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Eurovisión 2014: los pelos, la lluvia y los ‘oits’ points de Carolina Casado

Francisco Andrés Gallardo | 11 de mayo de 2014 a las 11:07

Diversión con banderas, como Sheldon. “Join us” por los pelos de Conchita. Mártir rusa, diva centroeuropea.

Los intérpretes eurovisivos elaboraban anoche su enseña nacional antes de cada actuación. Las banderas, esas que se tremolan con espasmos en las gradas, el mosaico de los “points”, son el decorado de toda la vida de Eurovisión, la esencia de su existir, por encima de los eurofans, los apaños y de la misma televisión: una noche para la afirmación nacional, desde las potencias soberbias como Rusia, columpiándose como sus gemelas ante el cubo de pantallas; a lunares del mapa como San Marino. La popera de Ucrania se acompañaba de otro artefacto. Todo sea por responder a los rusos, abucheados por el personal. Política y música. Todo junto. Más que nunca. Y los compadreos en los votos como siempre. Entre nórdicos y vecinos, aunque Portugal pasó de Ruth. Gracias a Albania por los 12 puntos. Las votaciones estuvieron más competidas que de costumbre. Al final sobresalieron las barbas de Conchita Wurst. La austríaca: más símbolo que canción. Si lo llegamos a saber, mandamos antes a Falete. Le dimos nuestros 12 votos en una lamentable intervención de la portavoz Carolina Casado. “Oits points….” dijo la desnortada presentadora española, tipo relaxing cup. Vaya pronunciación…

Por la nave de Copenhague (unos astilleros desguazados, menudo símbolo) andábamos nosotros, con Ruth Lorenzo que cual Penélope tejió nuestra bandera con ovillos de lana entre dos columnas. La admirada de los británicos, pero que sólo nos dieron 5 puntos, apareció con el pelo ajado por una falsa lluvia, como si hubiera salido de una playa de la Manga. La sirena española cantó muy bien. De lo más potable del chaparrón de anoche. Estuvo mejor Pastora Soler en su momento, que fue décima. Ruth se mostró potente, claro; en una puesta en escena que no fue de las más brillantes. Ni la realización. Ese “De rein, de rein” en solitario sonaba firme, pero en una atmósfera gélida, como el vestido plateado. Perfecta vocalización y pronunciación. Sin arrugas. Mas a Ruth le faltó esa chispa que tuvieron otros. En la partida interpretativa le ganó la sueca Sanna Nielsen. Un Undo conmovedor que fue tercer puesto. Como el casi hipnótico Calm after the storm de los holandeses, segundos.

Ha sido el mejor puesto de España en los últimos diez años. En otro tiempo Lorainzo (BBC dixit) habría brillado aún más. Los Eurovisiones de estos años suenan demasiado repetitivos, como una misma balada , de ahí que animara la barba de Conchita Wurst y su mensaje en Rise like a Phoenix. La decepción fue para Armenia, para Aram Mp3, elevado a los altares desde meses atrás y que llegaba renqueante al momento decisivo. Y de contrapunto, las chonis polacas. Eurovisión, siempre con ganas de provocar, como el chikilicuatre de Francia, un mamarracho. Y actuaciones anticuadas, como la Terelu Campos de Italia, la Mónica Naranjo de Eslovenia o el sobrevalorado tipo del silbidito de Suiza.

Conchita entonaba lo que parecía una banda sonora de James Bond con mensaje de reclamación. La actuación más emocionante para los presentes en la capital danesa. También era favorita la británica, pero en la final terminó aguándose, sin rain en este caso. Íñigo, que era el comentarista para nosotros, también estuvo bien. Nada que decir contra el maestro.

Este año los participantes inauguraban la gala en desfile, todo muy talent. Eurovisión es La Voz con barra libre. Números musicales sin problemas de presupuesto. Las posibilidades tecnológicas permiten hacer maravillas audiovisuales. Ya no es cuestión de una canción, de un cantante, de un destello, sino de un espectáculo total del que es difícil sobresalir. Y Todo se encomienda a la geografía, a votar al amiguete y a dejarse guiar por la simpatía. Por el simbolismo. O el frikismo. Y mucha diversión con banderas, lo que convierte a Eurovisión en el programa musical más emocionante del año, pese a todo.

Recibimos 12 puntos de Albania; 8 de Suiza; 6 de Francia; 5 de Rumanía y del Reino Unido; 4 de Lituania, Letonia, Eslovenia e Israel; 2 de Polonia, Estonia y Armenia; y 1 de Alemania. 74 puntos que elevaron a Ruth al décimo puesto empatada con el anfitrión danés. Europa es así. Las elecciones europeas no fueron ni para Cañete, ni para Soraya. La ganadora se llama Conchita. Con toda la barba.

‘Top Gear’ televisión a todo gas

Francisco Andrés Gallardo | 24 de enero de 2012 a las 17:19

Aparece a primera hora en Cuatro y es el programa del horario estelar del nuevo canal de Telecinco, Energy. Es estilo BBC: puedes abordar el asunto que quieras, si añades humor, historias y complicidad (también un poquito de sana provocación) hasta la física cuántica o la macroeconomía pueden convertirse en un espectáculo. Todo es cuestión de tener ganas por contar y contactar. Es el caso de Top Gear. Es un programa de coches. Sí, de motores y palabras especializadas, pero tratado con un rigor desenfadado que lo convierte en apto incluso para los alérgicos a la gasolina. No defrauda. La pública andaluza puede echar un vistazo a Top Gear para inspirarse en hacer otro tipo de televisión, como la que fabrican con solvencia los británicos. Los de los coches es una excusa para formar y entretener. Estoy seguro de que el trío de compadres que lleva el programa podría hablar de astronomía, de gastronomía o de flamenco. Crean historias y siempre intentan ejecutar un giro diferente en el formato.

Jeremy Clarkson es el comandante de Top gear. Mientras se pone al volante de un utilitario Renault o de un exclusivo Porsche va narrando sus sinceras sensaciones. Tendrá mucho de guión, pero le aceptas cualquier barbaridad. Con un perfil de Wyoming en sus tiempos de Caiga quien caiga , sus dos escuderos, James May y Richard Hammond, saben tanto o más que él, con los coches como pasión. Con los famosos hacen pruebas de pericia o de velocidad y cuentan con un especialista que pone los pelos de punta. Top Gear juega a docu-show como esas series que se nos instalan en el nuevo Discovery Max como Cazadores de mitos que hasta ahora ocupaban horarios matinales en las cadenas generalistas. Se puede hablar de coches y entretener a quienes ni siquiera tienen carné de conducir. No es un privilegio. Es imaginación y profesionalidad.

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Los osos (de peluche) de la BBC

Francisco Andrés Gallardo | 14 de diciembre de 2011 a las 10:15

Hace setenta años nuestros abuelos, siempre tan germanófilos, contemplaban a la pérfida Albión más aislada que nunca ante alemanes y franceses, dispuestos a saltar el canal. Al cabo de los decenios, Alemania y la Francia conservadora vuelven a controlar Europa. A su manera. Los stukas de la nueva guerra mundial tienen forma de férreas medidas económicas. Y el Reino Unido se enroca en sus propios pesos y medidas. A ellos siempre les ha salido rentable ir por libre, despegados del continente cuando les conviene, fortaleciendo los túneles que les unen con los norteamericanos y su Commonwealth. Incluso su tele, siempre bien vendida, sigue otros derroteros.

Pero si nos falla sir David Attenborough la crisis birtánica adquiere tintes de decrepitud imparable. La última serie documental de la BBC ha tenido que reconocer que los ositos polares que aparecen fueron filmados en un zoo holandés, porque meter una cámara en una guarida ártica era imposible y había que relatar cómo pasan su infancia los feroces peluches. Justifican además que es “una práctica común” ¿No me digan que todos esos ñúes zampados por los cocodrilos pastaban tranquilos por Yorkshire?

En El hombre y la tierra había lobos, águilas y halcones que eran unos actorazos. Estaban “troquelados”, como se defendían en el argot de los tiempos de Félix Rodríguez de la Fuente. Claro, a ver cómo iban a encuadrar a la manada sedienta discurrir cuesta abajo tras un muflón. Algo parecido a lo de aquel lobo ibérico de la foto de José Luis Rodríguez premiada por la mismísima BBC.

Pues esa BBC, resquicio de nuestras esperanzas de calidad, filma en un Ártico de mentirijillas y ya sabrá Attenborough qué otros chanchullos en pro de la divulgación se habrán filmado como verdad verdadera. Al final nuestro mundo va a ser el de El show de Truman.

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Hoy me siento patriota… finlandés

Francisco Andrés Gallardo | 6 de noviembre de 2010 a las 23:04

Cuando veo a los Muchachada me recuerdan a los Monty Phyton… porque les queda todavía por aprender y equivocarse. Suerte en otro empeño que no sea ‘Museo Coconut’. De aquel circo ambulante de los Monty Phyton os cuelgo este vídeo sobre un hit ‘Finland’. Hoy me siento muy patriota finlandés.

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Van andando una fantasma, un vampiro y un hombre lobo…

Francisco Andrés Gallardo | 22 de junio de 2009 a las 8:43

No, no es un chiste de fiesta de fin de curso. Es el arranque de ‘Being human’, una peculiar serie de la BBC que acaba de comprar Cuatro y que se emitirá en la próxima temporada (y esperemos que a una hora decente). Hoy incluyo en el papel una reseña de esta serie entre comedia, terror y melodrama juvenil con la excelente factura británica. Sólo tiene ocho capítulos en la primera temporada, no dura tanto como los episodios españoles, y hay que valorarla sobre todo por la originalidad de su planteamiento. Por aquí andamos todavía con los institutos, los pacos y los chistes de Aída…. En España estamos todavía aprendiendo cuáles son las posibilidades de contar historias en el plasma.

Os dejo con el arranque de la historia de Annie, la fantasma que vive en la casa que administra su novio antes de su fallecimiento carnal, el vampiro Mithchell y el licántropo de George. En Youtube tenéis el resto (y la web de la BBC no deja desde el extranjero acceder a los capítulos completos que tiene colgados)

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Las caras de Sadam Hussein

Francisco Andrés Gallardo | 3 de junio de 2009 a las 8:46

QUEDAN 24 HORAS PARA UNA NOTICIA (TELEVISIVA) MUY ESPERADA. MAÑANA, AQUÍ EN EL SOFALÍCOLA.

(Me ha salido un cebo la mar de tomatero. Pero lo dicho, mañana os la cuento).

A lo que iba… “El hombre que es capaz de sacrificar a su mejor amigo es un hombre sin flaqueza. A los ojos de mis enemigos ahora soy más fuerte…”. Son las palabras de un Saddam Hussein de ficción tras haber asesinado a su hombre de confianza en una escalada tan violenta como demente para acaparar el poder absoluto. Da mucho vértigo House de Saddam. Cómo los malos gobernantes y su telaraña de intereses e intrigas puede convertir en desgraciados a millones de conciudadanos. House of Saddam la estrena esta noche Canal +, así que si pueden échenle un vistazo. Es curioso que sea un israelí, Yigal Naor, el que magistralmente interprete al dictador iraquí.

La misniserie es una coproducción entre la cadena premium norteamericana HBO y la pública británica. Y por productos como este, una revisión dramatizada de 30 años en Iraq, se comprende por qué se insiste en decir que la BBC es la mejor emisora del mundo. Aunque a TVE le quiten la publicidad y la financien los cuñados privados y los primos telefónicos, aún le quedan muchos años para tener un engranaje de calidad natural como el de los canales que pagan los británicos a tocateja. Contemplar House of Saddam, o los recientes documentales de Yellowstone, despiertan envidia. Los de la BBC no sólo ofrecen una televisión excelente, sino que además la saben vender y comercializar.

Como si fueran Los Soprano en Mesopotamia, los cuatro capítulos de este Falcon Crest con bigote es la acuarela de un terror que se trajina en simples reuniones familiares. Lo que parece ficción se recubre de recursos documentales y eso es lo que más estremece de House of Saddam: parece travestida de culebrón de lujo, pero por las costuras se le aprecia una realidad que aterroriza, y mucho, al espectador.

(En este vídeo, en versión original, está el fragmento del inicio de la escabechina perpetrada por Sadam para auparse al gobierno absoluto desde la vicepresidencia, comenzando por forzar la dimisión al entonces presidente)

Y para no terminar con tan mal sabor de boca, el otro día me tropecé en google con este montaje de caída a lo ‘Vídeos de primera’. Qué eficaz para la risa es siempre un hostión.

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Mal rollo a la hora de comer

Francisco Andrés Gallardo | 4 de junio de 2008 a las 13:56

Antena 3 ha estrenado en la franja previa a su informativo nocturno un contenido insólito como es Ven a cenar conmigo. No es lo mejor del Reino Unido de la BBC, lo han importado del sensacionalista Channel 4 británico, pero tiene su punto de ebullición y cierta gracia. La salsa es el mal rollo, inevitablemente, entre los cinco comensales que se turnan como anfitrión. De eso hablo hoy en mi artículo que se publica en los periódicos del Grupo Joly:

Paolo es un guiri que tiene un puntillo pánfilo y viste una chaqueta a cuadros british impossible. Con ese atuendo se presenta ante cuatro desconocidos y ha de evaluar a uno de ellos que actúa de anfitrión. Paolo elogió uno de los platos del lunes: “se nota que es pescado fresco”. Ya. Precisamente la cocinera había desvelado previamente a los espectadores que todo era congelati. Qué mal quedó ante toda España el pobre de Paolo.Ayer tarde se ratificaban las sospechas cuando le tocó a él cocinar. La esencia de Ven a cenar conmigo es el retrato de la compostura de puertas para afuera que esconde la hipocresía, la envidia contenida y la mala leche de la mundana vida social. En esta primera entrega, que no funcionó en audiencia en la tarde de Antena 3, le faltó bilis, pero, bueno, todo se andará en las próximas semanas. Uno de los convidados, César, desde las promos ya se había granjeado las antipatías del personal. Es el aguafiestas del grupo. A él le toca hacer de Risto, poniendo pegas a todo, arqueando la ceja y desplegando su arsenal de criticaciones a los rivales. Sin embargo, la familiar del ex ministro Álvarez-Cascos, quién lo diría, es la mar de amable.Sin un mal rollo de verdad para llevarse a la boca, Ven a cenar conmigo pasaría desapercibido. Sería una mala invitación. Los del programa le echarán más leña dialéctica a este fuego vespertino, a la cena de los buitres importada de la Gran Bretaña. Sin cortes publicitarios (por ahora), este reality de cocina y protocolo resulta entretenido y despierta el morbillo sobre qué opiniones de verdad esconden las sonrisas de dientes de los comensales. En el coche de vuelta se descubren las cartas. Un espíritu de insana curiosidad envuelve este programita. Ya que hemos perdido la guerra, disfrutemos al menos de la comida.

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Una vuelta alrededor de Plutón

Francisco Andrés Gallardo | 11 de mayo de 2008 a las 0:05

La competencia de TVE se ha sorprendido del proyecto de Álex de la Iglesia, que ha estado vagando sin rumbo durante tres años, y han pedido ideas en torno a la ciencia ficción, por si pudiera ser un género con demanda latente entre los sofalícolas nacionales.

Es el momento de evocar grandes momentos televisivos como este homenaje a Star Trek

Para los niños de los 70 era todo un acontecimiento cada jueves por la tarde el episodio

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