Happy end
La campaña de marketing de Cuatro con la Eurocopa ha sido perfecta. El remate de los superhéroes, celebrando la victoria tras despojarse de su armadura de Iron Man, es un genial remate de esta operación “Podemos” que comenzó hace poco más de un mes y que, lo reconozco, por este barrio no dábamos muchas posibilidades de éxito (deportivo). Cómo cambian las cosas en un mes. Que se lo digan al señor que calcula el Euríbor.
Hay que anotar también los esfuerzos cerveceros: tanto Cruzcampo (actualizando su spot a medida que iba avanzando el torneo) como Mahou (pidiendo la calle para la madre que parió a Casillas) han sido las dos campañas de publicidad más entusiastas de esta bendita Eurocopa.
Cuatro concluye el mes de junio con su récord histórico de audiencia, 13,1, dejando precisamente a la competencia en mínimos históricos. Ellos han sabido rentabilizar hasta el expirmido este acontecimiento tan satisfactorio. De eso hablo en mi columna que publican hoy los periódicos del Grupo Joly...
Ayer por fin Telecinco, Antena 3, La 1, La Sexta o Canal Sur respiraron tranquilos y le dieron un trago a la copa. Se subieron al autobús y dedicaron el atardecer a la bienvenida de la selección junto a esa Cuatro que ha sacado petróleo de una apuesta, un lema y un trabajo bien preparados. El éxito les ha sobrevenido por méritos en el campo, pero los de Sogecable perfilaron el cuadro con pinceladas de calidad (de veteranía de Canal +) y mucha inspiración fabricada. No sólo hemos disfrutado de buen fútbol, sino además de un buen tratamiento en las retransmisiones. Comparen con el fútbol que veíamos (y oíamos) hace unos años. “Podemos” no era sólo un acertado grito de esperanza, también era una carta de presentación. Podíamos ver un partido sin caer en el tedio narrativo o en el rechinar de las patochadas. Algunas retransmisiones de ayer eran pura insulsez narrativa, como JJ Santos en Telecinco. A Matías Prats, siempre impecable, le salía el abuelo Cebolleta por las solapas.
Cuatro sonríe. Más bien le da la risa floja. La misma empresa que aportó su dosis al acoso y derribo de Luis Aragonés, ahora da lustre al seleccionador en vibrantes (y un puntito cursis) reportajes; los mismos que criticaron con burlas la gigantesca bandera española plantada por el PP en la plaza Colón, la rebautizan como “plaza Roja”. Cómo ha cambiado el cuento, dijo el lobo a Caperucita. Roja, claro. Ahora todo el mundo querrá tener su plazarroja para el Mundial de Suráfrica, que se va a cotizar a precio de oro, de Kruger Rand. Pero sea quien sea el que se lleve el papelón de Vicente del Bosque, que se pertreche con el equipo de reporteros de Cuatro y que sea Manu Carreño el que cuente cómo nos dejamos el pellejo de la decepción en los malditos cuartos. Mientras, disfrutemos con esta irracionalidad que nos convierte en niños encantados.


