Francisco Andrés Gallardo | 22 de febrero de 2012 a las 10:12
El cubo, de Cuatro, es la versión en pruebas de habilidad del suspense de El millonario, recién rescatado de La Sexta, ahora con un remedo del juego de la silla. Alta tensión fabricada para aderezar unos concursos que de otra manera no durarían más allá de diez minutos y que sin rostros preocupados no tendrían tanta mordiente. La mecánica y el interés residen en la atmósfera amasada en el plató más que en el juego en sí. El cubo es una campana acristalada donde se desarrollan desafíos de pericia, con concursantes que lo pasan tan mal, o eso parece, como si se estuvieran jugando la vida. Raquel Sánchez Silva, de especialidad sus realities, jalea y se pone de los nervios con las evoluciones de los ‘cuberos’. Después de intentarlo durante tantos años en programas de todo calibre y calaña en Cuatro, Sánchez Silva halló cobijo junto a Jorge Javier Vázquez, flautista de Hamelin. Ella ahora luce la vitola de levantar lo que le pongan por delante, como este Cubo que en otras manos tal vez ya sería carne de cancelación. Raquel está remontando a pulso las cifras de seguidores de un pasable concurso con tintes de videojuego, a modo de circo de gladiadores, con los familiares del protagonista mordiéndose las uñas.
Estamos ante un pasatiempo más efectista que efectivo, que se deja ver aunque a veces chirríe de exagerado. Diferente al estilo de Adela Úcar, que regresó este lunes, también en Cuatro, con sus 21 días (el vídeo de arriba es de un programa anterior. Cosas de copyrights) . Con los menonitas, los de Único testigo, a modo de parque temático de los tiempos de La casa de la pradera, Úcar cuenta con naturalidad (cámara en mano en la letrina, por ejemplo) y sinceridad, sin abusar del yoísmo, sus experiencias. 21 días juguetea con el sensacionalismo, pero su reportera controla el producto para que no caiga en el ridículo. Los menonitas, ingenuos talibanes en su cubo decimonónico, dieron juego, claro, a Adela.
Francisco Andrés Gallardo | 24 de enero de 2012 a las 17:19
Aparece a primera hora en Cuatro y es el programa del horario estelar del nuevo canal de Telecinco, Energy. Es estilo BBC: puedes abordar el asunto que quieras, si añades humor, historias y complicidad (también un poquito de sana provocación) hasta la física cuántica o la macroeconomía pueden convertirse en un espectáculo. Todo es cuestión de tener ganas por contar y contactar. Es el caso de Top Gear. Es un programa de coches. Sí, de motores y palabras especializadas, pero tratado con un rigor desenfadado que lo convierte en apto incluso para los alérgicos a la gasolina. No defrauda. La pública andaluza puede echar un vistazo a Top Gear para inspirarse en hacer otro tipo de televisión, como la que fabrican con solvencia los británicos. Los de los coches es una excusa para formar y entretener. Estoy seguro de que el trío de compadres que lleva el programa podría hablar de astronomía, de gastronomía o de flamenco. Crean historias y siempre intentan ejecutar un giro diferente en el formato.
Jeremy Clarkson es el comandante de Top gear. Mientras se pone al volante de un utilitario Renault o de un exclusivo Porsche va narrando sus sinceras sensaciones. Tendrá mucho de guión, pero le aceptas cualquier barbaridad. Con un perfil de Wyoming en sus tiempos de Caiga quien caiga , sus dos escuderos, James May y Richard Hammond, saben tanto o más que él, con los coches como pasión. Con los famosos hacen pruebas de pericia o de velocidad y cuentan con un especialista que pone los pelos de punta. Top Gear juega a docu-show como esas series que se nos instalan en el nuevo Discovery Max como Cazadores de mitos que hasta ahora ocupaban horarios matinales en las cadenas generalistas. Se puede hablar de coches y entretener a quienes ni siquiera tienen carné de conducir. No es un privilegio. Es imaginación y profesionalidad.
Francisco Andrés Gallardo | 20 de diciembre de 2011 a las 21:43
Pincha aquí para ver el programa… Si pusiéramos en fila un miembro de cada generación de nuestros ancestros el que ocuparía el número 400 no se distinguiría mucho en esencia de los yanomamis del Amazonas: sería cazador y recolector, viviría en un poblado con varias mujeres, que serían las que harían todos los trabajos artesanales, tomaría estupefacientes pillados de cualquier matorral o colmena y su esperanza de vida apenas rebasarían los treinta años, expuestos a virus, depredadores e insectos con mala baba. Los yanomamis ya no son lo que eran. Los más próximos a la civilización occidental parecen vivir en un resort primitivo que abren para turistas pasados de vueltas. En un salto de siglos a lo que fueron, ahora visten camisetas y negocian en castellano. Siguen criando cerdos y gallináceas y se emborrachan con miel y agua. Han creado un parque temático en torno a su exótico estado, como los participantes de Perdidos en la tribu.
Callejeros viajeros ofrecía el domingo su viaje hasta estas hamacas y mosquiteras de los yanomamis, un pueblo guerrero que hubiera desbaratado todas las ilusiones de Rousseau. La reportera de Cuatro tenía que haber sido más consciente de la oportunidad. Sentía más bien que se encontraba en un Cancún low cost, reaccionando como si los indígenas fueran pelín tontos (típica reacción de los que se creen de una cultura superior por manejar un iphone y usar colonia), y al final se manejaba como un Paco Martínez Soria en el Madrid del desarrollismo. Con una banda sonora facilona, inoportuna (hay que ser cutre para pinchar, por ejemplo, Maquillaje de Mecano), este reportaje desaprovechado parecía el vídeo de unas simples vacaciones en el pueblo. Sin explicaciones reflexivas, sin inivtar al espectador a pensar sobre sí mismo, este Callejeros en el neolítico aportó sólo hojarasca, con preguntas tontas, obviedades e ingenuidades.
Francisco Andrés Gallardo | 11 de diciembre de 2011 a las 10:32
Un Robin Hood español. Un justiciero que viniera a resolver los problemas y desigualdades en una España aterrorizada por los malos. Esa fue la idea que los directivos de TVE presentaron a la productora Globomedia para que la desarrollara. De ahí surgió Águila Roja, la ficción más notoria que ha generado la cadena pública desde Cuéntame. Llegaba el nuevo héroe español, nacido bajo la presidencia de Luis Fernández, el primer rector de la cadena pública elegido por consenso entre PSOE y PP. Águila Roja, que aumenta su número de seguidores en proporción inversa al déficit de la crisis, es la esperanza de los desheredados y los excluidos, la misma ilusión con la que Rodríguez Zapatero llegó a la Moncloa en la primavera de 2004. Su primera decisión en lo audiovisual fue crear un comité de sabios: encomendarse a un oráculo de cursis para que por boca divina, más bien laica, pronunciaran qué necesitaban de verdad los ciudadanos españoles como espectadores del plasma. Al final, casi un año después de análisis, todo quedó en un perogrullo de recomendaciones evidentes como más calidad en los medios públicos y menos publicidad en los intermedios. Y una Ley Audiovisual que aún ha de reforzar su posición de árbitro.
Buena voluntad para decisiones regulares y malas consecuencias. Es la concatenación de ocho años de gestión ajusticiados finalmente por una crisis mundial feroz que vino a arramblar el apagón analógico y a tambalear el nuevo modelo de financiación de RTVE. Más canales, más competencia, para menos ingresos y menos recursos: un panorama obligado a reconfigurarse en los próximos años, estuviera o no el PP en el Gobierno.
De la bonanza de la primera legislatura a la catástrofe económica de la segunda median lo sucedido con los dos grupos mediáticos más próximos al presidente saliente. En noviembre de 2005 Prisa convertía su codificado Canal + en licencia en abierto total bajo la marca Cuatro. La cadena no lograba sobresalir en índices, mientras el grupo matriz se ahogaba en una deuda de 5.000 millones de euros entre su expansión portuguesa y las consecuencias de la fusión entre Canal Satélite y Vía Digital (funesta conclusión del pulso mediático del aznarismo). Al cabo de cuatro años Prisa se tenía que deshacer de Cuatro, comprada por Berlusconi, por Mediaset España, para sustentar su grupo de canales en la TDT, entrando a su vez en el negocio de la plataforma digital. Confirmada la fusión, la compra, un año después, Telecinco pasaba a controlar otras licencias en abierto de Prisa, tras la clausura de CNN+. Aquel regalo a deshoras de Cuatro obedecía a una compensación de Zapatero a su entorno más próximo, de donde surgiría el proyecto de La Sexta, con la intervención decisiva de su entonces secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso, esposo de la ministra Carme Chacón. Las productoras Mediapro (que pasaría a controlar los derechos de los principales clubes de fútbol, con la consiguiente guerra con Sogecable, Prisa) y Globomedia, más El Terrat y Bainet, trazaban una cadena basada en el entretenimiento y el deporte, con una línea editorial tendida sin remilgos hacia el presidente, y sustentada por el capital traído por la poderosa mexicana Televisa. La forzada licencia analógica, a punto de llegar la TDT, puso de uñas al resto del panorama de medios. El Mundo y ABC lograban un múltiplex en el espectro digital, cuando se concebía que el nuevo modelo televisivo iba a ser un abanico de pluralismo. Otro fiasco.
La Sexta, que arrancaba a principios de 2006 y se puso en el mando con el frustrante Mundial de Alemania, va a acabar fusionada, más bien absorbida, por Antena 3 en los próximos meses. Con Berlusconi en su casa, Planeta es el grupo que parece mejor posicionado ante este futuro imperfecto de 2012. Leer el resto del artículo »
Francisco Andrés Gallardo | 28 de noviembre de 2011 a las 22:30
Sí, era seca. Distante. Bromúrica. Ana Morgade, en torno al par de milímetros sobre el suelo televisivo de Buenafuente, era la gélida intervención entre los de Andreu. El yang de Berto, el complemento ideal para aquel menage a trois de La Sexta cuando los de El Terrat aguardaban a medianoche. En esas la crisis mostró su cara más afilada y los de Buenafuente andan buscando nuevos destinos a la espera de nuevos tiempos. A medianoche ya sólo quedan reportajes y películas infumables. Nos quedamos sin gafapastas con humor.
A la Morgade se le acepta, o no. Tenía un papel de pérfida comentarista, descreída y canallesca, que nos acompañó en estos pasados trasnoches y trabajaba muy bien su rol. Ahora la habían repescado para una Cuatro que hace aguas a borbotones. Al lado tenía a Silvia Abril, una amiga de alegrías y fatigas, otro valor de la casa de Andreu, que es más recordada como la niña de Shrek, la bailarina torpe de Chikilicuatre o la perfecta Cayetana Guillén Cuervo de Homo Zapping. Silvia es la burbuja, la coña marinera sin querer. Formaban una pareja que necesitaba tiempo. Oiga, y también guionistas. Tal vez otra ubicación en la parrilla. Las noticias de Las 2. Más allá del rigor no ha llegado viva a la publicación de una columna por estos lares. Mediaset, Telecinco, donde los nervios se han puesto de uñas, retiraba el programa el pasado viernes. No, lo de Las noticias… no era una gran cosa. No tenía visos de gran futuro, pero tenía un margen, porque entre las presentadoras y la compaña podían haber ido madurando un no-informativo jugoso, aunque, que conste, es un formato que nunca ha funcionado en los seis años de existencia de esa cadena. A Ana, a Silvia y al Chikilicuatre David le aguardarán otros proyectos donde desbarrar la guasa. No nos hemos perdido mucho, pero merecían una mejor oportunidad.
Francisco Andrés Gallardo | 23 de noviembre de 2011 a las 10:11
La Noria gira con los anuncios de Esperanza Gracia, una vidente clásica. Aquella brujilla que peloteaba a María Teresa Campos en sus tiempos gloriosos, cuando Terelu iba oxigenada y cogía los ejemplares de Interviú con dos deditos. Esperanza es lo que le queda a La Noria. La astróloga que, dice, lleva años orientando, asesorando, recomendando. Llevándoselo. A La Noria (arriba el vídeo de ‘La Paranoria’ el día que Buenafuente enterró a Chikilicuatre) le queda la esperanza de lo que acuerde la cadena con los anunciantes. El programa se salvará por las tertulias políticas, recordando los dirigentes que pasaron por el juego de sus sillas. Y por el audímetrto. Tendrán que disculparse más vivamente por la madre de El Cuco y puede ser que aparten algún contertulio moscón, e incluso que Jordi se tome unas vacaciones. Y La noria seguirá girando porque a su costa han tenido que sacrificar Enemigos íntimos y Resistiré ¿vale? dos de los patinillos de gritos e índices acusicas, de polígrafos e insultos, que tienen que barrerse para presentar que Telecinco cambia sin cambiar demasiado. Lo justo para dar más trabajo a las productoras de la casa. Y las agencias de calificación, las agencias de publicidad, ya pueden insertar los anuncios sin mirar a los lados. La noria va a seguir porque, a ver ¿que iba a hacer Telecinco un sábado por la noche? Los fines de semana son el punto débil de la cadena hepática y Jordi es de lo poco que saca pecho. O sacaba.
Mercedes Milá, como el amigo de las cervezas de El show de Truman, se presentaba peripuesta la víspera de las elecciones. Iba a promocionar El comecocos, la cantera de charlatanes de Cuatro, cadena hermana. Y prima. Pero Mercedes, sobre todo, iba a animar a La Noria. A decir a los cuatro vientos, con ese porte de hacer lo que le sale del bolo, que no les moverán de Telecinco. La Noria yira, yira, pero no se mueve. María Antonia Iglesias, con el taburete bajo sus piececitos, ha encontrado de nuevo su trinchera
Francisco Andrés Gallardo | 13 de abril de 2011 a las 9:09
Aquí te pillo y aquí, ejem, te mato. Iiiiiín. Es la simple filosofía de Tienes un minuto, el Mujeres y hombres exprés que acaba de estrenar Cuatro. Si te mondas con lo que Telecinco emite al mediodía, que para eso hay gente pa tó, con ese comadreo de ligues y facilidades pélvicas; en las tardes del círculo y medio (quién ha visto y quién está viendo ahora a Cuatro) tenéis un suplemento de greñas y pantalones a medio caer, a la hora del cafelito.
El descaro escéptico de Luján Argüelles sigue siendo lo mejor de cada uno de los programas que le endosan a esta rubia. En Tienes un minuto los maromos desfilan por una cinta, como en un restaurante japonés, y como aves tropicales de un documental de Attenborough tienen que embelesar a las féminas con sus artes y seducciones, atractivos que han sido más bien parcos y cutres en los primeros programas. Sobre todo los aspirantes a novietes enseñan epidermis y caradura, en diversa proporción, y aún echamos en falta un atracón de surrealismo que es lo que necesitaría este programa de encuentros amorosos y diodenales a salto de mata.
Entre niñatos y veinteañeros no es tan infrecuente este reto de desafiar al gustirrinín a primera vista, de retar al escarceo a la primera impresión y que madure la relación en la cita de una tarde (en reportajes posteriores). El espíritu de Tienes un minuto le vendría bien a las tardes de Juan y Medio. Los mayores son lo que menos tiempo tienen que perder en esto de sacar partido al corazón. A los maduretes de Canal Sur les vendría bien un repaso por la cinta, condensar así esa sección vespertina tan hastiada y reiterativa en el sopor de La Nuestra. Tienes un minuto es un formato idóneo para la autonómica, pero los clientes de Juan y Medio necesitan de mucho más tiempo para contar sus batallas y sinsabores, abrigados al bigote del almeriense. Ojalá las citas de Canal Sur fueran de un solo minuto.
Francisco Andrés Gallardo | 30 de diciembre de 2010 a las 14:07
La gran familia de canales. A CNN + le toca el papel de Chencho, pero en esta película desaparece para siempre. Y el abuelo Polanco llorando. En esta animación, con un aire entre Los increíbles y Los protegidos, han querido escenificar la absorción de Cuatro por Telecinco. Italia se come la empanada de Prisa. Todo muy de algodón dulce. Tantos millones escondidos en unos muñecos animados. Si no hubieran tantos despidos detrás, me lo tomaria a risa.
Qué mejor resumen de lo que ha sido este 2010 de la crisis que el vídeo de abajo. ¿Feliz 2011?
Francisco Andrés Gallardo | 12 de diciembre de 2010 a las 11:02
Editar información es un asunto muy caro si no queremos limitarnos al cuchicheo de red social, al garabateo o al corta y pega que prolifera por los interneses y con el que hacen su agosto los gabinetes interesados.
Con calma y con el respaldo de una empresa, construir información profesional, buena, bonita y elaborada (reflexionada y cimentada), se ha puesto por las nubes. Nunca puede ser barata. Aunque se imponga la contención y el recorte en estos tiempos en los que las tartas publicitarias son de bizcocho muy agujereado. Pero la credibilidad siempre tiene un precio… Y sobre todo, un coste.
Los de infantería podemos ponerle dedicación, imaginación y otras hierbas de sacrificio, pero es después el mercado, el cliente publicitario y el cliente consumidor, el que criba y pone a la larga la facturación definitiva a todo esto.
Tener una redacción y un canal como CNN+ era un lujo demasiado caro. Pese a los servicios prestados, como en marzo de 2004. El déficit mastodóntico que acumulaba el Grupo Prisa no era gratis. Ni casualidad. Y en esta tele de tantos canales de redifusiones no están los tiempos para prestigios y plantillas generosas. Una pena para esta profesión de pensar y contar. Con unos índices de audiencia tan cortos, la larga hoja de la guadaña estaba al caer sobre la marca nacida en Atlanta. Está claro: no hay dinero para mantener un canal privado de noticias en España. No se soporta comercialmente por lo enrevesadamente caro que supone sostenerlo. Prisa tira a la papelera lo que pavoneaba como una de las joyas de la corona y Telecinco se encarga de barrer los restos. Ay, ¿qué va a hacer una cadena que con cuatro vocingleros es capaz de liderar cada tarde durante cinco horas?
Francisco Andrés Gallardo | 11 de noviembre de 2010 a las 10:36
‘Tonterías las justas’ es un programa la mar de tonto. Y de ahí su hipnotizador encanto. La gente se sienta a verlo, o lo atrapa por los interneses, porque sólo le va largar unos minutos semiblancos, tontaquillos y sabe, más o menos, lo que se va a encontrar. Es como un colega que queda contigo después de comer para decirte las mismas cosas de siempre. Lo mejor del programa puede ser que Pablo Motos, el jefe de la productora, apenas aparece ya, el escote de Anna Simón (creo que los índices de audiencia varían según los centímetros al aire), la rapidez de reflejos de Dani Martínez y… el blog de Águeda. Recuerda mucho a los mayores de Juan Carlos Ortega. Os dejo la última aparición del hogar del pensionista de Águeda. Tal vez es lo menos tonto de las Tonterías.
De propina, os he encontrado un buen momento de Ortega en aquel ‘Crónicas’ que tanto demonizamos y que al lado del belenestebanismo ahora nos parece Hollywood.