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Por qué no es buena idea censurar parodias en Twitter

Susana Caballero | 29 de noviembre de 2011 a las 19:18

Respuesta corta 1: El efecto Streisand.

Respuesta corta 2: Queda feo.

Ahora, una respuesta algo más larga:

Las cuentas paródicas existen prácticamente desde el inicio de Twitter. Cuando abrí mi primera cuenta, hace cuatro años, ya estaban por allí lo que entonces se conocían como narices rojas, una serie de cuentas falsas que se burlaban de figuras conocidas en la Red, como Enrique Dans o Eduardo Arcos, cuyos alias en Twitter eran muy similares a los originales y cuya foto de perfil era la de los homenajeados ataviados con una nariz roja, como la de los payasos. Esas cuentas tenían mayor o menor gracia, y algunas derivaron en el insulto puro y duro. Con el tiempo, la moda se enfrió y lo de las narices rojas (los usuarios más veteranos se acordarán de aquello) pasó a mejor vida.

Ahora, la moda (bueno, una de tantas, como lo de hacer trending topic el santo del día o cualquier otra tontería) es parodiar a políticos. Figuras como Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba, Esperanza Aguirre o hasta el mismísimo Rey tienen sus replicantes en Twitter (brillante el tuit de @JuanCarlosI, con su correspondiente foto de perfil, el día del moratón en el ojo: la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha).

Pese a lo mucho que nos gustan a los españoles las parodias y reírnos de quienes nos gobiernan, esta moda no es exclusiva de España. La reina Isabel II de Inglaterra también tiene la suya, con más de medio millón de seguidores y tan popular que hasta tiene su propio libro.

Como es lógico, no todos los parodiados se toman tan bien estos homenajes. En España tenemos un caso notorio reciente, un ejemplo de manual del conocido como efecto Streisand: el caso Naniano Rajoy, una más de tantas copias del líder del Partido Popular surgidas en la Red pero contra la que el partido a punto de ocupar el Gobierno de España se empleó a fondo, logrando lo que cualquiera con un mínimo conocimiento de redes sociales (y de comportamiento humano en general) habría previsto: #FreeNaniano estuvo durante más de un día en lo más alto de la lista de trending topics en España, salieron decenas de nuevos replicantes y, lo que es peor, dejó la imagen del PP en internet y las redes sociales (donde tampoco es que se haya lucido precisamente) a la altura del betún (sí, ya sé que han ganado las elecciones de calle y demás, pero la reputación on line la tienen por los suelos). Y todo por hacer caso a algo que no merecía tanta atención (no sabrán, por ejemplo, que nunca hay que alimentar a los trolls; ni a las parodias).

El resquicio legal en el que se ampararon para cerrar Naniano Rajoy fue el mismo que usó en su día La Moncloa o el que invoca ahora el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido (del PP), para cerrar su recién nacida parodia (la cuenta apareció hace tres días), @zoidoarcalde: la usurpación de identidad.

Permítanme que copie unos párrafos de la Ayuda de Twitter al respecto, para dejar claros los términos:

Se considera usurpación de identidad el intento de engaño, o simplemente con fines lúdicos, al fingir ser otra persona o empresa. Se considera violación de la normativa de Twitter la usurpación de identidad no paródica. La norma para definir qué es parodia es: “¿Una persona razonable sabría que es una broma?”. Puede considerarse que una cuenta viola la política de usurpación de identidad si da lugar a confusión o engaña a otras personas. Se permiten las cuentas de usurpación de identidad paródica.

¿Qué entiende Twitter por usurpación de identidad paródica? Veamos:

Para evitar la suplantación, la información del perfil de la cuenta debe hacer muy claro que el creador de la cuenta no es realmente la misma persona o entidad que es sujeto de su parodia o imitación. Aquí hay algunas sugerencias para diferenciar tu cuenta:

-Nombre de usuario: El nombre de usuario no debe ser exactamente el mismo del sujeto de la parodia, imitación o la celebridad; para hacer esto más claro, debes distinguir la cuenta con un calificativo tal como “no soy”, “falso” o “fan”.

-Nombre: El nombre en el perfil no debe listar exactamente el nombre del sujeto sin alguna palabra distintiva, tal como “no soy”, “falso” o “fan”.

-Bio: La biografía debe incluir una afirmación que se distinga de la identidad real, por ejemplo “Esto es una parodia” o “Una cuenta hecha por fans” o “Cuenta de Parodia” o “Cuenta de fans” o “Cuenta de juego de rol” o “No estamos afiliados con…”.

-Comunicación con otros usuarios: La cuenta no debe tratar de engañar o llevar a malas interpretaciones sobre su identidad, a través de comunicaciones públicas o privadas con otros usuarios. Por ejemplo, si estás operando una cuenta de admiradores, no envíes mensajes directos a otros usuarios como si fueras realmente esa celebridad (por ejemplo un artista, banda, equipo deportivo, etc.).

Veamos ahora qué dice en su perfil la parodia del alcalde de Sevilla, @zoidoarcalde, que indica que su nombre es Juaninnasio Soido (originalmente era idéntico al del alcalde, pero le aconsejaron que lo cambiase y así lo hizo):

Arcalde de Sevilla por la gracia de Dios. Intentando volver a nuestras raíces de albero, caballo y señorito. Soy una parodia, como la vida misma.

Aun así, el Zoido original ha pedido a Twitter que elimine la cuenta, porque considera que suplanta su identidad, una maniobra en mi opinión desafortunada viniendo sobre todo de alguien que lleva moviéndose bastante tiempo en este mundo y que llevó a cabo una campaña muy efectiva en las redes sociales en su carrera por alcanzar la Alcaldía sevillana. No me atrevo a aventurar qué es lo que de verdad le ha molestado, aunque tengo un par de ideas.

A mi entender, queda bien claro que no hay suplantación que valga, como tampoco la había en Naniano Rajoy (el caso de La Moncloa era diferente), porque cualquiera con dos dedos de frente (vale que ha habido periodistas que dieron por auténticos mensajes publicados desde cuentas falsas, pero siempre ha habido gente con problemas de lectura comprensiva) sabe que, por ejemplo, las burradas que dice la cuenta replicante de Esperanza Aguirre no son ciertas… O al menos la auténtica no se atrevería a decirlas en público, ¿no?