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¿Cómo nos impactaría una subida de tipos?

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 10:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/6/2018

Realmente, cuando escuchamos las decisiones de política monetaria que ha tomado el Banco Central Europeo, como las de la última semana, lo que nos interesa es saber en qué pueden afectarnos y cuándo empezaríamos a notar sus efectos. El cese de las compras de activos o las subidas de tipos oficiales: ¿cómo se traducen luego a las operaciones financieras concretas que realizamos? Pues bien, el Banco de España (BdE) ha publicado esta semana un artículo en el que realiza una evaluación del impacto que tendría una hipotética subida de los tipos de interés –un 1%– en las cuentas públicas, en las empresas y en los hogares españoles en el horizonte temporal 2018-2020. Sin entrar en los aspectos metodológicos que lo sustentan, es posible entresacar algunas de las conclusiones que se alcanzan sobre en el grado en que se verían negativamente afectadas las rentas de los tres sectores.

La forma de financiarse de la Administración Pública, fundamentalmente a largo plazo y a tipo fijo, hace que las subidas o bajadas de los intereses oficiales tarden en notarse: el coste de la masa completa de deuda se mueve con inercia porque el impacto de los cambios en los tipos sólo se va acusando en la parte que se renueva. Aun así, la tendencia descendente que arrastra se paralizaría; y en el escenario más adverso, el estudio estima que la carga financiera neta se incrementarían en un 0,3% del PIB. Además, el BdE advierte que al haber crecido el volumen de deuda se ha vuelto más sensible a posibles variaciones de tipos de interés. También, que este aumento futuro del coste es muy relevante porque no hay margen para absorberlos en los presupuestos proyectados en el periodo analizado.

Por el contrario, las empresas y las familias enseguida notarían los cambios, dado que las renovaciones o vencimientos les llegan a corto plazo y están endeudadas a tipo variable. Para ambos colectivos, incluso sin elevaciones de tipos oficiales, el coste de financiación ya no seguirá bajando; y si suben ese 1% simulado, el impacto negativo neto para las empresas sería del 1,5% del excedente bruto de explotación; y para las familias, se consumiría un 0,6% más de la renta bruta disponible (RBD) al final del horizonte considerado. A diferencia de lo que ocurre en la administración pública, el impacto adverso global en estos dos sectores es menor que en simulaciones anteriores por el notable desendeudamiento durante los últimos años.

Este trabajo, como todos, hay que tomarlo con mucha cautela porque están llenos de supuestos de partida que pueden cambiar de un día para otro. De hecho, está realizado con anterioridad a las últimas decisiones monetarias. Pero, en todo caso, tenemos que ir asumiendo que el coste de la financiación se irá elevando. Lo harán poco a poco, como ha repetido Draghi en un discurso en Sintra esta semana: “Seremos pacientes a la hora de determinar el momento en que se producirá la primera subida de los tipos, y a partir de ese momento adoptaremos un enfoque gradual para ajustar la política paulatinamente”. Esto nos tranquiliza a los endeudados, pero esa paciencia de Draghi a los pequeños ahorradores los está haciendo santos.

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La inflación despierta, cesan las compras

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 9:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/6/2018

Nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) y nuevas caras entre sus miembros: Luis de Guindos, vicepresidente de la entidad, y Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. Se han estrenado en estos encuentros en un momento crucial. Ya lo había adelantado Peter Praet, miembro del Comité Ejecutivo, en una conferencia la pasada semana: en esta ocasión se evaluaría si la mejora de la situación económica permite el desmantelamiento del tinglado de bonos levantado estos últimos años. Así ha sido, y el final de las compras ha quedado fijado para diciembre de 2018. Y por primera vez se ha mencionado un plazo, aunque abierto, para poder empezar a subir el precio del dinero: a partir del verano de 2019.

Con seguridad esta decisión ha venido presionada por la aceleración en la normalización monetaria en EEUU. Tal y como se esperaba, el miércoles la FED subió un cuarto de punto los tipos de interés. Con un crecimiento del 2,8%, una tasa de paro en mínimos históricos y la inflación en el 2,8%, esta decisión estaba más que descontada. Pero también elevó el ritmo futuro, dejando establecido que subirán dos veces más a lo largo de este año, en lugar de una más, como estaba programado.

Pero, sobre todo, lo que habrá empujado con fuerza para tomarla es el repunte de la inflación del mes de mayo, que alcanzó el 1,9% en la zona euro. También lo había comentado ya Praet en su conferencia. La principal intersección entre el crecimiento y la inflación es el mercado laboral. Y la fuerte creación de empleo de estos últimos años está presionando los salarios al alza, y éstos a su vez al incremento de los precios. Ayer Draghi señaló que el BCE había elevado sus estimaciones de inflación (IAPC) para este año hasta el 1,7%, frente al 1,4% previsto en marzo, y que esta tasa se mantendrá en los dos años siguientes.

Así, el cese de las compras se ha determinado a pesar de que los indicadores económicos siguen apuntando a una ralentización de la expansión. De hecho, las previsiones del PIB de la Eurozona se han corregido a la baja. Pero Draghi consideró que era normal tras el alto crecimiento de los años anteriores. Además, afirmó que “los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro siguen siendo ampliamente equilibrados”, en referencia al mayor proteccionismo comercial o a lo ocurrido en Italia.

No obstante la firmeza de la decisión de ayer, el BCE se ha guardado cartuchos muy importantes. Prolonga las compras, aunque a menor nivel, hasta diciembre. Cuenta con la reinversión de los títulos que van venciendo, que persistirá durante el tiempo necesario. Y ha dejado abierta la fecha de subida de tipos. El apoyo monetario, por tanto, continuará. Pero ha sido una contundente advertencia a los países europeos, para que no sigan obviando los habituales mensajes finales de los discursos de Draghi: la necesidad de reformas estructurales que potencien el crecimiento, de que los países muy endeudados construyan colchones fiscales, de que se respeten las normas del euro, y de que se complete la unión bancaria y de los mercados de capitales. Porque se acaba el tiempo.

Salir de la droga financiera no será fácil

Carmen Pérez | 30 de abril de 2018 a las 20:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/4/2018

No, no va a ser fácil acabar con el dopaje del Banco Central Europeo. La buena marcha de la economía del pasado año permitió a Mario Draghi iniciar el abandono de los estímulos. Por entonces, dejó planificado el camino hacia la normalización financiera, aunque de forma muy gradual y sin cerrar ninguna puerta. Ayer se celebró una nueva reunión del Consejo de Gobierno del BCE. En esta ocasión, con la expectación puesta en si la debilidad de los datos económicos recientes de la eurozona iban a obligarle a reevaluar sus cálculos. No obstante, Draghi no ha alterado en absoluto su hoja de ruta.

“El misterio de la desaceleración de la Eurozona”, “La economía de la Eurozona: ¿una desagradable sorpresa?” o “La debilidad de la zona del euro plantea la perspectiva de una larga despedida para el estímulo de la crisis” son los títulos de algunos artículos del Financial Times de estas de estas últimas semanas donde se resaltan las debilidades de la eurozona. Es verdad que algunos autores de ese periódico suelen ser agoreros, no sin cierta alegría, con nuestra economía. Pero contienen datos. Y los datos no son subjetivos.

La producción industrial cayó un 1,6% en febrero. Las exportaciones descendieron un 3,2% desde enero, la mayor caída desde agosto de 2015. En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más vigilados del país, que mide la confianza en la economía, cayó en marzo a un mínimo de cinco años. El índice Sentix, que evalúa el sentimiento de los inversores para la eurozona, descendió en marzo por tercer mes consecutivo. Gavyn Davis, el autor de uno de esos artículos, lo resume: “El optimismo se ha debilitado por una desaceleración repentina y bastante brusca de la actividad en la zona del euro, una región que hasta hace poco lideraba la expansión mundial”.

Draghi, ayer, reconoció la existencia de este estancamiento: “Casi todos los países de la zona euro han experimentado una moderación del crecimiento o una pérdida de momentum“. Sin embargo, prefirió darle a la economía el beneficio de la duda y no cambiar en nada el plan programado. Confía en que el crecimiento se mantenga sólido, y achaca esta situación a factores puntuales como el frío extremo, las huelgas, la fecha de la Semana Santa, y a la amenaza de guerra comercial lanzada por EEUU.

La reunión de junio será decisiva. Entonces no tendrá más remedio que pronunciarse sobre si la compra de bonos seguirá el próximo año, lo que conllevaría que el aumento de las tasas de interés se retrasaría. Además, todo dependerá de la inflación, la única variable por la que el BCE decide actuar en uno u otro sentido. Las estimaciones la mantienen en los próximos años por debajo del 2% objetivo. Si se disparara, por el incremento de los precios de la energía o de las materias primas, se aceleraría sin más remedio la retirada de estímulos. Si deja margen, y persiste la debilidad de la eurozona, podría incluso incrementarlos. En este último caso, la tragedia estaría al llegar la próxima recesión, que llegará, porque el BCE se encontraría con sus armas gastadas: sin salir del dopaje actual, tendría que diseñar una nueva droga que suministrar para volver a activar la economía.

El BCE y la gestión del miedo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/3/2018

El que piense que el protagonismo del Banco Central Europeo va a ser menor ahora que la las economías de la Eurozona están recuperadas se equivoca. La etapa actual es incluso más delicada que la pasada. Durante estos últimos años, el BCE ha comprado masivamente activos financieros, engordando su balance hasta los 4,5 billones de euros. No le va a resultar nada fácil deshacerse de todo eso. Tampoco va a ser moco de pavo subir los tipos de interés después de haberlos mantenido tanto tiempo por los suelos. El BCE quiere que la transición sea muy lenta, para no fastidiar la recuperación económica y para que no se produzcan turbulencias en los mercados financieros. Pero cualquier señal que augure un ritmo más rápido puede desatar el miedo. Y, como dijo Montaigne, “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”.

Ha pasado en EEUU, que nos lleva la delantera en este desarrollo. El conocido como el “indicador del miedo”, tras una anormal calma chicha de meses y meses, dio de repente un respingo y subió a más del doble en una sola sesión de febrero. La Bolsa sufrió un importante descenso. Llevaba años creciendo gracias a la política monetaria, que fue debilitando el sentido del riesgo. Ha sido una primera cura de verdad: si los tipos de interés suben, esos precios no son correctos. La posibilidad de que la subida se acelerara por la política fiscal de Trump, que añade palos a una economía que arde con fuerza, desencadenó el proceso.

No le viene mal este suceso al BCE, porque ayuda a que en la Eurozona se tome conciencia de que progresivamente también aquí se irá caminando hacia la normalización financiera. De hecho, ayer, el BCE, que celebró un nuevo Consejo de Gobierno, dio un pasito más en esta línea, suprimiendo la posibilidad de aumentar el volumen de las compras, aunque mantuvo que podrían prolongarse en los términos actuales más allá de septiembre. Los tipos de interés permanecen sin cambios, y así seguirán hasta más allá de que el programa de compras cese.

Draghi se mostró optimista en cuanto al crecimiento, elevando una décima el esperado para la zona euro este año (2,4%). También afirmó que aún no hay presiones inflacionistas preocupantes. Y mientras la inflación lo permita, la retirada de los estímulos será muy gradual, y el BCE podrá conseguir que no decaigan las inversiones de las empresas, y que sigan generando empleo; que no se venga abajo el consumo de los ciudadanos; y que no haya pánicos en los mercados financieros.

Pero en la conferencia posterior salieron a relucir importantes riesgos que podrían perjudicar este proceso, como la guerra comercial que ha declarado Trump o la elevada deuda de algunos países europeos. No son los únicos riesgos. La incertidumbre política de Italia, la actividad económica de China o el problema catalán en España son otros, que aunque no se nombraran están sobre la mesa. Y de fondo de escenario, un mundo con una descomunal deuda, el 318% del PIB, por la que cada subida de tipos causará un gran efecto. En este complicado contexto, el BCE tiene que gestionar bien que no se desmande el miedo. Porque, como decía Sófocles, “todo son ruidos, para quién tiene miedo”.

En defensa del efectivo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/3/2018

Cada día, haciendo las compras, nos es posible observar cómo nos estamos añadiendo masivamente al pago con tarjeta. Hasta para pagar el pan o el tabaco. Con las nuevas tarjetas contactless no hay ni que introducir el PIN si el importe no supera los 20 euros. Ir al cajero, que cada vez está más lejos y en el que siempre hay que guardar cola, nos está resultando una lata. Los bancos están encantados con esta tendencia y nos empujan a seguirla. En Suecia, que van años por delante en este proceso, el cartel No se acepta dinero en efectivo está colgado con frecuencia en tiendas, restaurantes y demás comercios. Los pagos digitales son tan cómodos, tan asépticos, tan rápidos… Sin embargo, también nos es posible observar en las declaraciones de los dirigentes de los bancos centrales que están preocupados por la desaparición del dinero físico.

Hace unos días, el gobernador del Banco Central de Suecia, Stefan Ingves, salió en defensa del efectivo, señalando que el Risksbank está analizando atentamente esta evolución, y advirtió a los bancos que tienen la obligación de dar cambio en efectivo a los clientes que así lo soliciten. También, hace pocos días, Yves Mersch, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, en su discurso, The role of euro banknotes as legal tender, se pronunció en el mismo sentido.

Aludió a la libertad: los ciudadanos pueden usar efectivo para ejercer sus derechos fundamentales sin que el Estado u otros terceros puedan rastrear inmediatamente las transacciones financieras involucradas. Y ante el argumento de su conexión con las actividades criminales, señaló que el enfoque debe estar en la lucha contra el crimen, que el dinero en efectivo no debe convertirse en el chivo expiatorio. Además, apeló a la igualdad y la participación: el efectivo por su fácil acceso favorece especialmente a los ancianos, a los socialmente vulnerables y a los menores. Por último, mencionó la seguridad y la protección: el efectivo siempre funciona, no está sujeto a posibles fallos de Internet o informáticos.

Y de forma vehemente terminó asegurando que el eurosistema seguirá garantizando la existencia de efectivo en euros. Que es la única forma “en la que el banco central puede salvaguardar el papel que juegan los billetes y monedas en la protección de los derechos y las libertades fundamentales de los pueblos de Europa”.

Pero resulta difícil pensar que esta tendencia hacia los pagos digitales pueda pararse. Actualmente, los billetes y monedas en circulación ascienden sólo a 1,1 billones de euros, frente a los 17,5 billones de euros depositados en instituciones bancarias. Y ahí reside la verdadera preocupación de los bancos centrales: la creación de dinero está quedando en poder de la banca. De ningún modo pueden permitir que se rompan los lazos que el dinero físico establece entre los bancos centrales y las personas. Stefan Ingves mencionó que están analizando la creación de una e-corona sueca para pagos digitales a partir de finales del próximo año. El BCE también está estudiando la implantación del e-euro. Y mientras llegan las monedas digitales soberanas, los billetes y monedas que manejamos estarán actuando como límite y contrapunto a la banca.

Foro de Davos, BCE y la calidad del crecimiento

Carmen Pérez | 27 de enero de 2018 a las 10:24

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/1/2018

2,24 billones de euros después, la recuperación de la Eurozona es una realidad . Las cifras macroeconómicas así lo indican, tanto en términos de crecimiento como de generación de empleo y consumo. En este clima de euforia, se esperaba con expectación la intervención de ayer de Mario Draghi, tras la primera reunión del año del Banco Central Europeo. Toda la atención a sus palabras, para escudriñar si iba a acelerar el ritmo de la normalización monetaria. También esta semana, las miradas están puestas en los discursos del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos. Allí los planteamientos son distintos. Se discute, entre otros asuntos, sobre desigualdad y capitalismo sostenible.

Draghi no varió, respecto de la última reunión, ni una coma. Mantuvo sin cambios los tipos de interés, las compras de activos de 30.000 millones de euros mensuales hasta septiembre, la reinversión de las cantidades que fueran venciendo y la posibilidad de ampliar las compras si fuera necesario. Reiteró también que los tipos de interés no subirán hasta mucho más allá de que la compra de activos finalice. Todo un compás de espera, porque la inflación sigue por debajo del 2%, y por los posibles efectos deflacionarios derivados de la fortaleza del euro, que cotiza ya a 1,25 dólares.

Y a pesar de que las previsiones de crecimiento para la Eurozona, que se han vuelto a revisar otra vez más al alza, invitan al optimismo, Draghi volvió a insistir en la necesidad de acometer reformas estructurales, de colchones fiscales en los países muy endeudados, de finalizar la Unión Bancaria y la Unión del Mercado de Capitales o de sostener unas finanzas públicas más favorables al crecimiento. Podría haber utilizado perfectamente la metáfora a la que acude Alberto Gallo en su artículo del Financial Times del miércoles: “Al igual que un equipo de fútbol que intenta defender una ventaja frágil de la primera mitad, Europa necesita soluciones concretas para mantener bajo el riesgo y el impulso del crecimiento”.

Tampoco, en el Foro de Davos, conscientes de la creciente desigualdad, se apuntan a la euforia por los incrementos del PIB que se están experimentando: la recuperación no está llegando a todos, no está conllevando un desarrollo inclusivo. El presidente francés, Emmanuel Macron, es uno de los líderes que lo han dicho más claro. En su discurso reconoció que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente, porque ha dejado fuera del progreso a muchas personas.

En Europa, los movimientos populistas y euroescépticos se han contenido. De momento. Pero pueden recrudecerse si los políticos no reforman y fortalecen la Eurozona. No deberían desperdiciar el tiempo que está concediendo la favorable política monetaria. Porque el principal riesgo ahora está en la inflación. JP Morgan la considera uno de los riesgos globales más importantes para 2018. Si las previsiones fallan y los precios sorprenden elevándose rápido, los bancos centrales echarían el freno de forma inmediata. Entonces, ni los 2,24 billones de euros que lleva comprados el BCE ni el esfuerzo que se le está imponiendo a los inversores minoristas habrán servido para que Europa gane el segundo tiempo.

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La subida de tipos de interés se atrasa

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/9/2017

Desde que en julio de 2012 Mario Draghi pronunció aquella frase -“Haré todo lo que sea necesario para preservar al euro, y créanme será suficiente”-, ha sido consecuente: fue bajando los tipos de interés hasta llevarlos a terreno negativo y ha realizado un monumental programa de compras de activos financieros, fundamentalmente bonos soberanos europeos. Puede decirse que Draghi ha cumplido su palabra: la economía de la zona euro ha salido del pozo en el que se encontraba. Ayer hubo una nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), y Draghi prosigue con la misma autoridad en esta nueva y delicada fase, en la que hay que determinar cuándo y cómo se va a proceder a la retirada de los estímulos monetarios, resistiendo las fuertes presiones de algunos países europeos, y también de la banca, que están en desacuerdo con lo que él está desarrollando.

Draghi sabe que una salida prematura o demasiado radical podría revertir la recuperación y arruinar su éxito. Tiene muy presente el mal que supuso para la economía de la Eurozona -especialmente para España- que Jean-Claude Trichet, el gobernador del BCE por entonces, subiera los tipos de interés en 2011. Así, aunque la buena previsión en cuanto al crecimiento -se ha elevado hasta el 2,2% para 2017- empuja a iniciar la retirada, ayer Draghi siguió sin mover ficha, manteniendo los mismos tipos de interés y las compras hasta diciembre, como estaban planificadas.

Y es que otra variable -la fortaleza del euro de estos últimos meses- se ha vuelto condicionante para la eliminación de los estímulos, o incluso para reavivarlos. Actualmente el euro cotiza a 1,2 dólares, tras una subida del 13% en este año. Un euro fuerte puede perjudicar la recuperación económica, por el efecto negativo en las exportaciones; y porque puede presionar la inflación a la baja, por el abaratamiento de las importaciones. Aunque Draghi no quiso darle demasiada importancia a este tema, señalando que “el tipo de cambio no es objetivo de la política monetaria”, terminó reconociendo que afecta a la estabilidad de los precios, por lo que hay que vigilarlo de forma estrecha.

“Este otoño revisaremos y decidiremos el calibre de nuestra política monetaria”, dijo, remitiendo a la reunión de octubre para los detalles de qué pasará a partir de enero con las compras. En cuanto a los tipos de interés subrayó repetidamente que seguiría manteniéndolos en los niveles actuales hasta mucho más allá de las compras de activos. Y todo hace pensar desde ayer que esa fecha se atrasa. Por las previsiones de inflación que manejó, 1,5%, 1,2% y 1,5% para 2017, 2018 y 2019, que están lejos del objetivo del 2%. Y porque puede acentuarse la escalada del euro frente al dólar si la Reserva Federal reduce el ritmo de subidas de sus tipos de interés y si persisten los graves problemas políticos de EEUU con Corea del Norte. Así lo interpretó el mercado: los futuros sobre los tipos de interés marcaban una probabilidad sólo del 34% de que subieran el próximo año. Esta probabilidad era del 90% hace seis meses, y del 46% justo antes de que la reunión de Draghi empezara.

Inflación y mercado de trabajo

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/6/2017

Vaya despliegue de conceptos económicos hizo Mario Draghi esta semana, en su discurso de apertura del Foro organizado por el BCE en Sintra. Sacó a relucir la curva de Phillips, la holgura económica, o las tasas U6 y Nairu. El discurso fue todo un alegato a favor de su política monetaria. Y es que su actuación está siendo muy cuestionada por los que se sienten perjudicados: ahorradores, algunos países y la banca. Pero, sobre todo, necesita defenderse del ataque a la premisa mayor: que su política monetaria no está funcionando. Tras años con bajísimos tipos de interés, y de haber llevado el balance del BCE a superar los 4 billones de euros -el 38,2% del PIB de la zona euro-, no ha conseguido cumplir con su mandato. Así que fue directo al grano: ¿por qué la inflación se resiste a alcanzar el objetivo del 2%? Y señala el comportamiento del mercado laboral como una de las causas.

Sí está funcionando -defiende- sus efectos en la economía real se están notando con claridad. Ahí están los 16 trimestres consecutivos de crecimiento, con poca dispersión además entre los países, y ahí están las tasas de crecimiento del empleo: 6,4 millones de puestos de trabajo nuevos en la Eurozona desde el inicio de la recuperación. Sin embargo, esta reactivación de la economía no se está traduciendo en inflación a la velocidad que debiera. Y apunta varias causas. Alguna, más que comentada en el pasado, como los bajos precios en los mercados de energía y de materias primas a nivel mundial. Algunas otras, que por primera vez desarrolla, como la situación del mercado de trabajo.

El empleo que se está creando es precario: a muchos trabajadores les gustaría trabajar más horas o tienen trabajos temporales y quieren ser fijos. Así, en las negociaciones priorizan conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. Además, la cifra de paro oficial es engañosa, debería incluirse en ella a los desempleados, a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. De esta forma, el paro en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa. Por otra parte, la misma baja inflación provoca que suban poco los salarios, se retroalimentan, porque suelen estar indexados.

Confianza, persistencia y prudencia son las tres palabras que destacan en el discurso de Draghi: las pone en cursiva y las repite hasta tres veces. Con ellas afirmaba que va a seguir manteniendo un caldo de cultivo propicio para la recuperación. Y considera que circunstancias concretas, como la baja calidad del mercado de trabajo, retrasan pero no van a impedir que se alcance el objetivo de inflación. Pero el desplazamiento que hace desde los conceptos financieros habituales a los económicos es muy significativo. Ya no habla en abstracto, sino que desciende a señalar problemas económicos concretos que tienen que resolverse: defendía su actuación, pero a la vez estaba lanzando una nueva llamada -como tantas lleva hechas- para que las políticas fiscales acompañen a las monetarias.

(Un año ya a cargo de esta Tribuna Económica. Muchas gracias a todos mis lectores. Espero haber sido útil.)

Sutileza financiera

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/6/2017

Nueva cita ayer con Draghi. Otra vez el mismo rito. Nota de prensa a las 13:45 comunicando las decisiones de política monetaria del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). Conferencia posterior, a las 14:30, justificando esas decisiones. Y preguntas finales de los periodistas, indagando sobre las circunstancias en las que se han tomado, sobre si el acuerdo ha sido unánime o por la influencia que han tenido los acontecimientos políticos recientes o los que están por venir en un tiempo próximo. Y en esta ocasión, además, el Banco Popular acaparó parte del espacio. Pero la nota de prensa y el discurso posterior tienen siempre tan parecido formato que permite comparar frase a frase, detectando las variaciones de una cita a otra. Como hace el BBVA Research, que con el “control de cambios” del procesador de textos señala las que permanecen, las nuevas y las que se han eliminado.

Se esperaban cambios en la política monetaria, pero en la reunión de ayer no se abordaron. Se mantuvieron los tipos de interés en los mismos niveles que estaban, y se confirmó que las compras de activos mensuales por valor de 60.000 millones de euros seguirán realizándose -como estaba previsto- hasta finales de 2017. Casi que podían haber cogido la nota de prensa de hace seis semanas y haberla reutilizado, salvo por unas palabras en las ya habituales coletillas a ambas decisiones que sí han variado: se continua precisando que se podría ampliar el volumen y/o la duración del programa de compras si fuese necesario, pero ya sólo se espera que los tipos se mantengan en los niveles actuales por un largo tiempo: “O en niveles inferiores” se ha tachado.

Esto puede interpretarse como un sutilísimo gesto de cambio de tendencia, el inicio hacia la normalización monetaria. Se esperaba esto como mínimo, dado el consistente crecimiento de la economía de la Eurozona. No obstante, las previsiones de la inflación han sido retocadas a la baja: el 1,5% para 2017, el 1,3% para 2018 y el 1,6% para 2019. Por eso Draghi fue firme defendiendo que hay que seguir manteniendo la actual política monetaria, que no procede discutir por ahora la retirada. Ya lo había anticipado en la conferencia que impartió en Madrid el 29 de mayo: “Hay que mantener los estímulos a un nivel sustancial pese a que los riesgos se hayan equilibrado”.

El presidente del Bundesbank, el banco central de Alemania, Jens Weidmann, comparó el lunes pasado la política monetaria del BCE con la Coca-Cola. Por sus efectos estimulantes y sus adversos efectos secundarios. Fue muy suave al añadir lo de Cola. La economía de la Eurozona está demasiado enganchada a los bajos tipos de interés y a las compras. Su vigor actual puede venirse abajo si se suprime la droga. Al final de su discurso, Draghi volvió a pedir a los países que acometan reformas estructurales y que intensifiquen sus esfuerzos para lograr una composición de las finanzas públicas más favorable al crecimiento. El “control de cambios” lleva ya muchas citas sin modificar en las frases sobre estas peticiones ni una palabra. Y mientras persistan, quizá tampoco Draghi podrá tachar las de su política monetaria.

Violencia financiera contra el depositante

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/12/2016

No es una noticia nueva que en estos últimos años los depositantes están siendo castigados a consecuencia de la política monetaria que está desarrollando el Banco Central Europeo. Ellos bien lo saben, han visto cómo se han ido reduciendo los intereses que percibían por sus ahorros hasta prácticamente anularse.

De hecho, la media de la retribución de los depósitos españoles alcanzó en octubre un mínimo histórico, el 0,13 %. Y dadas las decisiones tomadas por el BCE el pasado 8 de diciembre, al menos en 2017 y 2018 las cosas no van a mejorarse. Además, por si esta intervención pública no fuera ya suficientemente injusta con los pequeños ahorradores, convirtiéndolos en verdaderas víctimas de la crisis, un nuevo factor viene a machacarles.

El ahorro de los hogares españoles, que está concentrado en depósitos en un 42,8%, se enfrenta en los próximos años a tipos de interés nulos -o incluso negativos- junto con una inflación creciente: el escenario más desfavorable.

Uno de los principales argumentos del BCE para defenderse de las críticas a su política ha sido que hay que observar los tipos de interés reales y no los nominales: de tipos muy bajos pero con inflación negativa resultan rentabilidades aceptables. Y comparaba con épocas en las que los tipos se movían a niveles mayores pero con tasas de inflación cercanas al 2%. Pero ahora el razonamiento se le ha vuelto en contra: según el INE, los precios en España en noviembre han aumentado un 0,7% interanual, y las expectativas del BCE para los dos próximos años son del 1,3% y 1,5% respectivamente: ésa es la pérdida de valor que van a sufrir los depositantes.

La incoherencia financiera en la que vivimos es sorprendente: ¿dónde queda aquello de que el ahorro de la población es de gran importancia en la economía tanto individual como de la población en general? ¿Qué pensar al leer frases como “fomentar el hábito de ahorro es uno de los mejores regalos que puede hacer a sus hijos” o “saber ahorrar de una forma adecuada está en la base de la educación financiera”, extraídas de la web Finanzas para Todos, base del plan de educación financiera del Banco de España y la CNMV, y que estarán presentes también en los portales de los demás supervisores financieros europeos? ¿Cómo se puede aconsejar y alabar un determinado comportamiento y al mismo tiempo torpedearlo?

Los 758.000 millones de euros en depósitos a hogares en España corresponden en gran parte a ahorradores minoristas y conservadores, que consiguen sus ahorros a base de esfuerzo y sacrificio. Entienden que, por gozar de la protección estatal -hasta 100.000 euros por titular y entidad-, sólo pueden esperar rendimientos por renunciar a la disponibilidad de su dinero durante un plazo. Por contra, privados ya de intereses, ahora empezarán a descapitalizarse. Para evitarlo tendrían que emigrar hacia productos de mayor complejidad y riesgo. Pero ellos ni saben ni quieren especular con su dinero. Se les incita a actuar en contra de su natural modo de proceder, se están aplicando medios para vencer su resistencia, su repugnancia a hacer algo: exactamente así es como define la palabra violencia la Real Academia Española.