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La rentabilidad, ése es el reto de la banca

Carmen Pérez | 28 de agosto de 2016 a las 16:11

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/8/2016

LOS recientes test de estrés -ejercicio teórico que aventura por dónde irían las cuentas y ratios de los bancos europeos según hipotéticos escenarios económicos futuros- han arrojado resultados satisfactorios: salvo algunas excepciones, todos aprueban en solvencia. Pero, sin embargo, no puntúan nada bien en rentabilidad. El contexto en el que los bancos tienen que desarrollar su actividad no les favorece, tanto por el bajo nivel de tipos de interés como por el menor volumen de negocio, aún no recuperado tras la crisis, y que se está desviando en mayor medida hacia los mercados financieros, en un proceso de desintermediación financiera creciente. Además, nuevos operadores -las fintech- han irrumpido en el sector incrementando la competencia y grandes tecnológicas, como Facebook o Apple, están llamando a la puerta. Por si fuera poco, la normativa que han de cumplir se ha vuelto mucho más rigurosa, y el pasado -el deterioro de activos sufrido por la crisis y el deterioro de la confianza de los clientes- aún les pesa.

Para elevar la rentabilidad reduciendo costes, prosigue el intenso ajuste de la capacidad instalada, como el de Caixabank, que contempla eliminar 3.000 empleos y cerrar 600 sucursales más hasta 2018. No es de extrañar que el consejero delegado de BBVA manifieste que a su banco le sobran dos tercios de su red a largo plazo, porque el necesario proceso de digitalización que está desarrollando el sector y la Unión del Mercado de Capitales Europeo, que desbancarizará la economía, harán este exceso de capacidad aún más patente. Los supervisores -el Banco de España y el BCE- bendicen estas medidas, a la par que les recomiendan fusionarse entre ellos o con entidades europeas, para conseguir economías de escala, al ganar tamaño.

Y para mejorar los ingresos, ya que resulta complicado ensanchar el margen financiero, se pretende incrementar las comisiones. Sabine Lautenschläger, desde el Mecanismo Único de Supervisión, ha animado a los bancos europeos en este sentido, y especialmente a los españoles en los que las comisiones solo aportan el 22% del margen bruto, un 6% menos que en Europa. La dificultad estriba en la oposición de los clientes, que se niegan a pagar por los servicios bancarios. El objetivo es vincularlos, que se casen -al igual que en las telecomunicaciones o la energía- con la entidad y les lleven todo el negocio financiero -nómina, tarjetas, fondos de inversión o seguros- completo.

La viabilidad de una empresa exige solvencia, pero también que a los accionistas les compense mantenerla: los test de estrés muestran que los bancos europeos sólo generan una rentabilidad media (ROE) del 5,29%, frente al 8% de rentabilidad mínima que los accionistas bancarios esperan; es más, en el escenario adverso, en muchos bancos incluso aparecen pérdidas: las cotizaciones bursátiles se encargan de ajustar esta divergencia. Así, los bancos están inmersos en un enorme proceso de reconversión del que sólo los que se adapten, como en el proceso darwiniano de evolución, subsistirán. Pero lo peculiar de este sector es que resulta complicado que los que no lo hagan se queden, sin que nos afecte a todos, en la cuneta.

La banca italiana salta a la palestra

Carmen Pérez | 20 de julio de 2016 a las 8:10

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/7/2016

La debilidad que la banca italiana ha venido manteniendo, y parcheando a lo largo de estos últimos años, detonada por el Brexit, ha saltado a la palestra: acumula una morosidad que asciende a 337.000 millones de euros, derivada de los impagos de créditos empresariales y al consumo, y no está suficientemente cubierta. Matteo Renzi, el primer ministro italiano, clama por rescatarla con dinero público -entre 40.000 y 50.000 millones de euros-, al igual que se hizo con la nuestra, pero la normativa actual, la Directiva Europea de Recuperación y Resolución de Entidades Financieras, más conocida por sus siglas en inglés, BRRD, precisamente se desarrolló para evitar que los problemas bancarios se resolvieran con el dinero de los contribuyentes. Recién puesta en marcha, dispuesta para su aplicación, y cuando llegan casos reales -como la banca Monte dei Paschi di Siena- para probarla, es bastante probable que en los próximos meses veamos poner en marcha estrategias para sortearla.

Nuestro proceso de reestructuración conllevó la inyección de dinero público por valor de unos 50.000 millones de euros (a minorar con la futura desinversión en Banco Mare Nostrum y Bankia); el Estado concedió avales a las entidades por un importe total de 110.895 millones de euros, que están ya casi al completo cancelados, sin pérdidas; y otra serie de ayudas y garantías, que también han supuesto desembolsos de menor cuantía. Europa no sólo lo autorizó sino que nos concedió crédito para facilitar este proceso, eso sí, previa firma de un acuerdo, el MoU, que especificaba minuciosamente los pasos que había que ir dando. La población se indignó, tanto por el nuestro como por otros rescates públicos que se produjeron por aquellas fechas y, sin embargo, es lo que ahora reclama Italia: si se aplicara la Directiva, y, por tanto, los accionistas y bonistas de los bancos implicados asumieran parte de las pérdidas, las familias italianas -dueñas de bonos bancarios por unos 200.000 millones de euros- resultarían perjudicadas. Bruselas, por su parte, se ha opuesto a toda opción que no respete el nuevo marco legal, aunque aceptaría mecanismos a posteriori para compensar a los inversores minoristas si estuvieren injustamente afectados por una comercialización incorrecta.

Las posiciones -Roma frente a Bruselas- están enfrentadas, pero se encontrará la fórmula para acercarlas, el riesgo de contagio al conjunto de la frágil banca europea es alto, especialmente a algunos bancos portugueses y al primer grupo financiero de Alemania. Se echará mano a la flexibilidad que contempla la Directiva sobre medidas tempranas; se aducirá que en realidad no hay que proceder a la liquidación total de ningún banco italiano; se someterá -esperemos- a un proceso de concentración y reestructuración a las más de 500 entidades que hay en Italia, al igual que sucedió en España; se acudirá a la ingeniería financiera, con instrumentos basados en avales públicos, no exentos de pérdidas; y el dinero público italiano llegará a su banca: no hay otra, la protección pública que garantiza a los millones y millones de depositantes europeos -como telón de fondo- dará a Italia carta blanca.

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Calificación y realidad

Carmen Pérez | 24 de mayo de 2016 a las 9:00

Recientemente, la agencia de calificación Fitch ha confirmado las calificaciones crediticias (rating) del Banco Santander y del BBVA en A-, con perspectiva estable. Resulta que dicha nota es superior a la del Reino de España, que está situada en BBB+, es decir, que esta agencia coloca a las dos empresas financieras un escalón por encima. También las otras dos agencias más importantes, Moody´s y Standard&Poor´s les otorgan mayor credibilidad crediticia a sus bonos bancarios que a los bonos españoles.  Que esto se produzca en Iberdrola –la única empresa, aparte de los dos bancos señalados, que también es más solvente que el Reino de España-  puede ser más comprensible, pero que sean bancos a los que les sucede es más complicado de aceptar, cuando encuentran en el Estado español su última garantía.

Usualmente las calificaciones de la deuda de las empresas suelen estar por debajo de la que ostentan sus países de residencia, y lo que suele ocurrir es que cuando una agencia mejora el rating de la deuda de un país siga los mismos pasos para la deuda de algunas empresas que estén especialmente vinculadas a su economía. Para BBVA y Santander, la situación inversa viene explicada porque desarrollan una buena parte de su actividad en otros países –de Europa, de América latina y EEUU- y no están completamente condicionados por las circunstancias económicas españolas.

Es verdad que estos dos bancos no mantienen una alta proporción de deuda pública española en sus balances (3%, Santander; 8%, BBVA), en relación a las que arrojan otros bancos españoles, y por ello  Fitch  afirma que  no existe probabilidad de que las entidades caigan en un escenario de default arrastradas por un hipotético impago de la deuda soberana de España.  Pero las relaciones de un banco con su Estado son mucho más complejas e íntimas que eso: el Estado es el último garante para los depósitos, la gran vía de entrada de recursos para la banca  (supera el 50% del total). Ningún cliente se molesta en investigar la mejor o peor situación financiera de una entidad crediticia a la hora de confiarle su dinero, abriendo un depósito, ya que sabe que cuenta con la seguridad que le confiere el respaldo final público: hasta 100.000 euros por titular y entidad.

Las agencias de calificación utilizan modelos sofisticados que contemplan una multitud de variables macroeconómicas y realizan un exhaustivo análisis de las cuentas financieras de las empresas que puntúan. Pero, a veces, los resultados que obtienen desconciertan, porque determinados hechos no tienen cabida en ellos: ¿cómo incluir esta garantía implícita del Estado español en ellos? Y así se llega a situaciones incoherentes como ésta, en la que el que respalda un negocio para que nunca caiga (Estado español) obtenga menos nota que el respaldado (Santander o BBVA). O, por señalar otra de hace algunos años, cuando le quitaron la máxima calificación, AAA, a los bonos de EEUU. Porque siendo realistas, por mucha recesión, paro y todo lo negativo que por entonces sufría este país: ¿no es EEUU la triple A por excelencia?

 

Ecofin: Europa o reunión de países europeos

Carmen Pérez | 24 de abril de 2016 a las 14:38

Estos días pasados en el Consejo de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea (Ecofin) se debatió. Sobre la modificación del tratamiento del riesgo soberano en la banca. Es un tema que ya he tratado aquí en el pasado (http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2166080/riesgo/soberano.html), y que seguirá dando de qué hablar hasta que se llegue a un acuerdo. No será fácil alcanzarlo, Alemania está empeñada en que se regule esta cuestión, y sigue condicionando finalizar la Unión Bancaria Europea a que se cuantifique y se limite el riesgo por este concepto, que hasta ahora se obvia.  A ellos no les afecta el posible cambio en el tratamiento de este riesgo porque con su rating AAA su deuda ponderaría igualmente al 0%. Pero en otros países, como España, la banca tendría que realizar un esfuerzo extra de capital para cubrir ese riesgo “nuevo” y/o liberarse del exceso de deuda pública española que mantienen (que se situó en unos 200.000 millones de euros a finales de 2015).

Posiciones distintas de cada país derivadas de los intereses particulares, cuando este asunto común debería enfrentarse  de forma objetiva, exclusivamente en función de la conveniencia de la norma por sí misma, valorando su eficacia para la estabilidad financiera, con independencia de los efectos en cada uno de los territorios. Hasta llegar a la solución mejor para todos, y para todos los tiempos,  porque los afectados hoy pueden ser los interesados en su cumplimiento en años futuros.  En definitiva, los países europeos tendrían que cambiar la actitud, no sólo en este caso, sino en  todos los que nos afecten colectivamente, que son muchos. Sería lo coherente con el hecho de haber renunciado a parte de la soberanía propia en favor de una supranacional, de haber abandonado tener una historia propia por vivirla de forma compartida. En eso consiste este proyecto integrador –Europa- que se inició hace ya casi 60 años. Mientras que no se haga así, sólo veremos países europeos pero no veremos Europa.

BCE, prueba y error

Carmen Pérez | 29 de marzo de 2016 a las 8:00

ES todo un arte hacer que otros hagan, mucho más difícil que el solo hacer. Aunque se pongan las condiciones ideales para propiciarlo, el que al final tiene que dar el paso tiene su propia opinión al respecto. Es lo que le pasa al Banco Central Europeo, BCE, que no actúa directamente en la economía real sino que lo hace en gran parte a través de los bancos. Cuando de lo que se trata es de enfriar la economía -para bajar la inflación- lo tiene más fácil, cierra el chorro del dinero y sube los tipos de interés, y se restringe ipso facto el crédito; pero cuando se trata de calentarla -para subir la inflación- ya puede abrir las mangueras al máximo y bajar los tipos, que los bancos pueden no entrar al trapo y negarse a expandir el crédito, o al menos no hacerlo todo lo que al BCE le gustaría. La política monetaria es así, asimétrica, y como actualmente estamos en el lado difícil, al BCE no le ha quedado otro remedio que ir probando medidas, y al errar, volver a probar otras que incorporen la experiencia aprendida.

Que hace falta suministrar liquidez, pues barra libre, con las LTRO de 2011; que los bancos de la periferia usan este dinero -en parte este efecto era deseado- para hacer carry trade, o sea, comprar deuda pública con rentabilidad alta con dinero barato, entonces el BCE condiciona la liquidez a que se use para prestar a familias y empresas, con las TLTRO a cuatro años en 2014. Que no es bastante con bajar y bajar los tipos de interés, pues se sitúa la tasa de depósito a niveles cada vez más negativos. Que estos instrumentos convencionales no son suficientes, se utilizan otros que no los son, y se establece un programa de compras de activos directamente, deuda pública en su mayoría.

No obstante, la economía está siendo tozuda, hay otros países fuera del eurosistema también defendiéndose. El mismo Draghi el pasado 10 de marzo reconocía que ha habido un recorte en las previsiones de crecimiento para 2016, un 0,3% menos, situándolo en el 1,4 %; y en cuanto a la inflación, señaló que durante los próximos meses continuará estando en terreno negativo y que hacia el final del año debería repuntar. Esto no quiere decir que sus actuaciones no estén provocando efectos positivos, el crédito ha empezado a recuperarse. Mas ahora se presenta un nuevo obstáculo: la rentabilidad de la banca está por los suelos, así que Draghi le ha echado imaginación y ha intensificado las medidas aunque sin ahogar a los bancos.

Recorta de nuevo los tipos de interés, dejando claro que no se seguirá insistiendo por esta vía en el futuro. Aumenta las compras mensuales, incluyendo determinados bonos corporativos, y aumenta los límites de emisión y los emisores. Y lanza las TLTRO II, con las que intenta potenciar el crédito pero sin seguir dañando la rentabilidad bancaria. En principio se establecen al 0%, aunque el BCE podría llegar a pagar a los bancos por pedir prestado estos fondos hasta un 0,4%, siempre que sirvan para aumentar sus préstamos a la economía real.

El efecto inmediato que han conseguido estas medidas es que el euríbor a doce meses, el más utilizado como referencia para préstamos de familias y empresas, incluyendo las hipotecas, detuvo al día siguiente su evolución negativa. El 10 de marzo cotizaba a -0,025%, y día tras día ha ido aumentando hasta situarse actualmente en -0,003%. Todo indica que recuperará su valor positivo en pocos días. El fantasma de que los bancos vayan a pagar por prestar se aleja.

Se necesita seguir reactivando la economía, pero esto depende de que los bancos dinamicen el mercado del crédito. Ellos no están dispuestos, con buena lógica, a prestar si la demanda no es solvente; precisan, a su vez, que la economía se recupere. Además, Draghi tiene que ir hilando fino con sus actuaciones, porque si ya resulta difícil hacer que otros hagan, es imposible conseguirlo si te cargas al que lo tiene que hacer. Por ello, se tuvo que acudir en ayuda de la banca cuando al principio tuvieron problemas de liquidez; con los rescates públicos se solucionó su falta de solvencia; ahora de nuevo se les asiste cuando les falla la rentabilidad, y más vale que así sea, porque en caso contrario volvería pronto el problema de solvencia. No cabe duda de que la aplicación de una política monetaria expansiva ha mostrado con toda crudeza la complicada interrelación público-privada en que consiste nuestro sistema financiero. Pero, ¿sería posible mantener nuestros estados de Bienestar sin este sistema? Ésta es la cuestión.

Prestar en tiempos de magia

Carmen Pérez | 11 de marzo de 2016 a las 10:51

 

EN un momento de la serie Juego de Tronos, la princesa Daenerys Targaryen pide ayuda económica a un rico comerciante de especias del Reino de Qarth para recuperar el Trono de Hierro, que según ella le corresponde por linaje. Le ofrece devolverle el triple de lo que le solicita. El prestamista, aunque no duda ni de su honestidad ni de sus buenas intenciones, le deniega la ayuda. “¿Tienes un Ejército?, ¿tienes poderosos aliados?”, le interroga. “Valoro cada transacción en función de sus beneficios. En los negocios confío en la lógica, no en la pasión. Soy la Madre de los Dragones”, le dice ella mostrando por todo su haber a sus pequeñas criaturas. Pero el comerciante sabe de sobra cuándo prestar: “No puedo hacer una inversión basada en sueños y deseos”.

Hoy no son tiempos ni de fantasmas ni de caminantes blancos pero sí de mucha magia. La que aplica, entre otros, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que ha traído un tiempo de sobreabundancia de dinero y de tipos de interés negativos, propiciando que los prestamistas regalen su uso, o incluso que paguen con tal de que se lo lleven. El problema sigue residiendo en encontrar princesas primorosas en las que pueda confiarse en que por lo menos lo devuelvan. Hecho el conjuro para que los préstamos se multipliquen, los mismos magos se enfrentan ahora a que los prestamistas hagan saltar por los aires la lógica necesaria a la hora de concederlos.

A los bancos, los grandes prestamistas, les quema literalmente el dinero. Tienen que soltarlo como sea porque les hierve a un -0,3%, temperatura que han fijado los magos del BCE para ellos, y que quizá eleven unos grados más en su reunión del próximo del 10 de marzo. Lo suyo sería que los bancos le trasladaran este calor a los que a su vez les entregan a ellos su dinero, los depositantes, pero no se atreven, de momento, a socavar el suelo mínimo del 0%. Por los préstamos negociados en otros tiempos, de todo tipo pero especialmente los hipotecarios, con pequeños diferenciales sobre el Euríbor, están al borde de tener que pagarles a los clientes. Para los nuevos se protegen con diferenciales algo mayores, pero compiten ferozmente por los que ofrecen suficiente confianza como para concederlos. Prestárselo a los estados tampoco es solución porque la pócima mágica incluye compras cuantiosas que han disminuido considerablemente la rentabilidad de sus deudas públicas.

La magia ha convertido a los bancos en ollas a presión dispuestas a estallar con pérdidas. Intentan enfriarse con fusiones, cierre de sucursales y despidos masivos, pero la tentación es hacerlo también aceptando oportunidades de inversión con mayor retorno, como los préstamos apalancados, los préstamos rápidos concedidos en 48 horas o los que ofrecen menos garantías para su cumplimiento. La vicepresidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), Sabine Lautenschläger, en su discurso del pasado 1 de marzo en Nueva York, así lo advierte, señalando además que, frente a la psicología de los seres humanos que constantemente se balancea entre ser demasiado optimista y demasiado pesimista, los gestores de riesgos tienen que ver las cosas como realmente son, sin contagiarse de sueños y deseos como los de la princesa.

Existen prestamistas adecuados para las Daenerys, como los business angels, el capital riesgo, los compradores de bonos basura o los fondos de inversión de alto riesgo. Por obtener “el triple” confiarían en ellas, ya que su modelo de negocio está basado precisamente en asumir estos altos riesgos y en que algunas de estas operaciones prosperen. Los dragones de Daenerys, por ejemplo, crecieron, y por no spoilear la serie sólo se dirá que con su fuerza impulsaron el proyecto de su Madre de ser la Reina de Poniente. Lautenschläger asegura que como supervisores estarán al tanto de que los bancos se comporten como el comerciante de Qarth, y no rebajen lo más mínimo el rigor financiero. Más nos vale, porque los bancos, a pesar de todas las prevenciones que se han establecido desde la crisis, siguen contando con el respaldo público de última instancia: las calientes llamaradas que vomitarían los dragones de los proyectos fallidos surgidos de esta nueva magia terminarían quemando en el futuro, otra vez, la cara de la gente.

Regulación bancaria

Carmen Pérez | 11 de febrero de 2016 a las 8:45

El 10 de noviembre comenté la excelente jornada sobre regulación  bancaria que tuvo lugar en  la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. Ya están disponibles en su página web, tvus, los vídeos de este evento:

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-i/

http://tv.us.es/jornadas-de-regulacion-bancaria-ii/

Las conferencias que incluyen son:

Tendencias Regulatorias Globales, a cargo de D. Santiago Fernández de Lis Alonso.        Economista Jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research.

-Nueva Regulación y Unión Bancaria: Una Perspectiva Global, impartida por  D. Francisco Uría Fernández. Socio Responsable del Sector Financiero en KPMG y Responsable del Área Legal de KPMG Abogados.

El Sistema Bancario tras la Crisis. Dr. Emilio Ontiveros Baeza. Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

‘Fintech’, la banca ‘uberizada’

Carmen Pérez | 11 de enero de 2016 a las 10:11

A la gran banca le están creciendo los enanos. Por si no fueran pocos los problemas de eficiencia y rentabilidad que tienen, son muchas las startups que intentan quitarles clientes en algunas áreas de negocio específicas, o incluso en todas. Es el mundo Fintech, acrónimo de los términos anglosajones financial y technology, que engloba a los servicios o empresas del sector financiero que aprovechan las tecnologías más modernas para crear productos innovadores en el campo financiero. La referencia es Uber, la startup que se ha convertido en el paradigma de la disrupción de sectores a nivel mundial. Todos ellos acabarán siendo uberizados; muchos, como la prensa, la hostelería o las aerolíneas, ya lo han experimentado.

En el área que más tiempo se lleva trabajando es la de pagos y transacciones, con empresas como PayPal, o como Cashcloud, con su monedero electrónico para smartphones. Pero la expansión se está produciendo en todos los frentes. Así, son numerosas las empresas que ofrecen préstamos interpersonales o las que financian las ventas de las pyme. Seguros, asesoramiento, optimización de carteras de inversión a través de internet o monederos digitales son otros de los servicios que se están ofreciendo.

El volumen de negocio de esta banca sin bancos no para de crecer. El Financial Times hace pocos días, en su artículo Alternative groups seize business from lenders, señalaba que la consultora McKinsey pronostica que en la próxima década la competencia tecnológica reducirá las ganancias de la industria bancaria en un 60% en los préstamos al por menor, como los préstamos para coches, y entre un 10 y un 35% los beneficios derivados del procesamiento de pagos, los préstamos a pymes, la gestión del patrimonio y las hipotecas. Por su parte, la consultora PwC prevé que los nuevos préstamos peer-to-peer en los EEUU se multiplicarán por veinte para 2025.

Los bancos no sólo ven peligrar las comisiones de esas parcelas de negocio sino también su protagonismo como interlocutor con el cliente en lo relativo a su vida financiera. Algunos todavía creen que las estrictas regulaciones les protegerán y pondrán límites al crecimiento del sector Fintech, aunque otros están adoptando posturas más activas, desarrollando diferentes estrategias: colaborando con ellas, estableciendo alianzas, invirtiendo o incluso comprándolas. Un ejemplo es ING, que se asoció con Kabbage para lanzar una plataforma en línea que ofrece préstamos de hasta 100.000 euros en sólo siete minutos, o la puesta en marcha de la aplicación Twyp con la que se puede enviar y recibir dinero de móvil a móvil.

Pero lo cierto es que estas empresas aún dependen de los bancos para desarrollar su actividad. Primero, por la necesidad de recursos, ya que muchas de las plataformas, como la empresa Lending Club, obtienen hasta un 80% de su liquidez de instituciones financieras y no de particulares, por lo que el resultado final es que los bancos prestan su dinero a través de ellas en vez desde sus sucursales. Y segundo, porque las operaciones terminan finalmente necesitando de cuentas corrientes tradicionales, y esta delicada función de captar fondos reembolsables del público la desarrollan con absoluta exclusividad las entidades que disponen de ficha bancaria.

Pero quizá en el futuro se vaya más allá constituyéndose auténticos bancos Fintech, que, libres de la dependencia bancaria por disponer de licencia propia, ofrecerán directamente a los clientes los productos típicos para captar, mantener y mover los fondos, y el resto de servicios los proporcionará un tercero que seleccionen, compitiendo así con todos los servicios bancarios sin necesidad de crearlos: se tratará de buscarle al cliente en el mercado la solución óptima. Ante esta amenaza, es probable que sean los bancos actuales los que se conviertan en bancosFintech, agregando de nuevo los servicios que las nuevas empresas tecnológicas están desagregando para continuar siendo el punto de referencia en la cuestión financiera.

Lo que esta uberización del sector bancario muestra con claridad es que cualquier escenario concebible pasa por un entendimiento entre los bancos y los innovadores, y que la banca no tiene otra opción que asumir que la tecnología juega un papel fundamental en las actividades financieras cotidianas. El oligopolio del que disfrutaban se está rompiendo, y su tamaño se vuelve en contra frente a la estructura ágil y rápida de estas nuevas plataformas. Disponer de una gran base de datos de clientes pero saber tratarlos de forma personalizada será, como siempre ocurrió en los negocios, la clave del éxito, pero ahora la tecnología reclama, porque lo posibilita, que en el mundo de las finanzas esto se haga de forma diferente.

Riesgo soberano

Carmen Pérez | 2 de diciembre de 2015 a las 8:34

Las regulaciones a veces esconden normas con las que se protegen determinados comportamientos que con el tiempo pueden mostrarse inconvenientes. El Banco Central Europeo, y concretamente Danièle Nouy, la presidenta del Mecanismo Europeo de Supervisión, MUS, quiere cambiar la regulación bancaria para romper el fuerte nexo entre los estados y los bancos radicados en su territorio. Las modificaciones se centran en el tratamiento del riesgo soberano en dos sentidos: uno, tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, norma que ya Aristóteles enunciara para definir lo que entendía por justicia; y dos, respetar el sagrado principio financiero de la diversificación de riesgos.

La regulación bancaria se establece por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, organización internacional que persigue que todos los bancos del mundo se atengan a las adecuadas, y las mismas, reglas de juego. No todos los estados son iguales de fiables para comprarles sus bonos soberanos, las notas que les otorgan las agencias de calificación marcan las diferencias. Así, una Caa1 de Moody’s, como la que tiene Argentina, indica riesgo sustancial, o la Aaa, de Alemania, es propia de un país completamente solvente. Y por ello Basilea señala que los bancos tienen que valorar el riesgo que asumen con los bonos soberanos y respaldarlo con cierto nivel de capital.

Pero la flexibilidad contenida en esa norma fue utilizada por la Comisión Europea para permitir que los bancos europeos puedan considerar los bonos soberanos de todos los países europeos como triple A y, por tanto, que no consuman capital alguno. Antes de la crisis a los bonos soberanos europeos se les consideraban activos carentes de riesgo, pero ahora las cosas son distintas, y aunque es cierto que la mayoría emiten deuda de buena calidad y que las políticas del BCE han rebajado el apetito por la deuda pública, los bancos tendrían que invertir miles de millones en reforzar su capital para cumplir esta obligación. En concreto, la banca española mantiene en cartera 186.340 millones de euros de deuda pública, y nuestra calificación por Moody’s es de Baa2, por lo que sería de los países en los que su banca tendría problemas.

Por otra parte, Basilea también fijó un límite para que la exposición de riesgo de un banco con un mismo -cliente- no pudiera exceder el 25% de los fondos propios netos de la entidad. Se pretende ahora que esta limitación se haga extensiva a los estados, de manera que un banco no pueda acumular de manera ilimitada bonos de un mismo país. La realidad actual es que los bancos suelen ser el principal inversor y tenedor de los títulos emitidos por el Tesoro del país al que pertenecen. Si tenemos una moneda única y una Unión Bancaria, tiene sentido exigir una diversificación del riesgo también en términos de exposiciones soberanas.

El BCE no está solo en esta batalla, el Bundesbank lo alienta; su consejero, Jens Wiedmann, ha declarado recientemente que no hay tiempo que perder, que es más importante que los bancos financien a empresas y particulares que a sus soberanos, y que el trato regulatorio preferente asignado a la deuda soberana, pese a la resistencia de algunos países, debe revisarse: los bonos estatales deben estar respaldados con una cantidad de capital adecuada al riesgo y hay que poner coto a la financiación que los tesoros obtienen de los bancos.

La lógica de estas reivindicaciones es incuestionable, y con seguridad en el futuro se atenderán, pero significan una nueva ocasión para que Alemania se considere desigual de sus socios europeos, que trasluzca su desconfianza hacia ellos ante la perspectiva de compartir riesgos que conlleva finalizar la Unión Bancaria. Si los sintiera iguales, que es de lo que se trata si se quiere construir una verdadera Unión Europea, reivindicaría con la misma fuerza otras medidas, como la emisión de bonos soberanos europeos, que de seguro estarían calificados triple A, y abarataría el coste de financiación de los Estados miembros. Como hemos hecho en España, que el Tesoro Público se está haciendo cargo de financiar la deuda de las comunidades autónomas, que sentimos como iguales a pesar de sus dispares calificaciones crediticias, para aliviarles carga financiera.

Y es que el comportamiento de Alemania siempre recuerda a los leones de la fábula de Antístenes, que Aristóteles narra en su tratado de Política, que preguntan irónicos cuando un grupo de liebres reúne a los animales para reivindicar la igualdad de todos ellos: ¿dónde están vuestras garras y vuestros dientes, liebres? Es lo que hay, por el momento.

Regulación Bancaria

Carmen Pérez | 10 de noviembre de 2015 a las 14:42

logo uni      Excelente jornada sobre regulación  bancaria en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de        la Universidad de Sevilla. Tras la presentación de la señora decana, Carmen Núñez, se impartieron las          siguientes conferencias:

Tendencias Regulatorias Globales, a cargo de D. Santiago Fernández de Lis Alonso.        Economista Jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research.

-Nueva Regulación y Unión Bancaria: Una Perspectiva Global, impartida por  D. Francisco Uría Fernández. Socio Responsable del Sector Financiero en KPMG y Responsable del Área Legal de KPMG Abogados.

El Sistema Bancario tras la Crisis. Dr. Emilio Ontiveros Baeza. Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI).