Archivos para el tag ‘Deuda Pública’

Hasta 2037

Carmen Pérez | 26 de abril de 2017 a las 6:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/4/2017

Contamos con muchos datos para tomar conciencia de la importancia del principal problema económico al que se enfrenta España en los próximos años, esto es, su deuda pública. 1.106.952 millones de euros fue su volumen en valor absoluto a finales de 2016. Sin embargo, como esta cifra dice poco por sí sola, conviene compararla temporalmente. Y la conclusión que se extrae analizando su evolución en estos últimos años es que no ha dejado de crecer desde 2008, cuando se situó en 439.771 millones de euros. Casi se ha triplicado en estos ocho años, y seguirá creciendo mientras los Presupuestos Generales del Estado (PGE) arrojen déficit.

No obstante lo anterior, más fundamento se alcanza cuando se relaciona su volumen con otras variables que dan cuenta de en qué medida el país puede hacerse cargo de ella, como son el Producto Interior Bruto (PIB) y la población que la soporta. En este sentido, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) señala en el informe Observatorio de Deuda del cierre de 2016, publicado este mismo martes, que la deuda terminó en el 99,4% del PIB el pasado año. Este ratio ha ido mejorando desde el pico del 100,4% de 2014, pero sigue muy lejos del 39,5% que supuso en 2008. Y también sigue muy alejado de nuestro compromiso europeo: alcanzar el objetivo de deuda pública del 60% del PIB para 2020.

En cuanto al ratio del volumen de deuda en relación con la población, como ésta no crece y la deuda sí, no ha dejado de elevarse estos últimos años, pasando de los 9.511 euros que se debían per cápita en 2008, hasta los 23.793 euros que debe cada español en 2016; es más, en el caso de utilizar sólo la población que se encuentra en activo, estas cifras serían mucho más altas.

Asimismo, igual de importante para valorar el problema económico que supone la deuda pública es considerar el volumen de intereses que genera anualmente. En los recientes PGE se estima que el coste de financiar la deuda ascenderá a más de 32.000 millones de euros en 2017, la segunda mayor partida de gasto, sólo por debajo del gasto en pensiones. Pero más inquietante aún es que los PGE incluyen la previsión del gobierno de que el tipo de interés del bono español a 10 años será del 2%, frente al 1,4% de 2016. Es un cambio de tendencia -las previsiones desde 2012 eran a la baja- que se acentuará en los próximos años en la medida en que la inflación se eleve y que retire sus estímulos el Banco Central Europeo (BCE).

Con estos datos por delante, el problema de la sostenibilidad de la deuda es evidente. Si en los próximos años tanto los tipos de interés como el volumen de deuda van a ser cada vez mayores, los intereses anuales también lo serán, empujando al alza el déficit. Esto, a su vez, puede mermar la confianza de los mercados financieros, perjudicando la renovación de la deuda y elevando la prima de riesgo. Y esto implicaría aún mayores intereses. Es el peligro de caer en un bucle como el que vivimos desde 2008 a 2012. Es cierto que ahora contamos con crecimiento del PIB. Y la Airef, muy optimista, cuenta con que sea lo suficientemente amplio como para que esta rueda no se retroalimente, y que el objetivo de déficit europeo se alcance en 2037.

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Reestructurando

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/1/2017

El Tesoro Público ha publicado recientemente su Estrategia de emisión de los valores del Tesoro 2017. Un documento digno de analizarse. Muestra en clave financiera las vicisitudes por las que ha atravesado España y lo que se espera que suceda en el próximo año. La confianza que otorgan los mercados se refleja en varios parámetros: el volumen que se puede captar, y más importante, a los tipos y plazos que se colocan las diferentes emisiones. El balance de estos últimos años es muy positivo, pero hay que resaltar que no obedece sólo a que hayamos ido mejorando como país, que también, sino a la intensa protección del BCE que disfrutamos desde 2012. España es como un joven que si accede al crédito en excelentes condiciones no es por su solvencia propia sino gracias al aval de sus padres.

No es poca la tarea que tiene el Tesoro cada año. Los vencimientos de emisiones pasadas acucian y hay que obtener dinero para amortizarlas, y además conseguir dinero adicional para atender los déficits anuales: en 2017 tiene previsto emitir 220.017 millones de euros, de los que 87.905 serán para atender amortizaciones de deuda a largo plazo -bonos y obligaciones-y 97.113 para hacer lo propio con las letras del tesoro. Habrá adicionalmente un aumento neto de 35.000 millones, que se espera colocar íntegramente a largo plazo.

El coste medio de las nuevas emisiones marcó el año pasado un mínimo histórico del 0,61%, tras descender de forma continuada desde el 3,90% que supuso en 2012. Estas bajadas arrastran a un menor coste medio de la deuda total en circulación. Así, éste ha ido disminuyendo del 4,07% de 2012 al 2,77% de 2016: más de 32.000 millones de euros ahorrados en intereses desde el rescate bancario.

Además, este coste mínimo ha sido posible incluso con un alargamiento del plazo de la deuda. La vida media de la emisión a medio y largo plazo fue de 11,5 años, cifra muy superior a la del año anterior, y más del doble de la registrada en 2012, de 5,1 años. Esta evolución ha ido aumentando la vida media de toda la deuda en circulación, desde los 6,20 años en 2013 hasta los 6,81 actuales. Eso sí, el perfil de vencimientos muestra que ya tenemos comprometidas amortizaciones para el año 2066. De esta forma, el Tesoro está reestructurando la deuda, haciendo más cómoda la refinanciación para el futuro y reduciendo la vulnerabilidad de la carga financiera del Estado ante subidas de tipos de interés en la Eurozona.

El documento se acompaña de fotos de algunos de los monumentos del riquísimo patrimonio histórico del Reino de España: la Alhambra, el Alcázar de Segovia y los castillos de Soutomaior, Butrón, Burgalima y Bellver. Con ellas se habrá querido trasmitir a los inversores una imagen de solidez y fortaleza, y a la vez la garantía que supone nuestro boyante sector turístico. Las emisiones de este enero se han mantenido en la buena línea de las anteriores, y Draghi en su conferencia de ayer apostó por dar más tiempo. El Tesoro podrá seguir reestructurando, pero más nos vale seguir mejorando las cifras de nuestra economía: las trompetas de retirada terminarán sonando y entonces ser tierra de castillos no será suficiente.

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Récords en la deuda

Carmen Pérez | 12 de septiembre de 2016 a las 14:37

TRIBUNA ECONÓMICA,  26/8/2016

AL mismo tiempo que en los Juegos Olímpicos se iban batiendo nuevos récords históricos, aquí, en España, batíamos otros de muy distinto tipo: récords en la cantidad de deuda pública, tanto en términos absolutos como en relación al PIB; y récords en cuanto a las condiciones de la deuda, en el plazo y en los tipos de interés, que en absoluto son ajenos a la intervención del Banco Central Europeo, BCE, que está marcando también los suyos propios. Récords con efectos contrarios para nuestra economía, que nos llevan a una deuda con mejores condiciones -por el momento- para atenderla, pero de un tamaño tan descomunal que pone en peligro el mantenimiento del Estado de bienestar por el altísimo volumen de intereses que genera.

El plazo medio para pagar la deuda ha ido creciendo y se sitúa actualmente en 6,89 años, superando el máximo que se consiguió en 2007. El Tesoro, aprovechando las bajas primas de riesgo, ya por debajo de los 100 puntos básicos, está desarrollando un proceso de reestructuración, favoreciendo la emisiones a plazos más largos. Incluso está utilizando de forma novedosa bonos a 50 años, siguiendo la misma tendencia que otros países, como Irlanda y Bélgica, con emisiones hasta de 100 años.

En cuanto al tipo de interés medio, marcó en julio un mínimo histórico, el 2,9%, muy inferior, por ejemplo, al 5,5% de 2001, antes de entrar en el euro, o del 4,5% al inicio de la crisis en 2007. Y sigue bajando, este pasado martes los rendimiento de las letras del Tesoro a 3 y 9 meses fueron de -0,351% y de -0,256% respectivamente, los más bajos de la historia. En la misma línea se mueven el resto de referencias, como el bono a diez años, que a principios de agosto cotizó por primera vez por debajo del 1%.

Sin embargo, la deuda pública de España ha alcanzado en términos absolutos un máximo histórico: 1,1 billones de euros; y un máximo histórico también en el porcentaje que representa en relación con el PIB: el 100,9%, muy superior al 40% del PIB de 2007. Al respecto, puede aducirse que no hace falta ser dramáticos, que el principal realmente no se paga sino que se renueva continuamente, pero conviene señalar lo costosísima que resulta la deuda -como en 2012- cuando llegan estas renovaciones y no se goza de la confianza de los mercados.

Pero incluso obviando la devolución del principal, lo que no se pueden eludir son los intereses que va generando. Actualmente suponen más de 33.000 millones de euros al año, cantidad equivalente al 71% del gasto en educación, al 50% del gasto en sanidad o más del doble del gasto en defensa. Y lo peor es que el récord del tamaño tardará poco en ser superado, dados los déficits públicos que se esperan para éste y los próximos años. Tampoco va a ser eterna la protección del BCE que estamos disfrutando, y cada punto de subida del interés medio añadiría otros 11.000 millones de euros de intereses al año. O se contiene la deuda o los intereses provocarán que en nuestras olimpiadas anuales -los presupuestos- se marquen nuevos récords -recortes- en el resto de los gastos. Recordemos que el pago de intereses va por delante, por urgente o necesario que sea, de cualquier otro pago.

Calificación y realidad

Carmen Pérez | 24 de mayo de 2016 a las 9:00

Recientemente, la agencia de calificación Fitch ha confirmado las calificaciones crediticias (rating) del Banco Santander y del BBVA en A-, con perspectiva estable. Resulta que dicha nota es superior a la del Reino de España, que está situada en BBB+, es decir, que esta agencia coloca a las dos empresas financieras un escalón por encima. También las otras dos agencias más importantes, Moody´s y Standard&Poor´s les otorgan mayor credibilidad crediticia a sus bonos bancarios que a los bonos españoles.  Que esto se produzca en Iberdrola –la única empresa, aparte de los dos bancos señalados, que también es más solvente que el Reino de España-  puede ser más comprensible, pero que sean bancos a los que les sucede es más complicado de aceptar, cuando encuentran en el Estado español su última garantía.

Usualmente las calificaciones de la deuda de las empresas suelen estar por debajo de la que ostentan sus países de residencia, y lo que suele ocurrir es que cuando una agencia mejora el rating de la deuda de un país siga los mismos pasos para la deuda de algunas empresas que estén especialmente vinculadas a su economía. Para BBVA y Santander, la situación inversa viene explicada porque desarrollan una buena parte de su actividad en otros países –de Europa, de América latina y EEUU- y no están completamente condicionados por las circunstancias económicas españolas.

Es verdad que estos dos bancos no mantienen una alta proporción de deuda pública española en sus balances (3%, Santander; 8%, BBVA), en relación a las que arrojan otros bancos españoles, y por ello  Fitch  afirma que  no existe probabilidad de que las entidades caigan en un escenario de default arrastradas por un hipotético impago de la deuda soberana de España.  Pero las relaciones de un banco con su Estado son mucho más complejas e íntimas que eso: el Estado es el último garante para los depósitos, la gran vía de entrada de recursos para la banca  (supera el 50% del total). Ningún cliente se molesta en investigar la mejor o peor situación financiera de una entidad crediticia a la hora de confiarle su dinero, abriendo un depósito, ya que sabe que cuenta con la seguridad que le confiere el respaldo final público: hasta 100.000 euros por titular y entidad.

Las agencias de calificación utilizan modelos sofisticados que contemplan una multitud de variables macroeconómicas y realizan un exhaustivo análisis de las cuentas financieras de las empresas que puntúan. Pero, a veces, los resultados que obtienen desconciertan, porque determinados hechos no tienen cabida en ellos: ¿cómo incluir esta garantía implícita del Estado español en ellos? Y así se llega a situaciones incoherentes como ésta, en la que el que respalda un negocio para que nunca caiga (Estado español) obtenga menos nota que el respaldado (Santander o BBVA). O, por señalar otra de hace algunos años, cuando le quitaron la máxima calificación, AAA, a los bonos de EEUU. Porque siendo realistas, por mucha recesión, paro y todo lo negativo que por entonces sufría este país: ¿no es EEUU la triple A por excelencia?

 

Los dueños de nuestra deuda

Carmen Pérez | 17 de mayo de 2016 a las 10:20

Si nos atenemos al último mes disponible, marzo de 2016,  nuestra deuda estaba mayoritariamente en manos extranjeras (52,86%) y, en segundo lugar, en las entidades de crédito españolas (18,21%). El porcentaje restante se lo reparten el Banco de España (10,49%), las entidades de seguro (7%),  las administraciones públicas (4,54%) y en un cuantía más escasa, los fondos de pensiones (1,93%), los fondo de inversión (2,37%),  las personas físicas (0,64%) y las empresas no financieras (1,54%).

deuda tenedores

Pero esta composición no ha sido siempre así, sino que ha experimentado cambios sustanciales en estos últimos años. Los extranjeros (aquí agrupa el Tesoro a todos los inversores no residentes, sean del tipo que sean) han ido aumentando su porcentaje en estos últimos años; esa misma evolución creciente se observa en las entidades de crédito españolas desde 2009, aunque con una  tendencia ligeramente descendente desde 2012.

Sin embargo, la participación de las administraciones públicas ha descendido de forma significativa, que se explica por el decremento del fondo de reserva de la Seguridad Social. Del mismo modo, las personas físicas y empresas, que  se mantenían en torno a un porcentaje sobre el 10%, ahora lo hacen una cantidades menos importantes, fundamentalmente debido a la escasa rentabilidad que proporcionan.

Por último, la deuda pública en el Banco de España está incrementándose, gracias a las  compras de deuda pública programadas dentro de la política monetaria del BCE.

(ver también http://www.tesoro.es/sites/default/files/estadisticas/06.pdf)

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La multa

Carmen Pérez | 11 de mayo de 2016 a las 13:38

MARIANO Rajoy le ha escrito una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en un intento de evitar que nuestro país sea multado por no haber cumplido el objetivo de déficit pactado el pasado año. La multa podría oscilar entre los 0 euros -una sanción simbólica- y el 0,2% del PIB, unos 2.000 millones de euros. A la vez, se está solicitando por nuestro país más tiempo adicional para conseguir que bajemos del objetivo del 3%, que en principio tendría que lograrse en 2016, con un 2,8%. España tiene algunos argumentos para su defensa; desde Europa tienen los suyos para vigilar la disciplina fiscal, y penalizar los incumplimientos.

Entre las razones que aduce Rajoy es la positiva evolución que ha seguido España desde 2011. Si miramos el renglón de España en la tabla de los déficits de los países europeos, se observa la importante tendencia decreciente que han ido siguiendo: 9,5% (2011), 10,4% (2012), 6,9% (2013), 5,9% (2014). 2015 se ha cerrado finalmente con un 5,1% de déficit: el pasado año nos hemos gastado 56.608 millones de euros por encima de lo que disponíamos. Aunque es cierto que hemos superado el 4,2%, el máximo autorizado, los datos dejan bien patente el esfuerzo que se ha hecho. Otra defensa es por comparación. No somos el único país europeo deficitario; de los 28 países, sólo Dinamarca, Alemania, Estonia y Luxemburgo no lo son, y aunque muchos han seguido la misma tendencia decreciente (la media europea desciende del 4,2% de 2011 al 2,6% de 2014) ninguno lo ha hecho de forma tan intensa. Tampoco somos los únicos incumplidores; Portugal o Francia, el año pasado, y Alemania en un pasado más lejano, lo fueron: sin que ninguna multa apareciese.

También se contraponen a este dato negativo del déficit otros positivos que matizan la importancia del incumplimiento: nuestra economía está creciendo mucho más que la media europea y está generando empleo. También a causa del crecimiento, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB disminuyó el pasado año. Por tanto, el riesgo económico de nuestro país, que es lo que se trata de controlar con la disciplina fiscal, no ha tenido por qué elevarse. Por último, de forma adicional, existen otros argumentos técnicos, como la discutible forma de cuantificarse el déficit o la influencia de la bajísima inflación en los resultados obtenidos.

Pero la posible rigurosidad de la Comisión también sería entendible porque hay cuestiones relevantes en juego. El BCE está amparando de forma indirecta a todos los estados, ya que los tipos de interés a los que están consiguiendo emitir los diferentes tesoros no responden a la libre confluencia de oferta y demanda, sino que vienen fuertemente condicionados por la política monetaria expansiva que está desarrollando. Bruselas tiene claro que esta ayuda financiera no debe servir de ningún modo para que a la vista del dinero barato, y por la reducción del capítulo de intereses en los presupuestos, los gobiernos europeos se animen a seguir gastando. Y como las medidas benefician más mientras mayores son la deuda y la prima de riesgo real propia, como es el caso de España, caso de no vigilarse con máximo celo el cumplimiento de los déficits, el incentivo sería perverso. Por otra parte, hay proyectos en marcha, como la Unión Bancaria, que para culminarse necesitan de la confianza de los socios en que cada país cumplirá con el Pacto de estabilidad y crecimiento. Ni que decir de la importancia de este acuerdo para caminar hacia un Tesoro común, que emita bonos bajo un único riesgo europeo.

La disciplina fiscal no es un capricho, cuando se gasta sin tener, a base de financiación, se compromete el futuro, y más ante crecimientos débiles e inciertos. Los españoles debemos un billón de euros, que oscurece nuestro futuro, el de nuestros hijos y hasta el de nuestros nietos, porque el perfil de vencimientos alcanza ya 2064. No tendría que hacer falta que desde Europa nos dijeran nada para que los partidos políticos buscaran unidos la forma más humana de contener el déficit. La mayor flexibilidad que está teniendo la Comisión europea en este tema seguramente le llevará a no imponernos sanción, o que sea a coste cero, y a renegociar para los próximos años con mayor realismo nuestros objetivos de déficits. Pero la lección, con multa o sin ella, debería ser clara: la disciplina fiscal no sólo seguirá siendo fundamental para asegurar la viabilidad financiera de cada país, y de Europa en su conjunto, sino que va aún más allá, porque se ha convertido en la clave para conseguir una mayor integración europea (y al que piense en unSpainexit, que sepa que la deuda, y en muchas peores condiciones, seguiría siendo nuestra).

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BCE, perdónanos nuestras deudas

Carmen Pérez | 1 de marzo de 2016 a las 8:40

MUCHO se está hablando estos días de la posibilidad de una nueva recesión, y de cómo podrían enfrentarla los bancos centrales en este nuevo contexto, en la que los tipos de interés ya están por los suelos. El bajo precio del petróleo, los desequilibrios con la economía china y las dificultades de muchas economías emergentes son algunas de las causas, todas relacionadas entre ellas, que están provocando una incertidumbre tal que los inversores están paralizados, prefiriendo mantener liquidez incluso al coste de pagar por ella.

Los glorificados bancos centrales para combatir los efectos de la crisis financiera del 2008 tuvieron que sacar su artillería y activaron sus herramientas de política monetaria, tanto las convencionales, como la intervención en los tipos de interés, como las que no lo son, concretadas en la compra masiva de activos financieros, en su mayoría de carácter público. ¿Qué podrán hacer entonces si esta nueva recesión se convierte en realidad?

Podrían, desde luego, intensificar las medidas actuales, como por ejemplo seguir deprimiendo los tipos de interés. Pero las anomalías que están produciendo son enormes -endeudados cobrando e inversores pagando- y tampoco están consiguiendo grandes efectos, porque la inflación sigue manteniéndose a niveles muy bajos. La demanda de crédito solvente se mantiene baja, y no va precisamente a subir ante la expectativa de esta nueva depresión, aunque se prime sustancialmente al que se endeude. Además, no ofrece confianza seguir intentando que el impulso a la economía se realice desde la banca, con la grave crisis que está atravesando; crisis que, por otra parte, con menores tipos de interés se acentuaría aún más.

No obstante, también podrían ponerse en marcha nuevas medidas, más radicales, todavía menos convencionales, como eliminar deuda. El Banco Central Europeo, BCE, por ejemplo, con las compras masivas que está llevando a cabo, se está convirtiendo en propietario de una gran cantidad de deuda pública de los Estados europeos. Hasta ahora, con estas compras está facilitando la labor de los gobiernos al proporcionarles que se financien a un baratísimo coste. Pero ante una nueva e importante recesión tendría que ir más allá y monetizarla, es decir, ir perdonándola (volverla perpetua y a interés nulo) mientras fuera necesario. Esto ya sí que sería realmente imprimir dinero nuevo, que hasta ahora no se ha hecho.

A partir de ahí, se abrirían varias posibilidades. Una de ellas, que los estados europeos, al adquirir mayor margen para el gasto -tanto por la bajada directa de deuda pública que supondría como por la inflación que con seguridad se generaría, que la disminuye también indirectamente- asumieran un mayor papel inversor, tomando protagonismo en la economía real. Si con tanta incertidumbre, bancos, empresas y familias no quieren tomar riesgos, las administraciones públicas, siempre dispuestas al gasto, estarían encantadísimas de hacerlo. Otra posibilidad es que se hiciera esto mismo pero a escala europea, emprendiendo grandes proyectos de inversión con dinero nuevo, por ejemplo ampliando e intensificando el plan Juncker. Una tercera alternativa es que ese alivio de la deuda proporcionado a los estados redundara en una fiscalidad más favorable para los ciudadanos y empresas europeas, y que fueran ellos los que estimularan la economía a nivel individual. Una suerte de “helicóptero del dinero” por la vía impositiva.

Pero lo cierto es que está completamente prohibido por la normativa europea que el BCE se utilice como caja de amortización de la deuda pública, aunque fuera quien lo orquestara, controlando las cuantías y tiempos, y respetando la proporcionalidad adecuada entre los países miembros. Precisamente sus estatutos se han blindado para que no se establezcan estos servicios monetarios a los gobiernos, por lo que llevar la iniciativa a nivel europeo quizá fuera lo más compatible. Aunque entregarlo directamente a los ciudadanos y empresas mediante una fiscalidad mejorada tampoco contradice la filosofía que subyace tras esta norma europea: los gobiernos tendrían que seguir esforzándose en mantener el equilibrio presupuestario, sólo que compensarían las bajadas de los ingresos impositivos con nueva deuda, sustituta de la amortizada.

Si se nos viniera encima una nueva recesión, desde el BCE no tendrán más remedio que poner voluntad y encontrar soluciones, todavía ignotas. Pero todo parece indicar que, sean cuales sean finalmente las fórmulas utilizadas para disolver la incertidumbre y asegurarnos el costoso pan nuestro de cada día, pasarían por establecer a la vez el perdón de nuestras deudas. Y así, al mismo ritmo que somos perdonados, podamos conseguir que en Europa la economía real vuelva a tener el protagonismo que nunca debió perder.

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Los intereses del billón

Carmen Pérez | 25 de febrero de 2016 a las 7:28

sensibilidad

En el gráfico se muestra lo que nos cuesta el total de la deuda , como media, y lo que nos van costando las nuevas emisiones. Con las nuevas emisiones, España renueva cada año unos 180.000 millones de euros y además sigue incrementando el volumen total con mayor deuda.

El coste de las nuevas emisiones depende del nivel general de tipos interés, actualmente muy muy bajos; y de la prima de riesgo propia, esto es, de la confianza que tengan los inversores en la capacidad de pago de España para atender los intereses de toda la deuda viva y afrontar la devolución del principal de las deudas que van venciendo.

Las continuas emisiones van condicionando el tipo medio resultante del total. En el gráfico se observa con claridad que el mayor o menor precio de las nuevas emisiones se traslada al tipo medio. La variación del tipo medio afecta de forma más radical al total de intereses generados en los últimos años porque el volumen de deuda es muchísimo mayor. Por hacer unos cálculos, por cada 1% que suba el tipo medio, el coste de la deuda actual, 1 billón de euros, se incrementaría en 10.000 millones de euros al año. Cualquier programa económico para los próximos años debería tener muy presente esta circunstancia.

 

 

 

 

 

 

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Pablo Iglesias: Europa, regálanos dinero

Carmen Pérez | 17 de febrero de 2016 a las 10:35

Pablo Iglesias,  pides que Europa nos regale dinero, porque eso es lo que significa que solicites que el BCE adquiera al valor nominal los viejos títulos de nuestra deuda y canjearlos por otros nuevos, a tipo de interés del 0% y con el objetivo de mantenerlos a perpetuidad en su balance: pides monetizar nuestra deuda y de todas las economías de la eurozona que excedan el 60% del PIB (pág. 74 del documento) ¿Por qué habrían de aceptar esto el resto de países?, ¿nos gustaría regalarle nosotros dinero a otros?

Pero es que además de que no lo van a consentir, supondría un gran riesgo moral, porque incita a los Estados a gastar  y endeudarse sin problemas, porque luego podrían acogerse a esta monetización. ¿O es que la propuesta es sólo para ahora que nos viene bien a nosotros?

Particularmente estoy convencida de que el BCE terminará monetizando deuda pública, pero primero tendría que salvar el obstáculo normativo, porque está completamente prohibido por los estatutos europeos. Y de salvarse, lo haría proporcionalmente para todos los países, como debe ser.

Además, ¿que quieres?, ¿que nos regalen dinero para volver a gastarlo a gusto y dentro de unos años volver a pedir más?

 

Texto del documento: Convocar una Conferencia Europea de Deuda para discutir la reestructuración coordinada de las deudas públicas en el marco de la eurozona. El Gobierno del Cambio propondrá una modificación en los plazos de vencimiento de las deudas europeas en circulación mediante un canje de bonos que facilite que los viejos tí- tulos sean sustituidos por nuevos títulos que se mantengan a perpetuidad. El BCE sería la institución que debería adquirir, al valor nominal, los viejos títulos y canjearlos por otros nuevos, a tipo de interés del 0% y con el objetivo de mantenerlos a perpetuidad en su balance. El BCE debiera reestructurar las deudas públicas de las economías de la eurozona que excedan el 60% del PIB.

 

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La pirámide convulsionada

Carmen Pérez | 15 de febrero de 2016 a las 8:45

CADA uno de nosotros debería aspirar a alcanzar la cúspide de la pirámide de Maslow. Esta famosa imagen creada por este psicólogo estadounidense establece la jerarquía u orden en el que las necesidades humanas deben satisfacerse, subiendo los escalones desde la parte inferior y más ancha, ocupada por las necesidades humanas básicas o fisiológicas, como respirar o comer, hasta la autorrealización o necesidad de ser, superando los peldaños sucesivos relacionados con la seguridad, la afiliación, y el reconocimiento. Hoy en día, en las sociedades occidentales, el denominado Estado de bienestar desempeña, nos guste o no, un papel fundamental en facilitar este desarrollo vital, disponiendo de un importantísimo presupuesto para ello.

Las cifras nos dan cuenta de la magnitud del cambio en España como Estado de bienestar en estos últimos decenios. En 1980 el gasto público ascendió a 30.066 millones de euros (31,16% del PIB) frente a los 463.041 millones de euros en 2015 (45,40%). Desde 1980 no paró de crecer hasta 2010, con 493.865 millones de euros (45,80%), pero tras la crisis experimentó un ligero retroceso hasta 2012; volvió a elevarse en 2013, alcanzando la mayor cifra de gasto público de la historia, 500.071 millones de euros (48% del PIB), y descendiendo estos dos últimos años hasta los datos actuales ya indicados, y que han supuesto un decremento del 7%.

Este creciente gasto público ha conseguido que desde 1980 la población en su conjunto haya experimentado una mejoría importantísima en sus condiciones de vida. Hace unos pocos años las necesidades fisiológicas y de seguridad las dábamos por superadas y, aunque seguían persistiendo en determinados colectivos, la gran mayoría pudo ir escalando puestos más altos en la pirámide de Maslow. Pero la crisis la mermó y trastocó su orden lógico, dándose, por ejemplo, la paradoja de personas que no tienen para comer pero que disponen de una asistencia sanitaria pública de primera calidad. O que no puedan afrontar la factura de la luz pero que tienen a su hijo estudiando ingeniería en la ciudad o en el conservatorio de música del pueblo. También se bajaron niveles dramáticos con la pérdida del empleo, al dañarse la autoestima o el sentido de pertenencia, aunque no se perdieran los niveles de subsistencia. Tampoco consuela mucho poder disfrutar de los mejores museos del mundo si no se llega a final de mes.

Esta convulsión en la cobertura de las necesidades también se ha visto reflejada claramente en la evolución de la obra social de las cajas de ahorro. Desde su origen, cuando estaban dedicadas fundamentalmente a beneficiencia y atención de las necesidades más básicas, se fue transformando al introducir objetivos que apuntaban a nuevos y más altos deseos de la población, como formación, exposiciones, conferencias, restauración del patrimonio artístico, apoyo a equipos deportivos y actos culturales de todo tipo. Su gestión privada posibilitó que de nuevo en estos últimos años la actividad se reorientara con rapidez, y se volviera a volcar en bancos de alimentos, comedores y ayudas a familias necesitadas, frente a las instituciones públicas, que han sido más tardías en reaccionar y en comprender que la atención de las necesidades de la base de la pirámide de Maslow debe ser siempre un objetivo prioritario e inmediato.

Pero el Estado de bienestar no ha sido en absoluto desmantelado. Pese a las innumerables necesidades básicas que se desataron, pese a las incesantes prestaciones a causa del desempleo, pese a la caída radical de los ingresos de una economía altamente deteriorada…No nos dejemos engañar, ni la corrupción ni el rescate bancario sino el sostenimiento del Estado de bienestar es lo que explica el aumento descomunal de la deuda pública. Muchos alegan que podría haberse hecho más en favor de la población, y reclaman sin pensar mayores aumentos del gasto, pero no olvidemos que los intereses de una deuda creciente pueden aniquilarnos, cuando además no siempre vamos a tener una política monetaria europea tan benefactora.

Conseguir que todos recuperemos, y mejoremos, el lugar que ocupábamos en la pirámide de Maslow antes de la crisis precisa crecimiento que genere empleo. El empleo consigue que cada uno cubra dignamente sus necesidades básicas, gane en autoestima y autorrealización, y además contribuya a la viabilidad de todos los logros -sanidad, educación, pensiones, prestaciones sociales,…- que el Estado de bienestar tiene establecidos. No hay otra solución. Así que, como advirtió Hamilton en El Federalista, prevención contra los que actúan como “defensores fervorosos de los derechos del pueblo, despreciando el celo por la firmeza y la eficacia del Gobierno. La Historia nos ha enseñado que casi todos los hombres que han derrocado las libertades empezaron su carrera cortejando servilmente al pueblo: se iniciaron como demagogos y acabaron tiranos”. Y entonces, serían todas las necesidades de la pirámide de Maslow, incluso las de su base, las que quedarían insatisfechas.

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