solución óptima. Ante esta amenaza, es probable que sean los bancos actuales los que se conviertan en bancosFintech, agregando de nuevo los servicios que las nuevas empresas tecnológicas están desagregando para continuar siendo el punto de referencia en la cuestión financiera.

Lo que esta uberización del sector bancario muestra con claridad es que cualquier escenario concebible pasa por un entendimiento entre los bancos y los innovadores, y que la banca no tiene otra opción que asumir que la tecnología juega un papel fundamental en las actividades financieras cotidianas. El oligopolio del que disfrutaban se está rompiendo, y su tamaño se vuelve en contra frente a la estructura ágil y rápida de estas nuevas plataformas. Disponer de una gran base de datos de clientes pero saber tratarlos de forma personalizada será, como siempre ocurrió en los negocios, la clave del éxito, pero ahora la tecnología reclama, porque lo posibilita, que en el mundo de las finanzas esto se haga de forma diferente.

La banca en la sombra

Carmen Pérez | 25 de enero de 2015 a las 10:09

Siete años hace ya que comenzó la crisis financiera. Los supervisores financieros se afanaron desde su inicio por identificar sus causas para buscar soluciones, de manera que no se volviera a sufrir en el futuro una inestabilidad financiera semejante ni se tuvieran que rescatar bancos con fondos públicos nunca más. Hace poco, en Chicago, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Vitor Constancio, con un discurso titulado Where to from here? (¿Hacia dónde vamos?), hacía una parada en el camino para recopilar los logros alcanzados y las cuestiones que aún quedan por resolver. Sus palabras muestran preocupación, cuestionando que pueda plantearse siquiera esa pregunta con todo lo queda por hacer: aún no estamos here, nos dice.

Que sí, que por supuesto se han llevado a cabo muchas reformas: una mejor supervisión, mayor coordinación internacional, aumento de los requisitos de capital, o nuevos ratios, por nombrar sólo algunas. Pero enseguida señala el fondo del problema. Estos mayores controles se aplicarán a la parte regulada del sistema, en su mayoría bancos, pero resulta que la actividad financiera desarrollada por estas entidades se está reduciendo estos últimos años -los activos totales del sector bancario han disminuido en Europa un 11% desde 2012- y, paralelamente, se está incrementando la de la denominada banca en la sombra, y ahí queda un mundo todavía por hacer.

La banca en la sombra comprende tanto numerosas instituciones de diverso tipo (fondos de inversión, brokers y dealers, y compañías financieras no bancarias), como determinadas operaciones financieras (préstamos no bancarios, titulización, repos y derivados over the counter, OTC, principalmente). Al respecto, lo primero que hay que destacar es que los bancos tradicionales no son ajenos ni a aquéllas ni a éstas: las fronteras son tan difusas que la banca en la sombra es en gran medida la sombra de la banca.

Por otro lado, muchas entidades, como las de leasing o factoring, se niegan a que se las incluya dentro de este saco, cuyo nombre tiene connotaciones peyorativas; otras muchas denuncian que son los bancos regulados los que están presionando y alarmando excesivamente porque no quieren que otras entidades se lleven una porción del negocio; los bancos, por su parte, denuncian competencia desleal y se quejan de que ellos están asfixiados con tantos requisitos y controles, y que éstos deberían hacerse extensivos a todos los que participan del negocio financiero, distinguiendo actividades y no tipo de entidades.

Las dimensiones que está adquiriendo este sector son enormes (para hacernos una idea, el patrimonio de la americana BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, equivale a casi tres veces el PIB de España), y no se dispone del conocimiento suficiente ni de estadísticas fiables sobre el mismo, por lo que se desconoce el riesgo potencial que se asume globalmente, los posibles riesgos de contagios y la intensidad de las vinculaciones con la banca regulada, que pudieran conducir a que de nuevo en el futuro tuviera que ser rescatada. Además, también los peligros acechan a los inversores minoristas que confían sus ahorros a estas entidades y actividades, haciendo necesario reforzar con urgencia las medidas de protección del inversor para evitar que puedan ser objeto de fraudes en masa.

Sin embargo, el crecimiento de la banca en la sombra también conlleva importantes ventajas. El negocio financiero que desarrollan está completamente desvinculado de la protección pública -a diferencia de los depósitos de los bancos regulados- y, por tanto, las pérdidas en las que se incurra habrán de ser absorbidas directamente por los inversores; proporcionan alternativas más rentables que los depósitos bancarios, especialmente interesante en el contexto actual de bajísimos tipos de interés; también, gracias al alto grado de especialización que mantienen pueden cubrir con mayor eficiencia necesidades financieras específicas; supone abrir e intensificar nuevos canales de financiación hacia la economía real, que complementen a los tradicionales bancarios; y, por último, contribuyen a diversificar el riesgo fuera del sistema bancario.

La regulación del sistema financiero recuerda al mito de la Hidra de Lerna, a la que Hércules le cortaba una cabeza y le salían otras dos. Con esta última crisis se le ha cortado la cabeza a los bancos, haciéndolos mucho más seguros, pero provocando el desplazamiento del negocio financiero hacia la sombra, y con ello nuevas cabezas que cortar en la lucha contra la inestabilidad financiera y por la protección de los inversores. Hércules contó con ayuda para vencer; Estados, empresas y particulares también podrían contribuir utilizando adecuadamente el sistema financiero: por un lado, evitando el endeudamiento excesivo; por el otro, invirtiendo con conocimiento, responsabilidad y sentido común, pero lo cierto es que en vez de quemar las cabezas, como se venció a la Hidra, a veces las alimentamos.