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Fusionados pero no revueltos

Pineda&Pastor | 2 de enero de 2015 a las 23:39

 

Andábamos pendientes de organizar una cena para seis, de esas que haces con viejos amigos que hace tiempo que no ves y que van preñadas de buenas conversaciones y alargada sobremesa. Pensando en ello buscamos un sitio que fuera pequeño y con una barra de cortesía para que el ruido insoportable de nuestros bares no tornara la velada en un infierno. Pero hubo un momento en que pensamos que estábamos en medio de una grada ultra en un partido de la liga turca. Sólo al final de la velada y con el local a medio gas pudimos sostener una conversación de tono amigable cuando ya nuestras cuerdas vocales tornaban a maroma vieja.

 

El lugar nos agrada, por ser recogido, por tener un interiorismo muy atractivo, muy de nuestro gusto, y por una cuidada estética. Reservamos para seis, y nos dieron una mesa estupenda si convocara Blancanieves y sus compañeros de condumio fueran sabio, gruñón, mudito o dormilón. De ninguna manera era una mesa para seis, si acaso para cuatro y aún entendiendo que hay que cuadrar las cuentas, hacerlo a costa de la incomodidad manifiesta de los comensales es hacerlo en detrimento del propio negocio. Estos detalles pueden arruinar una cena. Si en vez de ser un encuentro de buenos amigos fuera un encuentro mas formal con gente menos conocida habría sido insufrible tanto roce de piernas y codos.

 

Como más de dos platos de ración no cabían en la mesa, optamos por pedir al centro. Tartar de pez mantequilla y manzana ácida fue el primer plato. Al pez mantequilla lo conocemos por su presencia frecuente en niguiris, y makis de la cocina japonesa, pero es justo reconocer que no sabemos de que especie se trata en concreto. La manzana era la protagonista del plato y al tratarse de la granny smith o una variedad parecida, el sabor delicado del pez mantequilla quedaba totalmente ensombrecido por la excesiva acidez de esa fruta. Un plato fallido bajo nuestro punto de vista, por esta circunstancia.

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El risotto de tomate seco y gambones estaba rico. De estructura melosa, y potente sabor, destacaba el punto del arroz, lo cual es un logro tan infrecuente, como la frecuente presencia de risottos cuasi incomestible, o de melosidad “falsificada” por la presencia de nata. Luego vino el que para nosotros fue el mejor plato de la noche, cardos con almendras, por lo difícil que resulta hacer exquisito un plato cuya base son las pencas. Equilibrado y sabroso, una fiel muestra de que lo sencillo no esta reñido con la excelencia. Este tipo de platos despiertan nuestra admiración por su dificultad, por hacer brillar un ingrediente al cual es muy difícil no hacerle sombra por su personalidad tímida y delicadeza gustativa.

 

El salmón al horno con mostaza y piña fue una combinación inadecuada para nosotros. La salsa no encajaba con un salmón algo seco, debido a la excesiva acidez -otra vez la acidez- en este caso de la piña. Darle un toque exótico al salmón es una buena idea siempre y cuando no acabe devorando el elemento principal. Recordamos haber tomado en México salmón con una salsa cuya base era mango y entonces nos pareció brillante la combinación. En este caso no nos lo pareció.

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Respecto a la carrillera de toro estilo Thai, lo único tailandés que tenía el plato, salvo que el toro hubiera nacido en Bangkok era el ligero picante de la salsa. La carrillera estaba algo insípida pero en su punto, una vez más el diablo está en los detalles. Otro plato que generó altas expectativas por el toque fusión que no se vieron cumplidas.

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Acabamos pidiendo unos quesucos de Liébana para terminar un buen Bobos 2012 (Utiel-Requena). Esforzarte en traer quesos Cántabros y que nos parecieran tan plano…

Tres postres en la línea de la comida, conseguidos y correctamente presentados pusieron el punto y final. Por estos 6 platos tres postres, dos botellas de vino y alguna que otra cerveza estos seis comensales pagamos 150 euros, lo que es un precio bastante razonable para una cena regada con un buen vino (que no hay muchos en carta, pero que están muy bien escogidos).

 

No era la primera vez que visitábamos Zarabanda´s, nos gusta este tipo de locales que por ser recogidos y tener una brillante dirección en la cocina suelen proporcionar unas veladas interesantes. Es de agradecer el esfuerzo del negocio por tener una carta cambiante y ofrecer a los clientes platos de temporada y algunos con un punto de fusión. Cada vez vamos viendo con más nitidez que los días de aforos completos y doblaje de mesas generan un frenesí que afecta no solo al confort de dichas veladas sino que en muchas ocasiones se traslada a los platos, pareciendo que comes en sitios distintos dependiendo si almuerzas un miércoles o cenas un viernes. Aunque hemos comido aquí en otras ocasiones mejor que el día que les estamos relatando, seguiremos visitando de vez en cuando el local en busca de nuevos platos, que es lo que aconsejamos a nuestros lectores, pero eso sí, muy probablemente entre semana.

 

 

ZARABANDA´S

C/ Padre Tarín, 6

www.zarbandasevilla.es