Gente en los Ondas
Hombre, cuando uno ha estado al lado del maestro Juan Cueto deliberando qué ha sido lo mejor del año en el plasma, como me pasó en la edición pasada, se comprende mejor lo difícil que es acertar en cada uno de los galardones de los Ondas, y además en cierta medida reconocer lo más destacable de cada uno de los canales generalistas. Tal vez los dos premios cuestionables de este año serían los del actor Miguel Ángel Silvestre, el Duque para las babillas, y, sobre todo, el de Jorge Fernández, el de ‘La ruleta de la suerte’ o ‘Esta casa era una ruina’. Dejando a un lado los que ya fueron premiados en otras ediciones, esta podía haber sido la edición para Susanna Griso, de la misma casa. Pero, vamos, poco más que objetar.
Aunque ‘Se llama copla’ levanta alergias, es incuestionable que este programa de Canal Sur ha sido el pelotazo de la pasada (y esta) temporada. Además, por lo menos el premio se viene para Andalucía. El Sur también existe, pero ojalá no sólo fuera por las panderetas y el sacapuntismo. Y en radio, enhorabuena por el premio a los 20 años de Canal Sur.
Hoy en mi columna de papel hablo de ‘El hormiguero’, uno de estos nuevos premios Ondas…
NOS gustaría saber qué toman los de El hormiguero para esas excitaciones marchosas que estallan en cualquier momento del programa. A la orden de Motos, cámaras y ayudantes se ponen como ídems bailando trémulos. ¿Qué esconden (las geniales) Trancas y Barrancas en el agujero? El hormiguero es la apoteosis del buenrollismo, todos han perdido la vergüenza. Hasta los programadores. Cuando cantan ahora “vete a dormir” y mandan a los mocosos a pegar pelotillas en el colchón casi ya es la hora de que se despierten para ir al colegio. Motos está echando el cerrojo casi a las diez y media, estirando esos experimentos que con mayor frecuencia acaban desinflándose o con un resultado mínimo para tan máxima expectación. La ciencia tiene un límite y todas las noches los átomos no están para tantas fiestas. La física y la química se rebelan a medida que aumentan los presupuestos, aunque la complacida audiencia aplaude esos esfuerzos verdaderamente circenses.
El desbarajuste tan organizado de El hormiguero, ese cúmulo de “tonterías” tan bien hilvanadas, enciende el éxtasis de más de dos millones de noctámbulos, pero también provoca regurgitaciones entre quienes rechazan ese ambiente de peterpanes risueños y saltarines. Un espectáculo tan efusivo no admite reservas. En la presente temporada, desde que Motos produce su programa, todos están más desatados, producto a su vez de la presión que sufren por mantener el nivel. Se les puede reprochar que naden en la nadería, pero nadie niega que El hormiguero está currelado al detalle y, aunque ‘jugaran en casa’, tienen merecido el premio Ondas. El ingenio que destilan hacen palidecer, por ejemplo, los agónicos intentos para hacer reír de los programas de caricatos de Canal Sur. Eso sí, enhorabuena también a Se llama copla
Aquí va uno de los últimos ‘hormigueros’…



