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Las SGR, protagonismo creciente

Carmen Pérez | 25 de septiembre de 2016 a las 17:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/9/2016

EL problema de las pymes para acceder al crédito bancario está sobradamente denunciado, pero, sin embargo, en pocas ocasiones se mencionan a las sociedades de garantía recíproca (SGR), cuando estas sociedades pueden ayudarlas a solventarlo. En realidad, prestar, ellas no prestan, no son las que desembolsan el dinero -que lo sigue haciendo la banca-, pero sí asumen la parte más peliaguda del préstamo: su riesgo. Como decía el presidente de la SGR de Navarra en un Congreso hace ya años: “Para conocer la esencia de este negocio hay que asistir a un comité de riesgos, y presenciar lo que es aprobar una operación, por ejemplo, avalando un préstamo para montar una peluquería, sin garantías, exclusivamente basada en la confianza”. Hoy en día, que hay dinero en abundancia pero mucha aversión al riesgo, estas entidades están adquiriendo un protagonismo creciente.

No significa lo anterior que no se protejan en lo posible, pidiéndole a la pyme garantías personales y reales, pero sus operaciones son más arriesgadas porque resultan de seleccionar entre aquéllas que rechaza la banca. Esto les exige realizar un análisis de riegos artesano, pormenorizado, sobre el terreno, visitando sus instalaciones, conociendo personalmente al promotor, su trayectoria de pago, su fama entre clientes y proveedores: nada parecido al credit scoring. Así, 11.473 pequeñas empresas y autónomos consiguieron sus préstamos el pasado año, con un importe medio de 90.330 euros. En total, las operaciones de aval formalizadas por las SGR españolas ascendieron a 1.036 millones de euros, de las que el 10% correspondieron a las dos SGR de Andalucía: Suraval y Avalunión.

Con todo, y pese a ser entidades sin ánimo de lucro, necesitan para desarrollar esta importante función del apoyo público. Y lo tienen cada vez en mayor medida. Con independencia de la ayuda que puedan recibir de la comunidad autónoma en la que operen y de otros socios protectores, todas están reavaladas por el Estado, a través de la Compañía Estatal de Reafianzamiento (Cersa), que a su vez recibe el respaldo del Banco Europeo de Inversiones (BEI). De esta forma, el riesgo del préstamo a la pyme queda repartido en tres niveles: Europa, el Estado español y la SGR. De hecho, recientemente, Cersa ha firmado con el BEI un acuerdo que permitirá cubrir una cartera de préstamos SGR de 2.000 millones de euros hasta 2017, que beneficiará a 20.000 pymes.

Pero recibir recursos públicos obliga a las SGR a usarlos con la máxima eficacia: primero, siendo realmente un instrumento que facilite a la pyme el acceso a la financiación, entrando, por tanto, sólo en operaciones que sin su intervención nunca hubieran sido aceptadas por la banca. Y segundo, haciendo valer el aval que otorgan. Como estos préstamos quedan totalmente libres de riesgo para la banca -la SGR paga las cuotas si la pyme deja de hacerlo-, se le ha de exigir que lo compense mejorando ostensiblemente las condiciones, plazos y tipos de interés, de las operaciones avaladas. En otro caso, esa cascada de avales, que finalmente se traduce en dinero público, no estaría al servicio de la pyme, sino para mantener un entramado que sólo se beneficie a sí mismo y, de paso, a la banca.

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¿Habría que llamar cajeros automáticos a los mercados alternativos bursátiles ?

Carmen Pérez | 24 de febrero de 2015 a las 17:54

Es la pregunta (jugando con las siglas AIM Y ATM) que se termina sugiriendo  en una noticia del Financial Times del pasado 20 de febrero (“China’s intangible assets at home in Aim” by Matthew Vincent), tras contar el caso de la empresa china Naibu, una compañía de ropa deportiva cuyas acciones habían perdido el 90% desde que empezó a cotizar en 2012 en el Alternative Investment Market, AIM, de Londres, hasta el momento de ser suspendida, hace un mes. En el trascurso de estos años, dos de los tres principales accionistas originales se habían desprendido de sus participaciones que representaban el 30 por ciento del grupo. O sea, habían hecho caja. Desde entonces, los consejeros de la empresa afirman que han perdido totalmente el contacto con el presidente y los ejecutivos de la compañía. Otras empresas chinas también han desarrollado en el pasado comportamientos similares en este y otros mercados alternativos del mundo. Y no sólo las chinas.

Cada uno de estos casos pone en cuestión el funcionamiento de estas bolsas occidentales para PYME, también el de la española MAB, especialmente en lo tocante al  papel de los consejeros y la integridad de los asesores corporativos. Como nos dice el artículo, en la bolsa londinense los consejeros de Naibu no tuvieron que adoptar el Código de Buen Gobierno del Reino Unido, pero estaban obligados “a buscar el logro de los elementos clave”, pero lo cierto es que, a pesar de sus elevados honorarios, poco hicieron en este sentido más allá de la creación de un comité de cumplimiento, y, eso sí, quizá estar colgados al teléfono, en vano, con la provincia de Fujian. En cuanto a los asesores registrados (nominated adviser) habían avalado su admisión en el mercado AIM poniendo a Naibu por las nubes.

Que estos mercados soportan unos mayores riesgos es inevitable, es consustancial a ellos debido al tipo de empresas que participan, pero las continuas noticias similares a las de Naibu que llegan desde distintos puntos del mundo parecen reclamar a gritos algunos cambios en su regulación. En el nuestro, el MAB, tras la experiencia de sus 8 años de vida, se ha publicado una guía, no normativa de momento, de buenas prácticas para los asesores registrados, figura clave en estos mercados. Hay mucho aun por hacer hasta detectar todos los puntos débiles y reforzarlos, pero en ningún caso la solución debe pasar por eliminar este instrumento financiero que desempeña un papel sumamente útil en la financiación del crecimiento de pequeñas y medianas empresa.

 

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ICO, bancos y pymes

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:14

EL Instituto de Crédito Oficial, ICO, como agencia financiera del Estado que es, tiene entre sus funciones desarrollar aquellas parcelas del negocio financiero que el sistema privado no atiende adecuadamente. Siempre, aunque ahora más que nunca, el crédito a las pymes ha sido objeto especial de atención por parte de esta entidad, a través de las diferentes Líneas ICO. Sin embargo, sus buenas intenciones no llegan completamente a buen puerto. Hasta junio, de los 22.000 millones de euros puestos a disposición de estas líneas para todo el año 2013, el ICO sólo ha concedido 4.284 millones, lo que supone menos del 20% del presupuesto total. Es más, respecto al año anterior, significa un 47,3% menos. El ICO pone los recursos, las pymes están sedientas de financiación, y, sin embargo, las Líneas ICO no se cubren. La explicación a este hecho hay que encontrarla en la propia configuración de la concesión de estos préstamos.

Esta función de asistencia a las pymes la lleva a cabo esta institución de forma mediada, es decir, el ICO no estudia y concede las operaciones directamente sino que se apoya en la red de sucursales de la banca comercial. Así, las pymes acuden a las entidades financieras privadas, a las oficinas que tienen próximas a sus instalaciones, en busca de financiación; ellos, los bancos, son los que realizan el análisis de riesgo, deciden la aprobación de la operación y la canalizan -si las condiciones se ajustan- a través de algunas de las Líneas ICO en vigor, con condiciones financieras, en plazos y tipos de interés, más favorables.

Por otra parte, se ha comentado hasta la saciedad la falta de liquidez de las entidades financieras, y se ha aducido esta causa como explicación de la falta de funcionamiento del mercado de crédito a las pymes; sin embargo, las cosas son más complejas. El Banco Central Europeo lleva años potenciando instrumentos para solventar ese problema que se puso tan de manifiesto al estallar la crisis financiera; hasta se ha criticado en muchas ocasiones la barra de liquidez que había puesto a disposición para la banca. Por esto, el que el ICO aporte los recursos es importante, no cabe duda, pero no resuelve la cuestión principal: ¿quién asume finalmente el riesgo de la operación?

Ahí reside la clave: la banca asume el riesgo. Evidentemente, así se consigue la total rigurosidad en la concesión de operaciones. La otra posibilidad, esto es, que fuera el ICO la que asumiera el riesgo, resultaría nefasta; de hecho, se experimentó con la Línea ICO directo, obteniendo altísimas tasas de morosidad. Pero es también más que comprensible que los bancos entonces sólo acepten entrar en aquéllas que sean, desde el punto de vista financiero, totalmente claras, porque son los que tendrán que asumir las consecuencias si no evolucionan de forma favorable.

Dada esta circunstancia, el ICO ha tratado de mejorarla completando la configuración de estas operaciones con la participación de las sociedades de garantía recíproca, SGR. El objeto social de estas entidades es conceder avales a las pymes para que consigan la financiación que necesitan; para ello, están apoyadas por recursos públicos procedentes de las diferentes administraciones -fundamentalmente por los gobiernos autónomos, y por el Estado, a través de la Compañía Española de Reafianzamiento, Cersa-. La banca, con el aval de una SGR, elimina por completo el riesgo de la operación. Si el ICO aporta los recursos, y la SGR asume el riesgo, la banca sólo juega en estas operaciones un papel instrumental.

Lo que debe quedarnos claro es que aunque existe una enorme necesidad de que se conceda más crédito a las pymes, no es buena solución rebajar la rigurosidad en la concesión de operaciones. Por muy duro que resulte reconocerlo, los bancos tienen razón en ser reacios, no está la coyuntura para mucha confianza. Tampoco conduce a ninguna parte que el ICO financie proyectos no viables, adoptando un voluntarismo absurdo. Resulta paradójico pero para que la economía salga del pozo en el que está hace falta crédito; pero para que el mercado de crédito florezca de nuevo hace falta, a su vez, que la economía se recupere. Y puede que esté este círculo virtuoso se esté poniendo en marcha: desde marzo la concesión de préstamos de las Líneas ICO está experimentando una considerable aceleración.

(Publicado el 15 de agosto de 2013)

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