Champions, Champions, Champions

Francisco Andrés Gallardo | 22 de mayo de 2014 a las 10:36

 

A Felipe II le fastidiaba la cercana influencia del jefe de la Iglesia española, el arzobispo de Toledo, y entre todos los pueblos de la Meseta, más aireados hacia la sierra, eligió la antigua Mayirit musulmana, la “tierra abundante en agua”, y sus acuíferos serranos fueron fundamentales para que el adusto Austria eligiera esta presumida villa donde tras sus murallas se irían hacinando miles de vecinos al imán del poder de la Corte. El soleado Imperio pasó a tener vocación absolutamente castellana y centralista: ni Lisboa, ni Barcelona, con lo bien que se estaba a la vera del mar. Centro puro, de lo menos inhóspito que hallaron por el ombligo del mapa los emisarios reales. El sábado se vivirá uno de los grandes éxtasis centralistas recientes, que ya iba siendo hora ante tanta fuerza política centrípeta. Que la copa de todos los europeos la jueguen los dos jartibles equipos matritenses es una buena noticia para todos los españoles y de paso baja los humos a unos cuantos de ellos, porque el fútbol termina siendo el brazo armado (de euforia) de las autoestimas nacionalistas. Y de Madrid, al destino inconcluso de Iberia: al estuario del Tajo, contrapunto del Ebro. Disfruten de los símbolos y de las trastiendas además de lo que dicten los golpes al balón. Por cierto, los dos clubes, pese a todas las imposturas, parten de sendos clanes elitistas, unos de Moncloa y otros de los estudiantes vascos que iban a estudiar a Madrid. Todo lo demás es troquelado.

TVE, que paga una millonada por la Champions, ha visto el cielo abierto y dará un gran picotazo ahora que muchos espectadores se han olvidado de sintonizar La 1 en el 1. Han llevado la final a todos los programas, devaluando los informativos y hasta los programas de debate, como si no hubiera nada más allá de Lisboa. Rutina futbolera que atrofia el músculo de la credibilidad de TVE entre la indiferencia cada vez mayor de los espectadores que tras la Champions volverán a tener en un rincón la que fuera poderosa primera cadena.

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