Francisco Andrés Gallardo | 4 de noviembre de 2011 a las 13:09
El mundo parece desplomarse, la riada del desastre financiero se desparrama por la calle y nos arrastra a todos sin poder asirnos a las ramas de una estabilidad improbable. Todo intenta ser lo que fue pero ya nada es lo que era. Y los etarras, como siempre, siguen riéndose. Nuestro entorno tiembla como un seísmo en El Hierro, pero siempre hay cosas, y personas, que parecen permanecer a nuestro lado. Todo podrá cambiar y conmovernos, pero Ana Blanco seguirá contándonos con amabilidad y solvencia lo que ocurre a la hora en que los espectadores oyen con más atención: las 3 de la tarde.
Ana, fiel a su peinado aunque algún ángulo de su cara, ay, nos delate el paso del tiempo, se sentó en la mesa del Telediario en 1991 y su profesionalidad ha sorteado cambios políticos, cataclismos en RTVE y presidentes y consejeros de toda calaña y condición. Ana Blanco representa la credibilidad de la cadena pública, al margen de vaivenes y provocaciones. El 21-N puede traer días de pasillos dramáticos en Torrespaña, pero seguro que nadie podría discutir que a las tres de la tarde quien se ha de asomar a la pantalla es esta bilbaína que en sus inicios llegó a ser la voz en off de algún pionero concurso de Canal Sur.
Es poco cortés que les diga que Ana acaba de cumplir unos 50 años que todavía no representa pero que le sientan muy bien. En estos meses sólo nos cuenta todas esas malas noticias que nos dejan el alma molida a palos, pero nunca disimuló la sonrisa cuando había que alegrarse en los días de vino, rosas, ladrillos y medallas de oro. Aquellos días en que Grecia, como mucho, nos daba algún disgusto en baloncesto.
Hay cosas que todavía nos pueden acariciar el pellejo del desencanto como la narración reposada de la eficaz conductora del Telediario 1. Las malas noticias, con calma, son un poco menos hirientes.
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Francisco Andrés Gallardo | 3 de noviembre de 2011 a las 10:45
Es una mezcla en apariencia y tramas de Sherlock Holmes y compañía y el clásico Arriba y abajo. Bueno, claro, es una inspiración descarada de Downton Abbey, pero eso es lo que quería Antena 3 cuando encargó el proyecto. Gran Hotel (pincha aquí para ver los capítulos) es una delicada ficción española, impensable hace unos años, con un buen arsenal de actores (ojo a Yon González), con una ambientación notable de recursos imaginativos, como utilizar el santanderino palacio de la Magdalena, y un guión bien armado, sin estridencias ni excentricidades. Bambú ha seguido el camino de La señora, con aire británico. Con producción rentable.
Y la clave para que el hotel no termine siendo un hostal, es decir, un culebrón, se encuentra en los actores. Concha Velasco ya es una garantía en cuanto asoma su estampa, pero sobre todo los espectadores se encuentran con el empaque de Adriana Ozores, recién premiada por un encargo que solventó con soltura, La duquesa.
La hija de José Luis Ozores, la madre de Manolito Gafotas, es mucha actriz. Es la gran mala de Gran Hotel. Qué buena. Y todo a su alrededor fluye aún más creíble, como si el efecto de mujer de armas tomar en la ficción también se transmitiera en el trabajo de quienes le rodean.
Adriana era la chica de algunas películas de Martínez Soria y otras de la factoría binguera familiar. Tiene una experiencia avivada en el teatro y en otros encargos mayores en el cine. Los que peinamos más calvas de lo que desearíamos la recordamos también como presentadora de Aplauso, al lado de su comadre María Casal. Tiempos de chupa de cuero, movida en los bares y fans de Pedro Marín en los platós. Adriana presentó a los Pecos y a Boney M. Por algún sitio había que empezar.
Ahora es la matriarca dura e intrigante de un hotel que tiene un futuro esplendoroso en las noches de Antena 3. Un cuatro estrellas que se deja visitar.
Francisco Andrés Gallardo | 31 de octubre de 2011 a las 9:34
La madre de ese tipo con ínfulas de estrella de la canción cani, El Cuco, puede ser un personaje de interés. Sus palabras siempre nos podrían dar pistas de quiénes y cómo son los que asesinaron a Marta del Castillo, y lo más deseable sería que aportara realmente luz al suceso. Si no sabe, o no quiere, allá ella. Lo realmente repugnante es pagar por unas declaraciones de esta mujer empeñada en no reconocer al pájaro que ha criado. Dicen que entre 9.000 y 10.000 euros cobró por ir a La noria. Sus declaraciones no valieron ni un duro, pero a Telecinco le da igual, aunque sus entrevistados, como es el caso, no den la cara. Ya hay otras ilustres invitadas que dieron ejemplo de despropósito, como Violeta Santander, aquella pareja maltratada del tipo que se enzarzó con Jesús Neyra. Todo el mundo tiene un precio y Jordi González no reserva el derecho de admisión. Ya sea la madre de El Cuco o Mario Conde dándonos lecciones de cómo salir de la crisis, como sucedía este sábado. Cara dura para una televisión blanda, sin límites de escrúpulos mientras el talonario responda y el audímetro, también.
María Antonia Iglesias fue una comisaria temible y es una contertulia iracunda, pero en su interrogatorio a la melena sunsilk de la madre de El Cuco confirmó que tiene un agudo sentido del interés periodístico. Se topó una y otra vez con la fingida ignorancia de esta señora que no quería reconocer la ralea de su parentela, y todo a unos metros de Juan José Cortés. De nada sirvieron los lamentos de la tertulia posterior. Noche de pesadilla de una noria cínica. El horror también se paga a tocateja. Un buen trato de Halloween: captar la atención y la indignación de la gente sin decir ni pío. Menos mal que, por lo menos, no hubo ni un aplauso.
Francisco Andrés Gallardo | 31 de octubre de 2011 a las 9:27
El auténtico motor de la economía estadounidense, el que les salvó de la gran crisis, fue la guerra. La Segunda Guerra Mundial. Más que el tablero posterior de la Guerra Fría, el propio conflicto bélico fue el que entronizó a Estados Unidos como superpotencia absoluta. Por producción. Por tecnología. Por prosperidad. Por influencia cultural. Y esos idílicos años posteriores de liderazgo indiscutible en el mundo libre son los que buscan evocar, con nostalgia incluso pueril, el público norteamericano con los humos a todo pulmón y las curvas rotundas de Mad men. Cuando todo parecía más sencillo: el hombre blanco no tenía a nadie quien le tosiera y los enemigos estaban razonablemente estabulados tras un telón. Un imperio, fin de la Historia, que ya nunca iba a caer…
Tras el bourbon con hielo de Mad men llegan ahora sus versiones de gominola, las que se han preparado para los canales norteamericanos en abierto. Canal + 1 estrenaba anoche los contoneos de las azafatas de Pan Am, cuando Nueva York era más NYC que nunca, tal como se dibuja en las majestuosas recreaciones virtuales. Unas azafatas con faja obligatoria, sarcástico pasaporte para que fueran mujeres libres. Unas Mad women, hermanas azules de Doris Day,dispuestas a comerse el mundo, la vida, los amantes y los agentes soviéticos. Romance, melodrama y aventuras de guante blanco a bordo de un boeing con caviar, barra libre, maridos casados y desayunos con diamantes.
Pam Am transporta al espectador con alta fidelidad a los años de una élite laboral que disfrutaba muy por delante de su tiempo. Es una ficción sobre moda y geografía humana, donde la música promete ser el mejor vehículo de evocación para los que vivimos esa época por páginas acharoladas y escenas con Cary Grant. Un tiempo pasado que si no era mejor, por lo menos era más reconocible.
(Por cierto, ‘Las muchachas de azul’, del título, era una españolada amabilísima sobre unas chicas que trabajaban en unos grandes almacenes. TVE tuvo que retirar esta película que tenía programada durante la campaña electoral de octubre de 1982, la de la primera victoria socialista, para evistar susceptiblidades. Cosas de entonces).
Francisco Andrés Gallardo | 28 de octubre de 2011 a las 12:15
El día en que un programa de TVE tenga como sintonía de cabecera el himno nacional, ay, que me lo estoy viendo venir, creo que habrá llegado un buen momento para ‘innos’ a Andorra. Los himnos se llevan en el corazón y son para oírlos en momentos de respeto y con motivo del mensaje navideño del Rey. Me da grima que La respuesta está en la historia arranque con la voz de Rocío Jurado y el himno de Andalucía, nada más despedirse Arrayán. Suena a patrioterismo. A cartón piedra, como la locución madrileñísima de Ramón Langa (¿pretendido estilo No-do?) para responder, como en El libro gordo de Petete, curiosidades de nuestras huellas andaluzas pasadas. ¿Se imaginan a un actor andaluz narrando en andaluz el devenir de los catalanes en TV3?
La respuesta también está en la historia de Canal Sur, donde los programas de divulgación cultural no han solido aparecer por el horario estelar, pese a la repercusión de trabajos como Andalucía es su nombre, por ejemplo. Un programa sobre nuestro pasado, con amenidad y cercanía, ya tenía que ser veterano en la programación. Los notables resultados confirman ese ayuno que tenía la audiencia. La respuesta… es apreciable. Y mejorable. Por lo pronto en presupuesto, que es bien corto a todas luces; le falta naturalidad en los sketches y le sobra ese puntito garbancero. “Efectivigüonder”, afirmaba uno de los conductores hace dos lunes.
La respuesta a su futuro la debe dar Canal Sur en programas como el que precede a Los Morancos. Un espacio que despierte un interés sano por conocer y enorgullecernos de un pueblo que tiene que recurrir a una camiseta para reforzar su autoestima ante los demás. Un pueblo que aparece en las cadenas nacionales en las páginas de sucesos o en los zappings, con sus ancianos y sus niños redichos. Tenemos historia para dar y tomar. Los jefes de la RTVA se ponen como unas castañuelas con La respuesta… y presentan como una joya lo que es, todavía, bisutería cultural.
Francisco Andrés Gallardo | 26 de octubre de 2011 a las 10:34
Se ha liado con una falsa decapitación de Dani Martín en El Hormiguero. Sabiendo que tienen muchos niños en su audiencia, tenían que haber calculado que podían impresionar a los pequeños con un truco que aparentemente sale mal y de ahí que interrumpieran el programa. La broma la llevaron un poco lejos y se entiende que con la inesperada interrrupción se conmovieran las redes, pese a que se ‘nota’ truco. Se supone que la gente ya no se impresiona, pero ahora parece que es más sugestionable de la cuenta. Del río revuelto del mal gusto, El Hormiguero sale beneficiado del escandalillo con un subidón de audiencia. Fue ayer el tercer programa más visto de Andalucía. Para otra vez que pongan bajo la hoja de la guillontina a Motos o a Jandro ¿vale? No bussiness like television show.
Para ver el programa, pinchad aquí, que Antena 3 ha neutralizado todas los vídeos de youtube al respecto
Y precisamente el artículo de papel de hoy lo dedicaba a El Hormiguero y a Ana Milán…
Aparece Ana Milán y, entiéndalo, la noche se ilumina. La ex jefa de Camera café y ex profe Olimpia gana en las distancias cortas y es comprensible que sea un fenómeno twittero. Ana fue este lunes la invitada de El Hormiguero y la excusa era para hablar de su libro. Aunque la madriguera trompetera de Pablo Motos a veces se pone demasiado espitosa es de los pocos refugios televisivos que quedan donde la gente puede ir a hablar, por ejemplo, de su próxima película. Por El Hormiguero ha pasado medio Hollywood, tres cuartos del cine español y toda la televisión nacional. Los invitados son tratados como amigos, salvo algún patoso, y así pueden asomar lo que están promocionando. Pablo, que tiene otros defectos, acepta el detalle de pasar la pelota para que sus huéspedes puedan vender su libro. O su moto.
Salvo que uno quiera confesar un revolcón inconfesable, una maldad miserable o comunicarse con sus muertos, es complicado hallar en el horario estelar un canal de cierta audiencia que deje abierta la puerta para hablar. De ahí la excelente galería de invitados que presenta El Hormiguero (ahora 3.0, en A-3): no hay muchos sitios donde un actor pueda lucirse de verdad para captar clientes. A cambio, eso sí, debe asumir el riesgo de ser telonero de los colaboradores del quimicefa o ser el comparsa del numerito chamán de Motos. Ya sea en Cuatro o en Antena 3, el dueño de las hormigas debe palpar, comprobar o afirmar, cuanto pasa por las narices del programa. Es el precio que también debe pagar a su vez el equipo para estar en un formato que huele a Emmy. Y se lo merecen.
Ana Milán fue por allí a hablar de su tratado, Sexo en Milán. Al lado del anfitrión, bajillo, la actriz alicantina acrecentaba su cantuda estampa. Ana es una debilidad para muchos de nosotros. Le aceptamos todo. Incluso ese libro.
Francisco Andrés Gallardo | 25 de octubre de 2011 a las 11:36
En Telecinco es como si no cupieran las ficciones. La parrilla está tan atosigada por los realities y todas sus vertientes en forma de tertulia, debates rencorosos, griterío ignominioso e interpretación verdulera, que produce (casi) a todas horas un exceso de callejeo, dialéctica principesca y ardentía estomacal. Telecinco es corazón y bilis. Esgrima a hachazos. Caja de gusanos de seda cabreados. Telecinco es telerrealidad, vaho en el espejo cotidiano, teletienda de bustos operados y telemaratón de salivazos. También está Pasapalabra y los deportes. Incluso Piqueras y unos desayunos interesantes con la Campoy e incluso con AR. Más allá de estos buenos momentos, la cabra, con perdón, tira al monte de la mesa redonda, la que tira manta para arriba al pelele de turno.
Ante la realidad de Telecinco, su realidad, no caben ficciones, y eso es lo que tiene asumido tanto el adicto a Sálvame como el que se tiene prohibido estacionar en el número 5 del mando. Si aún sobrevive Aída es porque ya es de la familia, de otro tiempo. En Telecinco han hecho auténticos monumentos de la ficción en España tan fallidos como Vientos de agua o Acusados; pero cada vez lo van a tener más difícil para consolidar una serie dramática o una intriga policíaca donde todo el mundo espera, o teme, encontrar a Bárbara Rey, a Mila Ximénez y, muy pronto, a Isabel Pantoja.
La telerrealidad ha asesinado a Homicidios. No es una obra maestra, sí, pero en La 1 habría encontrado esa audiencia fiel que ahora, en Telecinco, sólo encuentra a las tantas de la noche, como le pasó a la maltratada Punta Escarlata. Son secuelas de la fragmentación y los modelos estancos de programación. Antes de darle al ‘on’ el espectador ya se hace una idea de lo que va a encontrar en su barrido y no le va a dar oportunidad a lo que crea distinto, aunque sea a Eduardo Noriega poniendo cara de palo.
Francisco Andrés Gallardo | 19 de octubre de 2011 a las 10:03
Me preguntan si el debate Rubalcaba-Rajoy será lo más visto del lunes 7 de noviembre: Sin duda, sí, aunque ese día haya Águila Roja. ¿Tendrá más audiencia que los debates Zapatero-Rajoy? Probablemente no. Pero seguro que será igual de tostón que aquellos en los que la crisis era una pelusa económica en la solapa y se recuerda más por la niña imaginaria a la que apeló el candidato popular.
El debate no va a desestabilizar la balanza y ganará de calle Mariano Rajoy porque está investido con la púrpura de la responsabilidad. Será un pulso dialético en el que Rubalcaba sólo conseguirá hacer cosquillas. Probablemente lo moderará el presidente de la Academia, Manuel Campo Vidal, con alguna acompañante, quizá Olga Viza, los mismos conductores que en la primavera de 2008. Y poco más. El debate nace tan encorsetado, tan pactado, tan calculado, tan paralelepípedo, tan endogámico, que televisivamente será un programa renqueante y previsible. Muchas cadenas que lo van a dar, como Canal Sur, lo asumen como una obligación institucional. Y más con la que está cayendo.
Los políticos hace ya tiempo que causan más indignación que interés y verlos charlotear en la pantalla, con sus expresiones de porexpán y sus lugares comunes, no entusiasman. Por muchos debates añadidos que haya, no despertarán impulsos entre los electores catódicos.
Ahora bien, el más listo de la clase, con un ego que no cabe fotografiado en todo este blog a lo largo, ha arrojado un guante genial: Felipe González quiere rememorar aquellos encuentros con Aznar. Aquellos sí que fueron dos debates. O eso nos pareció. Rubalcaba (o peor, ZP)-Rajoy es un partido de la ACB frente a un González-Aznar, que es pura NBA política. Es lo mismo, pero no es igual. Menudos triples encestan aún los perros viejos.
(El vídeo de arriba es la apertura de un reportaje de La Sexta ante los debates entre Zapatero y Rajoy de 2008)
Francisco Andrés Gallardo | 15 de octubre de 2011 a las 14:26
Alguien se va aprovechar inmobiliariamente de todos esos fracasos que poblaron la parrilla de Canal Sur y del engranaje de personal y directivos que ha terminado de saturar de colesterol las entrañas de la RTVA. La empresa audiovisual más importante de Andalucía se tambalea más de la cuenta, llega a final de mes con dificultades y ahora podrá vender sus propiedades. Si puede. Anda alguien por ahí con una buena oportunidad de sacar rédito a los agobios presupuestarios del director general, Pablo Carrasco. ¿Un último pelotazo antes de que suene la campana final? Ya no hay chollos, pero ahora vienen las rebajas de verdad. La fiesta terminó, se jactaban esos piratas que después nos han metido la carcoma en los sótanos de los bancos y la Bolsa. Ahora viene el festín. El almuerzo caníbal de los saldos.
El modelo de las autonómicas pertenece a otra época, a los tiempos en que ni siquiera había cadenas privadas, ni canales de pago, ni descargas. Y muy pocos hablaban entonces de primas de riesgo. El pico de la crisis va a forzar a una reconversión en las cadenas regionales y alguna, como la asturiana, no va a salir viva. Son tiempos para nadar sin poder guardar la ropa y eran momentos en que hubiera convenido que entre la jungla de la TDT Canal Sur hubiera tenido un modelo de programación y no haber ideado y producido a salto de mata. Con un 10% de audiencia y con la publicidad en límites submarinos, daba igual, por ejemplo, tener un digno magacín producido por gente de la casa que esos ancianos, carne de zapping, buscando pareja. A Canal Sur se le agiganta la artrosis. La enfermedad viene arrastrada desde antes de emitir, pero en los últimos años se ha perdido el tiempo y el dinero en un Canal Sur 2 de bostezos y en programas como Nacidas para cantar o Saque bola que interesaban poco y alejaban mucho.
Francisco Andrés Gallardo | 13 de octubre de 2011 a las 0:47
A mí, como periodista y sofalícola, no me preocupa Ana Pastor. Si los que lleguen a TVE no la quieren, siempre habrá otros medios que la valoren y donde podrá seguir trabajando con libertad y criterio. Me preocupa más su equipo. Esa infantería que sería condenada a los ostracismos de la redacción por haber sido “colaboracionistas del zapaterismo”. Ellos sí que sufrirían los vaivenes de RTVE que, fiel a su sino, está predestinada al conflicto y al cretinismo.