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Queremos estar juntos. El partido más visto

Francisco Andrés Gallardo27 de junio de 2008 a las 9:02 am

Casi 13 millones de españoles vieron ayer el mejor partido de la selección de toda la historia (diría que el mejor segundo tiempo que le he visto a un equipo español, selección o club, en mi vida), de los que 2 millones y medio eran andaluces. Aunque no es el récord de los cuartos ante Italia, no comparemos 10 minutos con casi 2 horas, publicidad incluida, de juego. Estamos ante el partido más visto de la historia de la televisión en España. No nos obsesionemos con la aritmética pura.

Hoy en los periódicos del Grupo Joly hablo sobre la revalorización de los acontecimientos. En estos tiempos de fragmentación, que cada cual ve la televisión que quiere, todos deseamos estar juntos en torno al programa que nos une…

Con 30 canales gratuitos con la TDTy más de 150 cadenas para seleccionar por las plataformas de pago, el usuario se decanta cada vez por elegir menos y dejarse llevar “por lo que haya que ver”. Los acontecimientos se revalorizan, como demuestran los picos de audiencia de la presente temporada. Ante la fragmentación de ofertas, la especialización para cada habitante de la casa, el espectador español está cada vez más interesado en seguir aquel partido o programa del que al día siguiente se va a hablar. El público esperaba “romper el maleficio de los cuartos”, como unánimemente se consideró el duelo de Italia, y el partido reventó los audímetros, logrando el récord en la historia. Con los penaltis se congregaron casi 15,4 millones (77,5 por ciento de la audiencia), pero ya durante todo el partido había 11,5 millones ante el televisor (de ellos, 2 millones de andaluces).

La Eurocopa 2008 va a ser la más vista de la historia no sólo por el hito de la selección, sino por el interés que despierta el torneo entre el público en general, que “no quiere perderse” lo que está de moda. De hecho, hasta la competencia ha tenido que reconocer que ante un acontecimiento como el fútbol sólo se pueden replegar las velas.

En Estados Unidos, el país más veterano en la fragmentación de las audiencias, la final de la Superbowl llega a reunir más de 100 millones de espectadores. A modo de Día de Acción de Gracias, se ha convertido en tradición reunirse en familia para seguir el encuentro en el que se resuelve la liga de fútbol americano. Las finales de la NBA, como los próximos Juegos Olímpicos, están marcados en rojo.

En España las grandes audiencias se garantizan con el fútbol de primer nivel y la Fórmula 1. El último Real Madrid-Barcelona emitido en abierto, a través de Telecinco, reunió 9 millones de espectadores, pese a que la liga estaba resuelta y el morbo estaba en “el pasillo”. Cuando los equipos españoles llegan lejos en Europa son sinónimos de buenos resultados de audiencia. Incluso el modesto Getafe. Sus cuartos contra el Bayern superaron también los 9 millones, en la emocionante prórroga.

Pero existen otros acontecimientos que pueden reunir grandes cifras para el público español. Eurovisión, que levanta pasiones el continente, tras la frustración de Rosa ha resucitado este año con Chikilicuatre (10,6 millones y 62,8 de cuota). Si TVE se lo toma en serio seguirá siendo un programa esperado cada año. Se creó expectación en torno a los debates electorales Zapatero-Rajoy y se convirtieron en dos de los espacios más vistos de la temporada. El interés ciudadano se unió con la pura curiosidad: 13 millones entre los distintos operadores (aunque la audiencia se decantó por la más tradicional, TVE).

Las ficciones tienen el recurso de fabricar grandes momentos. Lo ha corroborado Telecinco con Yo soy Bea (8,2 millones). Con un capítulo habitual, sólo Aída es capaz de superar los 6 millones.

Panorama para matar un monitor

Francisco Andrés Gallardo21 de abril de 2008 a las 1:38 am

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 Bienvenido, compañero de sofá.

Hasta 1990, con la llegada de las emisoras privadas, la televisión era todavía un invento  por pulir, aunque los que ya peinamos calvas seguimos evocando unos tiempos idílicos cuando sólo dos canales y medio pululaban por los botones y cualquier programa petardo superaba el 50 por ciento de cuota, cifra que ahora no consigue ni Fernando Alonso acelerando. La justicia infinita de Mazinger siempre llegaba al 100 por ciento. Qué tiempos aquellos del malote Barón Ashler, mitad hombre, mitad mujer. Ahora se pondría las botas en los programas del hígado.

La televisión del siglo XXI apenas se asoma todavía a la alta definición, pero podemos definirla como el ocio más apasionante que tuvo un ciudadano en su casa y un medio que no terminan de aprovechar quienes manejan las cuerdas de esta marioneta, que se afana en vomitar anuncios y programas que justifiquen esa cantidad de vertido publicitario. Internet, este internet que hoy nos une y que se expande imparable desde su big bang interactivo, ganará esta partida en la videoconsola universal, pero aún faltan bastantes años para la derrota final del plasma de baja resolución.

A usted, amigo sofalícola, le hablan de shares, ratings, audiencias y fragmentación (jerga entre lo literario, lo aritmético y lo sociológico), para razonar sobre alzas, auges y decadencias de los programas y de las perpetuas endebleces de nuestra parrilla nacional. Al cabo de casi dos decenios, con la elección en la televisión cumpliendo la mayoría de edad, comprendemos que la cantidad no trajo la calidad. En la variedad no está el gusto y en la uniformidad de estos tiempos el mal gusto campea a sus anchas. Bienaventurados aquellos que son capaces de sorprendernos. Habrá días para reconocerlos como también habrá momentos en este cuaderno de virajes para denunciar a quienes más destrozan nuestro monitor. Esos contenidos con licencia para matar nuestro tiempo y nuestra sensibilidad.

Autor

Francisco Andrés Gallardo, periodista e historiador. Nacido en El Puerto de Santa María el año en que triunfó ‘El Séneca’ en TVE, el mismo del mayo francés. Está unido al Grupo Joly desde 1995, en secciones locales de Diario. Es jefe de las secciones ‘Pasarela’ y ‘Televisión’ de los periódicos del Grupo Joly y es su analista televisivo desde 2005. Amamantado a las ubres de un Iberia en blanco y negro, uno de sus grandes momentos de la infancia fue el de la transición: del blanco y negro al televisor en color que se estropeaba, matemáticamente, cada nueve meses y con el que pudo iniciarse en la elección, con la inclusión del UHF; en 1978. Guarda aún la esperanza de acudir a una grabación de ‘El circo de TVE’, con Gaby, Fofó, Miliki y Fofito.

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  • Javier Gómez

    Muy bueno, genial los créditos dexterianos

  • Francisco Andrés Gallardo

    Hola, Jesús. Bienvenido por estos lares. Efectivamente los canales españoles han hecho...

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    En España ya se hacen resúmenes de algunas series. Se hizo con “Motivos personales” o “El...

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    Por cierto, al hilo de lo anterior… http://www.youtube.com/watch?v =XvIIcX9nLhM

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