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De la Morena. De la SER a Onda Cero

Francisco Andrés Gallardo | 12 de mayo de 2016 a las 11:27

Tu afición es sentimiento y tiene mucho alimento…”, tarareaba en la transición el pintor sevillano Benito Moreno en una de esas chiripas veraniegas que, bajo la sombrilla, en 1989, oyó un pipiolo José Ramón de la Morena mientras maduraba su marrón de ponerse al frente de la medianoche de la SER para hacerle pupa al superbutanito de Antena 3 Radio. Al novato le costó implantar una sintonía que suena a almohada.  José María García pensaba entonces que iba a ser la repera en la televisión, en un canal pocos meses después echaría a andar con unos primeros pasitos de desastre. Los egos radiofónicos pensaban que la tele era lo mismo que ponerse delante de un micrófono y uno por uno (desde García y Encanna hasta Gabilondo) irían sucumbiendo ante las parrillas, la competencia y los tiempos.

La soberbia y la actitud mafiosa de García, que fue hundiéndose a la par junto al desprestigio de sus protegidos deportivos como Clemente, convirtieron a De la Morena en su némesis dicharachera y jovial, aunque más de una vez estuvieron removiéndole la silla, desencantados con que no se produjera el sorpasso de medianoche. Pero aquella remontada llegó, sobre el 94. García se negó al antenicidio y con Antonio Herrero  llegaron como elefantes a la cacharrería de la COPE. El súper fue declinando y el chico de la SER haciéndose el amo, demasiado amo, de la noche. Por el camino De la Morena se enfrentó con todo colaborador y compañero que tenía en su casa. Sonrió cuando hace seis años el iracundo Paco González  y sus compadres se bajaron del Carrusel.

Ahora es De la Morena el que se larga de El larguero. No se sabe muy bien el destino que, tarde o temprano, tendrá la SER, que dejará de ser de Prisa.  Durante cinco años como mínimo comentará la noche futbolera en Onda Cero, donde precisamente acabó sus días de radio el ego pesado de García. Bien pagado (casi 3 millones de euros la tirada de temporada), sin importar la competencia de gritos en la tertulias de la televisión, aquel chico que se enfundó en “el lobito está cobrando, ra, ra, ra”, remueve la noche de los transistores.