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El nuevo modelo de negocio bancario

Carmen Pérez | 27 de noviembre de 2016 a las 18:55

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/11/2016

Numerosos representantes de la industria bancaria han analizado recientemente los retos que tiene el sector en este momento tan crucial de transformación de su modelo de negocio. El documento resultante El cambio del modelo de negocio de la banca, editado por el Instituto Español de Analistas Financieros, fue presentado en Sevilla en el Círculo Financiero del club Antares. La nueva regulación bancaria, los competidores digitales, la rentabilidad en este contexto de tipos de interés tan bajos o la situación del crédito en España son las principales tendencias que se debatieron. A través de ellas se puede aventurar cómo será la relación del cliente con esa nueva banca.

Las sucursales bancarias serán como supermercados, con sus estanterías virtuales repletas de productos financieros variados. Funcionará el autoservicio para las transacciones operativas, y se acudirá a la oficina exclusivamente a contratar algún producto, para recibir asesoramiento con calma. Los agentes comerciales, sobradamente cualificados, tendrán que guiar al cliente por el complejo mundo financiero actual; su tarea -y su responsabilidad- residirá en ayudarle a tomar la decisión adecuada, que desbordará incluso los productos propios de su grupo bancario, exponiendo los riesgos, los costes o sus implicaciones fiscales.

De forma similar se comportarán antes los productos de activo, cuando el cliente quiera negociar una hipoteca o un préstamo. El análisis de crédito tendrá que retornar en gran medida a épocas pasadas, especialmente en las empresas, porque los intangibles ganarán peso en su balances. Así, con menos activos reales que sirvan de garantía, el papel del analista es esencial para valorar esos activos con menores valores residuales. No obstante, el crédito no volverá a suponer la fuente de rentabilidad de antes de la crisis: los altísimos niveles de endeudamiento no se repetirán, con las fintech habrá mayor competencia y las grandes empresas se financiarán más en los mercados.

Será, por tanto, una banca de menor crédito y de mayores servicios financieros, que se habrán de remunerar de forma suficiente. Pero si quieren fomentar los ingresos por comisiones, tendrán que conseguir un cambio de mentalidad en la población, acostumbrada a no pagarlas. Para ello, se hace completamente necesario que recuperen la confianza perdida y que además los clientes perciban con claridad que su intervención les aporta un valor añadido en las operaciones contratadas.

En definitiva, una banca que mantenga una relación con el cliente directa, cercana y muy especializada. Un panorama estupendo, pero para el que pueda disfrutarlo, porque el sector tiende -el FMI y el BCE lo recomiendan- a una mayor concentración. En España, en la que ya es muy alta, con menor número de entidades se corre el peligro de que no se atienda adecuadamente a las poblaciones de escaso tamaño. No sólo porque se elimine en ellas la sana competencia sino porque incluso no haya ni presencia: Liberbank, que aglutina a seis cajas que cumplían ese papel de banca de proximidad, sustituirá, antes de final de año, 150 sucursales en pequeños pueblos por agentes financieros franquiciados.

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Juegue bien sus bazas

Carmen Pérez | 19 de septiembre de 2016 a las 7:21

TRIBUNA ECONÓMICA 2/9/2016

Los bancos siempre han buscado en las relaciones con los clientes particulares obtener rentabilidad, es obvio, pero como disponían de suficiente holgura en el desarrollo de su actividad podían permitirse tener clientes para cada uno de sus productos aisladamente -todos con rentabilidad sobrada- y no tenían que poner demasiado énfasis en el cobro de comisiones. Hoy en día, con la rentabilidad bajo mínimos, están redefiniendo su modelo de negocio. Se han vuelto minuciosos y calculadores, y estudian al cliente particular mediante una cuenta de resultados -el método habitual con las empresas- en la que se contempla todo el negocio financiero completo que el cliente esté dispuesto a llevarles. En este sentido, y como un buen manual de negociación aconsejaría, tener información sobre la otra parte puede ser para cualquiera de nosotros un elemento clave para hacerlo con eficacia.

Los depositantes eran tradicionalmente los que entraban en los bancos con la cabeza alta: con su dinero hacía negocio la banca. Ahora no se les quiere, y se les cobrará por su dinero -quizá camuflado bajo comisiones- si no aportan algo más que lo acompañe. En todo caso, el director de la sucursal buscará que trasladen sus depósitos hacia fondos de inversión, lo que les libra del marrón de la liquidez al mismo tiempo que obtienen buenas comisiones. En cuanto a los que solicitan préstamos, los verdaderos clientes, las entidades se desviven por captarlos si son solventes. Especialmente les interesan los préstamos al consumo, por sus altos intereses y sustanciosas comisiones. También, los préstamos hipotecarios, con tipos de interés mucho menores, pero con menor exigencia de recursos propios y con los que consiguen vincular al cliente a largo plazo.

Además de fondos de inversión y préstamos al consumo hay que añadir otro al ranking de los productos deseados por la banca: los seguros. El director de la sucursal será feliz si se los contrata. Domiciliar la nómina o pensión, compras habituales con las tarjetas o domiciliar recibos son aspectos que también buscan asegurarse. Al cliente le endosan la operativa diaria -obtención del efectivo, transferencias, traspasos, devolución de recibos, etc.- a través de internet y las cómodas App que están activando, normalmente con el apoyo -vía teléfono, email o whatsapp- de un gestor personal. En la sucursal de referencia, más lejos y más grande, están dispuestos para asesorar al cliente y captarlos para operaciones más complicadas.

Así, siguiendo la máxima latina Do ut des (te doy para que me des), dependiendo de lo que el cliente requiera y de su grado de vinculación con la entidad, fijarán las condiciones para cada uno de los productos (tipos de interés y comisiones, resumidos en la TAE); le eliminarán parcial o totalmente las comisiones de los diferentes servicios financieros; e incluso le ofrecerán recompensas como obtener acciones de la entidad, reembolsos o diferentes regalos. La tendencia en la actualidad es que estos packs estén preestablecidos, al menos en sus líneas generales.

Conociendo todo esto, juegue bien sus bazas. Y lea la letra pequeña, que las permanencias también han llegado a la banca.

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Empujados al riesgo

Carmen Pérez | 4 de septiembre de 2016 a las 10:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/8/2916

ES posible que en los próximos meses su banco le envíe una carta advirtiéndole que ante determinadas circunstancias empezarían a cobrarle por mantener su dinero en las cuentas de la entidad. O que si abre un nuevo depósito encuentre en el contrato una cláusula que lo contemple. Y ya le es posible comprobar cómo el director de cualquier sucursal bancaria, si le lleva dinero, sin añadirle más negocio financiero, busca la forma de disuadirle de dejarlo allí, dirigiéndole a otros productos -fondos de inversión- o le anima a acudir a alguna otra entidad que pueda ofrecerle mayor rendimiento. Los bancos no tienen apetito de dinero, están encharcados en él; pueden obtenerlo si lo necesitan del Banco Central Europeo (BCE) al 0%, y tienen que andarse con cautela al tomarlo de los clientes porque su exceso les cuesta a ellos al depositarlo en el banco central un O,4%.

La remuneración media que recibieron los depositantes españoles el pasado año fue del 0,35%, la media de los nuevos actualmente es del 0,22% y la cuestión es si se socavará el suelo del 0%. En algunos países ya lo han hecho: en Alemania, Commerzbank, uno de sus mayores bancos, cobra, aunque sólo a clientes institucionales y grandes empresas; y algunos más pequeños, como Skatbank, por los saldos superiores a 500.000 euros, o Gmund am Tegernsee, que percibirá un 0,4% desde septiembre si los depósitos superan los 100.000 euros. En Dinamarca o Suecia también sucede, y HSBC o Royal Bank of Scotland, con la reciente bajada de tipos del Banco de Inglaterra tras el Brexit, ya han comunicado que están dispuestos a hacerlo.

El atrevimiento de estos primeros bancos puede provocar que los depósitos se desplacen hacia otros que aún no penalicen creándoles tensiones por exceso de liquidez por lo que terminen por obligarles a adherirse también. De momento, la mayoría de los bancos aguantan, ideando nuevas comisiones por servicios que antes eran gratuitos o compensando el coste con los ingresos de otros productos financieros que contrate el cliente con ellos. Pero algunos bancos están tan molestos que hasta han amenazado con sacar su propio dinero y guardar los billetes en bóvedas acorazadas para evitar la penalización que el BCE les impone por depositarlo allí.

Ante todo esto, Benoit Coeuré, consejero del BCE, ha querido tranquilizar a los depositantes minoristas, pero lo cierto es que las políticas expansivas de los bancos centrales, por muy necesarias que sean para reactivar la economía en su conjunto, no son en absoluto inocuas: los pequeños depositantes son grandes perjudicados. Privados ya de los justos rendimientos que percibían, sería del todo inadmisible que se impusieran los intereses negativos -directamente o camuflados bajo comisiones- y que sus capitales empezaran a mermarse. El dinero es tiempo, y los depositantes cambian presente por futuro, abriendo posibilidades para más adelante, y así poder completar la jubilación, atender la educación futura de los hijos o afrontar imprevistos, como paros o enfermedades. Esfuerzos realizados en el pasado que la irracionalidad financiera en la que vivimos les está invalidando, empujándoles a realizar un esfuerzo adicional: ahorra, pero que sea arriesgando.

 

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Desbancarizar la economía

Carmen Pérez | 1 de septiembre de 2016 a las 9:24

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/8/2016

La función de un sistema financiero es conseguir que el dinero de aquellos a los que les sobra llegue de la forma más eficiente a aquellos otros a los que les hace falta. Pero la manera de organizar esta conexión varía de unos países a otros. EEUU ha primado tradicionalmente el entendimiento directo -con ayuda de brókers o dealers- en los mercados, mientras que en Europa se realiza en mayor medida a través de la intermediación bancaria: el sistema bancario en EEUU es de una vez su PIB, frente al europeo, con un tamaño de tres veces su PIB; por contra, los mercados financieros americanos de deuda y bursátiles mueven un volumen de negocio muy superior a los europeos. Dada esta situación, la Comisión Europea tiene como una de sus prioridades desarrollar la Unión del Mercado de Capitales, UMC, plan cuya finalidad es ampliar las vías de financiación para las empresas, especialmente de las pymes, y ofrecer vías de ahorro y de inversión a los hogares europeos, plan que reducirá el grado de bancarización de nuestra economía.

Al igual que la Unión Bancaria, esta reforma es consecuencia de la crisis, que puso de manifiesto que la dependencia excesiva de la banca hace a nuestro sistema financiero más vulnerable: implica una mayor interdependencia entre las crisis financieras y económicas, y permite una trasmisión más imperfecta de la política monetaria. Sin embargo, los problemas que hay que resolver para conseguir llevarla a cabo no son pocos. Están implicados los 27 países de la UE (la City, mayor beneficiaria potencial, queda fuera con el Brexit), con marcos legales y fiscales heterogéneos, normativas contables y de insolvencia que armonizar, diferentes divisas, prácticas de mercado con estilos propios, etc.

El éxito dependerá, como en cualquier mercado, del grado de atracción de compradores y vendedores de los productos -activos financieros- que se negocian en él: de deuda (bonos corporativos, bonos de proyecto, titulizaciones y cédulas y deuda privada), de fondos propios (acciones y capital riesgo) o híbridos (bonos convertibles). Como sin capital un mercado no tiene sentido, para atraerlo es fundamental que se atiendan las necesidades -liquidez, transparencia y simplicidad- de los inversores, e incluso ofrecerles incentivos. Así, el plan -que culminará en 2019- combina una amplia variedad de medidas; las más recientes son los nuevos reglamentos sobre el capital riesgo y los fondos de emprendimientos social, aprobados en julio.

Pero este desplazamiento de la actividad financiera hacia los mercados conlleva un gran peligro. El inversor minorista, con escasa educación financiera, está acostumbrado a canalizar sus ahorros a través de la banca, sometida ahora a controles más rigurosos tras los abusos del pasado. Con la UMC se verá inmerso en un mundo financiero más amplio y complejo, con más oportunidades de inversión, y con mercados que pueden tener por su propia idiosincrasia normativas más laxas, como nuestros MARF y MAB para pymes. Si no se observan en el desarrollo de la UME las adecuadas medidas de protección al inversor, con la desbancarización podremos asistir en el futuro a una reproducción de los escándalos financieros del pasado.

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La rentabilidad, ése es el reto de la banca

Carmen Pérez | 28 de agosto de 2016 a las 16:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/8/2016

LOS recientes test de estrés -ejercicio teórico que aventura por dónde irían las cuentas y ratios de los bancos europeos según hipotéticos escenarios económicos futuros- han arrojado resultados satisfactorios: salvo algunas excepciones, todos aprueban en solvencia. Pero, sin embargo, no puntúan nada bien en rentabilidad. El contexto en el que los bancos tienen que desarrollar su actividad no les favorece, tanto por el bajo nivel de tipos de interés como por el menor volumen de negocio, aún no recuperado tras la crisis, y que se está desviando en mayor medida hacia los mercados financieros, en un proceso de desintermediación financiera creciente. Además, nuevos operadores -las fintech- han irrumpido en el sector incrementando la competencia y grandes tecnológicas, como Facebook o Apple, están llamando a la puerta. Por si fuera poco, la normativa que han de cumplir se ha vuelto mucho más rigurosa, y el pasado -el deterioro de activos sufrido por la crisis y el deterioro de la confianza de los clientes- aún les pesa.

Para elevar la rentabilidad reduciendo costes, prosigue el intenso ajuste de la capacidad instalada, como el de Caixabank, que contempla eliminar 3.000 empleos y cerrar 600 sucursales más hasta 2018. No es de extrañar que el consejero delegado de BBVA manifieste que a su banco le sobran dos tercios de su red a largo plazo, porque el necesario proceso de digitalización que está desarrollando el sector y la Unión del Mercado de Capitales Europeo, que desbancarizará la economía, harán este exceso de capacidad aún más patente. Los supervisores -el Banco de España y el BCE- bendicen estas medidas, a la par que les recomiendan fusionarse entre ellos o con entidades europeas, para conseguir economías de escala, al ganar tamaño.

Y para mejorar los ingresos, ya que resulta complicado ensanchar el margen financiero, se pretende incrementar las comisiones. Sabine Lautenschläger, desde el Mecanismo Único de Supervisión, ha animado a los bancos europeos en este sentido, y especialmente a los españoles en los que las comisiones solo aportan el 22% del margen bruto, un 6% menos que en Europa. La dificultad estriba en la oposición de los clientes, que se niegan a pagar por los servicios bancarios. El objetivo es vincularlos, que se casen -al igual que en las telecomunicaciones o la energía- con la entidad y les lleven todo el negocio financiero -nómina, tarjetas, fondos de inversión o seguros- completo.

La viabilidad de una empresa exige solvencia, pero también que a los accionistas les compense mantenerla: los test de estrés muestran que los bancos europeos sólo generan una rentabilidad media (ROE) del 5,29%, frente al 8% de rentabilidad mínima que los accionistas bancarios esperan; es más, en el escenario adverso, en muchos bancos incluso aparecen pérdidas: las cotizaciones bursátiles se encargan de ajustar esta divergencia. Así, los bancos están inmersos en un enorme proceso de reconversión del que sólo los que se adapten, como en el proceso darwiniano de evolución, subsistirán. Pero lo peculiar de este sector es que resulta complicado que los que no lo hagan se queden, sin que nos afecte a todos, en la cuneta.

La banca italiana salta a la palestra

Carmen Pérez | 20 de julio de 2016 a las 8:10

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/7/2016

La debilidad que la banca italiana ha venido manteniendo, y parcheando a lo largo de estos últimos años, detonada por el Brexit, ha saltado a la palestra: acumula una morosidad que asciende a 337.000 millones de euros, derivada de los impagos de créditos empresariales y al consumo, y no está suficientemente cubierta. Matteo Renzi, el primer ministro italiano, clama por rescatarla con dinero público -entre 40.000 y 50.000 millones de euros-, al igual que se hizo con la nuestra, pero la normativa actual, la Directiva Europea de Recuperación y Resolución de Entidades Financieras, más conocida por sus siglas en inglés, BRRD, precisamente se desarrolló para evitar que los problemas bancarios se resolvieran con el dinero de los contribuyentes. Recién puesta en marcha, dispuesta para su aplicación, y cuando llegan casos reales -como la banca Monte dei Paschi di Siena- para probarla, es bastante probable que en los próximos meses veamos poner en marcha estrategias para sortearla.

Nuestro proceso de reestructuración conllevó la inyección de dinero público por valor de unos 50.000 millones de euros (a minorar con la futura desinversión en Banco Mare Nostrum y Bankia); el Estado concedió avales a las entidades por un importe total de 110.895 millones de euros, que están ya casi al completo cancelados, sin pérdidas; y otra serie de ayudas y garantías, que también han supuesto desembolsos de menor cuantía. Europa no sólo lo autorizó sino que nos concedió crédito para facilitar este proceso, eso sí, previa firma de un acuerdo, el MoU, que especificaba minuciosamente los pasos que había que ir dando. La población se indignó, tanto por el nuestro como por otros rescates públicos que se produjeron por aquellas fechas y, sin embargo, es lo que ahora reclama Italia: si se aplicara la Directiva, y, por tanto, los accionistas y bonistas de los bancos implicados asumieran parte de las pérdidas, las familias italianas -dueñas de bonos bancarios por unos 200.000 millones de euros- resultarían perjudicadas. Bruselas, por su parte, se ha opuesto a toda opción que no respete el nuevo marco legal, aunque aceptaría mecanismos a posteriori para compensar a los inversores minoristas si estuvieren injustamente afectados por una comercialización incorrecta.

Las posiciones -Roma frente a Bruselas- están enfrentadas, pero se encontrará la fórmula para acercarlas, el riesgo de contagio al conjunto de la frágil banca europea es alto, especialmente a algunos bancos portugueses y al primer grupo financiero de Alemania. Se echará mano a la flexibilidad que contempla la Directiva sobre medidas tempranas; se aducirá que en realidad no hay que proceder a la liquidación total de ningún banco italiano; se someterá -esperemos- a un proceso de concentración y reestructuración a las más de 500 entidades que hay en Italia, al igual que sucedió en España; se acudirá a la ingeniería financiera, con instrumentos basados en avales públicos, no exentos de pérdidas; y el dinero público italiano llegará a su banca: no hay otra, la protección pública que garantiza a los millones y millones de depositantes europeos -como telón de fondo- dará a Italia carta blanca.

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Calificación y realidad

Carmen Pérez | 24 de mayo de 2016 a las 9:00

Recientemente, la agencia de calificación Fitch ha confirmado las calificaciones crediticias (rating) del Banco Santander y del BBVA en A-, con perspectiva estable. Resulta que dicha nota es superior a la del Reino de España, que está situada en BBB+, es decir, que esta agencia coloca a las dos empresas financieras un escalón por encima. También las otras dos agencias más importantes, Moody´s y Standard&Poor´s les otorgan mayor credibilidad crediticia a sus bonos bancarios que a los bonos españoles.  Que esto se produzca en Iberdrola –la única empresa, aparte de los dos bancos señalados, que también es más solvente que el Reino de España-  puede ser más comprensible, pero que sean bancos a los que les sucede es más complicado de aceptar, cuando encuentran en el Estado español su última garantía.

Usualmente las calificaciones de la deuda de las empresas suelen estar por debajo de la que ostentan sus países de residencia, y lo que suele ocurrir es que cuando una agencia mejora el rating de la deuda de un país siga los mismos pasos para la deuda de algunas empresas que estén especialmente vinculadas a su economía. Para BBVA y Santander, la situación inversa viene explicada porque desarrollan una buena parte de su actividad en otros países –de Europa, de América latina y EEUU- y no están completamente condicionados por las circunstancias económicas españolas.

Es verdad que estos dos bancos no mantienen una alta proporción de deuda pública española en sus balances (3%, Santander; 8%, BBVA), en relación a las que arrojan otros bancos españoles, y por ello  Fitch  afirma que  no existe probabilidad de que las entidades caigan en un escenario de default arrastradas por un hipotético impago de la deuda soberana de España.  Pero las relaciones de un banco con su Estado son mucho más complejas e íntimas que eso: el Estado es el último garante para los depósitos, la gran vía de entrada de recursos para la banca  (supera el 50% del total). Ningún cliente se molesta en investigar la mejor o peor situación financiera de una entidad crediticia a la hora de confiarle su dinero, abriendo un depósito, ya que sabe que cuenta con la seguridad que le confiere el respaldo final público: hasta 100.000 euros por titular y entidad.

Las agencias de calificación utilizan modelos sofisticados que contemplan una multitud de variables macroeconómicas y realizan un exhaustivo análisis de las cuentas financieras de las empresas que puntúan. Pero, a veces, los resultados que obtienen desconciertan, porque determinados hechos no tienen cabida en ellos: ¿cómo incluir esta garantía implícita del Estado español en ellos? Y así se llega a situaciones incoherentes como ésta, en la que el que respalda un negocio para que nunca caiga (Estado español) obtenga menos nota que el respaldado (Santander o BBVA). O, por señalar otra de hace algunos años, cuando le quitaron la máxima calificación, AAA, a los bonos de EEUU. Porque siendo realistas, por mucha recesión, paro y todo lo negativo que por entonces sufría este país: ¿no es EEUU la triple A por excelencia?

 

BCE, prueba y error

Carmen Pérez | 29 de marzo de 2016 a las 8:00

ES todo un arte hacer que otros hagan, mucho más difícil que el solo hacer. Aunque se pongan las condiciones ideales para propiciarlo, el que al final tiene que dar el paso tiene su propia opinión al respecto. Es lo que le pasa al Banco Central Europeo, BCE, que no actúa directamente en la economía real sino que lo hace en gran parte a través de los bancos. Cuando de lo que se trata es de enfriar la economía -para bajar la inflación- lo tiene más fácil, cierra el chorro del dinero y sube los tipos de interés, y se restringe ipso facto el crédito; pero cuando se trata de calentarla -para subir la inflación- ya puede abrir las mangueras al máximo y bajar los tipos, que los bancos pueden no entrar al trapo y negarse a expandir el crédito, o al menos no hacerlo todo lo que al BCE le gustaría. La política monetaria es así, asimétrica, y como actualmente estamos en el lado difícil, al BCE no le ha quedado otro remedio que ir probando medidas, y al errar, volver a probar otras que incorporen la experiencia aprendida.

Que hace falta suministrar liquidez, pues barra libre, con las LTRO de 2011; que los bancos de la periferia usan este dinero -en parte este efecto era deseado- para hacer carry trade, o sea, comprar deuda pública con rentabilidad alta con dinero barato, entonces el BCE condiciona la liquidez a que se use para prestar a familias y empresas, con las TLTRO a cuatro años en 2014. Que no es bastante con bajar y bajar los tipos de interés, pues se sitúa la tasa de depósito a niveles cada vez más negativos. Que estos instrumentos convencionales no son suficientes, se utilizan otros que no los son, y se establece un programa de compras de activos directamente, deuda pública en su mayoría.

No obstante, la economía está siendo tozuda, hay otros países fuera del eurosistema también defendiéndose. El mismo Draghi el pasado 10 de marzo reconocía que ha habido un recorte en las previsiones de crecimiento para 2016, un 0,3% menos, situándolo en el 1,4 %; y en cuanto a la inflación, señaló que durante los próximos meses continuará estando en terreno negativo y que hacia el final del año debería repuntar. Esto no quiere decir que sus actuaciones no estén provocando efectos positivos, el crédito ha empezado a recuperarse. Mas ahora se presenta un nuevo obstáculo: la rentabilidad de la banca está por los suelos, así que Draghi le ha echado imaginación y ha intensificado las medidas aunque sin ahogar a los bancos.

Recorta de nuevo los tipos de interés, dejando claro que no se seguirá insistiendo por esta vía en el futuro. Aumenta las compras mensuales, incluyendo determinados bonos corporativos, y aumenta los límites de emisión y los emisores. Y lanza las TLTRO II, con las que intenta potenciar el crédito pero sin seguir dañando la rentabilidad bancaria. En principio se establecen al 0%, aunque el BCE podría llegar a pagar a los bancos por pedir prestado estos fondos hasta un 0,4%, siempre que sirvan para aumentar sus préstamos a la economía real.

El efecto inmediato que han conseguido estas medidas es que el euríbor a doce meses, el más utilizado como referencia para préstamos de familias y empresas, incluyendo las hipotecas, detuvo al día siguiente su evolución negativa. El 10 de marzo cotizaba a -0,025%, y día tras día ha ido aumentando hasta situarse actualmente en -0,003%. Todo indica que recuperará su valor positivo en pocos días. El fantasma de que los bancos vayan a pagar por prestar se aleja.

Se necesita seguir reactivando la economía, pero esto depende de que los bancos dinamicen el mercado del crédito. Ellos no están dispuestos, con buena lógica, a prestar si la demanda no es solvente; precisan, a su vez, que la economía se recupere. Además, Draghi tiene que ir hilando fino con sus actuaciones, porque si ya resulta difícil hacer que otros hagan, es imposible conseguirlo si te cargas al que lo tiene que hacer. Por ello, se tuvo que acudir en ayuda de la banca cuando al principio tuvieron problemas de liquidez; con los rescates públicos se solucionó su falta de solvencia; ahora de nuevo se les asiste cuando les falla la rentabilidad, y más vale que así sea, porque en caso contrario volvería pronto el problema de solvencia. No cabe duda de que la aplicación de una política monetaria expansiva ha mostrado con toda crudeza la complicada interrelación público-privada en que consiste nuestro sistema financiero. Pero, ¿sería posible mantener nuestros estados de Bienestar sin este sistema? Ésta es la cuestión.

Prestar en tiempos de magia

Carmen Pérez | 11 de marzo de 2016 a las 10:51

 

EN un momento de la serie Juego de Tronos, la princesa Daenerys Targaryen pide ayuda económica a un rico comerciante de especias del Reino de Qarth para recuperar el Trono de Hierro, que según ella le corresponde por linaje. Le ofrece devolverle el triple de lo que le solicita. El prestamista, aunque no duda ni de su honestidad ni de sus buenas intenciones, le deniega la ayuda. “¿Tienes un Ejército?, ¿tienes poderosos aliados?”, le interroga. “Valoro cada transacción en función de sus beneficios. En los negocios confío en la lógica, no en la pasión. Soy la Madre de los Dragones”, le dice ella mostrando por todo su haber a sus pequeñas criaturas. Pero el comerciante sabe de sobra cuándo prestar: “No puedo hacer una inversión basada en sueños y deseos”.

Hoy no son tiempos ni de fantasmas ni de caminantes blancos pero sí de mucha magia. La que aplica, entre otros, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que ha traído un tiempo de sobreabundancia de dinero y de tipos de interés negativos, propiciando que los prestamistas regalen su uso, o incluso que paguen con tal de que se lo lleven. El problema sigue residiendo en encontrar princesas primorosas en las que pueda confiarse en que por lo menos lo devuelvan. Hecho el conjuro para que los préstamos se multipliquen, los mismos magos se enfrentan ahora a que los prestamistas hagan saltar por los aires la lógica necesaria a la hora de concederlos.

A los bancos, los grandes prestamistas, les quema literalmente el dinero. Tienen que soltarlo como sea porque les hierve a un -0,3%, temperatura que han fijado los magos del BCE para ellos, y que quizá eleven unos grados más en su reunión del próximo del 10 de marzo. Lo suyo sería que los bancos le trasladaran este calor a los que a su vez les entregan a ellos su dinero, los depositantes, pero no se atreven, de momento, a socavar el suelo mínimo del 0%. Por los préstamos negociados en otros tiempos, de todo tipo pero especialmente los hipotecarios, con pequeños diferenciales sobre el Euríbor, están al borde de tener que pagarles a los clientes. Para los nuevos se protegen con diferenciales algo mayores, pero compiten ferozmente por los que ofrecen suficiente confianza como para concederlos. Prestárselo a los estados tampoco es solución porque la pócima mágica incluye compras cuantiosas que han disminuido considerablemente la rentabilidad de sus deudas públicas.

La magia ha convertido a los bancos en ollas a presión dispuestas a estallar con pérdidas. Intentan enfriarse con fusiones, cierre de sucursales y despidos masivos, pero la tentación es hacerlo también aceptando oportunidades de inversión con mayor retorno, como los préstamos apalancados, los préstamos rápidos concedidos en 48 horas o los que ofrecen menos garantías para su cumplimiento. La vicepresidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), Sabine Lautenschläger, en su discurso del pasado 1 de marzo en Nueva York, así lo advierte, señalando además que, frente a la psicología de los seres humanos que constantemente se balancea entre ser demasiado optimista y demasiado pesimista, los gestores de riesgos tienen que ver las cosas como realmente son, sin contagiarse de sueños y deseos como los de la princesa.

Existen prestamistas adecuados para las Daenerys, como los business angels, el capital riesgo, los compradores de bonos basura o los fondos de inversión de alto riesgo. Por obtener “el triple” confiarían en ellas, ya que su modelo de negocio está basado precisamente en asumir estos altos riesgos y en que algunas de estas operaciones prosperen. Los dragones de Daenerys, por ejemplo, crecieron, y por no spoilear la serie sólo se dirá que con su fuerza impulsaron el proyecto de su Madre de ser la Reina de Poniente. Lautenschläger asegura que como supervisores estarán al tanto de que los bancos se comporten como el comerciante de Qarth, y no rebajen lo más mínimo el rigor financiero. Más nos vale, porque los bancos, a pesar de todas las prevenciones que se han establecido desde la crisis, siguen contando con el respaldo público de última instancia: las calientes llamaradas que vomitarían los dragones de los proyectos fallidos surgidos de esta nueva magia terminarían quemando en el futuro, otra vez, la cara de la gente.

Regulación bancaria

Carmen Pérez | 11 de febrero de 2016 a las 8:45

El 10 de noviembre comenté la excelente jornada sobre regulación  bancaria que tuvo lugar en  la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. Ya están disponibles en su página web, tvus, los vídeos de este evento:

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-i/

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-ii/

Las conferencias que incluyen son:

Tendencias Regulatorias Globales, a cargo de D. Santiago Fernández de Lis Alonso.        Economista Jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research.

-Nueva Regulación y Unión Bancaria: Una Perspectiva Global, impartida por  D. Francisco Uría Fernández. Socio Responsable del Sector Financiero en KPMG y Responsable del Área Legal de KPMG Abogados.

El Sistema Bancario tras la Crisis. Dr. Emilio Ontiveros Baeza. Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI).