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Los forenses de ‘Perdidos’, post-it virtuales y el paréntesis de Gutenberg

Susana Caballero | 22 de noviembre de 2010 a las 0:01

El EBE 2010 se cierra con una charla de Pedro Jorge Romero sobre la serie de culto, otra sobre una nueva herramienta para compartir y la visión de Alejandro Piscitella sobre cómo está Google cambiando el mundo.

Pese a que es un reputado traductor y escritor de ciencia-ficción, hay mucha gente que no conoce a Pedro Jorge Romero. Pero seguro que no hay muchos seguidores de Perdidos que no hayan pasado alguna vez por su blog después de cada episodio para leer sus reflexiones en busca de un poco de iluminación y puede que alguna respuesta, aunque quizás sólo encontrasen más preguntas.

Romero, más conocido como pjorge, se subió al escenario del último día del Evento Blog 2010 para responder a la pregunta ¿Hay vida después de Lost? Pero, “haciendo honor a la serie”, admitió al inicio que “no voy a ofrecer ninguna respuesta”. No fue del todo cierto. Evidentemente, “hay vida después de Lost; de hecho, seguimos vivos”, y siempre habrá “otra serie, otro libro, otra obra que nos sorprenda tanto como esta”. Romero comenzó recordando cómo decidió empezar a escribir sobre Perdidos, a escribir después de ver cada episodio de la serie. Y cómo, después del último episodio, la avalancha de visitas fue tal que, literalmente, su blog murió de éxito (justo antes de la caída contabilizó 50.000 visitas en un día, y aquel texto que escribió entonces sigue siendo, seis meses después, uno de los más leídos).

Pedro Jorge -que, como decía Luis Rull en esta entrevista, ha aportado un valor añadido a la experiencia de ver Perdidos con su encomiable esfuerzo por desenmarañar las diferentes capas de significación que se superponen en la serie- defendió su final porque la deja “temáticamente perfectamente cerrada”. Cuando se enfrentó al doble episodio de cierre sólo “esperaba que me sorprendieran por última vez, y lo hicieron”. Entiende el desencanto de muchos que vieron frustradas sus expectativas porque no les gustó “la clave que les dieron” los creadores, pero defiende los aciertos de la serie, como “mantener a los personajes siempre en el centro” de todo lo que pasaba o ambientar la trama en una isla, que actúa como una prisión perfecta. También aplaude que “ha ocultado el elemento fantástico muy bien”, y siempre que han introducido un episodio de ciencia-ficción “lo han hecho del modo más directo posible”, resguardándose así de los recelos que en la población en general suelen despertar los trabajos inscritos en ese género (todo esto lo explica en uno de los extras de la charla que ha publicado en su blog).

Cree que el epílogo a la serie que incluyeron en la edición en DVD es “una broma” para los fans, para esos que no quedaron satisfechos con la resolución de la serie ni con la cantidad de información que recibieron, porque no sólo no responde nada sino que añade más preguntas, y pronunció, al hilo de las características de Perdidos -una serie para ver una y otra vez en busca de pistas para someterla a sesudos análisis-, una de las frases que define a la perfección la actitud de sus seguidores: Lost no tiene fans, tiene forenses”.

Joaquín Ayuso y Glass

Una de las constantes de este EBE ha sido la presencia en las distintas ponencias de emprendedores para contar su experiencia, dar consejos a los asistentes y animar a todo aquel que tenga en mente poner en pie un proyecto. El último de los emprendedores de esta edición ha sido Joaquín Ayuso, uno de los fundadores de Tuenti y ahora embarcado en un nuevo proyecto, Glass, una herramienta para compartir contenidos que permite poner notas privadas (visibles sólo por quien desee el usuario) en webs de todo tipo. Ayuso, que aseguró que “Glass va a ser el estándar para compartir”, apuntó que en los próximos meses la plataforma incorporará otros idiomas (por ahora sólo está en inglés) y canales para que se amplíe el alcance de esos contenidos compartidos, aunque su control siempre quedará en manos del usuario.

Ayuso, que apuntó que el grupo de fundadores de Tuenti eran “chavales de universidad, más normales” que los creadores de Facebook (o al menos que la visión que de ellos se da en la película de David Fincher La red social), repasó la puesta en marcha de la red social española, inspirada por el éxito de Facebook, e insistió en que no es necesario irse a Estados Unidos, “porque aquí también hay capacidad de emprender y entusiasmo; en EEUU el mercado está más saturado y hay menos entusiasmo”. Ayuso remarcó las lecciones que se pueden obtener del fracaso, animó a los presentes a “empezar a emprender” y dijo que las claves para iniciar un proyecto son “conocer tus limitaciones”, para saber a quién necesitas incorporar, y “transmitir a los demás el amor que sientes por tu proyecto, involucrarles, para que luchen por él como si fuese suyo”.

El cofundador de Tuenti apuntó también que la próxima batalla que se librará en la Red tendrá como argumento “la propiedad de la información”. Por ahora, está en manos de empresas como Google y Yahoo, pero “la gente quiere ser dueña de su información”. En los próximos cinco años, según Ayuso, “veremos cambiar ese mapa, veremos cómo la propiedad de la información volverá a sus usuarios”.

Piscitelli y el paréntesis de Gutenberg

El filósofo argentino Alejandro Piscitelli fue el encargado de pronunciar la conferencia de clausura de esta quinta edición del Evento Blog, y lo hizo con una interesante (y densa, sobre todo por la multitud de temas que trató y las ramificaciones a que cada uno de ellos podía dar lugar) ponencia titulada El paréntesis de Gutenberg, que inició asegurando que nos encontramos ante un “cambio cultural y civilizatorio pocas veces visto en la Historia”. El último cambio similar fue el propiciado por Gutenberg y su imprenta. Piscitelli habló de la “cultura remix 2.0”, en la que muchos producen contenidos para muchos, de forma “multimedial”, porque “las comunidades digitales han ampliado la capacidad productiva” (antes sólo había unos pocos productores de contenidos, como Hollywood).

El argentino anticipó una “guerra cultural de proporciones épicas” entre el viejo y el nuevo orden, y cataloga reportajes, libros y estudios que acusan a Google de atontar a los ciudadanos como ataques fruto de la “pose defensiva que adopta una cultura que se siente amenazada”, la del modelo Gutenberg, la de la tiranía de lo impreso y toda su jerarquía implícita. Piscitelli ensalzó la importancia de la “arquitectura de la participación” y aseguró que la discusión “no es sobre el soporte” ni sobre la tecnología, porque “cada uno debe usar la herramienta apropiada para cada momento y objetivo”.

“Durante 500 años”, continuó, “lo que aprendimos lo aprendimos de los libros y llevábamos el mundo al papel; ahora lo llevamos a la pantalla”. Esa nueva cultura, en la que ha cambiado ese modo de representación, “no es impuesta por periodistas y profesores, no va de arriba abajo, sino de abajo arriba”. Los “bienes culturales son ahora accesibles”, y fundamentales para ese cambio, pero “no hay que quemar nada, sino utilizarlo todo desde una perspectiva diferente”. Y así, dentro de un tiempo, puede que nos demos cuenta de “cómo Google está cambiando el mundo”.

El EBE 2010 se cierra con una charla de Pedro Jorge Romero sobre la serie de culto, otra sobre una nueva herramienta para compartir y la visión de Alejandro Piscitella sobre cómo está Google cambiando el mundo.

Televisión, educación, miedo, libertad y provocación

Susana Caballero | 21 de noviembre de 2010 a las 1:30

¿Cómo es la televisión actual? ¿Cómo están reaccionando al nuevo escenario de lo digital? ¿Cómo se relacionan las grandes cadenas con internet? Estas fueron algunas de las preguntas que vertebraron la charla que mantuvieron la tarde del sábado en el Evento Blog 2010 Alfredo Peña (La Sexta), Eudald Domenech (InOutTV) y Nicolás Amado (BrightCove). Tras repasar las estrategias con las que las cadenas españolas que emiten en abierto han dado el salto a la Red (un salto no uniforme, porque unas ofrecen emisiones en directo y otras en diferido y la oferta de televisión a la carta es muy dispar), coincidieron en que la creciente demanda de los espectadores, cada vez más específica y más difícil de satisfacer con una programación estándar, será la que marque el futuro inmediato del medio, porque la gente “quiere ver cada vez más lo que quiere y en el momento en que quiere verlo”, y además quiere acceder a todos esos servicios “desde el sofá”, una tendencia incompatible con el modelo clásico de televisión de pago.

“Si la gente puede pagar una cantidad razonable al mes por Hulu y Netflix para ver determinados contenidos de su interés, ¿por qué va a pagar mucho más por ver una lista interminable de canales que no va a ver?”. Además, las nuevas plataformas ofrecen la posibilidad de comentar lo que se está viendo en diversas redes sociales. En la mesa sobre televisión también se habló, cómo no (había un representante de la compañía entre los ponentes) de InOutTV, que se acerca bastante a esa televisión de verdad a la carta; de BrightCove (también había otro representante) como plataforma para la gestión de vídeo on line, y del iPlayer de la BBC, que según datos de los ponentes aglutina el 25% del tráfico de todo el Reino Unido.

Pese a que la sesión duró una hora, quedaron algunos temas en el tintero (por Twitter se preguntaban por qué no hablaban de cómo ha cambiado Perdidos la forma de muchos de ver televisión) y por otros se pasó casi de puntillas (como la publicidad, los contenidos que las televisiones toman prestados de la Red sin citar siquiera la fuente -porque YouTube no es una fuente- o la intención de los fabricantes de tecnología de involucrarse en el ámbito de los contenidos sin ser ellos productores de contenido).

Por su parte, Dolors Reig introdujo en el Evento Blog la educación, un campo en el que las nuevas tecnologías, sobre todo de un tiempo a esta parte, juegan un papel decisivo. Reig habló de la importancia del mensaje por encima de los dispositivos que se usen para emitirlos o recibirlos, desmintió los estudios que acusan a internet y las redes sociales de mermar la empatía de las personas, especialmente de los más jóvenes, y defendió la inteligencia colectiva que surge de las comunidades que propician las redes sociales, mucho más poderosa que la inteligencia individual de cualquiera de sus miembros. (Presentación de Dolors Reig).

Tras ella, tomó la palabra Juan Freire, que disertó sobre la libertad en la Red o, como él mismo precisó, sobre cómo se ejercen las libertades desde la Red, que deben librar cinco batallas. La primera de ellas es “contra nosotros mismos”, para huir del “tecno-determinismo y la tecno-utopía”, porque “la tecnología no cambia nada”, son los usuarios los que deben usarla, apropiarse de ella, para llevar a cabo cualquier cambio. La segunda batalla debe librarse contra “nuestros gobernantes”, que suelen tener “principios que venden al mejor postor” y que han llevado el debate sobre la legislación en internet a un planteamiento industrial que se está abordando como una cuestión de telecomunicaciones (en Europa), de contenidos (en EEUU) o de hardware (en Asia) según el territorio, porque los gobiernos piensan en la Red únicamente como un producto y como un mercado. Según Freire, internet ha propiciado tanto “cosas buenas” (WikiLeaks) como algunas malas (la posibilidad de que quienes gobiernan puedan monitorizar la actividad de sus ciudadanos).

La tercera batalla tiene dos flancos: por un lado, la propia industria y, por otro, la inhibición de las administraciones públicas. Ambas dan lugar, por ejemplo, a lo que Freire llama “el caso Facebook”, con sus extensísimas condiciones de uso y de privacidad que los usuarios aceptan sin leer y que los gobiernos ni conocen ni se interesan por ellas. Los periódicos cambios en las condiciones de la red social no son, pues, fruto de la intervención de ningún poder público, sino de una “negociación difusa entre los usuarios y la industria”. La cuarta batalla tiene lugar entre los colectivos marginales en sociedades democráticas, que, obviamente, tienen problemas más acuciantes que las condiciones de uso de Facebook. Por último, la quinta la lucha la ciudadanía en las sociedades no democráticas. El caso paradigmático es China, donde el Gobierno emplea a decenas de miles de personas para controlar on line la actividad de los disidentes. Freire detecta ciertos paralelismos entre el caso Facebook y el chino, y piensa en lo que ocurre en ese país como en “una especie de laboratorio de lo que podría ocurrir en cualquier parte del mundo”.

Precisamente sobre el miedo (no es que las propuestas de Freire asustasen, pero sí resultaron en cierto modo inquietantes) habló Pilar Jericó, y de cómo ahuyentarlo. Jericó pidió a los asistentes que se conviertan en cambio, que compartan, porque “compartir crea valor” (“el cerebro funciona de forma diferente si estamos conectados”, algo que se advierte sobre todo en los llamados nativos digitales), y que no se queden esperando a que las empresas lideren el cambio, porque “la sociedad cambia más rápido que las empresas”. Y para llevar a cabo ese cambio, “que cuesta”, las personas deben dejar atrás el miedo, “que bloquea el pensamiento”. “El reto es que el miedo no te paralice”, dijo, y aseguró que “podemos influir en nuestras emociones”, porque la mayor parte de nuestros miedos no tienen una base real. Y para desterrar ese miedo, Pilar Jericó propone “pensar en el compromiso que da sentido a tu vida y te hace más fuerte”.

De perturbar ese aura de optimismo que se había instalado en el plenario del EBE se encargó Antonio Fumero, decidido a asumir el papel de provocador de esta edición del Evento Blog. Fumero criticó el empeño de muchos de los ponentes que habían pasado hasta entonces por el programa en que todos los asistentes se dedicasen a emprender (“también tiene que haber empresas, no sólo emprendedores”) y que a las empresas se les llena la boca hablando de lo social cuando lo único que hacen “es cambiarle el nombre a los publicistas para llamarlos community managers y la única obsesión de muchas compañías es encontrar gente para gestionar sus cuentas en las redes sociales”.

Fumero, que reconoció estar cansado del “buenrollismo dospuntoceril”, también dijo estar harto de escuchar una y otra vez la misma retórica y debates sobre los mismos “lugares comunes”, y recordó cómo hace unos años todos decían que la mensajería instantánea acabaría con el correo electrónico y que ahora, cuatro años después de que Twitter apareciese en público, todas las compañías han decidido que tienen que estar ahí. Y también arremetió contra uno de los mantras de este EBE: “El fracaso es bueno”. “Claro que es bueno”, admitió, “porque de los errores se aprende, pero no veo dando conferencias al que creyó que Keteké era una buena idea”.

El Apple TV llega a España

Susana Caballero | 11 de noviembre de 2010 a las 21:50

Apple ha incorporado al fin a sus tiendas españolas el nuevo Apple TV que presentó a principios de septiembre. Con el dispositivo, mucho más pequeño que su antecesor, se puede disfrutar en la tele del salón (o del dormitorio, o de donde sea) de internet y de los archivos que tengamos en el ordenador, el iPad o el iPhone. Por ahora, podremos ver contenidos de YouTube, Flickr y MobileMe (que, simplificando mucho, es una especie de sincronización de pago en la nube entre dispositivos).

Además, Apple ha estrenado también su servicio de alquiler y venta de películas a través de la iTunes Store, donde estarán disponibles en alta definición y en definición estándar para los que todavía no hemos dado el salto de las teles de tubo a las planas. Aunque estén relacionados ambos lanzamientos, no hace falta tener un Apple TV para disfrutar del servicio de alquiler y compra de películas. Se pueden ver en el ordenador y en cualquiera de los dispositivos móviles de la compañía.

Cuando llega el momento de hablar de los precios llegan las pegas. En EEUU el Apple TV cuesta 99 dólares y aquí 119 euros (hagan ustedes las cuentas). En cuanto a lo que cuestan las películas, la comparación, que sigue siendo sangrante, no es sin embargo nueva, porque ocurre desde siempre con las canciones, por mucho que un dólar siga sin valer lo mismo que un euro. El alquiler de una película en promoción sale por 99 céntimos de euro (1,99 euros si es en HD). Las de catálogo las tendremos por 2,99 (un euro más si queremos HD) y 3,99 los estrenos (otro euro más en HD). Si queremos comprarlas, pagaremos entre 4,99 y 7,99 (entre 5,99 y 9,99 en HD) si el título en cuestión es de catálogo, 9,99 para los lanzamientos recientes (11,99 en HD) y entre 9,99 y 13,99 para los estrenos (16,99 en HD).

Lo que aún no sé es si las películas vendrán con la posibilidad de verlas en versión original y con sus correspondientes subtítulos. Supongo que sí…

Siguiendo con el apartado de críticas, en EEUU se pueden ver episodios de series por 99 centavos pero en España nos quedamos por ahora sin esa posibilidad. Imagino que la cuestión de los derechos internacionales será peliaguda, sobre todo porque en cada país emite la misma serie una empresa diferente, pero eso no quita para que, al menos en mi caso, el cacharro no valga por ahora lo que cuesta. Tampoco hay, por cierto, Netflix en el Apple TV español.

¿Merece la pena comprarse un Apple TV? Depende. Llegados a este punto vuelven a surgir los tópicos sobre que España es un país pirata en el que nadie paga un duro por ver una película o escuchar un disco y tonterías similares. En España hay mucha gente que se descarga contenidos protegidos sin pagar por ellos, es cierto, como en casi todas partes, pero también lo es que buena parte de esa gente no suele pagar por películas, discos o libros, y no porque se los puedan bajar gratis, sino porque simplemente no pagan por ese tipo de productos. Y cuanto antes se enteren las autoridades (in)competentes, las distribuidoras y todos los implicados en el pastel de que quienes guardan en el disco duro cientos de películas, series, discos o libros por el mero placer de acumularlos no son sus clientes y nunca lo serán, antes tendremos servicios dignos por los que pagar quienes sí estamos dispuestos a gastar dinero en ocio y cultura.

Volviendo a la pregunta que abría el párrafo anterior, que me disperso, el Apple TV me parece una compra interesante, y pagar entre uno y cuatro euros por ver una película (la opción del HD, como ya he dicho antes, queda en mi caso por ahora descartada) sin moverte de casa y sin hacer nada más que darle al mando (trae uno incorporado pero se puede gestionar también con iPod, iPhone e iPad) es un coste más que razonable. El precio de compra sí puede ser discutible, porque por ese dinero fácilmente te compras un estreno unos meses después (y siempre están los 3×2 de muchos grandes almacenes, promociones diversas y hasta regalo/venta con periódicos).

Para mí el principal problema es el de las series. El día que Apple o cualquier otra compañía me ofrezca un cacharro que me dé por un euro mi ración semanal de Fringe, Big Bang Theory o House (en versión original con subtítulos, por favor), se habrá ganado un hueco en mi corazón y en el mueble de mi tele.

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