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¿Cómo nos impactaría una subida de tipos?

Carmen Pérez | 3 de julio de 2018 a las 10:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/6/2018

Realmente, cuando escuchamos las decisiones de política monetaria que ha tomado el Banco Central Europeo, como las de la última semana, lo que nos interesa es saber en qué pueden afectarnos y cuándo empezaríamos a notar sus efectos. El cese de las compras de activos o las subidas de tipos oficiales: ¿cómo se traducen luego a las operaciones financieras concretas que realizamos? Pues bien, el Banco de España (BdE) ha publicado esta semana un artículo en el que realiza una evaluación del impacto que tendría una hipotética subida de los tipos de interés –un 1%– en las cuentas públicas, en las empresas y en los hogares españoles en el horizonte temporal 2018-2020. Sin entrar en los aspectos metodológicos que lo sustentan, es posible entresacar algunas de las conclusiones que se alcanzan sobre en el grado en que se verían negativamente afectadas las rentas de los tres sectores.

La forma de financiarse de la Administración Pública, fundamentalmente a largo plazo y a tipo fijo, hace que las subidas o bajadas de los intereses oficiales tarden en notarse: el coste de la masa completa de deuda se mueve con inercia porque el impacto de los cambios en los tipos sólo se va acusando en la parte que se renueva. Aun así, la tendencia descendente que arrastra se paralizaría; y en el escenario más adverso, el estudio estima que la carga financiera neta se incrementarían en un 0,3% del PIB. Además, el BdE advierte que al haber crecido el volumen de deuda se ha vuelto más sensible a posibles variaciones de tipos de interés. También, que este aumento futuro del coste es muy relevante porque no hay margen para absorberlos en los presupuestos proyectados en el periodo analizado.

Por el contrario, las empresas y las familias enseguida notarían los cambios, dado que las renovaciones o vencimientos les llegan a corto plazo y están endeudadas a tipo variable. Para ambos colectivos, incluso sin elevaciones de tipos oficiales, el coste de financiación ya no seguirá bajando; y si suben ese 1% simulado, el impacto negativo neto para las empresas sería del 1,5% del excedente bruto de explotación; y para las familias, se consumiría un 0,6% más de la renta bruta disponible (RBD) al final del horizonte considerado. A diferencia de lo que ocurre en la administración pública, el impacto adverso global en estos dos sectores es menor que en simulaciones anteriores por el notable desendeudamiento durante los últimos años.

Este trabajo, como todos, hay que tomarlo con mucha cautela porque están llenos de supuestos de partida que pueden cambiar de un día para otro. De hecho, está realizado con anterioridad a las últimas decisiones monetarias. Pero, en todo caso, tenemos que ir asumiendo que el coste de la financiación se irá elevando. Lo harán poco a poco, como ha repetido Draghi en un discurso en Sintra esta semana: “Seremos pacientes a la hora de determinar el momento en que se producirá la primera subida de los tipos, y a partir de ese momento adoptaremos un enfoque gradual para ajustar la política paulatinamente”. Esto nos tranquiliza a los endeudados, pero esa paciencia de Draghi a los pequeños ahorradores los está haciendo santos.

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El BCE y la gestión del miedo

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/3/2018

El que piense que el protagonismo del Banco Central Europeo va a ser menor ahora que la las economías de la Eurozona están recuperadas se equivoca. La etapa actual es incluso más delicada que la pasada. Durante estos últimos años, el BCE ha comprado masivamente activos financieros, engordando su balance hasta los 4,5 billones de euros. No le va a resultar nada fácil deshacerse de todo eso. Tampoco va a ser moco de pavo subir los tipos de interés después de haberlos mantenido tanto tiempo por los suelos. El BCE quiere que la transición sea muy lenta, para no fastidiar la recuperación económica y para que no se produzcan turbulencias en los mercados financieros. Pero cualquier señal que augure un ritmo más rápido puede desatar el miedo. Y, como dijo Montaigne, “no hay cosa a la que se tenga que tener más miedo que al mismo miedo”.

Ha pasado en EEUU, que nos lleva la delantera en este desarrollo. El conocido como el “indicador del miedo”, tras una anormal calma chicha de meses y meses, dio de repente un respingo y subió a más del doble en una sola sesión de febrero. La Bolsa sufrió un importante descenso. Llevaba años creciendo gracias a la política monetaria, que fue debilitando el sentido del riesgo. Ha sido una primera cura de verdad: si los tipos de interés suben, esos precios no son correctos. La posibilidad de que la subida se acelerara por la política fiscal de Trump, que añade palos a una economía que arde con fuerza, desencadenó el proceso.

No le viene mal este suceso al BCE, porque ayuda a que en la Eurozona se tome conciencia de que progresivamente también aquí se irá caminando hacia la normalización financiera. De hecho, ayer, el BCE, que celebró un nuevo Consejo de Gobierno, dio un pasito más en esta línea, suprimiendo la posibilidad de aumentar el volumen de las compras, aunque mantuvo que podrían prolongarse en los términos actuales más allá de septiembre. Los tipos de interés permanecen sin cambios, y así seguirán hasta más allá de que el programa de compras cese.

Draghi se mostró optimista en cuanto al crecimiento, elevando una décima el esperado para la zona euro este año (2,4%). También afirmó que aún no hay presiones inflacionistas preocupantes. Y mientras la inflación lo permita, la retirada de los estímulos será muy gradual, y el BCE podrá conseguir que no decaigan las inversiones de las empresas, y que sigan generando empleo; que no se venga abajo el consumo de los ciudadanos; y que no haya pánicos en los mercados financieros.

Pero en la conferencia posterior salieron a relucir importantes riesgos que podrían perjudicar este proceso, como la guerra comercial que ha declarado Trump o la elevada deuda de algunos países europeos. No son los únicos riesgos. La incertidumbre política de Italia, la actividad económica de China o el problema catalán en España son otros, que aunque no se nombraran están sobre la mesa. Y de fondo de escenario, un mundo con una descomunal deuda, el 318% del PIB, por la que cada subida de tipos causará un gran efecto. En este complicado contexto, el BCE tiene que gestionar bien que no se desmande el miedo. Porque, como decía Sófocles, “todo son ruidos, para quién tiene miedo”.

La subida de tipos de interés se atrasa

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/9/2017

Desde que en julio de 2012 Mario Draghi pronunció aquella frase -“Haré todo lo que sea necesario para preservar al euro, y créanme será suficiente”-, ha sido consecuente: fue bajando los tipos de interés hasta llevarlos a terreno negativo y ha realizado un monumental programa de compras de activos financieros, fundamentalmente bonos soberanos europeos. Puede decirse que Draghi ha cumplido su palabra: la economía de la zona euro ha salido del pozo en el que se encontraba. Ayer hubo una nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), y Draghi prosigue con la misma autoridad en esta nueva y delicada fase, en la que hay que determinar cuándo y cómo se va a proceder a la retirada de los estímulos monetarios, resistiendo las fuertes presiones de algunos países europeos, y también de la banca, que están en desacuerdo con lo que él está desarrollando.

Draghi sabe que una salida prematura o demasiado radical podría revertir la recuperación y arruinar su éxito. Tiene muy presente el mal que supuso para la economía de la Eurozona -especialmente para España- que Jean-Claude Trichet, el gobernador del BCE por entonces, subiera los tipos de interés en 2011. Así, aunque la buena previsión en cuanto al crecimiento -se ha elevado hasta el 2,2% para 2017- empuja a iniciar la retirada, ayer Draghi siguió sin mover ficha, manteniendo los mismos tipos de interés y las compras hasta diciembre, como estaban planificadas.

Y es que otra variable -la fortaleza del euro de estos últimos meses- se ha vuelto condicionante para la eliminación de los estímulos, o incluso para reavivarlos. Actualmente el euro cotiza a 1,2 dólares, tras una subida del 13% en este año. Un euro fuerte puede perjudicar la recuperación económica, por el efecto negativo en las exportaciones; y porque puede presionar la inflación a la baja, por el abaratamiento de las importaciones. Aunque Draghi no quiso darle demasiada importancia a este tema, señalando que “el tipo de cambio no es objetivo de la política monetaria”, terminó reconociendo que afecta a la estabilidad de los precios, por lo que hay que vigilarlo de forma estrecha.

“Este otoño revisaremos y decidiremos el calibre de nuestra política monetaria”, dijo, remitiendo a la reunión de octubre para los detalles de qué pasará a partir de enero con las compras. En cuanto a los tipos de interés subrayó repetidamente que seguiría manteniéndolos en los niveles actuales hasta mucho más allá de las compras de activos. Y todo hace pensar desde ayer que esa fecha se atrasa. Por las previsiones de inflación que manejó, 1,5%, 1,2% y 1,5% para 2017, 2018 y 2019, que están lejos del objetivo del 2%. Y porque puede acentuarse la escalada del euro frente al dólar si la Reserva Federal reduce el ritmo de subidas de sus tipos de interés y si persisten los graves problemas políticos de EEUU con Corea del Norte. Así lo interpretó el mercado: los futuros sobre los tipos de interés marcaban una probabilidad sólo del 34% de que subieran el próximo año. Esta probabilidad era del 90% hace seis meses, y del 46% justo antes de que la reunión de Draghi empezara.

Violencia financiera contra el depositante

Carmen Pérez | 9 de febrero de 2017 a las 17:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/12/2016

No es una noticia nueva que en estos últimos años los depositantes están siendo castigados a consecuencia de la política monetaria que está desarrollando el Banco Central Europeo. Ellos bien lo saben, han visto cómo se han ido reduciendo los intereses que percibían por sus ahorros hasta prácticamente anularse.

De hecho, la media de la retribución de los depósitos españoles alcanzó en octubre un mínimo histórico, el 0,13 %. Y dadas las decisiones tomadas por el BCE el pasado 8 de diciembre, al menos en 2017 y 2018 las cosas no van a mejorarse. Además, por si esta intervención pública no fuera ya suficientemente injusta con los pequeños ahorradores, convirtiéndolos en verdaderas víctimas de la crisis, un nuevo factor viene a machacarles.

El ahorro de los hogares españoles, que está concentrado en depósitos en un 42,8%, se enfrenta en los próximos años a tipos de interés nulos -o incluso negativos- junto con una inflación creciente: el escenario más desfavorable.

Uno de los principales argumentos del BCE para defenderse de las críticas a su política ha sido que hay que observar los tipos de interés reales y no los nominales: de tipos muy bajos pero con inflación negativa resultan rentabilidades aceptables. Y comparaba con épocas en las que los tipos se movían a niveles mayores pero con tasas de inflación cercanas al 2%. Pero ahora el razonamiento se le ha vuelto en contra: según el INE, los precios en España en noviembre han aumentado un 0,7% interanual, y las expectativas del BCE para los dos próximos años son del 1,3% y 1,5% respectivamente: ésa es la pérdida de valor que van a sufrir los depositantes.

La incoherencia financiera en la que vivimos es sorprendente: ¿dónde queda aquello de que el ahorro de la población es de gran importancia en la economía tanto individual como de la población en general? ¿Qué pensar al leer frases como “fomentar el hábito de ahorro es uno de los mejores regalos que puede hacer a sus hijos” o “saber ahorrar de una forma adecuada está en la base de la educación financiera”, extraídas de la web Finanzas para Todos, base del plan de educación financiera del Banco de España y la CNMV, y que estarán presentes también en los portales de los demás supervisores financieros europeos? ¿Cómo se puede aconsejar y alabar un determinado comportamiento y al mismo tiempo torpedearlo?

Los 758.000 millones de euros en depósitos a hogares en España corresponden en gran parte a ahorradores minoristas y conservadores, que consiguen sus ahorros a base de esfuerzo y sacrificio. Entienden que, por gozar de la protección estatal -hasta 100.000 euros por titular y entidad-, sólo pueden esperar rendimientos por renunciar a la disponibilidad de su dinero durante un plazo. Por contra, privados ya de intereses, ahora empezarán a descapitalizarse. Para evitarlo tendrían que emigrar hacia productos de mayor complejidad y riesgo. Pero ellos ni saben ni quieren especular con su dinero. Se les incita a actuar en contra de su natural modo de proceder, se están aplicando medios para vencer su resistencia, su repugnancia a hacer algo: exactamente así es como define la palabra violencia la Real Academia Española.

¿A tipo fijo o variable?

Carmen Pérez | 8 de diciembre de 2016 a las 8:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/11/2016

Comprar una vivienda es sin duda una decisión importante que no se suele tomar a la ligera; se trata de un proyecto a largo plazo en el que hay que valorar numerosas variables: importe, zona, metros cuadrados, impuestos y un largo etcétera. Además, en la actualidad, por si todo eso no fuera bastante, hay que tomar una decisión adicional: optar por una hipoteca a tipo de interés fijo o a tipo variable. Hasta ahora, la inmensa mayoría de las hipotecas se firmaban a tipo variable, referenciadas a algún indicador externo. Con ellas, la cuota a pagar va modificándose en consonancia con las subidas o bajadas que experimente el Euríbor a doce meses, que es el indicador usualmente utilizado. Pero en los últimos meses se ha incrementado el número de hipotecas -son ya el 28% del total- con tipo fijo, con cuota constante durante toda la vida del contrato. Los bancos, de no ofrecerlas siquiera, han pasado a promocionarlas intensamente: ¿por cuál de ellas decantarse?

Hay dos aspectos que pueden ser determinantes: el plazo y las comisiones. Las hipotecas fijas suelen tener un plazo máximo de 10 o 15 años, por lo que la cuota es alta, al tener que devolver todo el préstamo en ese breve plazo. Así, si los ingresos actuales no son elevados, es posible que haya que elegir una variable, cuyo plazo puede alcanzar los 40 años. Respecto a las comisiones, algunas, como la de apertura, son comunes a ambas, pero en las fijas, en las que el riesgo de tipo de interés lo asume el banco, se exigen comisiones que pueden llegar hasta el 5%, para disuadir al cliente de cancelarla.

La cuota mensual con la hipoteca variable será menor: el euríbor se encuentra en mínimos históricos, -0,071%, y los diferenciales que se le suman son bajos por la fuerte competencia que existe entre los bancos. Pero pueden subir en el futuro, a diferencia de la cuota fija con la que no habrá nunca sorpresas. Sin embargo, la decisión entre tranquilidad o precio se complica: algunas entidades ofrecen las fijas a tipos muy bajos, casi similares a las variables, pero exigiendo que el cliente se vincule de forma intensa a la entidad, esto es, que contrate otros productos -fondos de inversión, seguros o planes de pensiones- y habrá entonces que observar cuáles son sus propios condicionantes.

Lo ideal sería firmar una mixta, con tipo variable ahora que está el Euríbor bajo y determinar un buen tipo fijo para más adelante, pero sólo las encontraremos al contrario. Sin conocer el futuro, es imposible saber cuál es la decisión óptima. Las previsiones son que los tipos de interés se mantengan así algunos años -son muy significativos estos tipos fijos actuales tan bajos-, pero es absurdo pensar que será para siempre, y ahora que la inflación está empezando a asomarse, ese momento puede acercarse. Conviene utilizar un simulador y calcular cuotas para diferentes escenarios, con dos referencias claves: la media histórica del euríbor es 2,87% y el máximo de 5,39%. También es posible ser más sofisticado, firmar una variable y cuando los tipos vayan a elevarse, contratar un swap de tipos de interés, ese instrumento financiero con el que se establecieron tantos suelos, pero que de igual forma puede poner techos.

Realidades financieras paralelas

Carmen Pérez | 25 de octubre de 2016 a las 14:52

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/10/1966.

Resulta interesante confrontar dos realidades financieras completamente dispares con las que actualmente convivimos para que, al verlas una al lado de la otra, se desprenda una interpretación de su imagen conjunta. Ambas son circunstancias tan extremas y anómalas que la mayoría de las personas ajenas al mundo financiero, al conocerlas, desconfían incluso de que sean ciertas. Una está ligada al sistema financiero formal, establecido, asociada a los grandes importes; la otra, a las finanzas no controladas, al menudeo y a las cantidades pequeñas.

Por una parte, estamos envueltos en una realidad mágica, en un mundo de irracionalidad financiera. Como Alicia en el País de las Maravillas, hemos traspasado el espejo: los tipos de interés están negativos y las operaciones financieras se han dado la vuelta. Así, los Estados se están financiando cobrando intereses a los inversores que les prestan su dinero; y no son casos aislados sino que alcanza al 35% de los títulos de deuda pública, lo que supone unos 8,3 billones de euros. De igual modo, numerosas grandes empresas están emitiendo bonos por los que pagan cupones por debajo o cerca del 0%. Y es posible que se extienda esta irracionalidad todavía más porque el Euríbor lleva meses en negativo en todos sus plazos y, de seguir bajando, serán los bancos los que paguen intereses a sus clientes -familias o empresas- por tener una hipoteca o un préstamo con ellos.

De otra parte, nos encontramos un mundo más sórdido, más cercano al que denuncia Larra en suEmpeño y Desempeños, aunque modernizado con la tecnología actual. Proliferan las entidades -fuera del control del Banco de España- que ofrecen micropréstamos, de cantidades que suelen ser inferiores a 800 euros y que se tramitan de forma rápida. Su publicidad puede verse continuamente en todos los medios de comunicación: “Tu dinero on line cuándo y cómo quieras” o “Primer préstamo sin intereses y comisiones” son algunos de sus reclamos. Sus intereses llegan a superar el 4.000% y utilizan agresivas técnicas de recobro en caso de incumplimiento. Ya existen sentencias, basadas en la aún vigente ley Azcárate de 1908, anulando operaciones de estas compañías por sus intereses usureros.

En realidad, lo novedoso es el perfil del que contrata estos créditos rápidos, que se corresponde, cada vez más, con personas -asalariadas y jubiladas, en su mayoría- que necesitan el dinero para llegar a fin de mes o para atender los gastos imprevistos que se les presentan. Cuando no consiguen resolver sus dificultades a través de los bancos -que, por cierto, también aplican altos intereses y comisiones en los préstamos al consumo, por los números rojos o por el uso de la tarjeta de crédito-, acuden y se someten a los intereses desorbitados de estas entidades de micropréstamos. Y de forma paralela al ir solventando mes a mes esta crónica y costosísima tortura financiera, estas personas tienen que escuchar una y otra vez que el Banco Central Europeo BCE) está interviniendo, que actúa para mejorar la economía real y reflotar el crédito, creando un mundo artificial en el que los tipos de interés se sitúan por debajo del 0%.

Dopados

Carmen Pérez | 18 de julio de 2016 a las 7:12

TRIBUNA ECONÓMICA 8/7/2016

Así andamos, con los estímulos del Banco Central europeo, BCE, corriendo por nuestra economía, a ver si sanamos. Con la última dosis nos han inyectado unos tipos de interés al 0%, se prosigue con las compras de deuda pública -nuestro banco central ya es dueño de 103.000 millones de euros de nuestros bonos del Estado-, se ha intensificado la adquisición de bonos de empresas privadas y no cesa el suministro de liquidez a raudales a los bancos, dinero por el que ahora pueden hasta cobrar -un 0,4%- si lo convierten en financiación de familias y empresas prestándolo. Lo bien que nos sienta este dopaje que nos están administrando.

Nuestra prima de riesgo lleva tiempo en torno a 150 puntos básicos (642 pb en 2012), situándose actualmente el tipo de interés medio de nuestra deuda en el 3%. Aplicado sobre el total -un billón de euros- significan unos 30.000 millones de euros de intereses al año. Sin dopaje, por cada punto de interés medio más, la factura de gasto financiero a incluir en los presupuestos estatales se elevaría en unos 10.000 millones de euros cada año. Y serían alguno que otro, porque atendiendo a nuestra calificación crediticia actual -BBB+, según Standard&Poor’s- la prima de riesgo se situaría en un nivel bastante más alto.

Las familias hipotecadas también se sienten aliviadas: las cuotas mensuales se han ido reduciendo en paralelo a la descendente evolución del euríbor a doce meses -el más utilizado como referencia-, que ya incluso cotiza en negativo desde hace tiempo (-0,059%). La intervención del BCE consigue el mágico efecto de que un hipotecado medio disponga en la actualidad de unos 300 euros más cada mes en su bolsillo para atender a otros gastos, y no serán pocas las familias las que pueden mantener su vivienda gracias a esto.

Las cuentas de resultados empresariales también han reaccionado con alegría al impacto, al aminorarse de forma significativa sus costes financieros. La financiación bancaria está muy asequible -las pyme, ay, siempre menos beneficiadas-, y las grandes empresas intensifican sus emisiones de bonos porque el mercado presta aún más barato. Las elegidas, como Iberdrola o Telefónica, cuyos bonos cumplen los requisitos para ser comprados por el BCE, estarán dando saltos: sus bonos cotizan en negativo, o lo que es lo mismo, los inversores les prestan su dinero pagando.

Así de estimulados, las empresas invierten, las familias reactivan el consumo, el Estado recorta menos, aumentan las exportaciones, se recupera el mercado de la vivienda, multiplicando -ése es el objetivo- por toda la economía sus benéficos efectos. Sin embargo, como todos sabemos, los estimulantes siempre entrañan riesgos: por sus negativos efectos secundarios, como el daño que están produciendo a la rentabilidad bancaria, o los que sufren los ahorradores, desorientados y empujados a tomar riesgo; y por sus contraindicaciones: pueden estar tomándose decisiones inadecuadas, tales como inversiones empresariales o adquisiciones de viviendas sólo viables bajo ellos. Pero el mayor peligro es que nos estemos acostumbrando, y no seamos conscientes de que sin aplicar los remedios convenientes, cuando se nos retire el dopaje, los problemas económicos subyacentes seguirán estando.

 

Prestar en tiempos de magia

Carmen Pérez | 11 de marzo de 2016 a las 10:51

 

EN un momento de la serie Juego de Tronos, la princesa Daenerys Targaryen pide ayuda económica a un rico comerciante de especias del Reino de Qarth para recuperar el Trono de Hierro, que según ella le corresponde por linaje. Le ofrece devolverle el triple de lo que le solicita. El prestamista, aunque no duda ni de su honestidad ni de sus buenas intenciones, le deniega la ayuda. “¿Tienes un Ejército?, ¿tienes poderosos aliados?”, le interroga. “Valoro cada transacción en función de sus beneficios. En los negocios confío en la lógica, no en la pasión. Soy la Madre de los Dragones”, le dice ella mostrando por todo su haber a sus pequeñas criaturas. Pero el comerciante sabe de sobra cuándo prestar: “No puedo hacer una inversión basada en sueños y deseos”.

Hoy no son tiempos ni de fantasmas ni de caminantes blancos pero sí de mucha magia. La que aplica, entre otros, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que ha traído un tiempo de sobreabundancia de dinero y de tipos de interés negativos, propiciando que los prestamistas regalen su uso, o incluso que paguen con tal de que se lo lleven. El problema sigue residiendo en encontrar princesas primorosas en las que pueda confiarse en que por lo menos lo devuelvan. Hecho el conjuro para que los préstamos se multipliquen, los mismos magos se enfrentan ahora a que los prestamistas hagan saltar por los aires la lógica necesaria a la hora de concederlos.

A los bancos, los grandes prestamistas, les quema literalmente el dinero. Tienen que soltarlo como sea porque les hierve a un -0,3%, temperatura que han fijado los magos del BCE para ellos, y que quizá eleven unos grados más en su reunión del próximo del 10 de marzo. Lo suyo sería que los bancos le trasladaran este calor a los que a su vez les entregan a ellos su dinero, los depositantes, pero no se atreven, de momento, a socavar el suelo mínimo del 0%. Por los préstamos negociados en otros tiempos, de todo tipo pero especialmente los hipotecarios, con pequeños diferenciales sobre el Euríbor, están al borde de tener que pagarles a los clientes. Para los nuevos se protegen con diferenciales algo mayores, pero compiten ferozmente por los que ofrecen suficiente confianza como para concederlos. Prestárselo a los estados tampoco es solución porque la pócima mágica incluye compras cuantiosas que han disminuido considerablemente la rentabilidad de sus deudas públicas.

La magia ha convertido a los bancos en ollas a presión dispuestas a estallar con pérdidas. Intentan enfriarse con fusiones, cierre de sucursales y despidos masivos, pero la tentación es hacerlo también aceptando oportunidades de inversión con mayor retorno, como los préstamos apalancados, los préstamos rápidos concedidos en 48 horas o los que ofrecen menos garantías para su cumplimiento. La vicepresidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), Sabine Lautenschläger, en su discurso del pasado 1 de marzo en Nueva York, así lo advierte, señalando además que, frente a la psicología de los seres humanos que constantemente se balancea entre ser demasiado optimista y demasiado pesimista, los gestores de riesgos tienen que ver las cosas como realmente son, sin contagiarse de sueños y deseos como los de la princesa.

Existen prestamistas adecuados para las Daenerys, como los business angels, el capital riesgo, los compradores de bonos basura o los fondos de inversión de alto riesgo. Por obtener “el triple” confiarían en ellas, ya que su modelo de negocio está basado precisamente en asumir estos altos riesgos y en que algunas de estas operaciones prosperen. Los dragones de Daenerys, por ejemplo, crecieron, y por no spoilear la serie sólo se dirá que con su fuerza impulsaron el proyecto de su Madre de ser la Reina de Poniente. Lautenschläger asegura que como supervisores estarán al tanto de que los bancos se comporten como el comerciante de Qarth, y no rebajen lo más mínimo el rigor financiero. Más nos vale, porque los bancos, a pesar de todas las prevenciones que se han establecido desde la crisis, siguen contando con el respaldo público de última instancia: las calientes llamaradas que vomitarían los dragones de los proyectos fallidos surgidos de esta nueva magia terminarían quemando en el futuro, otra vez, la cara de la gente.

Euríbor a 12 meses: 0,00%

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2016 a las 14:06

Ayer bajó al 0,009%, hoy cotiza al 0,008%. En unos días lo tenemos negativo. Saquen sus contratos de hipotecas y lean si hay alguna aclaración por si llega esta situación, si señala que lo mínimo a aplicar es el diferencial o el 0%. No la habrá, esto era impensable. Y no consientan que no apliquen la aritmética bien cuando llegue la revisión: Euribor a 12 meses + diferencial: si el euríbor es negativo, el diferencial tiene que bajar, e incluso, para diferenciales pequeños, puede que el resultado final sea negativo. Que nos paguen por tener nuestra hipoteca. Es lo que hay.

12 meses

El caldo de cultivo del BCE

Carmen Pérez | 26 de enero de 2016 a las 15:51

El BCE decidió dejar el pasado 21 de enero las cosas tal como estaban. Ni tocar tipos ni modificar las medidas no convencionales, pero insinuó que en marzo sí podría haber cambios. Esta frase que pronunció: “los tipos del BCE seguirán en sus niveles actuales o inferiores durante bastante tiempo”, con ese “inferiores”, permite aventurar que por lo menos bajará aún más el tipo de la facilidad permanente de depósitos, que ahora se sitúa en -0,30%.

Las intervenciones del BCE hasta la fecha han provocado que la situación actual  ofrezca este panorama:

– Los tipos Euribor contagiados por los tipos de intervención del BCE están negativos a todos los plazos (el Euribor a una y dos semanas, y a un mes ya se sitúan por debajo de  -0,2%), , salvo el Euribor a 12 meses, que cotizó ayer a 0,028% . Los ahorradores lo llevan claro por mucho tiempo. Los hipotecados van a llegar a ver cómo no pagan intereses o incluso cobran por tenerlas. Igual puede decirse de los préstamos a empresas y al consumo.

– La deuda pública europea, gracias a las compras y tipos del BCE, también llevan meses con rentabilidades negativas en los plazos más bajos, posibilitando que los Estados europeos se financien cobrando. Para los plazos mayores, los costes son los más bajos de la historia.

– Las Bolsas respiran el día de la reunión del Consejo, ante las  perspectivas de mayores actuaciones en el futuro. Pero la alegría dura poco, y vuelven a sumirse en poco tiempo en el pesimismo. Lo mismo puede decirse de la cotización del euro respecto al dólar.

Todas las medidas del BCE deberían haberse trasladado a la economía real, consiguiendo crecimiento e inflación. Las condiciones son las ideales, pero este caldo de cultivo no consigue el desarrollo adecuado. El mismo Dragui reconoció su preocupación porque estas variables no están comportándose como debieran. Aunque señaló la mejora en  las condiciones económicas y financieras de la región, destacó que tanto las perspectivas de crecimiento como de inflación  “han aumentado los riesgos a la baja”.

Muchos, entre ellos Wolfgang Münchau en su columna dominical en el Financial Times, ven que una falta de actuación inmediata, cuando se reconoce a la vez que los problemas se agudizan, obedece a que en el seno del Consejo de Gobierno del BCE determinados países, como Alemania, no se inmutan ante una inflación nula, no siendo así en el caso contrario, cuando  la inflación supera el nivel objetivo del 2% .

Aunque fuera así, y estuviera sometido a presiones por parte de algunos socios, y por ello su prudencia sea quizá excesiva, no hay  duda sobre su determinación para conseguir el objetivo que tiene la entidad, ni siquiera hay dudas sobre su independencia, porque ciertamente está tomando las medidas que benefician al conjunto, pero el problema es que  salir de donde no encontramos los europeos no parece depender de él. Las tipos de interés tan anómalos tienen que tener un fin, y el BCE ya está siendo, a base de comprar deuda pública,  el mayor acreedor de los Estados europeos.

En todo caso, el BCE sabe que le queda siempre la munición más poderosa: monetizar la deuda, es decir, perdonarla.

 

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