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Mucho ruido y pocas nueces.

Pineda&Pastor | 19 de diciembre de 2014 a las 18:43

No es fácil que los que suscriben nos dejemos llevar por cantos de sirena tan seductores que suenan a “no te lo pierdas”, “he descubierto un sitio magnífico”, o el categórico y picajoso –mirada despectiva incluida- “¿aún no has ido?…pues es de lo mejorcito que hay ahora en el Centro”. Pero en este caso, nos dejamos seducir, y nos pudo la curiosidad, pues llevábamos ya un tiempo con La Pepona en el rabillo del ojo.

 

Se presentaron hace poco más de un año, con la vitola de “ofrecer al cliente un lujo a precio razonable” (sic), y se definen en Twitter como “cocina de vanguardia donde predomina el buen trato a la materia prima”, motivos más que suficientes para hacerles una visita con la mente abierta y el paladar ávido de una experiencia motivadora.

 

Local de ambiente muy agradable con buena iluminación natural, en el que fueron aumentando los decibelios a medida que las agujas del reloj avanzaron. La madera, los metales, el ladrillo visto, y alguna pizarra (hoy día omnipresente) se integran de forma adecuada. Personal correcto en sus funciones sin más, pero con escaso conocimiento de aquello que salía de la cocina. Carta que se basa en la tapa, y recomendaciones especiales en pizarra que van rotando, lo cual siempre es de agradecer pues es sinónimo de renovación, dándole cabida al producto de temporada. Carta de vinos extensa, en la que destacamos que la amplia mayoría puedan pedirse por copas. Para abrir boca Sardinas maceradas sobre tostá de pan de sésamo y compota de tomate, su tapa galardonada y la niña bonita del local, una verdadera delicia, extraordinariamente ejecutada, que nos sedujo por su pan crujiente, su compota en su punto exacto de dulzor, y un lomo de sardina perfecto. Si le añadimos a la degustación una copa de Taberner 2008, la experiencia es redonda, perfecta.

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Las Croquetas de ortiguillas, aceitosas, y de rebozado inefable, nos hicieron viajar del cielo al infierno en un segundo. Y les siguió una Crema de payoyo con oloroso, correcta de sabor pero de textura tan densa que era imposible untar, así que la “esculpimos” sobre un par de trozos de pan y se quedó casi entera en el mismo cuenco que vino. Visto el comienzo, nos tiramos de cabeza a por las recomendaciones del día, tras pedir dos copas de Botani 2012. Los Canelones de carrillada de ternera con boletus frescos, muy ricos y bien cocinados, nos gustaron sobremanera. Pasta perfecta, relleno sabroso y jugoso, y salsa con sabor a trufa muy conseguida, en la que navegamos con algún barquito, de pan, claro.

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Y la segunda recomendación eran los Garbanzos con boletus y langostinos, que nos fueron servidos por el gerente, mientras incidía en la presencia de unos brotes que aparecían en el plato, de raro nombre, pero prometiéndonos un sabor muy particular. Somos amantes confesos de las legumbres, de la cuchara, del guiso, nos da igual que sea tradicional o reinterpretado. Y éste de La Pepona en nuestra humilde opinión es un error. Carente de la calidez, y el mimo que deben desprender estos platos. Ingredientes poco ensamblados en el que pareciera que ha sido todo cocinado por separado, garbanzo carente de la textura adecuada flotando en un caldo poco o nada “conservaíto” (maravillosa palabra que apela a esa densidad perfecta entre el caldo y crema, que denota un mimo especial y una cariñosa inversión de tiempo en el guiso), boletus con tierra (y esto no es subjetivo), y de remate un langostino que se ausenta tanto en presencia física como gustativa, pues lo que corona el plato son dos gambitas arroceras, eso si puestas en todo lo alto, como un buen par de banderillas. Después de semejante desatino, lo de los brotes, como comprenderán, fue como para saludar desde el tercio. Un desacierto completo, pero ya saben, una mala tarde la tiene cualquiera. Seguimos con una Coca de atún mechado, cebolla y huevas de pez volador, que pasó de puntillas por nuestro paladar, en la que una coca apestiñada (por su aroma a matalahúva) se nos hizo difícil de masticar.

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Para rematar, con dos copas de Predicador 2011, catamos la Vieira con papada de cerdo ibérico y holandesa de piña, plato correcto tirando a soso, de holandesa perfecta, pero que hace aguas en la textura de la papada. Después de pasar por DeÓ y probar la papada con vieira y fabes de Leo Ramos, recomendamos a los oficiantes en La Pepona, llamarle y pedirle la receta directamente. Y por último nos sirvieron el Cuello de cabrito malagueño con cous cous, yogur y hierbabuena, en el que no podemos perdonar un cous cous pasado de cocción y salado a rabiar, ensombreciendo un buen tratamiento del cabrito.

De postre, un Yogur de queso y unos Quesos con sus maridajes, aceptables y correctos, pero que no sorprenden. Que difícil resulta hoy en día poder degustar unos buenos quesos con una postrera copa de vino, como colofón a una buena comida, con el alma dispuesta a una agradable sobremesa. Una de nuestras reivindicaciones más repetidas, y una carencia muy extendida en la restauración de nuestra querida ciudad.

Por todo ello, tres comensales, abonamos 87,70€, casi 30 euros por cabeza.

Visto con perspectiva, y en conjunto, la experiencia arrojó más sombras que luces, y adoptando la jerga taurina, “tarde de espadas voluntariosos en la que el ganado no embistió”. A ver qué ocurre con el reciente cambio de carta… En un local que se autodefine con los términos vanguardia, y lujo a precio razonable, y que actualmente es uno de los sitios de moda, las expectativas son altas, y no se cumplieron. En nuestra opinión, tienen mucho que mejorar. ¿Un día malo lo tiene cualquiera?, ¿las modas son sinónimo de calidad y excelencia? ¿quizás somos unos snobs de exigencia excesiva?…a debatir queridos lectores. Vayan, degusten, prueben y luego lo juzgan ustedes mismos. Solo somos cronistas, no críticos gastronómicos…

 

 

LA PEPONA TAPAS

c/Javier Lasso de la Vega, 1

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