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Bonos verdes

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/5/2017

Los bonos verdes están de moda. Sus emisiones se han disparado desde que se celebró la Cumbre de París, la conferencia sobre el clima más importante de la historia. Con estos bonos se financian proyectos específicos -energías renovables, transporte sostenible, eficiencia energética, adaptación cambio climático o tratamiento de aguas- cuyo objetivo sea paralizar el calentamiento global. El volumen de bonos verdes ha pasado de los 2.600 millones de dólares en 2013 a los 81.000 en 2016, y se espera que 2017 se cierre con más de 150.000 millones de dólares. Y las cifras serán aún mayores si los gobiernos se animan a incentivarlos, como hacen ya China, Suecia o Francia. Sin embargo, en nuestro país este mercado aún está por desarrollar, y la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética podría hacer mucho por ello. Precisamente, ayer jueves, Mariano Rajoy, inauguró las jornadas “España, juntos por el clima”, que establecerán las bases para la elaboración de su anteproyecto.

Los emisores son de todo tipo: organismos internacionales, como el Banco Mundial. Algunos Estados, como Polonia, el primero en hacerlo, o Francia, que ha emitido este año la de mayor volumen hasta la fecha, 7.500 millones de euros. Ciudades de todo el mundo. Entidades financieras. Y, cada vez más, empresas. En definitiva, todos aquellos que tienen un compromiso con la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera. En España, Iberdrola -la pionera- cuenta con varias emisiones, y hace unos días, Repsol -la primera empresa de hidrocarburos que lo hace en el mundo- emitió bonos verdes por 500 millones de euros. También son emisores verdes la Comunidad de Madrid, Abengoa o el ICO.

Los compradores son fondos de pensiones, aseguradoras y bancos. El mercado minorista aún no participa, dado sus altos valores nominales. El desarrollo de fondos de inversión o fondos cotizados verdes -como el de la Caja de Ingenieros- o la emisión de bonos verdes soberanos con nominales de 1.000 euros serían algunas de las vías que podrían darle entrada al pequeño inversor. Financieramente no se diferencian de los bonos comunes, aunque con ellos el emisor tiene que certificar que los fondos se van a destinar para fines verdes.

Es por esto último que el desarrollo de este mercado está yendo unido a un progresivo incremento de la transparencia. El inversor necesita contar con la seguridad de que los proyectos son verdes e incluso conocer el grado de verdor que aportan. Es decir, eliminar el riesgo de greenwashing. Así, empresas especializadas certifican las emisiones conforme a dos marcos principales: los Principios de los Bonos Verdes de la Asociación Internacional de los Mercados de Capitales y los estándares de la Iniciativa de Bonos Climáticos. Pero China, por ejemplo, utiliza sus propias reglas. Es de esperar que se avance hacia una armonización completa porque sólo con estándares internacionales los bonos verdes podrán convertirse en una herramienta financiera eficaz que contribuya a que el nuevo acuerdo global para la lucha contra el cambio climático, sustituto del de Kioto y que fue firmado en Paris por 190 países, termine cumpliéndose.

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Liquidez macro e iliquidez del mercado

Carmen Pérez | 8 de junio de 2015 a las 7:09

Resulta que con las políticas monetarias  no convencionales (tasas de interés cercanas a cero e incremento  de la base monetaria),  que han ido desarrollando los bancos centrales, se ha  generado un exceso gigantesco de liquidez. Esto provoca que se mantengan bajas las tasas de interés a corto y largo plazo (e inclusive negativas), baje la volatilidad de los mercados de bonos y aumenten mucho los precios de los activos (acciones, bienes raíces y bonos de renta fija del sector público y privado).

Sin embargo, una serie de sacudidas recientes (la última, hace un mes, cuando en pocos días los rendimientos de los bonos alemanes a 10 años pasaron de cinco puntos básicos a casi 80) sugieren que la liquidez macro ahora está asociada a una severa iliquidez del mercado. Nouriel Roubini nos explica las causas en su artículo “The Liquidity Time Bomb”, para Project Syndicate  (http://www.project-syndicate.org/commentary/liquidity-market-volatility-flash-crash-by-nouriel-roubini-2015-05) :

  •  Los operadores de alta frecuencia, al usar programas informáticos con algoritmos para seguir las tendencias de los mercados, son responsables del mayor porcentaje de las transacciones y conducen a un comportamiento en manada.
  • Los activos de renta fija se negocian principalmente en mercados extrabursátiles ilíquidos, a diferencia de los mercados bursátiles.
  • Hay un exceso de renta fija, debido a la emisión vertiginosa de deudas privadas y públicas. Pero además, los grandes inversores son Fondos, que permiten salir sus partícipes en 24 horas: la necesidad de vender activos ilíquidos puede llevar su precio a niveles muy bajos en muy poco tiempo.
  • Los bancos antes de la crisis de 2008 eran creadores de mercado en instrumentos de renta fija, lo que ayudaba a mantener la liquidez y reducir la volatilidad. Las nuevas regulaciones penalizan este tipo de operaciones, por lo que  han reducido su actividad de creación de mercado.

Siendo así las cosas, cualquier sorpresa  puede ser  dramática. Esta combinación de liquidez macro y de iliquidez de mercado es una bomba de tiempo, nos dice Roubini. Hasta ahora, sólo ha conllevado cambios repentinos en los rendimientos de los bonos y los precios de las acciones. Pero, mientras más se prolongue esta actuación de los bancos centrales, más se alimentarán las burbujas de acciones, bonos y otros mercados de activos. En tanto más inversores inviertan en activos sobrevaluados y cada vez más ilíquidos -como los bonos-, el riesgo de una crisis a largo plazo aumenta. Este es el resultado paradójico de las políticas implementadas para responder a la crisis financiera: la liquidez macro está alimentando períodos de bonanza y burbujas; pero la iliquidez de mercado terminará dando lugar a un descalabro y finalmente a un colapso.