Los tomates de Bardem

Susana Caballero | 25 de diciembre de 2010 a las 22:43

Cuando uno dirige un medio de comunicación y quiere transmitir un mensaje tiene dos formas básicas de hacerlo: una, utilizando el editorial, que refleja la opinión del medio en cuestión, o publicando informaciones que defiendan una determinada postura; dos, llamando a personas que compartan su opinión sobre un determinado asunto para que escriban un artículo sobre el tema. La segunda suele ser considerada más elegante, sobre todo desde dentro, porque no implica al medio. A fin de cuentas, es otro el que lo dice. Pero desde fuera en ocasiones da una apariencia no precisamente elegante.

En ésas anda estos días El País, que con una mano se cuelga medallas por su compromiso al publicar los cables de Wikileaks, también los de la ley Sinde (de aquella manera y la noche de la crisis de los controladores), mientras con la otra trata de defender la susodicha disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible pero sin que se note demasiado, que a fin de cuentas es un periódico serio, prestigioso, que no está dispuesto a que el debate sobre el tema le afecte más de lo necesario.

A lo largo de toda la semana, el diario ha ido publicando más cables de Wikileaks sobre la ley Sinde y numerosas piezas sobre el impacto que en la Red tuvo el extraño (por los numerosos retrasos que hubo en la votación) rechazo a la norma. Incluso ha publicado piezas escritas por algunos detractores de la disposición, como Julio Alonso. Pero sobre todo han publicado artículos de gente, de esos que se consideran artistas y creadores (y, por lo tanto, probablemente tan hambrientos como Rosario Flores por culpa de la piratería), que están muy a favor no ya de que se regulen las descargas (y no sólo las descargas, porque aquí habría que hablar también del streaming), sino de que se regulen como quiere Sinde. Entre esos textos hay joyas como esa firmada por Alejandro Sanz en la que directamente llama proxenetas a los piratas (¿no sería gracioso que todos los que nos sintiésemos aludidos le demandásemos por calumnias?) o la firmada por Javier Bardem sobre los tomates y los botones mágicos.

El ganador de un Oscar, conocido por su fuerte compromiso social y político y cabeza de pancarta en cuantas manifestaciones se han celebrado en España contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones, el recorte salarial a los funcionarios, la subida del IVA, el paro, la crisis, los engaños del Gobierno desvelados por Wikileaks…

Perdón. Se me han traspapelado los datos. Este señor no ha estado en ninguna de estas manifestaciones. De hecho, ninguno de sus amigos ha estado en ninguna, ni las han apoyado, ni organizado, ni nada. Alguien con un poco más de mala uva podría decir que el señor Bardem no pisa la calle desde que Zapatero llegó a La Moncloa hace varios años, lo que explica meteduras de pata como la de los tomates, que empieza así (el que quiera leérselo entero, más que nada porque es un texto humorístico de primer nivel, puede hacerlo en El País):

Quiero comprar un tomate fresco. Voy a llamar a un verdulero para que me venda uno recién sacado de la huerta. Pero resulta que si doy a un botón en mi ordenador un tomate parecido en sabor y color se instala automáticamente en mi nevera. No está igual de bueno que el de la huerta, pero me da igual, total… es para un gazpacho.

Pero no traigo aquí el panfleto del ganador de un Oscar sólo por criticarlo, sino para compartir por quien pase por aquí (y no lo haya leído ya, claro) uno de los muchos comentarios que recibió el texto en Menéame, una respuesta grandiosa que podéis leer en el propio Menéame o en Blogoff, que lo ha rescatado porque sin duda lo merece. El texto, firmado por el usuario humitsec, empieza así:

Javier Bardem quiere «comprar un tomate fresco». Para usar el paralelismo con la industria cultural, Javier debería acudir a una tienda en la que tras pasar por sucesivas manos, el tomate ha incrementado su valor de manera artificial, repercutiendo en el horticultor en menos del 0,1 % de su valor de venta. Son otros, los intermediarios, los que han cobrado más, en muchos casos tan solo por cambiar la pegatina que viene puesta en el tomate. Algo que, por desgracia, no dista mucho de la realidad del mercado de la agricultura –y de la pesca, y de la ganadería…–.

Pero ahora viene la gracia. Javier Bardem no puede compartir ese tomate que acaba de comprar con nadie más, pues de lo contrario la Sociedad General de Agricultores y Especuladores se cabreará con él y lo llamará ladrón: «¡Quien quiera un tomate que se lo compre! ¿Qué es eso de compartir?».

Si digo que lo leáis completo porque no tiene desperdicio, me quedo corta. Es de lo mejor que he leído en mucho tiempo.

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