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Que la recuperación sea para todos

Carmen Pérez | 1 de marzo de 2017 a las 14:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 24-2-2017

El pasado miércoles la Comisión Europea publicó su análisis anual de la situación económica y social en los Estados miembros. Tras una valoración general de la marcha del conjunto, detalla la realidad particular de cada uno de los 13 países -los incumplidores del año anterior- sometidos a un estudio más profundo, señalándoles en qué aspectos concretos necesitan mejorar. Sólo Finlandia aprueba y se encuentra sin desequilibrios. Un grupo de seis Estados -entre ellos, España y Alemania- presentan desequilibrios. Y en otros seis -con Francia y Portugal- los desequilibrios son excesivos. Italia se sitúa en este último grupo, pero ha estado a punto de pasar a la cuarta categoría, la establecida para aquéllos en los que los desequilibrios son tan excesivos que se les abre un procedimiento con medidas correctoras.

A cada país se le recrimina por las variables macroeconómicas en las que no progresan adecuadamente. Especialmente preocupantes son Francia, que está al borde de incumplir el 3% máximo de déficit; Portugal, por su elevada deuda y por los activos tóxicos de su banca; e Italia, que crece poco, su desempleo es alto, su deuda pública supera el 130% del PIB y tiene enormes problemas con su sistema financiero. Pero también hay críticas para Alemania, ya que persisten sus elevados superávits por cuenta corriente, superando el máximo del 8%, que sólo están ajustando de modo limitado, con un débil nivel de inversiones, perjudicando así la buena marcha de la Eurozona. De hecho, este desequilibrio alemán junto con los sistemas financieros lastrados de préstamos morosos de algunos miembros son los dos riesgos que la Comisión destaca expresamente.

En cuanto a España, “la recuperación es robusta y equilibrada” y nuestro sistema bancario ya está fuera de peligro. Pero esas alabanzas no impiden que se nos reprenda por el aún altísimo nivel de desempleo -el segundo más alto de Europa- y por nuestra todavía altísima deuda, sobre todo la pública. Y por nuestra debilidad fiscal para cumplir los objetivos de déficit, para la que recomienda subir el IVA, los tipos reducido y superreducido, y los impuestos ambientales.

La Comisión se siente satisfecha por los frutos conseguidos al aplicar estos últimos años el “triángulo virtuoso”: estímulo de las inversiones, reformas estructurales y políticas presupuestarias responsables. El empleo crece y los salarios van al alza, se van corrigiendo los grandes déficits y se están disminuyendo los elevados niveles de deuda. Pero parece que también ha tomado conciencia de las consecuencias sociales negativas derivadas de sus políticas de austeridad, y del auge de movimientos populistas y euroescépticos que han provocado. Superada la situación extremadamente crítica que se ha vivido estos años pasados, y contenidos -que no salvados- los desequilibrios, insiste en mantener el mismo rumbo, pero completa la receta: ahora es el momento en el que hay que conseguir que la recuperación sea percibida por todos: hay que combatir enérgicamente el riesgo de pobreza y la desigualdad de ingresos y oportunidades. Y en este campo se señala a España como uno de los países que más tarea tiene.

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Aprovechar la flexibilidad con el déficit

Carmen Pérez | 22 de agosto de 2016 a las 18:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/7/2016

NOS libramos, la Comisión Europea decidió no imponernos sanción económica alguna por incumplir el déficit en 2015. Hubiera sido una injusta bofetada, como la calificaba hace un par de días el presidente de Portugal, Marcelo de Sousa, argumentando que no sirve de nada castigar por castigar. Y de camino nos han dado más plazo -hasta 2018- para situar el déficit público por debajo del objetivo del 3%. Ninguna novedad, la reformulación de porcentajes y plazos para los incumplidores ha sido la tónica habitual desde 2011, y tampoco hubo nunca multas. Pero a esta flexibilidad ya conocida de la Comisión se le suma una nueva actitud, tal como recoge el documento Aprovechar al máximo la flexibilidad que ofrecen las actuales disposiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Es en este nuevo marco donde España tendrá que cumplir los déficits los próximos años.

La Comisión consideró prioritario por la crisis mantener una postura totalmente rigurosa, controlando estrechamente a los estados, para mejorar la credibilidad del sector público ante los mercados financieros. Pero, sofocado el fuego, urge conseguir una sólida recuperación económica en la Eurozona, y para ello es preciso considerar también los otros sectores de la economía -privado y exterior- porque todos están interrelacionados. Eso no significa que el rigor vaya a abandonarse, la deuda pública europea sigue siendo muy alta, y soplan numerosos vientos negativos que pueden avivar los grandes rescoldos que todavía existen. Ahora, la Comisión pretende reforzar el vínculo entre responsabilidad presupuestaria, reformas estructurales e inversión, como apoyo al empleo y al crecimiento.

En este sentido, se permite que el gasto en inversiones y las consecuencias negativas en la determinación del déficit que acarrean las reformas estructurales, bajo condiciones, cuenten aparte. Así, para fomentar la inversión, las aportaciones públicas al Plan Juncker están excluidas del cómputo del déficit: hasta la fecha, España sólo ha empleado 747 millones de euros públicos, que han apalancado una inversión público-privada en sectores estratégicos y en financiación de riesgo a las pymes de 6.400 millones de euros; en Europa: 9.300 millones para inversiones estratégicas y 3.500 millones a pymes promueven una inversión total de 100.000 millones de euros.

La nueva senda fiscal (4,6% en 2016; 3,1% en 2017; 2,2% en 2018) exigirá duros ajustes, aunque serán suavizados -esperemos- por la recuperación económica. Sin embargo, España, además de cumplirla -se espera seriedad frente a la flexibilidad-, debería acometer reformas estructurales aprovechando este nuevo marco fiscal más flexible, así como negociar con la Comisión para que le permitiera disfrutar de otras flexibilidades reservadas para los cumplidores. Asimismo, también debería implicarse en mayor medida -somos los quintos, muy lejos de Italia o Francia- en el Plan Juncker, abogando además por ampliarlo -en recursos, porque prorrogado ya está- y mejorarlo. Todo ello sin olvidar negociar para que no se congelen los fondos europeos, también cuestionados por el déficit de 2015… Mucha tarea por delante, pero, lamentablemente, sin Gobierno para llevarla a cabo.