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Libertad acuñada

Carmen Pérez | 26 de abril de 2017 a las 6:58

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/4/2017

La frase de Fiodor Dostoievski “La moneda es libertad acuñada” se ha puesto de moda. La esgrimen todos aquellos que se rebelan contra la desaparición del dinero en efectivo. Algunos de ellos mantienen posturas fantasiosas, queriendo ver en esta tendencia actual una conspiración global para someter al mundo; otros incluso la conectan con este pasaje del Apocalipsis: “Y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”. Pero hay otras muchas opiniones que proceden de fuentes bien acreditadas. Tampoco las que están a favor de su eliminación faltan.

Sin ir más lejos, hace unos días, Brigitte Zypries, la ministra alemana de Economía, se manifestó defendiendo el uso del efectivo, basándose en un informe del consejo de expertos que la asesora. Sin embargo, frente a ellos, economistas tan afamados, como Kenneth S. Rogoff, se posicionan en sentido contrario. Así, este profesor afirma al comienzo de su libro “Reduzcamos el papel moneda”, publicado el pasado Marzo, que “Deshacerse de la mayor parte del dinero en efectivo nos ayudaría más de lo que podría pensarse”, proponiendo que sólo se mantengan los pequeños billetes; o mejor, sólo las monedas.

Rogoff hace cuentas y encuentra que, a pesar del auge de los medios de pago electrónicos, sigue habiendo una cantidad ingente de billetes en circulación. Tanta, que cada familia americana de cuatro personas tendría que tener 13.600 dólares en casa; o 12.800 euros, cada alemana. Dónde está todo ese dinero, entonces, porque esto claramente no sucede: los grandes billetes están detrás de las actividades ilegales: economía sumergida, tráfico de drogas, crimen organizado, extorsión, corrupción de funcionarios y políticos, tráfico de seres humanos y lavado de dinero.

Es el lado oscuro del dinero, y es suficiente motivo, defiende Rogoff, para eliminarlo, evitando, eso sí, posibles perjuicios, como la exclusión financiera -subsidiando smartphones y tarjetas de débito- o la invasión en la privacidad de las personas. Por su parte, los expertos alemanes consideran esto desproporcionado: se han limitado los pagos en efectivo, desaparecerán pronto los billetes de 500 euros, y hay que seguir tomando medidas, pero sin llegar tan lejos.

Con todo, el desacuerdo radical reside en un motivo diferente. El dinero en efectivo frena la aplicación de tipos de interés negativos, por el miedo a que la población acuda a retirarlo masivamente; sin dinero físico, no habría “corridas bancarias”. Así que, Rogoff ve en su desaparición una enorme ventaja: no habría límites para la política monetaria, como sí los hubo en la crisis pasada, dice, en la que se deberían haber establecido intereses del -4% o el -5%. Por el contrario, los alemanes no lo aprecian como ventaja: los tipos negativos son de una aberración inaceptable.

La frase de Dostoievski nos cautiva, porque es cierto que aunque cada vez lo utilicemos menos, que el dinero físico exista nos tranquiliza: ¿es que intuimos que quedarnos sin él sería entregar nuestra libertad y otorgar demasiado poder a gobiernos, bancos y bancos centrales, o es sólo miedo y resistencia al cambio?

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Sin billetes ni monedas

Carmen Pérez | 10 de octubre de 2016 a las 11:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/9/2016.

DESDE siempre algunas películas han tratado de imaginar cómo sería la sociedad en fechas futuras concretas, y resulta curioso analizar en qué medida han acertado. Ya está cerca 2019 y en Los Ángeles no habrá replicantes o patrullas aéreas vigilando las calles, como se vaticinaba en la película Blade Runner. Y seguramente tampoco se pagará con dinero en efectivo en los restaurantes callejeros, como sí se hace en el que Rick Deckard (Harrison Ford) degusta unos tallarines mientras un dirigible futurista vocea sobre una nueva vida en las colonias del Mundo Exterior. Su director, el británico Ridley Scott, se equivocó también imaginando que el dinero físico seguiría utilizándose en el futuro. No es ciencia-ficción, los billetes y monedas tienen los días contados. En Dinamarca incluso ya le han puesto fecha límite: el año 2030.

Por una parte, se están dejando de emitir los billetes de más valor. EEUU, por ejemplo, eliminó los billetes de 1.000 y 500 dólares, y el BCE lo hará en 2018 con los billetes de 500 euros. Algunos no lo notaremos, la mayoría de la población nunca ha visto un Bin Laden, nombre con el que se le conoce popularmente. En principio, esta decisión se toma para luchar contra las actividades delictivas y la economía sumergida. Pero se intuyen otras razones, como la de entorpecer la opción de almacenar dinero en casa en vez de depositarlo en el banco pagando por él. En esta línea, los bancos también presionan contra los molestos y costosos billetes al cobrar comisiones por los ingresos de efectivo y ofertar menos cajeros.

Por otra parte, particulares y empresas están suprimiendo progresivamente los pagos con dinero físico, y utilizan en su lugar transferencias on-line, tarjetas, entidades de pago o el mismo móvil. Lo más reciente es el desarrollo de las tecnologías NFC, que se insertan en móviles y tarjetas, permitiendo pagos pequeños y rápidos que se activan cuando el chip se coloca cerca del lector. Así, en los adelantados países nórdicos, el 95% de las compras al por menor se hacen sin dinero, desde caramelos a donaciones en las colectas de la Iglesia. Hasta la promesa “todos los pueblos y ciudades de la UE tendrán wifi gratis en el año 2020″, que el presidente Juncker hizo hace unos días en su discurso sobre el Estado de la Unión, parece diseñada para hacer posible que este efecto pueda extenderse por toda Europa.

Todo parece converger en este cambio: la tecnología lo posibilita, las instituciones públicas y financieras lo propician, el ciudadano, por comodidad, acepta. Y nuevas películas aventurarán sus consecuencias. Los rastros electrónicos permiten reconstruir los pasos diarios de todo comprador, no sólo sobre qué ha comprado y cuánto ha pagado sino en qué momentos y lugares ha estado, y esta información podría ser utilizada por gobiernos o empresas para controlar, manipular o chantajearlo. Nuevas criptomonedas para dar cobertura a las actividades ilícitas, pobres excluidos financieramente, o la vuelta al trueque por grupos rebeldes: con la desaparición de billetes y monedas, los visionarios cineastas tienen tarea, y seguro que verán, como el replicante Roy Batty, cosas que nosotros nunca imaginaríamos.

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