Rajoy hace el camino en ‘El Hormiguero’

Francisco Andrés Gallardo | 22 de junio de 2016 a las 23:32

rajoy sofalicola

Rajoy ha estado en El Hormiguero. No le ha ido en un día tan difícil como hoy. El presidente y candidato popular, tuteado por su entrevistador, llegaba dispuesto a decir cosas, a responder las preguntas firmes (pero sin repreguntas) de Motos y sus peluches. Rajoy, descorbatado, con camisa blanca y chaqueta negra. Sí, desarreglado, pero formal. Cercano, pero sin perder la compostura, sin dejar la responsabilidad en la cabeza y en el aura.

Repitió los argumentos de estos días. Lo de que somo el país más antiguo de Europa, ante Cataluña; lo de las pensiones garantizadas, por los buenos augurios  si la cosa sigue bajo su mando y la mirada de Europa; las obligadas decisiones incómodas, sobre la crisis, para mejorar las cifras, con medio millón de puestos de trabajo por año hasta el 2019, en progresión geométrica. En esta campaña, los números se han manoseado como plátanos y a estas alturas no identificamos ya ninguna cifra.
En la pregunta sobre los habituales lapsus (¿por qué la cagas? preguntó más bien Motos), el presidente se tomó con humor sus virales meteduras de pata. Las hormigas preguntaron por asuntos mundanos en la Moncloa: el teléfono rojo con Obama, que es negro, o sus visitas en Nochebuena al búnker para felicitar a los soldados. Y confesó que no volverá a montarse en un helicóptero. Como la intención era todos quedaran bien en esta noche, Rajoy dio muestra de su voluntad andarina, sudando lo justo, junto a su conocimiento geográfico (que falló en el programa de Bertín de diciembre).
Motos, que se pica como una mandarina por ser mejor que sus oponentes en los retos nocturnos, en esta ocasión se cansó ante la proeza atlética del presidente. Antena 3 cumplió con el acuerdo y Pablo, este Pablo, tragaba saliva. “Que gane el mejor”, deseó el presidente, chaqueta al brazo. Como salido de una boda.

http://www.flooxer.com/video/trancas-barrancas-rueda-prensa-iberica-mariano-rajoy/576af6700cf219f2836cbaf6

Vence Jamala; Barei se hunde. Ucrania gana Eurovisión

Francisco Andrés Gallardo | 15 de mayo de 2016 a las 1:34

Por una noche, por un buen rato, los europeos dejamos de ser lo que somos y nos sentimos en la luna, en la utopía saltarina de Eurovisión, la que nos balancea entre arrumacos que suenan a Justin Bieber con estribillos de Katy Perry, modelos constreñidos a lo Beyoncé y pompones de María Figueroa. Say Yay!, o como se diga. Barei, un pescadillo plateado con flequillo de Cristina Pardo, se desconyuntaba este sábado entre aplausos bálticos mientras el continente se hacía el sueco. Fue contundente, segura, pero nos falta algo. Innovación, diferenciación. No era nuestro año, un año más. Con el voto del jurado conseguimos 67 puntos, 16º lugar. 12 de Italia, gracias, gracias, 8 de Molvidavia, 7 de Noruega; 6 de Albania; 5 de Australia (gracias a las antípodas), Polonia y Hungría; 4 de Bulgaria e Israel; 3 de Francia; 2 de Malta; 1 de Suecia, Dinamarca y Azerbaiyán. Lo malo fue el televoto, 10 de entre todos los espectadores. 77 puntos. Al final, 22ª. Veintidó, veintidó. Un vuelco que también se vivió en el podium. Australia, con Dami Im y ‘Sound of silence’ ganó según el jurado; pero la remontada llegó desde la barroca lágrima de 1944, la balada tártara de Jamala. Victoria de Ucrania. 534 puntos sobre 511.

Eurovisión se sigue rizándose a sí misma en la realización, con travellings imposibles que llevan hasta el cielo, y escenarios de pantallas en tres dimensiones. Rusia, derrotada por teléfonos, con Sergey Lazarev brindó una estratosférica sesión de sombras chinescas y cinexin interactivo. Sergey sonaba bien y lo presentaba aún mejor; pero Ucrania, con otra recreación virtual de derroche, se alzó con el trono europeo. Ucrania, por segunda vez. La última,  una alemana con aires nipones, Jami, Digna de ser fichada por Juan y Medio.

Europa se refugió por una noche en la música. Sin fronteras. Oriente, Occidente y Oceanía.

 

Australia vivió este sábado un Betty Missiego en Eurovisión

Etiquetas: , , ,

De la Morena. De la SER a Onda Cero

Francisco Andrés Gallardo | 12 de mayo de 2016 a las 11:27

Tu afición es sentimiento y tiene mucho alimento…”, tarareaba en la transición el pintor sevillano Benito Moreno en una de esas chiripas veraniegas que, bajo la sombrilla, en 1989, oyó un pipiolo José Ramón de la Morena mientras maduraba su marrón de ponerse al frente de la medianoche de la SER para hacerle pupa al superbutanito de Antena 3 Radio. Al novato le costó implantar una sintonía que suena a almohada.  José María García pensaba entonces que iba a ser la repera en la televisión, en un canal pocos meses después echaría a andar con unos primeros pasitos de desastre. Los egos radiofónicos pensaban que la tele era lo mismo que ponerse delante de un micrófono y uno por uno (desde García y Encanna hasta Gabilondo) irían sucumbiendo ante las parrillas, la competencia y los tiempos.

La soberbia y la actitud mafiosa de García, que fue hundiéndose a la par junto al desprestigio de sus protegidos deportivos como Clemente, convirtieron a De la Morena en su némesis dicharachera y jovial, aunque más de una vez estuvieron removiéndole la silla, desencantados con que no se produjera el sorpasso de medianoche. Pero aquella remontada llegó, sobre el 94. García se negó al antenicidio y con Antonio Herrero  llegaron como elefantes a la cacharrería de la COPE. El súper fue declinando y el chico de la SER haciéndose el amo, demasiado amo, de la noche. Por el camino De la Morena se enfrentó con todo colaborador y compañero que tenía en su casa. Sonrió cuando hace seis años el iracundo Paco González  y sus compadres se bajaron del Carrusel.

Ahora es De la Morena el que se larga de El larguero. No se sabe muy bien el destino que, tarde o temprano, tendrá la SER, que dejará de ser de Prisa.  Durante cinco años como mínimo comentará la noche futbolera en Onda Cero, donde precisamente acabó sus días de radio el ego pesado de García. Bien pagado (casi 3 millones de euros la tirada de temporada), sin importar la competencia de gritos en la tertulias de la televisión, aquel chico que se enfundó en “el lobito está cobrando, ra, ra, ra”, remueve la noche de los transistores.

Albert Rivera y Pablo Iglesias: separados por un palillero

Francisco Andrés Gallardo | 19 de octubre de 2015 a las 12:22

El PP todavía anda en fase de escaleta del Telediario y bailoteo de la vicepresidenta y los nuevos partidos, siempre por delante y sacando ventaja gracias a la televisión, ya están escenificando debates electorales (pincha aquí para ver el programa) con vasos de café, mostrador de azulejos y mesas de bar de barrio, con servilleta y palillero en el centro. Más sinceridad no cabe en un encuadre. Salvados montó un inédito cara a cara de primeros espadas en el Tío Cuco, esquina de una barriada barcelonesa. Ya se ve: no hacen faltan decorados, ni controlar luces, temperatura ni minutado por árbitros de baloncesto, como exigen los directores de campaña para esos debates tan vacíos, tan escasamente carnosos. La política ahora se empuña en la arena de la tele y para ese viajes simplemente sólo hacen falta las alforjas del discurso. Ideas sin abalorios  Y a Jordi Évole no le hacía falta engolarse, sino que estaba ahí para parar los temas ya trillados, lanzar al aire algún dato , azuzar con algún vídeo en la tablet y dejar que Albert Rivera y Pablo Iglesias se pelearan con deseos, utopías y argumentos de sentido común. Por convicción Rivera se llevaría este domingo más votos a la buchaca e Iglesias anduvo ligeramente acomplejado, desanimado . Tal vez agotado. Rivera estaba más despierto, y eso que disimuló algún bostezo en la caravana.

Évole tuvo la perspicacia de poner muy alto su programa desde que pone a los dos líderes en un asiento trasero, obligándoles en principio a una conversación de ascensor. Fue lo más novedoso  y un favor para ambos: vimos a los políticos al límite de sus trastiendas, vulnerables, esquivándose las miradas. Dos tipos al lado de la gente: un regalo para sus asesores.  Con los figurantes del bar envarados, los nuevos partidos interesados a 936.000 andaluces, sobre el doble de lo que interesaron los debates de la autonómicas con Susana Díaz, que creía ser depositaria de la cercanía y veracidad. Ciudadanos y Podemos por una noche, desde una privada, les han dado una lección al bipartidismo, a esos mismos que se han cargado la televisión pública.

Etiquetas: , ,

Soraya no se divirtió en El Hormiguero

Francisco Andrés Gallardo | 7 de octubre de 2015 a las 14:35

Se estaba jugando el tipo, se le notaba en la cara, y desde el primer instante en que pisó el plató, aferrándose a la taza que tenía en la mesa, Soraya sabía que su futuro dependía del contoneo final. La coreografía, momento Iceta, era un salto al vacío que llevaba preparado desde hacía días (vídeo de abajo).  Se lo tomó como si fuera un debate electoral y al final, sin rival, Soraya no perdió: un resultado suficiente, victoria pírrica, como las que le gustan más al equipo de Rajoy. La vicepresidenta, sin soltar sus cachetes de apuro en ningún momento, no se le fuera a escapar la naturalidad por la boca, no hizo el ridículo bailando ante casi 4,8 millones de españoles, minuto de oro del miércoles, de los que más de 700.000 eran andaluces. Por audiencia le ganó a Esperanza Aguirre (3,5 millones frente a los 3 millones de la frustrada alcaldesa), a Albert Rivera y a Pedro Sánchez, que rentabilizaron sus apariciones.

Ir a El Hormiguero no es ninguna tontería y Motos nunca se porta mal con los invitados. A Soraya Sáenz de Santamaría le regaló 26 minutos de Chester donde ninguna pregunta aguijoneó y cuya confesión (teledirigida) más jugosa fue esa de que el presidente, el comodín de la llamada para una vicepresidenta, es un bailongo redomado en la intimidad y se balancea con música de los 80 “de la mala”. No sabemos si en ese saco entra Europe o Georgie Dann. El Hombre de Negro descansó. No hubo explosiones, ni corrosiones carbónicas.  Ni Pilar Rubio con vaginas de parto. Tampoco trucos de magia. Trancas y Barrancas jugaron a favor con los chistes y se reservó la sección más humana y tierna, la de las mascotas abandonadas, donde Soraya no se reprimió acariciando a Chico. Menudos compatriotas tenemos, tirando a los perros desde una valla o un segundo piso. El Hormiguero que, lo dicho, no es una tontería, ofrece una de las secciones más duras y conmovedoras de la parrilla, la de Dani Rovira.

Tras el notable de Soraya, émula de Michelle Obama que discurre airosa junto a Jimmy Fallon, nos tememos que habrá codazos de aquí al 20 de diciembre para posar en el regazo de Pablo Motos.

Era el ministro Montoro el que decía que lo de financiar la televisión era una tontería. Por esa razón los políticos del PP ahora han de lavar su imagen en una cadena privada, porque en TVE no hay un programa amable con audiencia que frote la humanidad y naturalidad de los personajes. Con Bertín Osborne quedaría ahora descarado y con Mariló Montero sería un suicidio.

 

La mísera clemencia que nos despierta Rekarte

Francisco Andrés Gallardo | 12 de mayo de 2015 a las 14:30

Hay ocasiones impagables en que la televisión se echa a un lado para dejar paso al periodismo. Se dejan a un lado todos los complementos y los efectos especiales y el cristal sólo enfoca así las palabras y los gestos. El mejor especialista de desnudar el televisor y dejarlo en cueros, en entrañas, es Jordi Évole, capaz de construir una hora de televisión al aire libre, o en un cuarto a solas, sin más ladrillos que una conversación documentada, mirando a los ojos del interlocutor y sin concesión a espectáculo. Este domingo cerró temporada con uno de sus programas más esenciales y estremecedores. (al pinchar, puedes ver este último Salvados)

El hasta ahora etarra Iñaki Rekarte pensaba que arrimándose a Salvados iba a lavar su imagen y todos sus remordimientos, pero sólo pudo restregarse con el estropajo del pudor para mostrarnos su cochambrosa dermis de niñato idealista y su ligero equipaje de neuronas y sentimientos con el que se ha pasado sus años de cárcel. Ahora, con una esposa y un hijo gaditanos, quiere expiar sus errores cuando ni siquiera es capaz de retener los nombres de las personas inocentes, simples transeúntes, que asesinó, el muy canalla. Si el de Ciudadanos pide establecer una frontera que fije la renovación de un país en la generación nacida tras el 78 (ya hay que ser bocazas y salvapatrias), la línea que dejó de argumentar cualquier coartada etarra se trazó a finales del 76. Pero Rekarte, cachorro arrojado al caldero de los odios, y muchos otros que actuaban o les jaleaban, lo hacían en pleno 1992. Y hay quienes, con menos de ocho apellidos vascos,  les siguen aplaudiendo a día de hoy. El convidado de Évole, que ahora quiere vivir, convirtió la pantalla en su confesionario, con un entrevistador silencioso y comedido.  Cumplida su condena, muestra su arrepentimiento y su alejamiento de toda la banda de asesinos. Que Dios le perdone. Sí, ya, hay  tipos peores que los años y la derrota no les hacen arrepentirse de sus fechorías. Allá ellos y los políticos que aún los justifican. Esos ya no nos mueven ni la más mínima misericordia, esa insípida clemencia que nos producen las disculpas de Rekarte.

Etiquetas: , ,

Andalucía: menos pandereta (propia) y más respeto (ajeno)

Francisco Andrés Gallardo | 20 de marzo de 2015 a las 18:56

Hasta Al rojo vivo salta el domingo al terreno de juego del prime time a interesarse por nuestras elecciones. Qué orgullo ¿verdad? Toda España pendiente de nosotros, todo el mundo preocupado por Andalucía y por una vez no es por alguien relacionado con Isabel Pantoja, con Rocío Juradooy con Jesulín de Ubrique. Andalucía interesa hoy a (los medios de) Madrid. Pero no interesa por los andaluces en sí, que sólo valemos nuestro peso en votos y en índices de audencia (a veces ni eso), sino que están mirándonos con lupa para ver hasta dónde llega la riada de Podemos y el imprevisto aluvión de Ciudadanos (Ciutadans en el léxico propio de los peperos más miopes). Somos la avanzadilla de lo que será el futuro, un laboratorio en forma de cortijo perpetuo que hoy dibuja en sus decisiones de qué manera el bipartidismo se convierte en una tarta deconstruida.
Por una vez, por unos días, Andalucía no saldrá en las cadenas por la crónica de sucesos, por los casos de corrupción o por algún personaje que alimenta horas de magacín o de un reality. Al margen de lo que vayan a decir los votos, esta raya que ponemos en la pared de la historia podría servir para que a partir de ahora nos tomemos un poco más en serio a nosotros mismos como pueblo para que así nos tomen más en serio los demás. Que nos hace falta. Aquí sólo nos indignamos si se meten con la Semana Santa, como les pasó a los de La Sexta hace un par de años, pero consentimos que el estereotipo más zafio de Andalucía se pavonee por Casados a primera vista (mayoría andaluza absoluta, con exponentes que nos sonrojan ¿por qué Antena 3 ha consentido algo así?), los grandes hermanos, los sálvames, los adanes y cuanto programa necesite de un anónimo con ganas de exhibirse. De un día para otro no vamos a tomar una actitud germánica porque entonces, peligrosamente, dejaríamos de ser andaluces. Pero es una labor que debemos hacer entre todos: exigir, pero exigir de verdad, un trato más respetuoso de Andalucía y de lo andaluz frente a los demás, en todos los medios; ir dejando de ver contenidos que por muy entretenidos que parezcan nos aportan bien poco y esperar que las cadenas públicas sean las primeras en tomarnos más en serio evitando, por ejemplo, que seamos carne de cachondeo de zapping en las privadas. Somos un histórico pueblo de cumplidores y de gente muy trabajadora. Nada que ver con el arquetipo televisivo. Menos pandereta, menos chufla y menos bajunerío. Una mejor imagen para una tierra que necesita respeto e inversiones de gente seria.

CiU apoya el programa ‘España opina’ en TVE , ¿qué raro, no?

Francisco Andrés Gallardo | 26 de febrero de 2015 a las 16:22

Me apetecía incluir hoy este artículo que publico en papel. Gracias a vosotros, sofalícolas, por estar ahí…

A los políticos de derecha (ojo, no sólo los de PP y su cuerda: en el  PSOE, en IU y por supuesto  en Podemos también hay mucha gente de derecha, lo de apuntarse a un club no es vinculante) se les identifica de inmediato porque de forma natural les sale ese empaque, ese gesto, de mirar a los demás por encima del hombro, acostumbrados a tenerlo todo hecho desde chiquetitos, a estar bien criados y malcriados, y a despreciar la opinión y la razón de los demás: esos primarios rasgos inconfundibles de casta término de reproche del que se han adueñado los podemistas. Casta que se une a impunidad y desprecio a los otros. La actitud de querer estar por encima de la gente. En periodismo se les huele a la legua en cualquiera de sus columnas, aunque tengan veterana careta de progres  (por aquí andan un par de blogs de gente de ese característico pelaje). Ernesto Sáenz de Buruaga, que presumía y amenazaba de hilo directo con Aznar, es uno de esos  voceros que mejor representan esta actitud perruna y de  ensalzamiento de los peores valores de la derecha (que no tiene nada que ver con ser conservador o respetuoso con las tradiciones, por ejemplo).

A Buruaga ahora le defienden el presidente de RTVE, José Antonio Sánchez, que se define con su trayectoria; y también una coalición tan clasista y excluyente como CiU. Su consejero, un tal Óscar Pierre, ha dado el visto bueno a España opina. Qué raro que un  representante de Artur Mas  respalde un debate llamado España opina ¿verdad?  No es raro salvo que se tenga intención de empujar al desprestigio a la ya devaluada TVE. Un debate político,  los sábados por la noche, con Sáenz de Buruaga, producido además por una productora externa (clin, clin, clin ¿quién manda en este parné?) es un espacio condenado al fracaso de audiencia y a un despilfarro en una corporación tan deficitaria como RTVE, donde el PP hará despidos a mansalva en cuantito pueda.

Quédense al  menos con unos nombres honestos entre los consejeros populares: María Luisa Ciriza (curioso apellido), Rosario López Miralles y Fernando Navarrete. Por lo menos se han olido que lo de Buruaga no huele limpio. Si en el PP no hubiera hecho caso a  los perros de la derecha en TVE habría periodistas como Ana Pastor o Toni Garrido que, al menos, generaban algo de prestigio y audiencia a una cadena pública.

Etiquetas: , ,

Salvados con ‘Puédamos’

Francisco Andrés Gallardo | 27 de octubre de 2014 a las 13:43

 

 

A Pablo Iglesias, tan iluminado, se le encienden los ojillos ensoñando un futuro programa estelar en RTVE como presidente del Gobierno, donde un grupo de “periodistas cabrones” le asaeteran de preguntas mientras él, héroe victorioso, dolmen del consenso y el sentido común para salvar la patria, respondería sagaz, siesa y brillantemente, como  hizo en la plaza mayor de Quito. Pincha aquí para ver el programa

Las figuras cobardonas, como la mayoría de tipos (señores, señoras y nicolasillos) que nos mandan se arrugan, tartamudean o se encorajinan ante los periodistas que preguntan y repreguntan, pero al líder de Puédamos le va la marcha. Que le pongan en aprietos, que le echen en cara lo que sea, incluso sus bandazos. Pablete lo tiene todo controlado y respondido de antemano. Ahora pone énfasis de estadista, porque se ve con la jefatura del Gobierno. E Iglesias hace guiños a la ídem, al ejército, a la policía y a nuestra reina experiodista. A los ricos piensa tratarlos como niños pequeños, para que no enfaden. Un rato con Évole siempre da para mucho, pero a Pablo Iglesias le cunde como a nadie, porque para eso es el transunto político de lo que el de Salvados es en el periodismo. Coinciden en el atuendo, pero al europarlamentario no hay quien le mueva la pose adusta. Dos resultados distintos con un mismo sistema de juego. A Oriol Junqueras le fue fatal con su ingratitud y a Iglesias le fue muy bien con su mano tendida.

En un país donde no sólo es necesaria la regeneración o el reseteo, sino que es imprescindible, el de Puédamos  lleva unos palmos de ventaja desde sus tertulias televisivas, las que ha reconocido él mismo como el más cercano de los parlamentos (y de ahí que Telecinco haya reabierto su cámara de debate, con lo que les gusta una bronca). El encuentro con el ecuatoriano Rafael Correa, el de “Anita Pástor”, fue fugaz, pero suficiente para ver cómo  también se embelesaba ahí. Évole volvió este domingo a hacer lo que mejor sabe hacer: gran intro, charlar en la calle, preguntar por todo y de paso dar la voz a la gente que pasa por ahí. Menuda fiesta para Pablo.

Robaron un camión de chirimoyas…

Francisco Andrés Gallardo | 25 de octubre de 2014 a las 21:05

Había que tener redaños en la eclosión de los años 70 para lucir una calvorota monda y lironda cuando los acomplejados señores bigotudos se arropaban con bisoñés y se liaban ensaimadas de pelos apretujadas con laca para disimular sus evidentes alopecias. Había que tener entonces una estampa bravía para ser calvo, llevarse un chupachups en la boca e intimidar así a los malos. Aristóteles Savalas, Telly para todos, fallecido en 1994, era un tipo con carácter fuera y delante de las cámaras y dotó a su intratable teniente neoyorquino de un aura ruda pero moderna que cautivó. El teniente Theo Kojak, más recordado por los caramelos y por las sevillanas de Pepe Da Rosa (el vídeo de arriba) que por su impacto en la tele, iba a ser el personaje de un telefilme pero finalmente fue el protagonista de una serie de acción que se prolongó durante cinco años cuando las cadenas no se encariñaban tanto con sus criaturas.
Alguien atrapará la marca Kojak de los caramelos con palo de Fiesta, fábrica que ha dejado todavía un resquicio de esperanza para su supervivencia. Desde 1975 estas chucherías están en los quioscos y han pervivido por encima de la memoria del propio personaje. Era un fumador contumaz y en plena pionera campaña antitabaco los guionistas vieron un rasgo saludable e identificativo, incluso realista, que calmara el mono de nicotina a base de chupachups. Los niños emulaban a los de la tele, a ese tipo misterioso del sombrero. Se llevaban el palo a la boca mientras blandían su revólver de plástico, imitando al detective de origen griego, como su intérprete, que pasó a la historia por su despedida latiguillo: “¿quién te quiere a ti, muñeca?”, el internacional “who loves ya, baby?”. Kojak fue de las primeras series de TVE dobladas en España. Hasta su predecesor Kung Fu (1973) todas las ficciones estadounidenses o británicas llegaban con su doblaje neutro hispanoamericano. A Theo-Telly le pusieron la voz de Gary Cooper, de Burt Lancaster: Vicente Bañó. Así cualquiera.
Kojak se instaló en la Primera Cadena en el nicho más estelar de aquel tiempo: la medianoche de los sábados, donde estuvieron Los intocables, El fugitivo o El Santo. El último había sido el churro de El inmortal. Cuando apareció el calvo repartiendo mala leche los espectadores aplaudieron aliviados. El teniente se había estrenado en Estados Unidos, en la CBS, en 1973, y aterrizó en España el 9 de mayo de 1975, tras la ración del Directísimo de Íñigo. Las investigaciones en Manhattan Sur se prolongaron durante más de un año de forma ininterrumpida (hizo descanso con la muerte de Franco), de ahí que calara de manera extraordinaria entre nuestros paisanos y salieran a la venta caramelos, juguetes y hasta un disco cantado por Savalas. Aunque Da Rosa lo incluyera entre los cuatro detectives, el resto de compañeros (Colombo, McCloud y Banacek) formaban parte de una franquicia menos agresiva o realista que el investigador rapado. En Estados Unidos los otros iban los jueves por la noche en la NBC y aquí, los domingos, como Estrenos TV. El calvo era más trepidante y deslenguado, sus ecos llegaron a House, y rompía moldes en el género que ahora llaman procedimental (caso, desarrollo y solución). El personal español sentía predilección por el compadre Stavros, hermano de Telly en la vida real.
Kojak concluyó su gloriosa etapa en TVE el 22 de septiembre del 76, con el declive del lacio Palmarés (que pasó de Bárbara Rey a Pilar Velázquez, futuras reinas del destape) y fue sustituido durante pocas semanas por Al filo de la memoria. El 23 de octubre del 76 se estrenaba Sábado Cine, todo un clásico en la parrilla de la cadena pública. En aquellos años de Kojak todo lo que aparecía en televisión se convertía en oro, incluso unas eternas piruletas de cereza con chicle dentro.