Chikilicuatre ha muerto
Pancho vuelve. Rodolfo ha muerto. Acudiremos la próxima noche al entierro virtual de Rodolfo Chikilicuatre. Lo ha prometido Buenafuente, pero no sabemos si será sólo una artimaña más. Mi amigo David Fernández (amigo de toíta la vida) está clamando por quitarse el tupé. Debajo debe de tener tigres y una jaqueca tremenda de llevar empastado un personaje durante cuatro meses ininterrumpidos. Tras varios millones en politonos casi como los 14 millones de espectadores reunidos en Eurovisión, la broma ha terminado.
Chikilicuatre llega a la estación término. Por ahora. Rodolfo no será asesinado, como pidió Risto en Buenafuente. El del Chiki-chiki se va a su tierra, a su Carnaval perpetuo (honores para el articulista Pizarroso), para regresar cualquier noche y en cualquier discoteca ibicenca. Ha dado mucho dinero como para meterlo en un ataúd.
En estos tiempos televisivos nadie se muere sin permiso del directivo de turno, con el visto bueno de la audiencia. Lo de Chanquete fue algo excepcional. Si en las series no hay quien mate a ningún protagonista (si acaso, algún secundario), aún menos se mata a una caja registradora entera. A Rodolfo lo van a meter en el baúl. Pal cajón. Para que con el silencio, repose, como hacía José Luis Moreno con Rockfeller. Toooma, Andreu. Chikilicuatre duerme por un ratito, hasta que el jefe diga “cutred show must go on”.
Quedémonos con la muerte de la televisión. Con la muerte televisiva por excelencia, con los mocos de Pancho…


