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Inflación y mercado de trabajo

Carmen Pérez | 3 de julio de 2017 a las 20:31

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/6/2017

Vaya despliegue de conceptos económicos hizo Mario Draghi esta semana, en su discurso de apertura del Foro organizado por el BCE en Sintra. Sacó a relucir la curva de Phillips, la holgura económica, o las tasas U6 y Nairu. El discurso fue todo un alegato a favor de su política monetaria. Y es que su actuación está siendo muy cuestionada por los que se sienten perjudicados: ahorradores, algunos países y la banca. Pero, sobre todo, necesita defenderse del ataque a la premisa mayor: que su política monetaria no está funcionando. Tras años con bajísimos tipos de interés, y de haber llevado el balance del BCE a superar los 4 billones de euros -el 38,2% del PIB de la zona euro-, no ha conseguido cumplir con su mandato. Así que fue directo al grano: ¿por qué la inflación se resiste a alcanzar el objetivo del 2%? Y señala el comportamiento del mercado laboral como una de las causas.

Sí está funcionando -defiende- sus efectos en la economía real se están notando con claridad. Ahí están los 16 trimestres consecutivos de crecimiento, con poca dispersión además entre los países, y ahí están las tasas de crecimiento del empleo: 6,4 millones de puestos de trabajo nuevos en la Eurozona desde el inicio de la recuperación. Sin embargo, esta reactivación de la economía no se está traduciendo en inflación a la velocidad que debiera. Y apunta varias causas. Alguna, más que comentada en el pasado, como los bajos precios en los mercados de energía y de materias primas a nivel mundial. Algunas otras, que por primera vez desarrolla, como la situación del mercado de trabajo.

El empleo que se está creando es precario: a muchos trabajadores les gustaría trabajar más horas o tienen trabajos temporales y quieren ser fijos. Así, en las negociaciones priorizan conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. Además, la cifra de paro oficial es engañosa, debería incluirse en ella a los desempleados, a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. De esta forma, el paro en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa. Por otra parte, la misma baja inflación provoca que suban poco los salarios, se retroalimentan, porque suelen estar indexados.

Confianza, persistencia y prudencia son las tres palabras que destacan en el discurso de Draghi: las pone en cursiva y las repite hasta tres veces. Con ellas afirmaba que va a seguir manteniendo un caldo de cultivo propicio para la recuperación. Y considera que circunstancias concretas, como la baja calidad del mercado de trabajo, retrasan pero no van a impedir que se alcance el objetivo de inflación. Pero el desplazamiento que hace desde los conceptos financieros habituales a los económicos es muy significativo. Ya no habla en abstracto, sino que desciende a señalar problemas económicos concretos que tienen que resolverse: defendía su actuación, pero a la vez estaba lanzando una nueva llamada -como tantas lleva hechas- para que las políticas fiscales acompañen a las monetarias.

(Un año ya a cargo de esta Tribuna Económica. Muchas gracias a todos mis lectores. Espero haber sido útil.)

Encadenados al objetivo de la inflación

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 18:30

LA actuación del Banco Central Europeo (BCE) está encadenada la consecución de su objetivo principal: mantener la estabilidad de los precios. Así lo marca de forma tajante su Estatuto. También, por supuesto, debe perseguir otros -crecimiento económico, empleo, progreso social, etc.- dado que debe apoyar las políticas económicas generales de la Unión Europea, pero siempre han de estar supeditados a las exigencias del objetivo principal ya señalado. Hace unos días, Mario Draghi y el resto del Consejo de BCE tomaron unánimemente la decisión de bajar los tipos de interés un cuarto punto, hasta el mínimo histórico del 0,25% señal de que el control de la inflación lo requería.

El objetivo general de estabilidad de precios se traduce en uno más concreto y operativo, a saber, mantener la inflación en un nivel inferior, aunque próximo, al 2% medio plazo. Esta inflación se calcula a través del Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC), con el que se miden con una misma metodología lo precios de consumo en los países de la zona euro.

El BCE, en base tanto al ingente información que recaba sobre la situación económica y financiera de toda la zona como del estudio de la cantidad de dinero en circulación, estima la posible evolución del IAPC, aventurando las posibles desviaciones que pueden producirse, al alza o a la baja, del objetivo del 2% fijado. Y en base a estas estimaciones, actúa.

Para ello dispone de una caja de herramientas que utiliza -en un sentido o en otro- para conseguir enderezar los precios. Como ahora el pronóstico es de una inflación baja durante un periodo largo de tiempo, de ahí el disminuir los tipos de interés, esperando que se traduzca en una bajada del Euríbor en el Mercado de Interbancario, con ello se caliente la economía, y así suban lo precios. Y, si hace falta, utilizará otras herramientas más contundentes, como imponer tasas negativas a la facilidad permanente de depósitos, nuevas subastas de liquidez o comprar deuda pública, entre otras.

Descrito el proceso, resulta asombroso el automatismo que desprende; todo parece perfectamente planificado y bajo control: objetivo claramente definido y concretado; completos procedimientos de análisis para evaluar la situación; medidas articuladas dispuestas a ser activadas… Por si fuera poco, el BCE se halla investido de plena autonomía para evitar injerencias desde los distintos gobiernos nacionales. Pareciera que no se necesiten políticos para el cargo, sino burócratas que tan sólo han de limitarse a apretar el botón sin más problemas de decisión, por cuanto las reglas han eliminado por completo la discreción.

Por otra parte, también preocupa la indiferencia que se observa en el proceso en lo relativo a las diferencias nacionales dentro del territorio europeo, es decir, el hecho de que haya una misma política monetaria para toda la zona euro con independencia de las circunstancias específicas de cada país. En España, ahora, estamos de suerte, aunque no siempre nos han caído bien las medidas adoptadas. Como los precios en Europa están bajos se toman medidas que nos vienen de perla, porque atiende colateralmente a los otros objetivos que ellos consideran secundarios, pero que a todos se nos antojan los verdaderos: tener empleo, disponer de una sanidad y educación de calidad o no temer por las pensiones.

Aún más importante es el hecho de que del proceso de desprenda un importante intervencionismo en la economía. Se supone que nuestro sistema económico es de economía de mercado, pero se le imponen unilateralmente los tipos de interés que tanto la condicionan, porque no sólo son de la mayor importancia para las decisiones de financiación, sino que también son el punto de referencia para determinar las inversiones viables.

Por último, incluso obviando tales planificación y automatismo, esa falta de sensibilidad con lo diverso y ese intervencionismo, ¿por qué la inflación es el indicador para encadenar el proceso? Sin quitarle la enorme importancia que tiene el control de los precios, no se entiende que estemos encadenados a ella. Este objetivo sirve primero al capital, se desentiende de las personas y no tiene en cuenta la equidad. En muchos momentos durante estos años de recesión hemos asistido a un BCE que parecía deseoso de hacer lo debido y desarrollar una política monetaria relativamente expansiva, pero con miedo a no obedecer la voz de su amo. Podrían definirse varios objetivos a la vez y que se administrarán de forma flexible, como hace la Reserva Federal estadounidense, que tiene el mandato de mantener estables los precios a l vez que la máxima tasa de empleo sostenible; o podría optarse por un porcentaje mayor o con márgenes de fluctuación; o quizá sea hora de ir prestando atención a otros criterios, como el índice de Desarrollo Humano, defendido por Amartya Sen, para que sea el ser humano lo central de la economía.

Publicado el 31 de agosto de 2014.

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