Carmen de Catalunya

Francisco Andrés Gallardo | 30 de noviembre de 2010 a las 13:13

CASI 7.000 catalanes han votado a un imitador de Elvis Presley y a Carmen de Mairena, líderes imprevisibles. El delirio electoral del frikismo. Lo de esa Coordinadora Reusenca (reusense, de Reus) Independent da para un reality de mucha guasa pero es también el surrealista altavoz de cierto cabreo en una ciudadanía que abomina de los políticos que les ha tocado soportar. Menuda tropa, en los años más difíciles que recordamos. Carmen, el travesti más delirante que vio la pantalla en sus varios de siglos de existencia, criatura marciana de la factoría de Javier Cárdenas, “una mujer completa” como se autodefine (y no me aprieten en los detalles y rimas), fichaje estrambótico de El intermedio, ha mordido su trozo de protagonismo político y tribuna. Uf. Ya ven, cualquier personaje que salga en la tele se puede convertir en símbolo de lo que se proponga. Por tanto, no hagamos bromas a estas alturas con la princesa de Vulgaria: Telecinco (con Cuatro) vuelve a tener más del 25% de la audiencia de este país.

De no haber tenido sus minutos televisivos de gloria y miserias, la caricatura daliniana de Carmen de Mairena habría pasado casi de largo, pero la televisión cuida de estos retoños dignos de una embajada pillada por Wikileaks. El drama económico y la comedia de la política catalana son capaces de fabricar pellizcos esperpénticos. Si Carmen ha llegado a ser tomada en serio como candidata al Parlament es justificable (que no comprensible) esa galería de vídeos frikies y las intervenciones de fantoches que se prodigaron en la campaña catalana. Joan Laporta, líder con corbata y rictus de este frikismo, se propone que Cataluña pueda convertirse en país en independiente en los próximos cuatro años. Y la televisión, único alimento informativo para millones de almas, retrata todo ese páramo ideológico que ya no deberíamos tomarnos a guasa.

Vogliamoci tanto bene, Alcántara

Francisco Andrés Gallardo | 27 de noviembre de 2010 a las 3:38

Un par de tipos se ponen como el quico por toda España. Felices, con los cachetes sonrojados y los hilillos de aceite por la comisura. Echanove y Arias se lo pasan estupendamente y esa vibración traspasa la pantalla plana y redondea Un país para comérselo. Se lo pasan muy bien, de remoquete y a destajo, lo narran con cierto sentimiento en el off con estampitas y ahí tienen un trozo de televisión sana, baja en colesterol saturado, y que además hasta hincha el orgullo patrio. La televisión feliz funciona, y mucho, en estos tiempos, aunque la bronca siga teniendo audiencia segura.

Al Imanol de la ficción, Antonio Alcántara, pese a que ahora tiene que bucear en el barro de la alta política de los tiempos de Suárez, le tiene que ir bien en 1978 para que nos consuele en estos agobios de 2010. Cuanto más felices son los Alcántara, mejores son sus resultados de seguidores. A la familia de verdad, la que de verdad sentimos, como es el caso, siempre le deseamos lo mejor. Quienes escriben Cuéntame cómo pasó saben que en el fondo a sus espectadores lo que les mola es que a estos representante catódicos de la clase media progresen en unos tiempos en los que progresar era aún más difícil que ahora. Antonio Alcántara viene a representar los anhelos pasados que, ya que no podemos variar de nuestros recuerdos reales, se pueden fantasear y cumplir en esta memoria de ficción.

En estos días de nalgas contraídas, en los que los asientos nos abrasan de incertidumbres, necesitamos gente que triunfe. Aunque sea de mentira. Necesitamos héroes, inasequibles al desaliento y constantes en esa fe que hemos perdido. Los que ajustan las cuentas que a nosotros injustamente nos ajustan. En España nos van tanto los cuentos chinos como las tragedias griegas. Pero lo que preferimos en la tele es la comedia a la italiana. Vogliamoci tanto bene, amore mio…

15 + 50 años tiene mi amor

Francisco Andrés Gallardo | 26 de noviembre de 2010 a las 10:05

Ya otro día os podría contar lo de los Ondas y todo lo que estamos haciendo en papel. Pero hoy me gustaría proclamar a los cuatro vientos el cumpleaños de uno de mis amores. Entonces yo no estaba atrapado en el plasma, sino en el Iberia en blanco y negro que ya ha aparecido en otras ocasiones. Recuerdo, como si lo estuviera ahora viendo en una descarga internauta, el impacto que causó en mi casa cuando apareció por primera vez esa niña silbando, montando en un caballo a topos, con pecas y trenzas de alambre. Y liguero, que eran prendas que estaban vedadas a la mirada de los niños tardofranquistas. Ahí surgió el flechazo. Pepe Mendoza ya se hizo eco cuando evoqué hace un par de veranos sus 40 años televisivos… en su tierra, Suecia. En España fue en el verano del 74, antes de toparme con don José Luis Corbacho como profesor. Pippilotta Rollgardina Victualia Peppermint Longstockin, Pippi para los amigos. Pippi Calzaslargas, porque aquí en aquella España hubiera sido muy fuerte llamarla “Mediaslargas”. Todos quisimos tener la libertad de Pippi. Fue el baluarte más divertido del anarquismo. Nació, literariamente, hace hoy 65 años. Por ella no pasa el tiempo.

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Sol, sal, son. Unesco. Euros

Francisco Andrés Gallardo | 17 de noviembre de 2010 a las 12:22

No era Nochebuena. Ni Nochevieja. Ni el 27 de febrero, las noches musicales y cascabeleras de Canal Sur. Con la coincidencia oportuna de la reunión de la Unesco se encargó este especial, con aroma oportunista, de la factoría de Jesús Quintero que se ha ganado el aprobado para convertirse en serie. Clin, clin. Y eso que muchos decían que el flamenco no interesaba a la audiencia. Todo es cuestión de vestirlo, contarlo y hasta incluso de poner a la duquesa de Alba en primera fila. Y al director general, unas cuantas butacas más atrás. Un gesto. Quintero es experto en jugar al reverso de Sálvame. Paquirri, como presentador, no crean, no lo hizo mal. Hay alternativas más idóneas para conducir el festival de Eurovisión o El club del chiste, pero Francisco Rivera llegó a lucir mejores maneras que muchos de esos que despotrican contra él en las huertas noctámbulas.

El flamenco, que no la copla o el rumberismo, dejó de tener un sitio preferente en la parrilla de Canal Sur desde años atrás. Un parcela abandonada, impensable en otras regiones y cadenas autonómicas. Los rajeos ya sólo sonaban junto a las candelas navideñas (una sensación que a fuerza de reiterarse con los años sólo con pensarlo me da resaca) y en pocas ocasiones más se ha asomado el cante más nuestro en el prime time de La Nuestra. Ahora se antoja un tanto forzado este delirio por el flamenco, que debería tener no sólo uno, sino varios espacios y distintos puntos de vista.

El sol, la sal, el son, el nombre de este especial del lunes, tenía toda la estética de los programas de El Silencio. Quintero sólo tenía que quitar su mesa y en esa atmósfera reconocible desfiló una cuadrilla heterodoxa y con muchos destellos de magia. Miguel Poveda justifica por sí mismo el empeño por el flamenco y un servicio público por un bien cultural que, salvo por las cajas registradoras, no necesita palmaditas políticas.

Abajo podéis ver la última de Quintero íntegra. De nada.

Alonso, me han dicho que el amarillo…

Francisco Andrés Gallardo | 15 de noviembre de 2010 a las 13:24

Con esos jeques inmaculados y bigotudos, la Fórmula 1 en el disneyworld de los Emiratos tenía más parecido que nunca a las carreras de cuádrigas de Ben-Hur, la Roma de cartón piedra que tenemos instalada en nuestra memoria hispana. Los trotares evolucionaron hacia los acelerones, pero es un mismo espectáculo de velocidad, persuasión y colmillos con el que ruge la plebe en la grada o en la pantalla, aquí y en la China Popular. Antonio Lobato es el alumno español más listo del ESPN style y en sus arrebatos de hermano de sangre de Fernando Alonso destila épica, hipérboles y un puñado de datos de tintes novelescos. La compañía de Marc Gené, el piloto de pruebas de aquí la escudería del cavallino frustrati, ha dado un plus de información y traducción a las retransmisiones de La Sexta.

Lobato, fiel a sí mismo, ford ever, fue el último en mantener la esperanza, esa misma esperanza que ha mantenido alta durante todo el año, sobre su paisano, pero a las pocas vueltas de la injustificable parada en boxes ya entendimos que la ficha amarilla no iba a ceder a la ficha roja de este parchís carísimo. Como le sucedía al público de Ben-Hur, el personal se levanta con mayor regodeo cuando hay colisión a la vista, pero el único siniestro, el de Schumi, fue excesivamente tempranero y el coscorrón precisamente no benefició al interés nacional de esta partida. La Fórmula 1 no es tan emocionante como la pinta Lobato, como se constató este domingo y este país, que ha aprendido más mecánica en el último lustro que la que se da en cualquier módulo de FP, sólo tiene ojos en el asturiano germánico. Golpes y banderas, es lo único que nos interesa de verdad de un coliseo en el Ecclestone no tiene nada que envidiar al marqués de Leguineche. Luis García Berlanga hubiera trazado un magistral plano secuencia entre jeques, reyes, egos montadores de ruedas y un tractor amarillo.

De los verdaderos zombis

Francisco Andrés Gallardo | 14 de noviembre de 2010 a las 18:42

En realidad a lo que más miedo tenemos es que nuestro equilibrio vital salte por los aires, a perder nuestra existencia convencional y apacible. No tenemos tanto temor a la muerte o a la enfermedad sino a que se desconfigure nuestra normalidad con cualquier percance. En estos años de crisis observamos que esa estabilidad a la que aspiramos se torna fragilísima y nos conmueve cómo otros menos afortunados sufren en la tempestad y nos acurrucamos debajo de nihilistas mantas para escapar, para no oír ni ver las desgracias que acechan alrededor de nuestra tibia placenta. El último fenómeno en la televisión norteamericana, y por tanto mundial (en España, en Fox), viene a contarnos oportunamente todo eso en una parábola de horror. Los zombis de The walking dead han tomado nuestro mundo multicolor de margaritas. Han estercolado nuestras calles. Todo se ha ido al garete. Y somos nosotros, los normales, los que tenemos que replegarnos y refugiarnos de esa amenaza de harapientos descerebrados surgidos de un holocausto caníbal, niños y mayores, que vienen a devorarnos las entrañas. Los zombis son los otros, los asquerosamente diferentes, los que pregonan que nuestra gozosa vida terminó, el incierto terror que guardamos en los bulbos de nuestro subsconsciente.

The walking dead relata que la sociedad normal mantiene odios y prejuicios pese a estar acorralada. No cuenta nada nuevo, pero es espectacularmente distinta. Incluso el argumento del cómic original es similar a 28 días después y sus secuelas (no sabemos si estos zombis están infectados por un virus). Con una estética de videojuego en los momentos de máxima tensión, lo que podemos esperar tras dos trepidantes capítulos es que esta hija de la AMC, en la que un policía despierta tras un coma en una brutal pesadilla (¿Life on Mars gore?), no acabe en tomadura de pelo

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Con ustedes… Isasaweis-Lomana

Francisco Andrés Gallardo | 12 de noviembre de 2010 a las 10:03

Habla con dulzura y viste algunas palabras con terciopelo asturiano. Mimosa hasta rayar peligrosamente lo cursi, baja a la tierra, usa productos del Mercadona y sugiere como una buena amiga. Gusta a las mujeres. Eh, y a los hombres. Isasaweis se llama Isabel Llano, una treintañera de Gijón, Carmen Lomana de la clase media, a la que miles de internautas la tienen como consejera de cabecera para asuntos de estilismo y cocina.

No tira de medios espectaculares para sus vídeos. En la mayoría de las ocasiones se dirige a la webcam colocada en la peinadora de su dormitorio conyugal, con el tálamo como telón y la luz natural como iluminación. Es el minimalismo audiovisual, porque hablamos de confesiones a puerta cerrada, de secretos de comadre, de tuteos tan íntimos como inofensivos. Ha sido un fenómeno imprevisto para la protagonista y una lección para los comunicadores millonarios. Se puede encandilar desde el minúsculo objetivo del ordenador. Todo es cuestión de imagen, intuición y dotes. Isabel tiene un talento mundano, convierte en lo que llaman ‘glamour’ cualquier abalorio de los chinos. Y eso en verdad vale una fortuna.

Era inevitable que la confidente acabara en un programa de la televisión profesional, tan llena de aficionados y caricatos. Antena 3 la ha fichado en principio para Espejo público, para que traiga aire auténtico procedente de la calle, de las estanterías del Mercadona y de la frutería de la esquina. Pero a Isasaweis (la entrevistaremos este fin de semana) hay que verla en la intimidad del ordenador, en una falsa cita a solas. Esa es la grandeza de su videoblog, de los youtubeos bien dirigidos y hechos. Ahora hay muchas papeletas para que ocurran dos cosas: que Isasaweis pierda su esencia y que por los interneses afloren imitadoras como setas venenosas, devaluando sus conceptos.

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Las tonterías de Águeda

Francisco Andrés Gallardo | 11 de noviembre de 2010 a las 10:36

‘Tonterías las justas’ es un programa la mar de tonto. Y de ahí su hipnotizador encanto. La gente se sienta a verlo, o lo atrapa por los interneses, porque sólo le va largar unos minutos semiblancos, tontaquillos y sabe, más o menos, lo que se va a encontrar. Es como un colega que queda contigo después de comer para decirte las mismas cosas de siempre. Lo mejor del programa puede ser que Pablo Motos, el jefe de la productora, apenas aparece ya, el escote de Anna Simón (creo que los índices de audiencia varían según los centímetros al aire), la rapidez de reflejos de Dani Martínez y… el blog de Águeda. Recuerda mucho a los mayores de Juan Carlos Ortega. Os dejo la última aparición del hogar del pensionista de Águeda. Tal vez es lo menos tonto de las Tonterías.

De propina, os he encontrado un buen momento de Ortega en aquel ‘Crónicas’ que tanto demonizamos y que al lado del belenestebanismo ahora nos parece Hollywood.

Euskadi. Zombis, miedo y tragicomedia

Francisco Andrés Gallardo | 10 de noviembre de 2010 a las 10:01

La cacareada, y sobresaliente, The walking dead, con sus zombis estremecedores y fantoches podía también haberse rodado en el País Vasco, con espectros de la cochambre pseudoideológica vagando por las herriko tabernas como la de este domingo en Salvados, en La Sexta. Uno de los clientes, se supone que al menos pro-batasuno, llevaba un mechero del pulpo Paul. Y aún se quería justificar. “Hasta los cojones”, vino a vociferar un tabernero sobre el conflicto vasco. Será porque muchos andan ahora acorralados.

Con ese desparpajo y esa presunta poca vergüenza que luce Jordi Évole, se ha podido permitir orearse por los instentinos euskaldunes. Lo puede hacer y tal vez porque además ha sido el único que se ha atrevido. Es como si nadie quisiese importunar los buenos pasos que se están dando. La excursión follonera viene a ratificar los temores, y sobre todo el mucho miedo, que late en la opinión pública vasca. Todo es retórica, puntos suspensivos, medias tintas, medias verdades y tres cuartos de mirada de reojo. El único al que se le entendía todo era al líder popular Antonio Basagoiti. Si en el PP andaluz hubiera un líder de su altura y de sus reflejos a lo mejor les iba mejor. En el mismo día en que FG enseñaba la patita en un periódico, el presidente del grupo parlamentario del PSOE vasco, Jesús Eguiguren, atisbaba categórico el abandono de ETA de las armas antes de Navidad. Se siente seguro.

El Follonero ha madurado, no sólo se mete en honduras sin perder la compostura fresca, sino que es capaz de salir airoso con un resultado entretenido y con calado. Sólo con sacar la mesa de negociaciones en Loyola como si fuera sacada de un catálogo de Ikea ya nos viste la conciencia de la tragicomedia vasca.

Benedicto XVI, Suma Audiencia

Francisco Andrés Gallardo | 9 de noviembre de 2010 a las 11:09

El Papa no es partidario de las eucaristías espectaculares, de presbíteros con golpes de efecto y desplantes de telepredicador. Benedicto XVI, tan germano, aboga por celebraciones de rasgos íntimos, de concentración e implicación. Lo humano dentro de lo monumental. Menos folclorismo. Muchos párrocos se hallan ante la disyuntiva de seguir una senda austera y esencial o desbarrar por territorios que lindan con el espectáculo. A la madurez de la feligresía le corresponde asumir la responsabilidad de que las misas, ay, no son programas de televisión en vivo. Ni festivales. Aunque a los pastores también les corresponde estar próximos a los sentires de quienes se sientan en los bancos (los del templo, claro) y alimentar de verdad sus almas.

A Su Santidad no le gustan las estridencias colectivas, aunque se dé baños de multitudes tras afiladas proclamaciones aéreas. Pese a no ser un Papa superstar, su visita española se ha traducido en liderazgo de audiencia televisiva, incluso en la franja matinal de La 2, quintuplicando los índices del olvidado segundo canal. Las retransmisiones de TVE fueron contenidas en su narración mientras la realización, con guión de evento deportivo, se recreaba en lo artístico y lo turístico. No estamos en una España de un laicismo gomorrita. La gente es más normal de lo que piensa el Papa y su parda némesis, el zapaterismo. La mayoría de la gente vive en la normalidad y en la moderación. Por eso también se sienta a ver la visita del Papa y navega por la TDT.

De un acontecimiento concebido para la concordia, los medios y los políticos son capaces de convertirlo en un debate de GH. El conflicto se instala en el plasma sin remisión. Hasta el pacífico trueque de madres en Me cambio de familia (T-5) se envenena desde el primer momento, como pasaba en este domingo que comenzó tan ascético y de intenciones tan místicas.