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A estudiar

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/9/2017

Ya es septiembre, y millones de niños y jóvenes van a iniciar un nuevo curso académico. Además, otro colectivo -el personal de banca que informa o asesora a los clientes sobre las inversiones financieras- también va a tener que estudiar a la vuelta de las vacaciones. Si aún no cuentan con los conocimientos y competencias que les exige la nueva normativa, todavía están a tiempo. Tienen hasta enero de 2018, fecha en la que comienza la aplicación del nuevo marco europeo sobre mercados e instrumentos financieros. Se pretende que no vuelva a suceder lo que en el pasado ocurría: que los inversores no entendían exactamente lo que estaban comprando y, todavía peor, que los gestores bancarios, con algunos productos, tampoco sabían exactamente lo que estaban vendiendo.

Las materias que tienen que dominar estos financieros y cómo serán evaluados se concretan en una guía técnica, publicada este verano por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Así, deberán conocer en profundidad los productos que se comercializan: riesgos, implicaciones fiscales, gastos, cómo se afectan según la evolución de los mercados financieros y de las variables económicas nacionales y globales, rendimientos pasados y previsibles escenarios futuros, etc. Y si su función no se limita a informar, sino a asesorar, tendrán además que conocer los costes de este servicio, la idoneidad del cliente para cada producto y los fundamentos de gestión de carteras.

Para capacitarse deberán recibir un número mínimo de 80 horas lectivas en el caso del personal que sólo facilita información, y de 150 si asesora; y posteriormente, 20 y 30 horas cada año, respectivamente. Quedarán acreditados sus conocimientos si poseen un título o certificación aceptados por la CNMV, o mediante cualificación obtenida mediante la formación interna o externa, cumpliendo los requisitos de la guía. La mayor parte de las entidades se pusieron las pilas hace tiempo, y las horas de formación están siendo muy superiores a las exigidas.

Pero seamos claros. Siendo muy positivo mejorar la formación del personal, su posible insuficiencia no fue la causa de los problemas del pasado. Pudo serlo con productos como los depósitos estructurados complejos, que incorporaban incluso opciones exóticas asiáticas. Pero no con otros, como las preferentes. Tampoco fue por un defecto de formación la concesión masiva de hipotecas o la inclusión de cláusulas suelos en las mismas.

Lo necesario es que no exista una estrategia de remuneración que establezca incentivos para que se coloquen productos diseñados e impuestos desde las cúpulas directivas, y que no se presione al personal para que empujen a los clientes a asumir riesgos. Los inversores difícilmente comprenderán las complejidades del mundo financiero por mucho que se las expliquen. La clave está en la profesionalidad y en la lealtad de las entidades financieras con ellos. Y, según dicen, quieren volver a ganarse su confianza. Pero los controles que está realizando la CNMV, enviándoles inspectores -mystery shoppers- que se hacen pasar por usuarios, siguen mostrando fallos en la comercialización de los productos financieros.

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¿Estamos protegidos por la Mifid?

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 18:28

MIFID son las siglas con las que se conoce a la Markets in Financial Instruments Directive o Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros de la Unión Europea. Aunque son varios los objetivos que se pretende alcanzar con esta norma, nos centramos en la regulación que estableció sobre la protección debida al inversor por parte de las instituciones financieras a causa de la creciente complejidad de los productos financieros. No la abordamos porque sea una norma nueva (en España, la Mifid, transpuesta a nuestra legislación, entró en vigor en 2007), sino por la nota emitida hace unos días por la Autoridad Europea de Valores y Mercados, ESMA, en relación con este tema.

Teóricamente, la Mifid obliga a las compañías a clasificar a los clientes por su conocimiento y experiencia, de su situación financiera y sus objetivos de inversión, correspondiéndoles la clasificación de minorista, que otorga el nivel de protección máximo, a la inmensa mayoría de particulares y pequeñas empresas no financieras. Además, respecto al tratamiento de las órdenes de los clientes, la Mifid establece requisitos relativos a la información que necesita obtener la entidad financiera para aceptar estas órdenes, para que se garantice que se está actuando para el mayor beneficio del cliente.

No obstante la Mifid, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores han permitido desde entonces la comercialización de productos financieros complejos de forma imprudente, de forma que no se ha impedido que fueran colocados a clientes minoristas con un poder de negociación y conocimiento muy inferiores a las entidades financieras, y que además contrataban sus operaciones con plena confianza hacia las instituciones financieras con las que operaban habitualmente y hacia estas dos entidades supervisoras.

Toda esta deficiente actuación venía impulsada por una mecánica perversa de remuneración a sus empleados, mediante la cual los empleados de las entidades eran obligados a comercializar productos complejos que no dominaban, porque veían ligados la estabilidad de sus puestos de trabajo y el nivel de sus retribuciones a los altos objetivos de venta que se les imponían en relación a dichos productos.

Además de la Mifid, desde 2007, la CNMV ha ido publicando diferentes documentos de advertencia sobre las exigencias de esta norma, como las Condiciones de comercialización de instrumentos financieros del mercado de valores, de mayo de 2009, en la que se puede leer: “Estas pautas van encaminadas a asegurar un adecuado cumplimiento de la normativa de aplicación y reforzar la protección de los inversores”. Mucho decir pero poco hacer, porque en la práctica las entidades en numerosas ocasiones las ignoraban o bien las cumplían ficticiamente, haciendo firmar al cliente los documentos esenciales obligatorios como si fueran mera rutina, sin más consecuencias para ellas.

Pero, por si no hubiera habido comunicaciones suficientes, la Autoridad Europea de Valores y Mercados, ESMA, preocupada por la falta de cumplimiento de la Mifid en la comercialización de productos financieros complejos, ha publicado un documento -¡en febrero de 2014!- que recuerda el contenido de esta normativa y establece las expectativas mínimas en relación con los estándares de conducta, especialmente en lo relativo a la conveniencia e idoneidad de los mismos para inversores minoristas.

Más palabras en la línea de siempre, aunque ahora se añaden algunas nuevas aconsejando al inversor, que nos llevan a la reflexión. De forma abreviada se recomienda al inversor no experto: 1) si no entiende lo que va a comprar, no lo haga, busque asesoramiento en otra parte; 2) el nombre del producto puede no reflejar la realidad, desconfíe de las promesas de rentabilidad “elevada”, “garantizada”, “cubierta” o “absoluta” porque pueden resultar engañosas; 3) sea precavido si necesita liquidez antes de que venza la inversión; 4) asegúrese de entender cuáles son los costes totales; y 5) puede haber disponibles productos similares menos complejos con costes inferiores.

O sea, la Mifid obliga a las entidades financieras a proteger al inversor minorista, a buscar el producto más idóneo para él y a hacerle comprender todas las características y los riesgos del mismo, pero la ESMA con sus advertencias habla de posible engaño, de deficiencias en la explicación, o incluso de falta o mal asesoramiento. En definitiva, le dice al inversor que no se fíe un pelo y que sea él mismo el que esté alerta. Trasladado a un producto real es como si se dijera: aunque en la caja de galletas especifique que no contienen gluten, desconfíe, puede ser mentira. Si el inversor minorista tiene que protegerse a sí mismo, ¿para qué la Mifid? Ahora con estos avisos de la ESMA lo sabemos, exclusivamente nos servirá para defendernos, el que pueda hacerlo, ante los tribunales.

Publicado el 24 de agosto de 2014.