El PP da la caña a Cataluña

Juan Manuel Marqués Perales | 13 de marzo de 2015 a las 5:00

El PSOE de Susana Díaz es monoteísta, la candidata socialista corre por los pueblos de Andalucía aupada en una carreta de romería, las señoras le cuentan sus males, las mujeres le acercan sus hijos, consuela a los viejos, en Ubrique, en Algeciras y en Coín, y no digamos cuando retorne a Sevilla y a los barrios, de Triana a la Macarena. Los suyos la ven cómo el Rafael Escuredo del siglo XXI, han encontrado otro líder, y por eso es monoteísta, no por la deidad ni por el sinpecado, sino por el poder que administra una única persona. Pedro Sánchez, su secretario general, le acompaña hoy en Almería, pero parece que no le va a invitar a gambas rojas de Garrucha. Una cosita electoral, y poco más, Pedro. No está el panteón para más deidades. Susana Díaz está arriesgando todo en esta campaña, sus decisiones, como ésta de no contar con Pedro Sánchez, se le volverán en contra si no obtiene un buen resultado la noche del 22-M. Entonces, muchos se preguntarán por qué no recurrió a su partido en Madrid, a los dirigentes provinciales y por qué se empeñó en montar toda una estrategia sólo sobre su persona.
Pero el PSOE tiene sondeos que ya le dan más de un 40% de apoyos en varias provincias andaluzas. Fidedignos o no, se los creen. En todas las campañas hay movimientos subterráneos. Si en 2012, los sindicatos ayudaron a Griñán; ahora están apoyando a IU y a Maíllo; a Susana Díaz le apoyan los empresarios, chicos y grandes, de la CEA y de ésos que comulgan en las monterías. el voto útil de la derecha es Susana.
El PP no es un partido monoteísta, Rajoy designa todos sus cargos tras consultar con Soraya Sáenz de Santamaría, pero Juanma Moreno, el candidato, aún sigue necesitando a otros dirigentes para que le cubran en esa placidez que ha entrado después del debate de televisión con Susana Díaz. Qué a gusto se ha quedado. Antonio Sanz, que es el delegado del Gobierno en Andalucía, abrió la veda el miércoles pasado en Sanlúcar.
No quiere, dice Sanz, que le mande un partido que viene de fuera, de Cataluña, que se llama Ciutadans y cuyo líder lleva por nombre Albert. Caña al de fuera. ¿No decía Albert Rivera que los andaluces necesitábamos una caña para aprender a pescar en vez de que nos den de comer palitos del Mercadona? Sanz es un peso pesado del PP, el lugarteniente de Javier Arenas, capaz de remover a su partido como no lo hace Juanma Tranquilo Moreno. Ayer le siguió la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, que estuvo en San Fernando y en Sanlúcar. “Rivera se parece cada vez más a los separatistas de Artur Mas, que confunde CiU con Cataluña como Rivera confunde Ciutadans con Cataluña”, aseguró la dirigente catalana, cuyo demérito está detrás del triunfo de Rivera en Cataluña.
El aludido –normal– tuvo que contestar desde Cataluña. Este fin de semana baja a Andalucía, pero ya ayer le explicó a Antonio Sanz que “Cataluña también es España”, que no haga como Artur Mas. Vaya, en esta campaña todos se parecen a Mas.
En Sanlúcar, Alicia Sánchez Camacho, fue al centro del problema del PP, al voto que está perdiendo hacia Ciudadanos. Se dirigió a los “desencantados” para advertirles de que si votan al partido de Rivera, estarán votando, en realidad, a Susana Díaz porque los populares mantienen que ése será el pacto de legislatura: PSOE y Ciudadanos. Y faltó Esperanza Oña, la otra diosa del PP andaluz, la Aguirre de Fuengirola, que alertó del desconocimiento de los de fuera y de su programa “claramente, importado”. Sabe el PP, como todos los andaluces, que el único catalán que cae bien en Andalucía es Serrat, que es casi andaluz. Y que el 28-F se hizo porque Andalucía no quería ser menos que Cataluña; el campo, pues, está abonado, aunque Albert Rivera y sus Ciudadanos no han flirteado nunca con el nacionalismo, son los pocos que hablan español en el Parlament y su modelo territorial es federalista, no confederal ni plurinacional ni federal asimétrico. Los andaluces, como pueblo, deberíamos de tirarnos un día en el diván del psicoanalista para vernos esto de Cataluña.
Ciudadanos no es una amenaza para Andalucía, eso lo sabe hasta el PP, pero es cierto que hay tres partidos –Podemos, Ciudadanos y UPyD– que tienen un sello foráneo. Podemos está muy dirigido desde Madrid por la desconfianza en su candidata, que es de Izquierda Anticapitalista; Ciudadanos se estrenó con lo de la caña en vez de subsidio, y UPyD invitará hoy a cañas en Granada al que le pregunte a Toni Cantó. En la Taberna el Conde. Éste puede resbalar, que por la sangre andaluza también corren gotas de Cernuda, de Machado y de don Antonio Chacón, que esto no es el Jardín de las Hespérides.
Dolores López, la secretaria general del PP, terminó de cerrar el círculo de los temores de los populares, el que convierte a este partido en un partido sandwich, aplastado entre los panes del PSOE y de Ciudadanos. Verán, si el PP sostiene que no hay que votar a Albert Rivera porque se va a llevar el oro de los Tartesos a Montjuic, tampoco hay que hacerlo por el PSOE, porque Susana Díaz pactará con Podemos y con Ciudadanos. Con Podemos, según Loles López, hay un pacto “oculto”, con Ciudadanos, “está hecho”, porque su candidato Juan Marín es concejal de un alcalde socialista en Sanlúcar.
El PP vuelve al mismo círculo vicioso de los tiempos de Arenas: no puede pactar con nadie. Antes, cuando competía con IU y PSOE, se entendía, eran de izquierdas, pero ahora se empeña también en enemistarse con Ciudadanos y Podemos. El sandwich intenta expandirse, abrirse hueco entre tanto pan.


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