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La banca española y la crisis catalana

Carmen Pérez | 29 de noviembre de 2017 a las 8:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 10/11/2017

A final de octubre, Mario Draghi, en la conferencia que ofreció para explicar las decisiones adoptadas de política monetaria, fue interrogado por los periodistas sobre la crisis catalana. “Es muy difícil comentar acontecimientos que cambian a diario”, dijo, asegurando que los siguen atentos porque son de significativa importancia. Las semanas anteriores se habían superado situaciones delicadas con la banca catalana. Basta recordar la amenaza de Oriol Junqueras al BCE de que una posible airada reacción ciudadana podría derivar en una peligrosa “retirada de depósitos” y el intento posterior de hacerla realidad por los independentistas catalanes. O recordar las salidas masivas de depósitos de los bancos de Cataluña, que sólo pudieron detenerse con los cambios de sus sedes sociales. Han pasado unos días y el riesgo financiero se agrava: el proceso de deterioro de la economía española puede llegar a afectar a toda la banca.

Las advertencias sobre este deterioro económico no paran. El servicio de estudios del BBVA ha recortado tres décimas su previsión de crecimiento para 2018. El Banco de España incluso aporta otro escenario más adverso, en el que el descenso superaría el 2,5% del PIB en los próximos dos años. Por su parte, el ministro de Economía, Luis de Guindos, cifró en unos 5.000 millones el impacto del desafío independentista catalán este año. El FMI, consultoras, agencias de calificación y las propias empresas coinciden en asegurar que la economía española se está resintiendo y que el daño será mayor si la crisis se alarga.

Y estos impactos negativos no golpean a una economía sana. La conclusión del Panel de Seguimiento de la Economía Española de la Fundación de Estudios Financieros y el Instituto Español de Analistas Financieros es rotunda: España sigue siendo financieramente vulnerable. La deuda sigue siendo muy alta: el descenso del endeudamiento privado -empresas y familias- ha sido intenso, pero está lejos del nivel recomendado por Europa. Además, su decremento ha ido paralelo al crecimiento de la deuda pública, estabilizada en torno al 100% del PIB, pero a distancia del 60% que marca la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Tampoco ha mejorado la posición deudora respecto al exterior: España sigue necesitando apelar de forma amplia y recurrente a los mercados internacionales para financiarse.

Por ello, es completamente necesario no perder la confianza del inversor o la prima de riesgo iría al alza. En este caso, los bonos soberanos españoles bajarían de valor, perjudicando a los bancos españoles, que los tienen en sus balances en abundancia. Es más, actualmente la credibilidad de un sistema bancario depende -por la protección de los depósitos- de la solidez del país soberano que lo respalda. El perverso bucle riesgo soberano riesgo bancario se podría poner otra vez en marcha.

Quizás sea prematuro, como afirmó Draghi en esa conferencia, temer que esté en riesgo la estabilidad financiera de España. Bruselas también fue muy prudente ayer cuando mejoró incluso las previsiones económicas. Pero los catalanes deberían tener presente este posible y peligroso desarrollo cuando en diciembre emitan su voto.

Munición financiera

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 06 Octubre, 2017

Ante el referéndum ilegal del 1 de octubre, Caixabank, acuciado por los acontecimientos, se pronunció, manifestando que su único objetivo como entidad era “proteger en todo momento los intereses de sus clientes, accionistas y empleados, garantizando la integridad de los depósitos”. Y que esta postura “guiará las decisiones futuras que, en caso de ser necesario, hayan de tomarse”. Por otra parte, Josep Oliu, presidente el Banco de Sabadell, también mandó un mensaje de tranquilidad, asegurando que “si fuera necesario se tomarían las medidas suficientes”. Era más que sabido que estas entidades tenían un plan diseñado para trasladar -si hiciera falta- su domicilio fiscal en pocas horas a otro territorio de España. Hizo falta. Ayer tarde, el Banco de Sabadell decidió abandonar Cataluña y protegerse en España. Se marcha a Alicante; Caixabank parece que seguirá esos mismos pasos: munición financiera para la cuestión catalana.

La situación se había puesto delicada: depositantes catalanes, independentistas o no, sacando su dinero de los bancos catalanes, y llevándolo a otros bancos españoles, a sus sucursales fuera de la región catalana. Y depositantes españoles abandonando los bancos catalanes, con rabia por todo lo que está pasando. Caixabank y el Banco de Sabadell habían empezado a recibir castigo desde muchas partes. No disponemos de contadores visibles que marquen la evolución de los depósitos. Según los supervisores, Banco Central Europeo (BCE) y Banco de España, estos movimientos de dinero -de momento- no eran demasiado preocupantes.

Lo que sí fue transparente y claro fue la actitud de los inversores, catalanes y no catalanes: la cotización de la acción de Caixabank había bajado un 12,3% este última semana; y la del Banco de Sabadell, un 17,5%. Nada más comunicarse la reunión del Sabadell para decidir el cambio de sede, y las intenciones en el mismo sentido de Caixabank, pasaron de las pérdidas a fuertes ganancias. No hay que olvidar -ellos tampoco- que estos dos bancos han trascendido ampliamente sus territorios originarios y desarrollan su actividad por toda la geografía de España: sólo el 18% del negocio del Sabadell y el 22% de Caixabank se encuentran en tierras catalanas.

Banco de Sabadell no ha esperado ni a la declaración unilateral de independencia. En realidad, si llegaba esa circunstancia, hubiera sido ineludible la aplicación del artículo 155, y entonces el cambio de sede no hubiera hecho falta. Pero, aunque la independencia nunca va a llegar, sí habrá elecciones más adelante. Y el traslado de estas sedes puede ser de la mayor relevancia. Son símbolos de Cataluña, sobre todo Caixabank, algo así como el Barça. Puede ser el jarro de agua fría que despierte a muchos independentistas del engañoso sueño al que están entregados, puede hacerles sentir el abismo financiero que podría esperarles. Los fanáticos de la CUP han saltado al instante, y han pedido al Govern que se deje de trabajar con ellos y que se potencie una banca pública catalana. Pero, almas de Dios, ¿quién iba a confiar su dinero a ese banca? Ay, qué pena, ¡no poder dejarlos ser independientes por una semana!

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Cataluña, dependiente financiera de España

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:33

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/12/2016

En el pasado, las comunidades autónomas se endeudaban de forma independiente para cubrir sus déficits anuales, emitiendo su propia deuda o pidiendo préstamos a los bancos. Pero, en plena crisis, cuando tuvieron complicado obtener financiación por sus propios medios, se pusieron en marcha unos mecanismos -entre ellos, el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y el Fondo de Financiación del Pago a Proveedores (FFPP)- para que fuera el Estado el que financiara a las autonomías que lo solicitaran y fuera él el que buscara el dinero en los mercados. Estos procedimientos -en principio extraordinarios- se han ido consolidando, consiguiendo las autonomías de forma adicional beneficiarse de los bajos costes con los que, gracias a la actuación del Banco Central Europeo, se financia el Estado. Así, todas las regiones -salvo Navarra y el País Vasco- están enganchadas a la financiación nacional, aunque no todas en el mismo grado.

Según los datos publicados el 15 de diciembre por el Banco de España, la deuda total de las autonomías asciende a 271.980 millones de euros, de los que el Estado central les tiene prestado más de la mitad, 137.970 millones de euros. Madrid, La Rioja, Castilla y León, Galicia, Aragón, Asturias y Extremadura participan poco de ellos pero el resto de las regiones lo hacen con porcentajes superiores al 60% de sus deudas. Cataluña es la región que más fondos estatales ha recibido, el 33,8% del total: de sus 74.400 millones de deuda, 46.731 millones de euros se los tiene prestado el Estado. Además, desde 2012, año en que se pusieron estos procedimientos en marcha, el ahorro de intereses para las autonomías ha sido importante, unos 44.484 millones de euros, de los que 15.781 millones corresponden a Cataluña, las autonomía más beneficiada.

Así, Cataluña es la región que más fondos ha recibido y la que ha experimentado un mayor alivio financiero, pero además esta financiación estatal significa mucho más para ella, porque supone poder renovar sus deudas, no caer en la quiebra: la agencia de calificación Standard & Poor’s degradó el pasado julio su rating hasta B+, hundiéndola aún más en el bono basura; es, con diferencia, el peor rating autonómico. Con esta nota, Cataluña no tiene otras opciones de financiación, depende de España.

Los independistas catalanes defienden que esta mala situación financiera deriva de lo que España les roba cada año. Sin embargo, convendría que tuvieran presente la estructura de sus gastos así como también -como reconoce el economista Xavier Sala-i-Martin, favorable a la independencia- sus despilfarros del pasado. Podrían defender el próximo enero una balanza fiscal más favorable, cuando se aborde la reforma de la financiación territorial del Estado, porque es cierto que bajo otros sistemas de interterritorialidad tendrían que ser menos solidarios. Con el alemán, por ejemplo, incrementarían sus recursos en 800 millones de euros al año. Pero esto ya no les bastaría, ni siquiera ya su referencia es el País Vasco. “Queremos referéndum”, le repitió hace unos días Junqueras a Montoro. Sólo habrá una forma de calmarles: inyectándole mucho dinero y de inmediato.

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