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Líneas ICO 2018

Carmen Pérez | 27 de febrero de 2018 a las 8:39

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/2/2018

El pasado mes de enero el Instituto de Crédito Oficial (ICO) firmó de nuevo los acuerdos de colaboración con 10 bancos para la concesión de préstamos a través de las Líneas ICO. A finales de este mes se empezarán a tramitar operaciones, y estarán abiertas hasta diciembre de 2018. Los autónomos y pymes que consigan que se canalice su financiación por estas líneas estarán de enhorabuena porque verán mejoradas las condiciones financieras respecto a las usuales que rigen en el mercado. Pero el alcance de este instrumento, por su propio funcionamiento, termina siendo muy limitado. En 2017 sólo se concedieron préstamos ICO por 4.594 millones de euros, cifra muy escasa frente al total de crédito nuevo a empresas, que superó los 300.000 millones de euros.

La Línea Empresas y Emprendedores está orientada a financiar inversiones productivas o necesidades de liquidez de pymes y autónomos. Pero también da cabida a peticiones de fundaciones, ONG y administraciones públicas, y de particulares y comunidades de propietarios para la rehabilitación de sus viviendas. El importe máximo es de 12,5 millones de euros, con plazos hasta 4 años si se financia liquidez, y hasta 20, para inversiones. Las TAE máximas, que incluyen las comisiones, oscilan entre el 2,30% y el 4,30%. Similares condiciones se fijan en la Línea Internacional, que busca financiar el proceso de internacionalización y la actividad exportadora de las empresas españolas.

Por su parte, mediante la Línea de Eficiencia Energética se financiarán proyectos industriales que reduzcan las emisiones de carbono y el consumo de energía, o a empresas de hostelería en este campo. Aquí varían los importes máximos, que son, respectivamente, de 3 y 1,5 millones de euros. Y, por último, la Línea Crédito Comercial permite a autónomos y empresas anticipar el importe de las facturas procedentes de su actividad comercial o prefinanciar la producción, con una TAE máxima del 2,30%.

Para tramitar la operación, los autónomos o pymes deben acudir a los bancos colaboradores, que la canalizarán a través del ICO si las condiciones se ajustan y si previamente superan el análisis de riesgo que le practican. Como los bancos asumen el riesgo, son los que deciden sobre la aprobación. Así, la banca concede las operaciones que de todas formas concedería, y en las condiciones actuales de exceso de liquidez tiene pocos alicientes para no ofrecerlas por su cuenta.

Necesariamente tiene que ser así, porque si el riesgo lo asumiera el ICO no quedaría garantizado el rigor al concederse las operaciones. Sin embargo, invalida a estas líneas como instrumento de apoyo para proyectos que, siendo viables, no encajan en los patrones bancarios. Como solución, el ICO ha establecido la línea SGR-Saeca, aunque no viene funcionando: si entra en juego el aval, sobra el ICO, porque por sí mismo facilita el acceso y mejora incluso aún más las condiciones financieras. El ICO, además de definir mejor esta línea para que sea operativa, debería fomentar otros mecanismos de apoyo para estos proyectos, propios de emprendedores y empresas innovadoras. Ahí es dónde se produce realmente el fallo del mercado.

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ICO, bancos y pymes

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:14

EL Instituto de Crédito Oficial, ICO, como agencia financiera del Estado que es, tiene entre sus funciones desarrollar aquellas parcelas del negocio financiero que el sistema privado no atiende adecuadamente. Siempre, aunque ahora más que nunca, el crédito a las pymes ha sido objeto especial de atención por parte de esta entidad, a través de las diferentes Líneas ICO. Sin embargo, sus buenas intenciones no llegan completamente a buen puerto. Hasta junio, de los 22.000 millones de euros puestos a disposición de estas líneas para todo el año 2013, el ICO sólo ha concedido 4.284 millones, lo que supone menos del 20% del presupuesto total. Es más, respecto al año anterior, significa un 47,3% menos. El ICO pone los recursos, las pymes están sedientas de financiación, y, sin embargo, las Líneas ICO no se cubren. La explicación a este hecho hay que encontrarla en la propia configuración de la concesión de estos préstamos.

Esta función de asistencia a las pymes la lleva a cabo esta institución de forma mediada, es decir, el ICO no estudia y concede las operaciones directamente sino que se apoya en la red de sucursales de la banca comercial. Así, las pymes acuden a las entidades financieras privadas, a las oficinas que tienen próximas a sus instalaciones, en busca de financiación; ellos, los bancos, son los que realizan el análisis de riesgo, deciden la aprobación de la operación y la canalizan -si las condiciones se ajustan- a través de algunas de las Líneas ICO en vigor, con condiciones financieras, en plazos y tipos de interés, más favorables.

Por otra parte, se ha comentado hasta la saciedad la falta de liquidez de las entidades financieras, y se ha aducido esta causa como explicación de la falta de funcionamiento del mercado de crédito a las pymes; sin embargo, las cosas son más complejas. El Banco Central Europeo lleva años potenciando instrumentos para solventar ese problema que se puso tan de manifiesto al estallar la crisis financiera; hasta se ha criticado en muchas ocasiones la barra de liquidez que había puesto a disposición para la banca. Por esto, el que el ICO aporte los recursos es importante, no cabe duda, pero no resuelve la cuestión principal: ¿quién asume finalmente el riesgo de la operación?

Ahí reside la clave: la banca asume el riesgo. Evidentemente, así se consigue la total rigurosidad en la concesión de operaciones. La otra posibilidad, esto es, que fuera el ICO la que asumiera el riesgo, resultaría nefasta; de hecho, se experimentó con la Línea ICO directo, obteniendo altísimas tasas de morosidad. Pero es también más que comprensible que los bancos entonces sólo acepten entrar en aquéllas que sean, desde el punto de vista financiero, totalmente claras, porque son los que tendrán que asumir las consecuencias si no evolucionan de forma favorable.

Dada esta circunstancia, el ICO ha tratado de mejorarla completando la configuración de estas operaciones con la participación de las sociedades de garantía recíproca, SGR. El objeto social de estas entidades es conceder avales a las pymes para que consigan la financiación que necesitan; para ello, están apoyadas por recursos públicos procedentes de las diferentes administraciones -fundamentalmente por los gobiernos autónomos, y por el Estado, a través de la Compañía Española de Reafianzamiento, Cersa-. La banca, con el aval de una SGR, elimina por completo el riesgo de la operación. Si el ICO aporta los recursos, y la SGR asume el riesgo, la banca sólo juega en estas operaciones un papel instrumental.

Lo que debe quedarnos claro es que aunque existe una enorme necesidad de que se conceda más crédito a las pymes, no es buena solución rebajar la rigurosidad en la concesión de operaciones. Por muy duro que resulte reconocerlo, los bancos tienen razón en ser reacios, no está la coyuntura para mucha confianza. Tampoco conduce a ninguna parte que el ICO financie proyectos no viables, adoptando un voluntarismo absurdo. Resulta paradójico pero para que la economía salga del pozo en el que está hace falta crédito; pero para que el mercado de crédito florezca de nuevo hace falta, a su vez, que la economía se recupere. Y puede que esté este círculo virtuoso se esté poniendo en marcha: desde marzo la concesión de préstamos de las Líneas ICO está experimentando una considerable aceleración.

(Publicado el 15 de agosto de 2013)

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