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Cine, ‘crowdfunding’ y financiación

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:32

EL cine, con motivo de los premios Goya, ha venido a popularizar esta figura de financiación en la que multitud de inversores con pequeñas cuantías financian un determinado proyecto: El cosmonauta fue la primera producción cinematográfica en España financiada a través decrowdfunding: 400.000 euros conseguidos por medio de las aportaciones de más de 4.500 empresas y particulares, que confiaron en el éxito del proyecto. Es posible que estos inversores no hayan obtenido beneficios, porque las películas y otros proyectos culturales similares se convierten en numerosas ocasiones en un Entre todos más, aunque sin lágrimas, pero en la mayoría de ellos las partes establecen una relación puramente económico-financiera, en la que el inversor espera cobrar sus intereses por el dinero prestado, bien recibiendo una cuantía fija, bien en proporción a los beneficios que genere el proyecto en el cual ha confiado.

Con esta figura se traslada a escala doméstica lo que ya hacen desde siempre las grandes empresas, que suelen conseguir la financiación para algún proyecto de envergadura a través de la participación de varios agentes, que se reparten de forma variable cantidad y riesgo. Ocurre así con los préstamos sindicados, en los que un grupo de bancos o cajas se reparten la financiación en determinada proporción; o cuando se lleva a cabo una emisión de obligaciones o de pagarés, en la que una multitud de inversores se convierte en prestamista de la empresa.

En la actualidad se están disparando el número de proyectos que buscan financiarse con esta fórmula y, de forma paralela, se han multiplicado las plataformas que permiten recaudar este tipo de financiación, porque se dispone ya de la tecnología que lo hace posible: en internet han proliferado las plataformas de crowdfunding que nos permiten publicar nuestro proyecto y recoger las aportaciones de una manera sencilla. Hay plataformas para todos los gustos, muchas dedicadas a proyectos empresariales, ya sean de carácter generalista o especializadas en sectores concretos o tipos de proyectos; otras, en las que cabe de todo: música, aficiones, financiación de personas, obras de caridad, etc.

Para la economía, los más interesantes son los proyectos de carácter tecnológico, que suelen tener mucho peso dentro del universo del crowdfunding, pero también otros que están recurriendo cada vez más a esta fórmula, como la investigación científica, los videojuegos, el desarrollo de aplicaciones o, incluso, como hemos mencionado, la producción audiovisual.

Pero como todo instrumento financiero el crowfunding tiene riesgos y conviene conocerlos antes de operar con él. De hecho, la Comisión Europea se ha interesado por su funcionamiento porque lo considera un buen canal de financiación para proyectos que tienen vedado el acceso a las vías tradicionales, pero está manteniendo una actividad constante para que se establezca cuanto antes un marco legislativo homogéneo en todo el territorio de la Unión Europea, y, sobre todo, para que se proteja convenientemente al inversor.

Los dos retos principales que se plantean son combatir el fraude y la utilización de esta vía para el lavado de dinero, por lo que habrá que buscar mecanismos que aseguren la existencia y veracidad de los proyectos que buscan financiación, así como el establecimiento de un mecanismo de registro de los movimientos generados en el proceso. También hay que introducir controles que garanticen el cumplimiento de todas las condiciones pactadas, sean cuales sean, porque la variedad de crowdfunding es elevada; por otra parte, el inversor debe conocer la falta liquidez de estas participaciones, ya que las posibilidades de salida de su inversión serán prácticamente nulas.

Muchas son las soluciones que se aportan para lidiar estos riesgos: poner techo al importe total obtenido por esta vía, limitar la cuantía de las aportaciones, regular y velar por la transparencia en los folletos o información emitida, obligar a difundir una valoración correcta y externa de los proyectos, o clarificar los impuestos que se generan, entre otras.

En definitiva, bienvenida sea esta vía de financiación si consigue que proyectos innovadores puedan llegar a realizarse; bienvenida también porque permite actuar como business angel a la medida de las posibilidades de cada pequeño inversor. La economía real se verá con seguridad beneficiada, pero, como siempre en el mundo financiero, hay que observar la máxima precaución, especialmente si entramos en estos proyectos como inversores y no como simples donantes. Porque aunque el descalabro económico sea pequeño, en todo caso, el sentimiento de haber sido timados puede hacernos aflorar, sin haberlo buscado, las lágrimas.

Publicado el 3 de abril de 2014.

Financiación de pymes, sin bancos

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:02

DEPENDER no es nada bueno; supone estar subordinado a algo o alguien, estar condicionado para existir o tener lugar. Nuestras pequeñas y medianas empresas, pymes, tienen -en la Europa continental, en general, y de forma aún más acentuada en España- una gran dependencia de la banca. La crisis financiera ha venido a poner de manifiesto lo nefasto de esta situación, imponiéndose la necesidad de sacudirnos esta dependencia de encima o, por lo menos, de suavizarla. Y es que, mientras el dinero llegaba a chorros y la economía iba viento en popa, esta debilidad quedaba soslayada; pero al producirse una reducción sustancial de la actividad en los mercados de crédito, la situación se ha vuelto dramática. En este estado de cosas, diferentes alternativas a la financiación bancaria cobran fuerza.

Iniciativas que ya existían, por otra parte, pero que resurgen ahora con una luz nueva, enmarcadas en una provechosa colaboración público-privada. Ante la escasez de recursos se le exige a la ayuda pública un mayor apalancamiento para que cada euro público consiga un efecto potenciador de la economía muy superior. Algunas de las nuevas medidas contenidas en el anteproyecto de la ley de emprendedores, por ejemplo, van en esta línea.

Perder el miedo a encontrar financiación directamente en los mercados financieros es uno de los retos para nuestras pymes. Ya viene funcionando desde hace algunos años el Mercado Alternativo Bursátil, MAB, como vía de obtención de financiación propia por parte de las pymes en el mercado privado, a saber, recabando recursos directamente desde los inversores. También en este campo, desde el Gobierno central se está gestionando -obligados por el memorando sobre condiciones de política sectorial financiera, MOU- la creación de un Mercado Alternativo de Renta Fija, en el que las pymes puedan emitir deuda a largo y corto plazo. La ayuda pública, además de servir de impulso y de mantenimiento de estos mercados, sería bienvenida a través de incentivos fiscales, a la manera de otros mercados similares como el AIM inglés y el Alternext francés.

Sin tanta organización y estandarización, también las pymes pueden encontrar recursos a través de las redes de inversores privados o business angels. Los apoyos públicos se concretan en la divulgación del concepto y ventajas de esta figura y de las redes activas, pero también otorgando financiación -a través de préstamos participativos- a las pymes en las que los inversores hayan decidido entrar, así como mediante incentivos fiscales. En este sentido, la nueva ley introduce una nueva deducción por la que los particulares que aporten capital semilla a una empresa de nueva creación se beneficiarán de una deducción del 20% en el IRPF con una base máxima de 20.000 euros al año, y se eximen fiscalmente las plusvalías generadas si se reinvierten en otras empresa de nueva creación.

El capital riesgo es otro reto aún pendiente. Aunque no parece recomendable que sea una actividad llevada a cabo directamente por las administraciones públicas, se vuelve muy interesante si es en colaboración con empresas y fondos privados de capital riesgo, aunando esfuerzos. También los incentivos fiscales a este tipo de inversiones son convenientes. Cuando el riesgo es elevado -por la coyuntura económica, el tipo de actividad o por la fase de desarrollo de la empresa-, el buen funcionamiento de estos cauces de financiación se hace imprescindible. Esta es la filosofía que preside el programa de coinversión Spain Startup Co-Investment Fund puesto en marcha por la empresa pública estatal Enisa (Empresa Nacional de Innovación S.A.) que pretende ser no sólo un instrumento de desarrollo del mercado de capital riesgo español, sino también atraer el interés de los inversores especializados más activos en otros países hacia el emprendimiento de alto potencial que hay en estos momentos en España.

Todo parece confluir para que estos canales funcionen, ya que los diferentes participantes pueden alcanzar en ellos sus propios intereses particulares. Así, para las pymes sedientas serían nuevas fuentes donde saciar sus necesidades de financiación; para los recursos públicos, maneras de multiplicarse y hacerse más eficientes; para los inversores privados -forzados a asumir riesgos, dados los bajos tipos de interés-, alternativas financieras con las que obtener rentabilidades interesantes. Y lo bueno es que, de forma añadida, con cada parte persiguiendo su bien propio podrá derivarse un bien para la sociedad: que nuestro sistema financiero se enriquezca, se vuelva más complejo y diversificado, restando con ello poder y monopolio a los bancos.

Publicado el 22 de junio de 2013.