Susana Díaz interrumpe; Moreno Bonilla sonríe

Juan Manuel Marqués Perales | 18 de marzo de 2015 a las 6:22

CON unas encuestas a favor, Susana Díaz podía haber hecho de este debate una faena de aliño, una hora y media de televisión, varios anuncios electorales y vuelta a la campaña, pero desde el minuto uno, la candidata socialista se enganchó con Juanma Moreno, su contrincante del PP.
–“Cada vez que mienta, lo voy a cortar”, le advirtió desde el primer momento. Y, en efecto, Díaz lo interrumpió tantas veces que llegó a ser advertida en varias ocasiones por la moderadora de La 1, la periodista María Casado. “Esto es un debate, no son tres monólogos, por eso contesto”, le replicó la presidenta andaluza. “Señora Díaz, le pido respeto ya no hacia los intervinientes, sino a la gente que nos está viendo, de verdad”, tuvo que explicarle María Casado. Sus mejores momentos, sin embargo, fueron cuando elevó el discurso y se olvidó de que tenía al lado a dos contrincantes. Ése fue el error de Díaz en el encuentro de ayer: olvidarse en muchas ocasiones que a quienes tenía enfrente era a los telespectadores de Televisión Española, y no a Moreno Bonilla.
Pero hay un segundo balance de lo sucedido, de signo contrario. Tan atropellado estuvo el debate, tan falto de nuevas propuestas, tan ausente de una realidad que pinta un Parlamento donde serán necesarios los acuerdos, que no pasará a nuestra pequeña historia por nada. Un debate, sí, fallido, donde Díaz pasó a la ofensiva de los ataques de Moreno.
El encuentro de anoche, el segundo y último de la campaña, mostró a un opositor que sabe sacar a Susana Díaz de la serenidad que se le supone a una candidata socialista que entró al trapo de todo. “Venga, continúe, continúe”, llegó a decirle Susana Díaz a Moreno. El candidato del PP se marchó contento, encontró más de lo que quería, a una Susana Díaz a la que le desapareció la sonrisa desde los primeros minutos. Por contra, Moreno sonreía y sonreía porque sabía que Díaz se estaba ajustando al guión que él preparó. A veces daba la impresión que ni se lo creía. Antonio Maíllo, candidato de IU, de nuevo colocado en el centro del plató en sentido literal y también emocional, brecha del bipartidismo, dio a las dos partes. Les llegó a comparar con el dúo Pimpinela
–“Qué poco se aprende en los aparatos de los partidos –dijo Maíllo refiriéndose a Díaz y a Moreno, surgidos desde las entrañas de su partido–, aquí están los dando puñalaítas”.
Pero Susana Díaz también se enganchó con Maíllo. Ambos discutieron sobre quién de ellos había tenido la culpa al romper la coalición de Gobierno entre el PSOE e IU. “Eso no se lo cree –le espetó Maíllo– ni quien le ha escrito el argumentario. Susana Díaz no lo puede evitar, no lleva horchata por las venas, pero en ocasiones perdió la oportunidad, incluso, de contestar de modo certero al contrincante. Por ejemplo, Juanma Moreno recurrió a una fotografía del último Gobierno de José Antonio Griñán para indicar que había consejeros imputados, pero, en efecto, eso fue con Griñán, los tres que ahora lo están, los que están a punto de declarar ante el Supremo y ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, salieron del Ejecutivo con esta presidenta. Susana Díaz no los renovó y ni siquiera están en las listas del PSOE para el 22-M. Pero quien recordó este gran detalle al candidato del PP no fue la candidata socialista, sino el propio Maíllo.
En sus tres bloques, el debate no aportó ni una idea ni una nueva propuesta, nada, un “tiqui-taca” como aseguró Maíllo. Moreno fue, especialmente, duro. “En Andalucía se ha gastado dinero público en cocaína y en prostíbulos”, indicó el candidato del PP en referencia al chófer del ex director de Trabajo Francisco Javier Guerrero. “Esto es de novela negra”, sentenció. Moreno Bonilla propuso que se reformase el Estatuto de autonomía para que los parlamentarios dejen de gozar de aforamiento ante los tribunales superiores. Esta vez, Díaz no le recordó los dos imputados que lleva el PP en sus listas. Pero no fue más allá. El candidato de los populares tampoco aportó más propuestas de las que ha hecho durante esta campaña electoral. Al día de hoy, cuando el lector que ha visto el debate revise mentalmente esta mañana qué aportaron anoche los candidatos a la propuesta de futuro de Andalucía, llegará a una conclusión: ¿Se habló de eso? Sólo destacaron las formas. Los asesores del PP salieron contentos del centro regional de Televisión Española, pero lo cierto es que Moreno, más allá de saber pinchar con acierto, tampoco supo trazar una política de Gobierno para los próximos cuatro años. Sobre las recetas para el paro, sólo supimos que el candidato del PP confía mucho en Andalucía porque, entre otras virtudes, está “tierra es muy bonita”. Lo dijo tres veces. En el minuto final, el candidato de los populares pidió que todos aquellos que votaron en 2012 a Javier Arenas porque creían en el “cambio” volvieran a hacerlo por él y que desconfiasen de quienes pactan, en referencia a Ciudadanos y a Podemos, porque eso es votar al PSOE.
Moreno acusó a Susana Díaz de ser un calco de Manuel Chaves. No parece, vean el último debate con Arenas, el de 2008. El entonces líder del PP pegaba aún más fuerte, pero Chaves nada, nunca se inmutó. Son distintos.


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