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EBE11: Un EBE diferente

Susana Caballero | 14 de noviembre de 2011 a las 19:51

Se presentaba como un EBE de cambios (en otro escenario y por primera vez de pago) y de transición (¿hacia dónde? Aún está por ver), pero sobre todo ha sido un EBE raro, muy diferente a los anteriores y casi en las antípodas de aquel primero (su segunda edición, en realidad, porque me perdí la primera) al que fui hace cuatro años.

Entiendo que no tiene que ser fácil elaborar la programación (mucho menos organizarlo) de un encuentro de este tipo, al que han acudido unas dos mil personas de distinto perfil, intereses y ámbito de procedencia de las que, además, al menos la mitad eran debutantes en el EBE. La preocupación por reflejar, como decía ayer, todas esas tendencias que se mueven hoy día por la Red (no hay más que darse una vuelta por Twitter) ha dado lugar a un menú en mi opinión demasiado ecléctico que no sé si habrá colmado las expectativas de quienes acudían este año por primera vez, porque creo que tanto los perfiles empresariales, por así decirlo, como los internautas/tuiteros/blogueros de a pie pueden haberse sentido en algún momento un poco descolocados.

Esa variedad de perfiles e intereses dificulta no sólo elaborar la programación, sino supongo que también la preparación de las ponencias y mesas redondas para los propios ponentes. Hace unos años, el auditorio era más homogéneo (había excepciones, claro, porque no es que las empresas o los profesionales hayan aparecido este año de repente) y sus intereses también lo eran (también había excepciones en eso). Ahora, muchos habrán considerado ciertas charlas o talleres demasiado avanzados, otros que se han quedado cortos y otros (los más veteranos, como es mi caso) estarán ya un poco cansados de escuchar todos los años a alguien empeñado en matar los blogs, de ver a otros vendiendo su libro (o su Orbyt) o de comprobar que algunos amortizan una y otra vez la charla que prepararon hace decenios o que simplemente no preparan nada y se limitan a decir lo que en ese momento les pasa por la cabeza (y que conste que nada de esto es culpa de los organizadores, que llaman a quienes consideran más idóneos para cada ámbito y poco pueden hacer si les salen rana).

Hay otras sesiones que, por mucho que recuperen argumentos ya escuchados o leídos, siempre es un placer presenciar, bien por el interés del conferenciante, por el de lo que cuenta o, simplemente, porque dice, con micro y sobre un escenario, cosas que uno ha pensado, dicho o escrito más de una vez.

Esa variedad de perfiles y procedencias provoca que haya casi tantas opiniones sobre lo que se ha visto y escuchado en este EBE11 como asistentes, como se puede comprobar echando un vistazo a lo que se iba diciendo en Twitter mientras duraba el encuentro y a lo que quienes estuvieron allí irán publicando durante los próximos días. No sé cuántos de los que allí estuvieron repetirán el año que viene y cuántos lo recomendarán a sus contactos. Me gustaría saber qué llevó a los debutantes a asistir este año por primera vez y qué es lo que se llevan o lo que han aprendido. También saber qué piensan los sospechosos habituales de este EBE tan peculiar.

Como digo, cada uno tendrá su opinión sobre lo mejor y lo peor de este EBE. (Estoy recopilando en Storify lo que más me ha llamado la atención de esta edición. He completado la historia de De Muestra, la del viernes y la del sábado, por si le quieren echar un vistazo). La mía es que esto ha sido lo mejor de este año:

-La sesión De Muestra, previa al propio EBE, en la que se presentan proyectos nuevos cada año más interesantes. En relación directa con esto, aunque ya en el programa oficial, las charlas de emprendedores como Laura Valverde y Ana Ormaechea (o cómo sobrevivir a la experiencia de intentar hacerse un hueco en Silicon Valley), Sebastián Muriel (sobre las diferencias entre Europa y EEUU a la hora de montar un proyecto tecnológico y algunas claves para sacar adelante una empresa de estas características y superar los obstáculos) o Jared Hecht, el invitado internacional de este año, que, al igual que hicieron en otras ediciones figuras como Biz Stone, presentó el servicio del que es cofundador, la red social GroupMe.

-Las charlas de David Bravo sobre el trato que los medios de comunicación dan en ocasiones a todo lo que tiene que ver con internet, la piratería y las redes sociales, la de Javier de la Cueva sobre la dicotomía abierto-cerrado y la de Josep Jover, que dejó perlas como que “la ley Sinde sólo se cumplirá si lo quieren los ciudadanos”, llamó a la participación ciudadana para cambiar normas injustas (“Las cosas primero las ganamos en la calle, luego en los juzgados y después en el BOE”, como el canon digital) y tranquilizó a quienes creen que las distintas leyes Sinde pueden amenazar la libertad en internet y, de paso, la innovación y el progreso: “Ustedes tiren adelante, que los juristas estamos detrás para cubrirles”.

-La ponencia de Javier Llinares sobre Open Government, que puso de manifiesto que la transparencia gubernamental en España simplemente no existe, y recordó que “tenemos la base, las herramientas, para hacer una democracia abierta de verdad” pero que aún se necesitan cambios culturales y de organización para hacer efectiva esa evolución. “Los políticos tienen miedo”, dijo Llinares, y llegará el día en que no tengan más remedio que escuchar a los ciudadanos. En la misma línea, la mesa redonda del sábado sobre democracia recordó que los ciudadanos, y no sólo los políticos, tenemos también responsabilidad política, porque, por ejemplo, a Silvio Berlusconi no lo han apartado del poder ni los ciudadanos ni los jueces, sino eso que llamamos mercados.

-Los talleres, útiles y muy buenos, tanto el de WordPress de Rafa Poveda como el de analítica web de Pere Rovira.

-El encuentro sobre videojuegos moderado por Txema Marín (escuché sólo un ratito pero los numerosos elogios que leí en Twitter merecen que lo incluya).

-La mesa redonda sobre periodismo, en la que se habló de un tema que empieza a ser un clásico: medios tradicionales contra nuevos medios y nuevos profesionales. La conclusión es que ahí fuera hay muchos autores aficionados que saben en ocasiones mucho más que los profesionales que publican en los sitios tradicionales y que ahora tienen los medios necesarios para desarrollar esa afición o esa pasión, para publicar sobre lo que les gusta y lo que saben y para decirles a los profesionales que se han equivocado. Julio Alonso explicó que lo que ahora se publica en la Red no es un producto terminado, sino una versión preliminar que se puede enriquecer con la conversación que suscita y con las aportaciones de esos expertos, unas voces que algunos medios tradicionales siguen siendo reacios a escuchar.

-La charla de Ismael El-Qudsi sobre marketing y publicidad. Muy divertida.

-La conferencia de clausura de Pablo Arrieta (@xpectro). Más que una charla, como dicen en la web de EBE (en este post se puede ver la conferencia), es una experiencia en sí misma. Puede que sea lo mejor que he visto en los cinco EBE a los que he asistido.

Me preguntaba más arriba qué es lo que habrían pensado ese casi millar de personas que asistían este año por primera vez. Si llegaron buscando respuestas, los secretos del éxito en la Red o la solución a todos sus problemas puede que se hayan sentido decepcionados. EBE no tiene la fórmula secreta de la Coca-Cola, simplemente pone sobre la mesa temas interesantes para debatir, preguntas que a veces llevan a otras preguntas, un punto de encuentro para que personas procedentes de distintos lugares y entornos puedan trabajar juntas para encontrarlas y, sobre todo, anima a quienes cruzan sus puertas a la acción, a que hagan realidad ese proyecto al que llevan tiempo dándole vueltas, a que participen, a que escuchen, a que conversen. Porque al final, de eso va todo esto. Por eso lo llaman web social.

PD: Si se perdieron algo y quieren escuchar o ver alguna de las conferencias, en Ágora Directo pueden recuperar (casi) todos los vídeos y en Radio Podcastellano los audios. Que los disfruten.

EBE11: Más chaquetas que camisetas

Susana Caballero | 13 de noviembre de 2011 a las 22:06

Primeras impresiones sobre el EBE11, la sexta edición del Evento Blog, del que mañana, con más calma, recopilaré enlaces, resúmenes e imágenes para que quienes se lo hayan perdido puedan echar un vistazo a algunas de las cosas de las que se han hablado estos tres días en Sevilla. Por ahora, les dejo con un adelanto y con un enlace a la web de Radio Podcastellano, donde pueden escuchar casi todas las sesiones.

Foto: Juan Carlos Muñoz

Foto: Juan Carlos Muñoz

Desde su primera edición, Evento Blog España, el EBE, ya demostró su habilidad para reflejar casi a la perfección las tendencias de internet y los intereses e inquietudes de quienes en ella se mueven y al mismo tiempo para anticipar por dónde se moverían una y otros en los meses posteriores. Cuando los blogs eran poco más que un reducto de frikis, el trío compuesto por José Luis Antúnez, Benito Castro y Luis Rull puso en marcha un foro en torno a ellos. Sólo unos meses después del nacimiento de Twitter invitaron a Biz Stone al EBE para explicar qué era eso del pajarito, y antes de que nadie imaginase el alcance global que iba a tener colocaron pantallas durante las ponencias y charlas para que la gente pudiese seguir lo que del EBE se decía en Twitter, conversaciones paralelas en ocasiones más interesantes que las que tenían lugar sobre el escenario.

El EBE que terminó hoy, el sexto, tanto por su programación como por el perfil de sus asistentes, ha sido una vez más reflejo de la Red y se ha contagiado de la transformación que en los últimos meses se ha vivido en las redes sociales e internet en general, con el desembarco de muchos profesionales, empresas, medios y periodistas que casi han tomado Twitter, por ejemplo, y que en los últimos tiempos han dado lugar a todo un ecosistema hasta hace poco desconocido (que incluye nuevos términos y hasta nuevas profesiones). Por decirlo en pocas palabras, este año ha habido más chaquetas que camisetas.

Como en otras ediciones, ha habido emprendedores tecnológicos sobre el escenario contando sus experiencias (como Sebastián Muriel, Laura Rivera y Ana Ormaechea), el recurrente debate sobre si las redes sociales amenazan a los blogs (no es así), talleres (como el de analítica web de Pere Rovira o el de Rafa Poveda sobre WordPress), encuentros temáticos como el que moderó Txema Marín sobre videojuegos, o ponencias (las de David Bravo, Javier de la Cueva y Josep Jover) sobre la propiedad intelectual y las normas que, con el pretexto de luchar contra la piratería, amenazan la libertad en internet, o mesas redondas sobre periodismo en las que se ha hablado de cómo están enfocando los medios tradicionales este nuevo escenario que ha propiciado la Red, en el que tienen que competir con muchos más medios y con autores, apasionados y con grandes conocimientos, que ahora tienen mucho más fácil escribir y publicar sobre lo que les interesa y también decirles a los periodistas profesionales cuándo se equivocan.

Pero, además de todo eso, también ha habido unas cuantas sesiones orientadas a empresas y a quienes utilizan las redes sociales como herramienta de trabajo que a buen seguro han servido de orientación a muchos recién llegados que no saben por dónde empezar.

Desde sus inicios, el EBE ha propiciado el encuentro entre aficionados, expertos, profesionales y simples ciudadanos unidos por su interés por un medio que hace mucho que dejó de ser un reducto de frikis. Y, si alguien sigue teniendo dudas, no tiene más que echarle un vistazo al programa de este EBE, en el que se ha hablado de política y democracia, de cómo mejorarlas y cómo fortalecerlas frente a eso que llaman mercados o de la necesidad de exigir a los gobiernos una gestión transparente (la charla de Javier Llinares sobre Open Government) y que escuchen a los ciudadanos, esos mismos que el domingo irán a votar y que poco a poco, gracias en buena medida a internet, las redes sociales y foros como el EBE, están dejando de ser esa gente a la que sólo se le pregunta una vez cada cuatro años.

Actualización: Por una de esas casualidades de la vida, se me han acumulado tres comentarios en la bandeja de aprobación y los tres me aclaran quiénes son los protagonistas de la foto de Juan Carlos Muñoz que ilustra este texto: son Nati, autora del blog La cocina de Kety, y su nieto Germán. Como me decían hace un rato en Twitter y también se ha dicho en este EBE, ellos dos demuestran que lo de la brecha digital a veces no es más que un mito. Lo que importa es la actitud.

Prensa e internet: pasado, presente y futuro

Susana Caballero | 27 de diciembre de 2010 a las 20:12

[El Día de Córdoba, en el que trabajé durante seis años, sus primeros seis años de vida, celebra ahora su primera década en los quioscos, y su director, Luis J. Pérez-Bustamante, me pidió que escribiese un reportaje sobre los periódicos, el periodismo e internet para incluirlo en el suplemento especial que estaban preparando. Este es el resultado].

En los últimos años los avances tecnológicos han afectado a casi todos los sectores, pero en pocos esa evolución ha sido tan revolucionaria como en el periodismo, en especial el conocido como escrito, tanto en su sistema de producción como en el de distribución e incluso en el consumo. Aunque a quienes empiezan ahora en este negocio les parezca prehistórico, no hace tanto que las máquinas de escribir salieron de las redacciones, y en la mayoría de ellas hay veteranos que recuerdan cómo se trabajaba entonces y que los despachos de agencias, o teletipos, salían por una impresora y había que ir a recogerlos, cortarlos y distribuirlos entre las secciones correspondientes.

Después llegaron los ordenadores. Pero no se parecían en nada a los de ahora. Lo del interfaz gráfico (ver qué es lo que uno estaba haciendo, como los actuales sistemas operativos) tardaría aún en llegar. Había que conformarse con unas letras verdes sobre fondo negro y aprender una interminable serie de códigos para pasar de una a otra parte de la página, y cuando llegó internet lo hizo muy poco a poco, con un solo ordenador conectado al que se accedía previa petición y sólo si había una justificación profesional para ello.

Y casi de un día para otro llegó el futuro. Editores visuales, con las aplicaciones para ver teletipos y fotos integradas y tres combinaciones de teclas maravillosas, aunque por desgracia la ciencia aún no ha sabido trasladarlas al mundo real: Ctrl+C (copiar), Ctrl+V (pegar) y la mejor de todas, Ctrl+Z (deshacer). Ese futuro también llegó a la distribución, y de paso revolucionó la forma en que los lectores consumen los contenidos producidos en las redacciones.

El salto a la Red

La primera página web de El Día de Córdoba debutó en la Red sólo unos meses después de que el periódico llegase por primera vez a los quioscos. Aunque para su época no estaba mal, no resistiría la comparación con cualquier blog de hoy en día. Se reducía a trasladar a la web lo publicado en el periódico impreso, no se podían incluir enlaces, ni vídeos, ni más de una foto por noticia ni, claro, permitía comentarios de los lectores. Y actualizarlo a lo largo del día era una tarea titánica, tanto que ni se intentaba, aunque hubo un día en que sí hubo que actualizarlo, el 11-S.

Unos años después la web de El Día de Córdoba cambió, y poco tiempo más tarde lo hizo de nuevo para llegar a la que hoy está en la Red, con la distribución del contenido en tres columnas: la izquierda para la información local, la central para la nacional e internacional y la derecha para encuestas, galerías, encuentros, blogs y promociones. Aunque el cambio estético es importante, el verdadero salto en este campo es la diversificación de contenidos que podemos ofrecer a nuestros lectores y que a esta fiesta ellos también están invitados. Donde antes había sólo texto plano y puede que alguna foto, ahora hay texto enriquecido con enlaces a nuestra propia hemeroteca o a otras fuentes de información, con imágenes, vídeos, galerías, encuestas y artículos de los blogs de la red del Grupo Joly.

Todo ello lo pueden comentar los lectores, y aportarnos información, sugerencias o críticas, porque ellos también contribuyen a hacer cada día el periódico, y por eso no fallan cuando les pedimos que compartan sus imágenes sobre aquella nevada de la que casi todos hicimos fotos, o de las últimas inundaciones, y también esperamos que compartan con nosotros su alegría si (crucemos los dedos) Córdoba consigue la tan ansiada Capitalidad Cultural. Y para los que prefieren tenerlo todo en su red social en lugar de andar zascandileando por internet, también podrán encontrarnos en Facebook y en Twitter, donde cada día sumamos amigos y seguidores y donde además ofrecemos coberturas en directo.

El futuro

El presente es, sin duda, estimulante, y también lo es el futuro, por mucho que haya agoreros que, no se sabe con qué propósito, vaticinen el fin de los periódicos e incluso el fin del periodismo a manos de internet. No hay una guerra entre la Red y el papel. No son enemigos, y no tienen por qué serlo. Son simplemente dos canales de distribución, dos formatos, para un contenido que sale de la misma redacción, que elaboran las mismas personas y que, al fin y al cabo, sigue siendo escrito. Hace ya mucho que el medio dejó de ser el mensaje (y 30 años de la muerte de Marshall McLuhan), y ahora el mensaje es el mensaje y la noticia la noticia, no importa cómo la contemos, si es en 140 caracteres, en un reportaje multimedia o a cinco columnas en portada. Nada de eso importa ya. Importa contar al lector lo que quiere saber, o lo que puede que le interese sin que sepa que lo busca. Importa satisfacer esa demanda y gracias a internet contamos con las herramientas para saber quién llega a nuestra web, de dónde viene, cuánto tiempo está en ella y qué es lo que lee. Sabemos por los trending topics de Twitter los temas de los que todo el mundo habla, sabemos por Google qué buscan los internautas. Y sabemos que frases como “eso no le interesa a nadie” o “esto le va a encantar a la gente” no se deberían volver a pronunciar en una redacción si no se acompañan con informes de analítica web porque ahora sabemos qué interesa y qué no.

Es probable que un día no muy lejano se dejen de imprimir periódicos, pero eso no supondrá ni el fin de los periódicos ni el fin del periodismo, como la televisión no acabó con el cine ni la radio con los primeros periódicos. Había periodismo mucho antes de que se imprimiera y lo seguirá habiendo mucho después, porque siempre habrá historias que contar, gente interesada en conocerlas y profesionales dispuestos a contarlas.

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