Por qué no es buena idea censurar parodias en Twitter

Susana Caballero | 29 de noviembre de 2011 a las 19:18

Respuesta corta 1: El efecto Streisand.

Respuesta corta 2: Queda feo.

Ahora, una respuesta algo más larga:

Las cuentas paródicas existen prácticamente desde el inicio de Twitter. Cuando abrí mi primera cuenta, hace cuatro años, ya estaban por allí lo que entonces se conocían como narices rojas, una serie de cuentas falsas que se burlaban de figuras conocidas en la Red, como Enrique Dans o Eduardo Arcos, cuyos alias en Twitter eran muy similares a los originales y cuya foto de perfil era la de los homenajeados ataviados con una nariz roja, como la de los payasos. Esas cuentas tenían mayor o menor gracia, y algunas derivaron en el insulto puro y duro. Con el tiempo, la moda se enfrió y lo de las narices rojas (los usuarios más veteranos se acordarán de aquello) pasó a mejor vida.

Ahora, la moda (bueno, una de tantas, como lo de hacer trending topic el santo del día o cualquier otra tontería) es parodiar a políticos. Figuras como Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba, Esperanza Aguirre o hasta el mismísimo Rey tienen sus replicantes en Twitter (brillante el tuit de @JuanCarlosI, con su correspondiente foto de perfil, el día del moratón en el ojo: la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha).

Pese a lo mucho que nos gustan a los españoles las parodias y reírnos de quienes nos gobiernan, esta moda no es exclusiva de España. La reina Isabel II de Inglaterra también tiene la suya, con más de medio millón de seguidores y tan popular que hasta tiene su propio libro.

Como es lógico, no todos los parodiados se toman tan bien estos homenajes. En España tenemos un caso notorio reciente, un ejemplo de manual del conocido como efecto Streisand: el caso Naniano Rajoy, una más de tantas copias del líder del Partido Popular surgidas en la Red pero contra la que el partido a punto de ocupar el Gobierno de España se empleó a fondo, logrando lo que cualquiera con un mínimo conocimiento de redes sociales (y de comportamiento humano en general) habría previsto: #FreeNaniano estuvo durante más de un día en lo más alto de la lista de trending topics en España, salieron decenas de nuevos replicantes y, lo que es peor, dejó la imagen del PP en internet y las redes sociales (donde tampoco es que se haya lucido precisamente) a la altura del betún (sí, ya sé que han ganado las elecciones de calle y demás, pero la reputación on line la tienen por los suelos). Y todo por hacer caso a algo que no merecía tanta atención (no sabrán, por ejemplo, que nunca hay que alimentar a los trolls; ni a las parodias).

El resquicio legal en el que se ampararon para cerrar Naniano Rajoy fue el mismo que usó en su día La Moncloa o el que invoca ahora el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido (del PP), para cerrar su recién nacida parodia (la cuenta apareció hace tres días), @zoidoarcalde: la usurpación de identidad.

Permítanme que copie unos párrafos de la Ayuda de Twitter al respecto, para dejar claros los términos:

Se considera usurpación de identidad el intento de engaño, o simplemente con fines lúdicos, al fingir ser otra persona o empresa. Se considera violación de la normativa de Twitter la usurpación de identidad no paródica. La norma para definir qué es parodia es: “¿Una persona razonable sabría que es una broma?”. Puede considerarse que una cuenta viola la política de usurpación de identidad si da lugar a confusión o engaña a otras personas. Se permiten las cuentas de usurpación de identidad paródica.

¿Qué entiende Twitter por usurpación de identidad paródica? Veamos:

Para evitar la suplantación, la información del perfil de la cuenta debe hacer muy claro que el creador de la cuenta no es realmente la misma persona o entidad que es sujeto de su parodia o imitación. Aquí hay algunas sugerencias para diferenciar tu cuenta:

-Nombre de usuario: El nombre de usuario no debe ser exactamente el mismo del sujeto de la parodia, imitación o la celebridad; para hacer esto más claro, debes distinguir la cuenta con un calificativo tal como “no soy”, “falso” o “fan”.

-Nombre: El nombre en el perfil no debe listar exactamente el nombre del sujeto sin alguna palabra distintiva, tal como “no soy”, “falso” o “fan”.

-Bio: La biografía debe incluir una afirmación que se distinga de la identidad real, por ejemplo “Esto es una parodia” o “Una cuenta hecha por fans” o “Cuenta de Parodia” o “Cuenta de fans” o “Cuenta de juego de rol” o “No estamos afiliados con…”.

-Comunicación con otros usuarios: La cuenta no debe tratar de engañar o llevar a malas interpretaciones sobre su identidad, a través de comunicaciones públicas o privadas con otros usuarios. Por ejemplo, si estás operando una cuenta de admiradores, no envíes mensajes directos a otros usuarios como si fueras realmente esa celebridad (por ejemplo un artista, banda, equipo deportivo, etc.).

Veamos ahora qué dice en su perfil la parodia del alcalde de Sevilla, @zoidoarcalde, que indica que su nombre es Juaninnasio Soido (originalmente era idéntico al del alcalde, pero le aconsejaron que lo cambiase y así lo hizo):

Arcalde de Sevilla por la gracia de Dios. Intentando volver a nuestras raíces de albero, caballo y señorito. Soy una parodia, como la vida misma.

Aun así, el Zoido original ha pedido a Twitter que elimine la cuenta, porque considera que suplanta su identidad, una maniobra en mi opinión desafortunada viniendo sobre todo de alguien que lleva moviéndose bastante tiempo en este mundo y que llevó a cabo una campaña muy efectiva en las redes sociales en su carrera por alcanzar la Alcaldía sevillana. No me atrevo a aventurar qué es lo que de verdad le ha molestado, aunque tengo un par de ideas.

A mi entender, queda bien claro que no hay suplantación que valga, como tampoco la había en Naniano Rajoy (el caso de La Moncloa era diferente), porque cualquiera con dos dedos de frente (vale que ha habido periodistas que dieron por auténticos mensajes publicados desde cuentas falsas, pero siempre ha habido gente con problemas de lectura comprensiva) sabe que, por ejemplo, las burradas que dice la cuenta replicante de Esperanza Aguirre no son ciertas… O al menos la auténtica no se atrevería a decirlas en público, ¿no?

eGobierno, innovación social y espectro, en la jornada de la Agenda Digital para Europa en Sevilla

Susana Caballero | 28 de noviembre de 2011 a las 22:02

La Agenda Digital para Europa, división de la Comisión Europea encargada de organizar eventos como los conocidos como Acción Local, celebra esta semana en Sevilla una de sus sesiones, en torno a tres ejes temáticos: eGobierno, innovación social y espectro.

En el primer bloque de la jornada, que se celebra este jueves, se hablará de temas como la Administración electrónica, la identidad electrónica o la reutilización de la información del sector público. En estos apartados se abordarán cuestiones como la eficiencia y seguridad de las gestiones administrativas, la necesidad (o no) de que la Administración abra sus datos y también, o eso espero, como dije el otro día cuando hablé de los canales de comunicación con sus ciudadanos instaurados por el Gobierno de Barack Obama, de medidas que propicien el contacto entre los ciudadanos y quienes les gobiernan y, claro está, la transparencia de las actuaciones de los gestores públicos.

Todos los contenidos del anterior párrafo se desarrollarán a lo largo de la mañana del jueves. Por la tarde, las sesiones se dividirán en dos ramas, una de ellas dedicada al espectro (distribución de las señales radioeléctricas, su regulación y la competencia) y la otra a la innovación social, en la que se debatirá sobre el uso de las nuevas tecnologías para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y otorgarles poder y de cómo, incluso en estos tiempos difíciles, las redes sociales pueden generar oportunidades laborales.

Por si quieren asistir, aquí tienen el programa y cómo solicitar la inscripción. Si prefieren seguirlo o compartir sus aportaciones desde la distancia, pueden hacerlo con esta etiqueta de Twitter (#daelocal_ES) o dejando sus comentarios en los tres foros (eGobierno, innovación social y espectro) abiertos en la web de la Agenda Digital para Europa.

Google sigue cerrando servicios: ahora les toca a Friend Connect, Search Timeline y Knol

Susana Caballero | 23 de noviembre de 2011 a las 20:25

Hace varios meses que Google se encuentra en plena reorganización de sus servicios y esfuerzos para centrarse en lo que de verdad les interesa y deshacerse de lo que no funciona como les gustaría o simplemente no pueden rentabilizar. Como el propio Larry Page dijo el pasado julio, las ramas que más interesan a la compañía son su buscador (obviamente), su rama publicitaria, productos de alta aceptación popular (YouTube, Chrome y Android) y la nueva niña bonita de la empresa, Google+, por la que parece que están dispuestos a hacer mucho más de lo que por ahora se atreven a anunciar (creo que lo de Reader fue sólo un primer paso).

Pero a estas alturas Google es mucho más que esos productos que he mencionado más arriba, entre otras cosas porque en los últimos años ha sido presa de un frenesí expansivo en el que, bien adquiriendo servicios, bien creándolos, han conseguido estar prácticamente en casi todas las actividades relacionadas con internet. Eso tiene un coste. Y un riesgo: la dispersión. (El que mucho abarca, poco aprieta, ya saben).

Ese es uno de los motivos que alegan desde la cúpula de la compañía para la limpieza que iniciaron unos meses atrás, que ha tenido ya unas cuantas entregas. La última, de ayer mismo, es el anuncio del cierre de unos cuantos servicios y la confirmación de la fecha de defunción de otros cuantos de los que se sabía que iban a morir pero no cuándo.

Aquí está el enlace al post original de Urs Hölzle, vicepresidente sénior de operaciones de Google, pero por si prefieren un resumen, éstas son las últimas víctimas de la compañía:

Bookmarks Lists: un servicio experimental disponible sólo para usuarios anglófonos que básicamente era una réplica de Delicious.

Gears: ya se anunció su cierre, pero ahora se confirma que será en diciembre cuando dejará de funcionar.

Wave: tres cuartos de lo mismo. Google paró el desarrollo de esta ambiciosa herramienta hace un año, pero aún sigue en funcionamiento. En enero de 2012 no se podrá crear contenido nuevo, sólo leer el ya existente, y en abril cerrará sus puertas.

Su proyecto de investigación de energías renovables. Admiten que otras compañías están mejor situadas en ese camino y que por eso abandonan. Eso sí, poniendo al servicio de quien lo desee lo que han logrado hasta ahora.

Dejo para el final los tres servicios que más me interesan:

Search Timeline: herramienta que permitía ver gráficos con la evolución histórica de los resultados para una búsqueda determinada. Quien desee seguir usando esta opción tendrá que irse a Trends o Insights.

Friend Connect: servicio social que, como su propio nombre indica, sirve para conectar amigos a través de los sitios que tuvieran implementada esta característica. Similar al Facebook Connect, permite, entre otras cosas, seguir un blog y mostrar, si se tiene uno, quiénes lo siguen. En esta captura del blog que creé para el tutorial de Blogger pueden ver el aspecto que tiene cuando se incluye en una plantilla. Seguro que lo han visto más de una vez. A partir de marzo de 2012 empezarán a eliminarlo de todos los sitios al margen de Blogger (no dicen nada de si durará en Blogger mucho más tiempo). Si alguien echa esto de menos, los señores de Google sugieren a quien quiera seguir creando comunidad con sus sitios y blogs a que se unan a Google+ (no sorprende esta recomendación, ¿verdad?), creen una página y coloquen la consiguiente insignia en su web.

El último en caer, por ahora, es Knol, el intento de Google de crear su propia Wikipedia (en su funcionamiento, porque en realidad ofrecía a quien publicase contenido en ella más opciones que la Wikipedia) pero con un enfoque (o eso pretendían) más riguroso y científico (este es el aspecto de una de esas publicaciones, por si tienen curiosidad). Hasta el 30 de abril de 2012 funcionará como hasta ahora. Desde mayo hasta el 1 de octubre los autores podrán exportar o descargar su contenido. Después, cerrará sus puertas. Sin embargo, no todo Knol está perdido. Quienes lo deseen pueden continuar su trabajo en la plataforma de código abierto, basada en WordPress, Annotum (y recuperar ahí sus publicaciones). O, si lo prefieren, migrar ese contenido a WordPress.com, que explica en su blog oficial cómo hacerlo.

Pese a toda esta escabechina, todo apunta a que en Google van a seguir cerrando cosas. Y llegará el momento en que meterán mano a servicios de mayor enjundia. ¿Apostamos sobre cuál será el siguiente? Yo ya tengo algún que otro candidato, pero eso ya para otro día…

El ‘open government’ según la Casa Blanca

Susana Caballero | 22 de noviembre de 2011 a las 22:10

Ya sabemos que España no es Estados Unidos. En algunos casos para bien y en otros, para mal. Y si hablamos de política, nos vamos de lleno al segundo grupo. No hace falta ser un experto en redes sociales o en internet para darse cuenta de que el uso que los grandes partidos han hecho de las nuevas tecnologías en la recién terminada (ya era hora) campaña electoral ha sido desastroso. Y eso que han pasado tres largos años desde que Barack Obama y su equipo demostraron que internet servía para algo más que publicar vídeos y lanzar eslóganes. Pero parece que aquí no se han dado por aludidos.

Tampoco hay que ser un experto para darse cuenta de que las webs de la Administración (hablo de la central) son del siglo pasado. No sé si pasarían un análisis de accesibilidad y usabilidad, pero al menos en mi caso tengo que dar mil vueltas cada vez que entro en alguna para buscar algo. Rara vez lo encuentro. Eso por no hablar de los bonitos copyrights al pie de las webs o la no menos bonita página de error a que conduce pulsar en el Aviso legal de la web de La Moncloa. O la página oficial del Gobierno en Flickr, que planta un copyright en cada pie de foto pese a que están adscritas a una licencia Creative Commons incompatible con la publicación para fines comerciales. Es decir, que a los periodistas, por ejemplo, no nos sirve para nada, salvo que hablemos con Getty Images y pasemos por caja.

(De hecho, me extraña que, con esta preocupación por proteger sus trabajos propagandísticos, esté siquiera disponible la opción de insertar, igual que en YouTube. Será que no se han dado cuenta o que no saben cómo desactivarlo…).

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No me voy a extender mucho más en este capítulo, salvo para indicar que la situación en Estados Unidos es bien diferente. Los contenidos de la web del Gobierno estadounidense se adscriben a una licencia Creative Commons que sí permite su uso para fines comerciales. En cuanto a las fotografías de la página de Flickr de la Casa Blanca, llevan la licencia United States Government Work, que establece que no están sujetas a copyright. O sea, que un medio o periodista puede publicarlas sin problema.

Tras esta larga introducción, vamos al tema. Si quieren saber algo más de cómo funciona la política estadounidense, les recomiendo encarecidamente la serie El ala oeste. Aprenderán mucho y también se deprimirán cuando recuerden el paño de lo que tenemos que aguantar aquí en la vida real.

No sé si lo sabrán, pero en Estados Unidos, un país en el que sí hay separación de poderes, Obama anda a la gresca con el Congreso, que no se pone de acuerdo para aprobar la American Jobs Act, una ley que, muy resumidamente, reduciría los impuestos de la clase trabajadora para subírselos a quienes tienen mayor poder adquisitivo. Para hacer partícipes a los ciudadanos de cómo les afecta que se apruebe o no esta ley (recordemos que allí la gente sabe quién es su congresista o su senador, y que pueden darle la brasa directamente), la Casa Blanca ha publicado en su web un simulador de impuestos. Basta indicar si se tributa en solitario o con el cónyuge y los ingresos anuales de cada uno para saber cuánto se ahorraría cada contribuyente con esta ley. Simple pero efectivo. Y no se han limitado a eso, sino que también han publicado resúmenes, desglose estado por estado y hasta gráficos.

Y si se les están poniendo los dientes largos por la envidia, mejor no miren siquiera esta otra calculadora, que permite a los ciudadanos saber adónde va cada dólar que pagan en impuestos federales.

Ni tampoco echen un vistazo a We the People, que recoge una centenaria tradición estadounidense (el concepto de las peticiones al Gobierno estaba en la primera enmienda a la Constitución) y la adapta al siglo XXI: cualquiera puede registrar su petición y, si consigue 25.000 adhesiones en un mes, será atendida por el Gobierno, que debe darle una respuesta. Responder no significa, claro está, que vayan a hacer realidad lo que se pide en ella, sólo que alguien del Ejecutivo va a tener que leerlo, estudiarlo y darle una respuesta. Algo es algo.

Obviamente el open government o gobierno abierto, transparente al cien por cien para los ciudadanos, es mucho más que lo que acabo de reseñar aquí, pero ahora que La Moncloa cambia de inquilinos igual es hora de ponernos al día y tomar alguna idea de lo que se hace en Washington, ¿no creen?

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Actualización: Pocas horas después de publicar este artículo el equipo de Barack Obama ha estrenado la página de Google+ de su campaña (“the as-official-as-it-gets Google+ page”, dicen con todo el arte en la descripción), cuyo primer mensaje es un saludo y una petición a sus seguidores de sugerencias y consejos sobre cómo usar este espacio. Ya tiene unos cuantos comentarios y, por lo visto hace cuatro años, me da que van a hacerle caso a más de uno. También me da que en los próximos meses podemos aprender unas cuantas cosas de cómo usar Google+ para una campaña política…

Google+ ‘adopta’ las etiquetas y los ‘trending topics’ de Twitter

Susana Caballero | 21 de noviembre de 2011 a las 21:46

No sé si tratan de reunir las mejores características de cada red social para que sus usuarios no echen nada en falta, si es simplemente un afán por copiar todo lo que se les ocurre o si lo que de verdad planean es hacerla tan buena que abandonemos todas las demás y, entonces, empezar a cobrarnos por usarla o, más acorde con la filosofía de Google, enriquecerse poniendo publicidad en todos esos huequecitos blancos que ahora tiene Google+.

O a lo mejor su plan maestro es hacer de Google+ la red social definitiva para después cerrar el resto de internet…

El caso es que, después del +1 (inspirado por el Me gusta de Facebook), los círculos (inspirados por las listas de amigos de Facebook y los Aspects de Diaspora), la posibilidad de recompartir contenido (esto lo tenía Google Reader, pero también Tumblr, con su rebloguear), mencionar o etiquetar a usuarios en publicaciones (inspirado por las menciones de Twitter y las etiquetas de Facebook), ahora la red social de Google da un paso más e incorpora dos de las marcas de la casa de Twitter: las etiquetas (o hashtags, con su parrilla # y todo) y los temas de interés (o trending topics).

Las nuevas etiquetas de Google+ funcionan exactamente igual que las de Twitter (era de esperar, ¿no?). Se pone una # delante de lo que nos parezca oportuno (todo junto, eso sí), y publicamos lo que se nos antoje. Si cualquiera que lo vea pulsa en esa etiqueta (que se convierte automáticamente en un enlace) verá todas las publicaciones o comentarios que lleven esa misma etiqueta.

El funcionamiento de los trending topics o temas de interés tampoco tiene mucha ciencia, aunque por ahora no se puede configurar por país o región y sólo podemos ver los mundiales. Además, la lista sólo aparece si buscamos algo. Así, por ejemplo:

Al margen de estas novedades, la red social ha mejorado las búsquedas internas desde el propio Google+. Ha incorporado la búsqueda instantánea (se actualiza en vivo a menos que detengamos el flujo), que no sólo examina las publicaciones como tales sino también los comentarios que reciban, y ha añadido la posibilidad de guardar las búsquedas que hagamos, para recuperarlas cuando lo deseemos y ver de un vistazo las novedades publicadas sobre ese tema o término (seguro que esto también les sonará a los usuarios de Tumblr, ¿verdad?).

Los usuarios de Twitter protestan por la pestaña de ‘Actividad’

Susana Caballero | 15 de noviembre de 2011 a las 20:06

Si utiliza para acceder a Twitter cualquier cliente móvil o de escritorio no se habrá dado cuenta de los cambios (hasta ahora, no ha habido novedades en las aplicaciones; puede que las haya en la próxima actualización), pero si entra desde la web seguro que los habrá visto. Hace unas semanas que la compañía comenzó a introducir su nueva interfaz, poco a poco, y anoche decidió actualizarla de forma masiva. Y los usuarios empezaron a quejarse también de forma masiva.


Donde antes se veían las pestañas de menciones y retuits, junto a la de cronología, en el perfil de cada usuario, lo que ahora ven quienes usen Twitter desde la web es, por un lado, una con su nombre de usuario precedido por una arroba y, por otro, una titulada Actividad, que es la que ha centrado las críticas. La primera de las nuevas pestañas reúne toda la información de actividad relacionada con el propio usuario, es decir, las menciones, los retuits, lo que hemos marcado como favorito (y los tuits nuestros que otros usuarios han marcado como favoritos) y quién ha empezado a seguirnos. En la de actividad vemos lo mismo, pero de los usuarios a los que seguimos, incluidos otros datos como a quiénes han empezado a seguir.

Aunque también ha habido quien se ha quejado porque ahora todas las menciones, retuits y favoritos aparezcan entremezclados en el mismo apartado, los lamentos se han centrado en la nueva Actividad (de hecho, la etiqueta #PestañaActividad fue trending topic durante buena parte de la noche, por encima incluso del gran tema del día, Terelu), porque muchos consideran que vulnera su privacidad, ofrece información poco relevante y que para todo eso ya está Facebook.

Es cierto que ofrece en principio información poco relevante para el usuario normal, pero sí que puede ser interesante para otros usuarios avanzados, o empresas, o anunciantes, encontrar en un solo sitio información que por otra parte es pública (salvo que se tenga una cuenta privada, en cuyo caso sólo verán esa actividad quienes autorice el usuario). También puede ser útil para quien quiera ver de un vistazo qué han retuiteado o marcado como favorito aquellos a quienes sigue sin tener que estar pendiente del flujo normal de tuits. Y para los cotillas en general, claro. Salvo que las aplicaciones móviles o de escritorio incorporen estos cambios, todos ellos tendrán que ir a la web a ver todo eso. Y a Twitter le vendrá bien, imagino, aumentar el tráfico en su web (o a lo mejor no, porque la web se cayó del todo cuando empezó a extenderse la pestaña de actividad. Quizás fue por las quejas…).

Y en cuanto a lo de que copie a Facebook, que unos servicios incorporen características de otros (como WordPress.com de Tumblr o Google de Facebook con su +1) no tiene por qué ser necesariamente malo, siempre que se haga bien. En el caso de la poco popular Actividad de Twitter, basta con no pulsarla. El único problema es que no se puede configurar si se quiere o no aparecer en las pestañas de quienes nos siguen…

EBE11: Un EBE diferente

Susana Caballero | 14 de noviembre de 2011 a las 19:51

Se presentaba como un EBE de cambios (en otro escenario y por primera vez de pago) y de transición (¿hacia dónde? Aún está por ver), pero sobre todo ha sido un EBE raro, muy diferente a los anteriores y casi en las antípodas de aquel primero (su segunda edición, en realidad, porque me perdí la primera) al que fui hace cuatro años.

Entiendo que no tiene que ser fácil elaborar la programación (mucho menos organizarlo) de un encuentro de este tipo, al que han acudido unas dos mil personas de distinto perfil, intereses y ámbito de procedencia de las que, además, al menos la mitad eran debutantes en el EBE. La preocupación por reflejar, como decía ayer, todas esas tendencias que se mueven hoy día por la Red (no hay más que darse una vuelta por Twitter) ha dado lugar a un menú en mi opinión demasiado ecléctico que no sé si habrá colmado las expectativas de quienes acudían este año por primera vez, porque creo que tanto los perfiles empresariales, por así decirlo, como los internautas/tuiteros/blogueros de a pie pueden haberse sentido en algún momento un poco descolocados.

Esa variedad de perfiles e intereses dificulta no sólo elaborar la programación, sino supongo que también la preparación de las ponencias y mesas redondas para los propios ponentes. Hace unos años, el auditorio era más homogéneo (había excepciones, claro, porque no es que las empresas o los profesionales hayan aparecido este año de repente) y sus intereses también lo eran (también había excepciones en eso). Ahora, muchos habrán considerado ciertas charlas o talleres demasiado avanzados, otros que se han quedado cortos y otros (los más veteranos, como es mi caso) estarán ya un poco cansados de escuchar todos los años a alguien empeñado en matar los blogs, de ver a otros vendiendo su libro (o su Orbyt) o de comprobar que algunos amortizan una y otra vez la charla que prepararon hace decenios o que simplemente no preparan nada y se limitan a decir lo que en ese momento les pasa por la cabeza (y que conste que nada de esto es culpa de los organizadores, que llaman a quienes consideran más idóneos para cada ámbito y poco pueden hacer si les salen rana).

Hay otras sesiones que, por mucho que recuperen argumentos ya escuchados o leídos, siempre es un placer presenciar, bien por el interés del conferenciante, por el de lo que cuenta o, simplemente, porque dice, con micro y sobre un escenario, cosas que uno ha pensado, dicho o escrito más de una vez.

Esa variedad de perfiles y procedencias provoca que haya casi tantas opiniones sobre lo que se ha visto y escuchado en este EBE11 como asistentes, como se puede comprobar echando un vistazo a lo que se iba diciendo en Twitter mientras duraba el encuentro y a lo que quienes estuvieron allí irán publicando durante los próximos días. No sé cuántos de los que allí estuvieron repetirán el año que viene y cuántos lo recomendarán a sus contactos. Me gustaría saber qué llevó a los debutantes a asistir este año por primera vez y qué es lo que se llevan o lo que han aprendido. También saber qué piensan los sospechosos habituales de este EBE tan peculiar.

Como digo, cada uno tendrá su opinión sobre lo mejor y lo peor de este EBE. (Estoy recopilando en Storify lo que más me ha llamado la atención de esta edición. He completado la historia de De Muestra, la del viernes y la del sábado, por si le quieren echar un vistazo). La mía es que esto ha sido lo mejor de este año:

-La sesión De Muestra, previa al propio EBE, en la que se presentan proyectos nuevos cada año más interesantes. En relación directa con esto, aunque ya en el programa oficial, las charlas de emprendedores como Laura Valverde y Ana Ormaechea (o cómo sobrevivir a la experiencia de intentar hacerse un hueco en Silicon Valley), Sebastián Muriel (sobre las diferencias entre Europa y EEUU a la hora de montar un proyecto tecnológico y algunas claves para sacar adelante una empresa de estas características y superar los obstáculos) o Jared Hecht, el invitado internacional de este año, que, al igual que hicieron en otras ediciones figuras como Biz Stone, presentó el servicio del que es cofundador, la red social GroupMe.

-Las charlas de David Bravo sobre el trato que los medios de comunicación dan en ocasiones a todo lo que tiene que ver con internet, la piratería y las redes sociales, la de Javier de la Cueva sobre la dicotomía abierto-cerrado y la de Josep Jover, que dejó perlas como que “la ley Sinde sólo se cumplirá si lo quieren los ciudadanos”, llamó a la participación ciudadana para cambiar normas injustas (“Las cosas primero las ganamos en la calle, luego en los juzgados y después en el BOE”, como el canon digital) y tranquilizó a quienes creen que las distintas leyes Sinde pueden amenazar la libertad en internet y, de paso, la innovación y el progreso: “Ustedes tiren adelante, que los juristas estamos detrás para cubrirles”.

-La ponencia de Javier Llinares sobre Open Government, que puso de manifiesto que la transparencia gubernamental en España simplemente no existe, y recordó que “tenemos la base, las herramientas, para hacer una democracia abierta de verdad” pero que aún se necesitan cambios culturales y de organización para hacer efectiva esa evolución. “Los políticos tienen miedo”, dijo Llinares, y llegará el día en que no tengan más remedio que escuchar a los ciudadanos. En la misma línea, la mesa redonda del sábado sobre democracia recordó que los ciudadanos, y no sólo los políticos, tenemos también responsabilidad política, porque, por ejemplo, a Silvio Berlusconi no lo han apartado del poder ni los ciudadanos ni los jueces, sino eso que llamamos mercados.

-Los talleres, útiles y muy buenos, tanto el de WordPress de Rafa Poveda como el de analítica web de Pere Rovira.

-El encuentro sobre videojuegos moderado por Txema Marín (escuché sólo un ratito pero los numerosos elogios que leí en Twitter merecen que lo incluya).

-La mesa redonda sobre periodismo, en la que se habló de un tema que empieza a ser un clásico: medios tradicionales contra nuevos medios y nuevos profesionales. La conclusión es que ahí fuera hay muchos autores aficionados que saben en ocasiones mucho más que los profesionales que publican en los sitios tradicionales y que ahora tienen los medios necesarios para desarrollar esa afición o esa pasión, para publicar sobre lo que les gusta y lo que saben y para decirles a los profesionales que se han equivocado. Julio Alonso explicó que lo que ahora se publica en la Red no es un producto terminado, sino una versión preliminar que se puede enriquecer con la conversación que suscita y con las aportaciones de esos expertos, unas voces que algunos medios tradicionales siguen siendo reacios a escuchar.

-La charla de Ismael El-Qudsi sobre marketing y publicidad. Muy divertida.

-La conferencia de clausura de Pablo Arrieta (@xpectro). Más que una charla, como dicen en la web de EBE (en este post se puede ver la conferencia), es una experiencia en sí misma. Puede que sea lo mejor que he visto en los cinco EBE a los que he asistido.

Me preguntaba más arriba qué es lo que habrían pensado ese casi millar de personas que asistían este año por primera vez. Si llegaron buscando respuestas, los secretos del éxito en la Red o la solución a todos sus problemas puede que se hayan sentido decepcionados. EBE no tiene la fórmula secreta de la Coca-Cola, simplemente pone sobre la mesa temas interesantes para debatir, preguntas que a veces llevan a otras preguntas, un punto de encuentro para que personas procedentes de distintos lugares y entornos puedan trabajar juntas para encontrarlas y, sobre todo, anima a quienes cruzan sus puertas a la acción, a que hagan realidad ese proyecto al que llevan tiempo dándole vueltas, a que participen, a que escuchen, a que conversen. Porque al final, de eso va todo esto. Por eso lo llaman web social.

PD: Si se perdieron algo y quieren escuchar o ver alguna de las conferencias, en Ágora Directo pueden recuperar (casi) todos los vídeos y en Radio Podcastellano los audios. Que los disfruten.

EBE11: Más chaquetas que camisetas

Susana Caballero | 13 de noviembre de 2011 a las 22:06

Primeras impresiones sobre el EBE11, la sexta edición del Evento Blog, del que mañana, con más calma, recopilaré enlaces, resúmenes e imágenes para que quienes se lo hayan perdido puedan echar un vistazo a algunas de las cosas de las que se han hablado estos tres días en Sevilla. Por ahora, les dejo con un adelanto y con un enlace a la web de Radio Podcastellano, donde pueden escuchar casi todas las sesiones.

Foto: Juan Carlos Muñoz

Foto: Juan Carlos Muñoz

Desde su primera edición, Evento Blog España, el EBE, ya demostró su habilidad para reflejar casi a la perfección las tendencias de internet y los intereses e inquietudes de quienes en ella se mueven y al mismo tiempo para anticipar por dónde se moverían una y otros en los meses posteriores. Cuando los blogs eran poco más que un reducto de frikis, el trío compuesto por José Luis Antúnez, Benito Castro y Luis Rull puso en marcha un foro en torno a ellos. Sólo unos meses después del nacimiento de Twitter invitaron a Biz Stone al EBE para explicar qué era eso del pajarito, y antes de que nadie imaginase el alcance global que iba a tener colocaron pantallas durante las ponencias y charlas para que la gente pudiese seguir lo que del EBE se decía en Twitter, conversaciones paralelas en ocasiones más interesantes que las que tenían lugar sobre el escenario.

El EBE que terminó hoy, el sexto, tanto por su programación como por el perfil de sus asistentes, ha sido una vez más reflejo de la Red y se ha contagiado de la transformación que en los últimos meses se ha vivido en las redes sociales e internet en general, con el desembarco de muchos profesionales, empresas, medios y periodistas que casi han tomado Twitter, por ejemplo, y que en los últimos tiempos han dado lugar a todo un ecosistema hasta hace poco desconocido (que incluye nuevos términos y hasta nuevas profesiones). Por decirlo en pocas palabras, este año ha habido más chaquetas que camisetas.

Como en otras ediciones, ha habido emprendedores tecnológicos sobre el escenario contando sus experiencias (como Sebastián Muriel, Laura Rivera y Ana Ormaechea), el recurrente debate sobre si las redes sociales amenazan a los blogs (no es así), talleres (como el de analítica web de Pere Rovira o el de Rafa Poveda sobre WordPress), encuentros temáticos como el que moderó Txema Marín sobre videojuegos, o ponencias (las de David Bravo, Javier de la Cueva y Josep Jover) sobre la propiedad intelectual y las normas que, con el pretexto de luchar contra la piratería, amenazan la libertad en internet, o mesas redondas sobre periodismo en las que se ha hablado de cómo están enfocando los medios tradicionales este nuevo escenario que ha propiciado la Red, en el que tienen que competir con muchos más medios y con autores, apasionados y con grandes conocimientos, que ahora tienen mucho más fácil escribir y publicar sobre lo que les interesa y también decirles a los periodistas profesionales cuándo se equivocan.

Pero, además de todo eso, también ha habido unas cuantas sesiones orientadas a empresas y a quienes utilizan las redes sociales como herramienta de trabajo que a buen seguro han servido de orientación a muchos recién llegados que no saben por dónde empezar.

Desde sus inicios, el EBE ha propiciado el encuentro entre aficionados, expertos, profesionales y simples ciudadanos unidos por su interés por un medio que hace mucho que dejó de ser un reducto de frikis. Y, si alguien sigue teniendo dudas, no tiene más que echarle un vistazo al programa de este EBE, en el que se ha hablado de política y democracia, de cómo mejorarlas y cómo fortalecerlas frente a eso que llaman mercados o de la necesidad de exigir a los gobiernos una gestión transparente (la charla de Javier Llinares sobre Open Government) y que escuchen a los ciudadanos, esos mismos que el domingo irán a votar y que poco a poco, gracias en buena medida a internet, las redes sociales y foros como el EBE, están dejando de ser esa gente a la que sólo se le pregunta una vez cada cuatro años.

Actualización: Por una de esas casualidades de la vida, se me han acumulado tres comentarios en la bandeja de aprobación y los tres me aclaran quiénes son los protagonistas de la foto de Juan Carlos Muñoz que ilustra este texto: son Nati, autora del blog La cocina de Kety, y su nieto Germán. Como me decían hace un rato en Twitter y también se ha dicho en este EBE, ellos dos demuestran que lo de la brecha digital a veces no es más que un mito. Lo que importa es la actitud.

Adobe se rinde con el Flash para dispositivos móviles

Susana Caballero | 9 de noviembre de 2011 a las 22:55

Este texto podría haberse titulado también Steve Jobs tenía razón”, porque el anuncio de Adobe de que abandona el desarrollo de su programa Flash para dispositivos móviles no hace sino darle la razón a un hombre que ya cuando presentó el iPhone auguró que la relación entre los cacharros móviles y el Flash no iba a terminar bien.

No sé si lo recordarán, pero entonces (y con cada nueva versión del sistema operativo de Apple, y con el iPad…) a Jobs le llovieron las críticas porque su teléfono era incapaz de reproducir Flash y eso impediría a quienes lo comprasen disfrutar de buena parte de la web, plagada de Flash aquí y allá. Jobs defendió entonces, y lo hizo más ampliamente en una carta abierta publicada el año pasado en la que explicaba por qué no quería que los dispositivos móviles de su empresa fuesen compatibles con Flash, que el programa de Adobe “fue creado durante la era del PC, para PC y ratones (…) La era móvil es la de dispositivos de bajo consumo de batería, interfaces táctiles y estándares web abiertos”. Y nada de eso encaja con la descripción de Flash (la carta es muy larga y no tiene desperdicio). De hecho, los problemas de Apple con el Flash son incluso anteriores a la era iPhone. Jobs consideraba que el plugin para Mac era malo, un producto poco profesional que para colmo estaba lleno de bugs.

Desde la salida de los dispositivos móviles (y su sistema operativo, iOS), Apple apostó por el estandar web HTML5, que fue progresivamente adoptado por sitios tan populares como YouTube. Y no debían de andar muy equivocados en Cupertino, porque hasta Microsoft siguió su camino. Pese a todo, sí que hay dispositivos (con Android) capaces de reproducir Flash, aunque Adobe sólo pudo proveerles de versiones beta, inestables y poco seguras.

No sé si la decisión de abandonar el desarrollo de la versión de Flash para móviles (sí seguirán trabajando en el apartado de ordenadores y también con dispositivos móviles, pero a través de Adobe Air) será por la reducción de costes (y los despidos) que ha anunciado Adobe o simplemente porque se han dado cuenta de que Steve Jobs tenía razón. No sería la primera vez. Apple ya fue la primera en usar en sus ordenadores de forma masiva el ratón, la interfaz gráfica y las unidades ópticas (CD primero y más tarde el DVD). Y también fueron los primeros en quitar algunas cosas, empezando por la disquetera y siguiendo con esos mismos lectores de CD y DVD. El único que sobrevive es el ratón, aunque, de alguna manera, las pantallas táctiles puede que anticipen su desaparición. Lo que está claro es que, donde quiera que esté Steve Jobs, si es que está en alguna parte, debe de haberse reído mucho hoy.

La noche que Google mutiló Reader

Susana Caballero | 8 de noviembre de 2011 a las 22:25

Lo había anunciado con antelación, pero no cuándo se llevaría a cabo el cambio ni cuáles serían las modificaciones concretas, aunque muchos usuarios ya intuían que no serían buenas. No lo fueron. La noche de Halloween Google decidió al fin hacer algo con Reader, uno de los servicios a los que menos caso había hecho en los últimos tiempos, y lo mutiló.

Si está leyendo esto y sólo usa Reader como lector de feeds sólo habrá notado un cambio estético en la línea del experimentado por otros servicios de la compañía como Gmail, por ejemplo. Si aprovechaba el resto de funcionalidades que ofrecía habrá notado que simplemente ya no están.

Parece que la compañía de Mountain View ha tomado la determinación de hacer que su red social, Google+, triunfe sí o sí. Tras los fiascos de Wave y Buzz, Google no puede permitirse otro fracaso, no importa cuántas naves tenga que quemar. Y la última ha sido Google Reader.

Por si alguien no conoce Google Reader, es un servicio de lectura de feeds con el que uno puede suscribirse a los blogs o sitios que le interesen y poder leer todas las actualizaciones en un mismo sitio sin tener que preocuparse de cuándo publican algo nuevo y sin perderse nada.

Además, hasta hace poco más de una semana contaba con un importante apartado social que permitía a los usuarios compartir los elementos interesantes, y añadirles un comentario, y todo eso podía ser visto por todos los contactos que le seguían. Cada usuario, a su vez, podía seguir los elementos compartidos de otros usuarios y comentarlos (ni que decir tiene que en no pocas ocasiones esas conversaciones eran mucho más interesantes que el elemento compartido originalmente), o podía simplemente indicar si le gustaban. Además, los elementos compartidos por cada usuario se iban publicando en otra web (como esta, que sigue on line pero ya no se actualizará).


Todo eso de lo que hablo en el último párrafo ya no existe. Google se lo ha cargado. Ahora, para compartir algo o leer lo que nuestros contactos comparten tenemos que ir a Google+, tengamos cuenta o no, queramos o no (podemos compartir contenidos desde el propio Reader, pegando el enlace del contenido en cuestión en la cajita de arriba a la derecha, pero para ver si alguien lo comenta, de nuevo tenemos que ir a G+).

No soy ingeniera, pero seguro que había una manera mejor de integrar Reader y Google+.

Lo que antes podíamos hacer desde el mismo sitio (leer las publicaciones que nos interesan, compartir algún artículo, ver lo que nuestros contactos comparten y comentarlo) ahora tenemos que hacerlo en dos. Además, en Google+ sólo se publican extractos de los artículos, no las piezas completas, por lo que si queremos leerlo completo tenemos que ir a un tercer sitio: el sitio en el que se publicó.

Entiendo que para algunos autores este cambio pueda ser beneficioso. Ahora, si comparten algún artículo propio en Google+ sus contactos tendrán que abrirlos (más visitas para su sitio) para leerlos y podrán controlar mejor el flujo de comentarios y recompartidos, siempre que le mencionen bien, claro (como en Twitter, también aquí hay una forma de citar a alguien para que ese alguien sepa que le hemos citado). Pero todos los suscritos por Reader seguirán leyéndolo en Reader y sólo irán a G+ en caso de que quieran compartirlo o comentarlo.

Lo que no entiendo es la alegría por el cambio de quienes admiten que no conocían sus funciones sociales, o que no las usaban (si no lo conocían o no lo usaban ¿qué más les da?. Y aún menos los que dicen que las usaban pero, por sus comentarios, da la impresión de que no. Cosas como que sólo las utilizaban cuatro gatos”, o “sólo trolls”, o que “en Reader nunca se produjo ningún debate” sugiere, o bien que nunca hicieron uso de esas opciones sociales o que sus contactos, siento decirlo, es lo que un amigo mío llama gente de poca calidad. Lo siento por ellos, pero en mi red de compartidores había gente muy interesante, que debatía activamente sobre los temas más diversos y que me enseñó muchas cosas. Y todo eso lo he perdido.


No sé cuánta gente usa Google Reader ni cuánta hacía uso de esa faceta social, pero no veo cómo puede ser bueno que un servicio elimine de un plumazo muchas de sus funcionalidades, y aún menos que lo haga para obligar a sus usuarios a que usen otro servicio. Sí, ya sé que Reader es un servicio gratuito propiedad de Google y que tiene derecho a hacer con él lo que considere oportuno. Pero también yo, como usuaria, tengo derecho a decirlo si no me gusta. Y no, no me gusta.

PD: Entre los muchos que se quejaron del cambio de Google Reader están E. D. Kain, que en Forbes define el rediseño como “una fea y solitaria experiencia de usuario”, o Brian Shih, que formó parte del equipo original de Reader y que se pregunta si el cambio ha sido “una decisión terrible o la peor decisión”. Y hay otros, como Francis Cleary, que además de quejarse se ha puesto manos a la obra y casi tiene terminado HiveMined, que describe como “un sustituto para Google Reader”. Habrá que probarlo.