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La leña “de” y “a” Wismichu y Auronplay

Francisco Andrés Gallardo | 3 de septiembre de 2016 a las 1:54

Un empresario de la localidad cordobesa de Montemayor cuelga un anuncio en una web :“vendo leña, mucha leña”, que le pareció cómico a dos youtubers, Wismichu y Auronplay (en el vídeo de arriba, desde  el segundo 52). Uno ellos llama y, utilizando helio, bromea con falsa voz infantil pidiendo material para quemar su colegio. La gracieta se convierte en viral porque los youtubers cuentan con millones de seguidores y algunos de ellos, vía buscador, localizan a ese empresario para remedar la broma hasta la naúsea. A su vez, la víctima de este acoso telefónico, múltiple e internacional, denuncia lo sucedido, según dice, con graves pérdidas económicas, en ‘Andalucía Directo’  (vídeo de abajo) y los youtubers terminan defendiéndose con que es un montaje para atacarles y dañar a todos los ídolos del mundo virtual.

La broma en cuestión no deja de ser la simple payasada de unos pipiolos que no calculan cómo pueden torcerse las intenciones. Las bromas telefónicas de toda la vida, entre anónimos, eran fruto de analógicas tardes aburridas. Ahora, siguiendo el rastro de la radio matinal, se convierten en pieza de youtube y mediante el consumo de millones de suscriptores se traducen en un negocio rentable, dinero bien fácil a través de aluviones de visitas, como reconocen los protagonistas, con un ego de no te menees. No consta de que se hayan preocupado realmente de las consecuencias indirectas de esa broma con tan poca gracia. No se debería trolear a la gente que está en su trabajo, ganándose la vida, debería ser al menos una conclusión para ir reorientado el registro humorístico en youtube. Al menos para no dar ideas.
En la abultada anécdota late un conflicto intergeneracional, choque de siglos, ‘jóvenes’ y ‘adultos’, que de no mediar asuntos así viven ajenos a sus respectivas realidades encapsuladas. Los youtubers, que con tanta aritmética engordada parecen desconocer lo relativo de su influencia, creen que los medios tradicionales les atacan por celos y miedo de su competencia (algo hay). Un campo sin puertas como es internet, Oeste del siglo XXI, no puede renunciar al sentido común.