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Italia pone al euro “contra las cuerdas”

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/3/2018

En los últimos años se han planteado algunos combates electorales, como en Francia o Alemania, en los que se cuestionaba gravemente al euro. Sin embargo, afortunadamente, sus adversarios ni siquiera consiguieron entrar al ring porque las urnas no les dieron las suficientes papeletas para hacerlo. En las elecciones italianas, el 65% de los votos han subido al cuadrilátero a tres partidos políticos dispuestos a poner al euro contra las cuerdas. Han recogido la decepción de los ciudadanos contra las élites (los de arriba) o contra los extranjeros (los de enfrente). También son portadores de las quejas internas, de unos contra otros, que dividen norte-sur a la nación italiana. Los que fueron de los más entusiastas del proyecto europeo, ahora culpan al euro de todas sus desgracias.

Al golpe que le tiene más miedo Bruselas es al que pueda asestarle el Movimiento 5 Estrellas (32,6%), porque los otros son mucho más improbables o por el efecto contagio que pueda extenderse. No piden la salida del euro, pero sus propuestas de políticas sociales, incluida la renta básica universal, suponen todo un desafío al cumplimiento de las reglas -déficit y deuda pública- europeas.

Más radical es la postura de la Liga del Norte (18%). Les gustaría salirse de lo que consideran una “moneda fallida”, un “euro asesino”. Claman contra los “pobres y vagos” del Sur y se sienten abandonados por Europa en cuanto a la política migratoria. El impuesto plano del 23% que defienden tampoco es compatible con lo que determina Europa.

Y el tercer ataque al euro, el de La Forza de Italia (14%), es puro diseño italiano. Su propuesta no es dejar el euro, sino pervertirlo, creando una moneda paralela, para poder desarrollar una especie de política monetaria propia: en el país en el que se creó el Derecho, hecha la ley, hecha la trampa.

Por su parte, la única fuerza europeísta, el Partido Democrático, ha sufrido un gran descalabro (19%). Ningún partido político tiene mayoría suficiente para formar gobierno y todas las combinaciones resultan problemáticas. Nada nuevo en Italia, que siempre ha salido airosa de situaciones similares: para ellos no son definitivos ni el sí ni el no, todo es negociable. Pero esa incertidumbre política se superpone ahora a una delicada situación económica: bajo crecimiento, un sistema bancario no saneado y una deuda pública del 140%.

Harían bien en hacer crítica interna de cómo han llegado a esta situación y no sólo arremeter contra el euro. Podrían analizar la corrupción que padecen, la falta de control o la mala gestión que llevan años y años desarrollando, como con el chorro de fondos que le han llegado al Sur desde Europa. También deberían acordarse del inmenso apoyo que están recibiendo de su compatriota Draghi desde el Banco Central Europeo.

Pero Bruselas también tiene que enfrentar con soluciones este combate, que hasta ahora se había podido ir esquivando. La insatisfacción de la población y la inmigración son problemas compartidos con otros muchos países europeos. Ahora van a plantearse desde el poder. Y desde Italia, un país demasiado grande para caer: sus golpes pueden dejarnos KO a todos.

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‘Match points’

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:27

TRBUNA ECONÓMICA, 9/12/2016

En la Eurozona no ganamos para sustos. A cada poco tiempo se nos presenta un match point, y son ya muchos los años que llevamos enfrentando un punto de partido tras otro sin apenas descanso. Con todos ellos, aguantamos la respiración y observamos con miedo la cotización de nuestra divisa y la reacción de los mercados, temiendo desintegrarnos. De momento, tras las turbulencias iniciales que provocan, siempre la calma ha regresado. Tiene razón Mario Draghi cuando afirma que “la zona euro está demostrando una resistencia alentadora”. Como con las malas rachas que suceden en la vida de cada uno de nosotros, en las que tenemos que ir encajando los match points que nos llegan sin poder evitarlos, el éxito depende de saber jugarlos.

El pelotazo que nos llegó hace unos meses desde el Reino Unido ha sido importante, y sorprendente. Pero lo dañados que quedemos en la Eurozona con este revés del Brexit dependerá de cuándo se active la salida, de la duración de las negociaciones y del acuerdo final que se alcance. Y hace unas semanas, del otro lado del Atlántico, nos ha venido otro no menos impactante: la victoria de Donald Trump. En principio es un peligro potencial para Europa, especialmente para Alemania, por el gran superávit comercial que mantiene con EEUU, aunque todavía está por ver las decisiones que, con el nuevo presidente en el poder, realmente se acaben tomando.

Y no sólo vienen desde fuera; el más reciente proviene de Italia, la tercera economía de la Eurozona, porque la incertidumbre que provoca la derrota de Matteo Renzi, entre otros conflictos, precipita su importantísimo problema bancario. O de los euroescépticos austriacos, pues, aunque no han conseguido su objetivo, los votos que han obtenido (el 46%) no son para obviarlos. Y se aproximan unos cuantos puntos internos que jugar en los próximos meses: en Francia, con el partido antieuro de Marine Le Pen; o en Alemania, con Alternativas por Alemania… Pero también es verdad que las consecuencias de otros match points del pasado en contra de la Eurozona se han ido al menos paliando: Grecia, Portugal, Irlanda. Y España. El Banco Central Europeo (BCE) salvó in extremis el euro dos veces: en 2012, con un billón de liquidez para la banca y aquella influyente frase del “haré todo lo que sea necesario y, créanme, será suficiente”; y después con el QE, el programa de compra de activos, unos años más tarde.

Ayer, 8 de diciembre, en la última reunión del año del BCE, Draghi mantuvo la mano firme: conserva los tipos de interés actuales y alarga las compras -modificando también los parámetros para hacerlas factibles- hasta diciembre de 2017, aunque a partir de abril se reducirán de 80.000 a 60.000 millones mensuales. Así, los match points abiertos y los que están por venir se desarrollarán bajo condiciones financieras muy favorables. Pero Draghi de nuevo advirtió que son los gobiernos los que tienen que jugarlos. De ellos dependerá que las adversas pelotas que nos están llegando sirvan -como en la película de Woody Allen, en la que el anillo no cayó al río y esto no sirvió, como parecía, para condenar al asesino sino para salvarlo- para que finalmente la Eurozona termine ganando.

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