El equilibrio exacto de la informalidad

Pineda&Pastor | 26 de febrero de 2016 a las 22:16

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Es Cuaresma, y nuestra ciudad a la espera de su semana grande, adquiere tintes muy especiales que se repiten año tras año. No nos pararemos a hablar de sillas plegables desplegándose, túnicas en almidón, reposteros atorrijados, priostías atareadas, y un sinfín de estampas pertenecientes y arraigadas durante este compás de espera. La tradición lo inunda todo y podemos decir que Sevilla se tiñe de una absoluta formalidad en estos días. Al contrario, y ya vamos a lo nuestro, que ocurre en los últimos tiempos con gran parte de la nueva oferta gastronómica. La informalidad se ha apoderado, como si de una nueva filosofía se tratase, de muchos nuevos negocios incluída la alta gastronomía. Fuera los encorsetamientos, huelga de manteles, decoraciones eclécticas, cartas cambiantes, pero cuidando de no bajar la guardia en lo que se refiere a la cocina y lo que sale de ella. Cada vez que visitamos Madrid o Barcelona encontramos locales de este corte, interesantes, modernos, divertidos donde se come muy bien. A vuelapluma podemos citar el Tickets, Dstage, Chuka Ramen Bar o el mismísimo Diverxo. Lugares de alta gastronomía, que hacen gala de su informalidad a la hora de proporcionar una agradable experiencia, pero de un nivel extraordinario en lo que a la cocina se refiere. En nuestra ciudad hace tiempo que la fórmula funciona, y ya son muchos los que inundaron su oferta de informalidad a todos los niveles, pero manteniendo altas cotas de brillantez en los fogones, con un gran cuidado en la materia prima, y muchas dosis de ingenio. Por estos lares además se suma una última dificultad, y es la de no repercutir en la cuenta final todo lo que describimos, salvo que queramos ver al respetable huir despavorido. Muchos ya se han asomado a nuestra sección: DeÓ, Tradevo, Petit comité, Contenedor, Azotea…y en el ecuador de esta semana cuaresmal, a bote pronto nos decidimos a visitar uno de los nuevos locales que se han sumado a este tipo de oferta.

 

El Pintón se aloja en unas antiguas galerías textiles, que fueron ya remodeladas por Aníbal González a principios del siglo XX, y esa atmósfera clásica se ha conservado en gran medida. Pero cabe destacar que pese a respetar el pasado, se ha conseguido renovar la estética, e impregnar todo el interiorismo con una fuerte personalidad. A destacar su patio y su luz interior. Servicio agradable, música ambiente, gente joven, y una oferta coctelera muy destacable, que nos tentó, pero entre semana y con trabajo en sesión de tarde ya se sabe.

 

La carta variada, con los clásicos omnipresentes que en su día ya retamos a nuestros lectores a comprobar: ensaladilla, croqueta, hamburguesita. Eso sí, está salpicada de platos de inspiración oriental muy atractivos. Empezamos con las Croquetas pintonas de la semana que eran de bacon y mostaza. Fritura impecable y sabor suave.

Las Gyozas de pollo y verduritas con salsa ponzu fueron unos bocados delicados y exquisitos. Estas empanadillas de origen chino, aunque adoptadas por la cocina japonesa, pueden hacerse de diferentes maneras, cocidas en agua, al vapor o como nos la presentan aquí, una mezcla entre plancha y vapor que a nosotros es la que mas nos gusta por esa textura crujiente que la plancha deja en los bordes de la empanadilla y que contrasta con suavidad de la masa. La salsa ponzu es básicamente una base de soja con textura gelatinosa.

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Ensaladilla de ahumados con crujiente de pan artesano. El crujiente de pan no era más que un trozo de regañá que a modo de peinetón culminaba el plato. Ya saben la importancia de la ensaladilla en la gastronomía de barra sevillana. Aquí solo les vamos a decir una cosa, vengan y pruébenla. Sencillamente maravillosa.

El maki de arroz negro pintón, resultó ser un simpático trampantojo con forma de morcilla. Detalles como este se agradecen, y no porque sea un plato exquisito -el arroz estaba en su punto aunque echamos en falta algo de melosidad- sino porque es la demostración de que con creatividad y originalidad la gastronomía puede ser también divertida.

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Tras cambiar las cervezas por unas copas de Finca Resalso, seguimos con el pulpo al olivo “receta Peruana”, que vino cocido con una mayonesa emulsionada junto a un puñado de aceitunas moradas receta ortodoxa originaria del Callao. Plato rico y bien ejecutado. Un puntazo el rescatar la mayonesa de olivas moradas. La Fideuá de marisco con alioli de cítricos, un fuera de carta que resultó ser el peor plato del día. Algo seca y falta de fuerza. Una pena.

Terminamos con un Bao de Carrillera con hierbabuena, pepino macerado y salsa oriental. Este pan al vapor relleno resultó ser una auténtica genialidad. Un plato que ya por si solo justifica la visita al Pintón… ya nos conocen. Equilibrio, sabor, textura, aroma, lo tiene todo. Bravo.

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Ya con la hora demasiado ajustada nos vimos obligados a desistir de algunos de los postres que vislumbramos en otras mesas y muy a nuestro pesar comandamos la cuenta que ascendió a 69,40 para tres comensales.

 

Nos fuimos pensando que este Pintón goza ya de nuestro reconocimiento, en tanto que el lugar está pensado con sumo gusto, se come francamente bien, con algunos destellos de originalidad, y precio ajustado. Desde que entras por la puerta El Pintón te seduce con una atmósfera conseguida, un servicio atento y distendido, y una carta con ciertos toques de fusión. Una experiencia que abandera esa informalidad de la que empezamos hablando. De camino a nuestra sesión laboral de tarde, y habiéndonos quedado sin postre, ya solo nos quedaba pensar en la pausa a mitad de tarde en la que no faltarían un café y una torrija, que cumpliesen con la más absoluta formalidad cuaresmal.

 


 

EL PINTÓN

c/Francos,42

Cocina mercado-fusión


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