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Andalucía: menos pandereta (propia) y más respeto (ajeno)

Francisco Andrés Gallardo | 20 de marzo de 2015 a las 18:56

Hasta Al rojo vivo salta el domingo al terreno de juego del prime time a interesarse por nuestras elecciones. Qué orgullo ¿verdad? Toda España pendiente de nosotros, todo el mundo preocupado por Andalucía y por una vez no es por alguien relacionado con Isabel Pantoja, con Rocío Juradooy con Jesulín de Ubrique. Andalucía interesa hoy a (los medios de) Madrid. Pero no interesa por los andaluces en sí, que sólo valemos nuestro peso en votos y en índices de audencia (a veces ni eso), sino que están mirándonos con lupa para ver hasta dónde llega la riada de Podemos y el imprevisto aluvión de Ciudadanos (Ciutadans en el léxico propio de los peperos más miopes). Somos la avanzadilla de lo que será el futuro, un laboratorio en forma de cortijo perpetuo que hoy dibuja en sus decisiones de qué manera el bipartidismo se convierte en una tarta deconstruida.
Por una vez, por unos días, Andalucía no saldrá en las cadenas por la crónica de sucesos, por los casos de corrupción o por algún personaje que alimenta horas de magacín o de un reality. Al margen de lo que vayan a decir los votos, esta raya que ponemos en la pared de la historia podría servir para que a partir de ahora nos tomemos un poco más en serio a nosotros mismos como pueblo para que así nos tomen más en serio los demás. Que nos hace falta. Aquí sólo nos indignamos si se meten con la Semana Santa, como les pasó a los de La Sexta hace un par de años, pero consentimos que el estereotipo más zafio de Andalucía se pavonee por Casados a primera vista (mayoría andaluza absoluta, con exponentes que nos sonrojan ¿por qué Antena 3 ha consentido algo así?), los grandes hermanos, los sálvames, los adanes y cuanto programa necesite de un anónimo con ganas de exhibirse. De un día para otro no vamos a tomar una actitud germánica porque entonces, peligrosamente, dejaríamos de ser andaluces. Pero es una labor que debemos hacer entre todos: exigir, pero exigir de verdad, un trato más respetuoso de Andalucía y de lo andaluz frente a los demás, en todos los medios; ir dejando de ver contenidos que por muy entretenidos que parezcan nos aportan bien poco y esperar que las cadenas públicas sean las primeras en tomarnos más en serio evitando, por ejemplo, que seamos carne de cachondeo de zapping en las privadas. Somos un histórico pueblo de cumplidores y de gente muy trabajadora. Nada que ver con el arquetipo televisivo. Menos pandereta, menos chufla y menos bajunerío. Una mejor imagen para una tierra que necesita respeto e inversiones de gente seria.

El ‘Dinero sagrado’ se cuela en TVE

Francisco Andrés Gallardo | 20 de mayo de 2014 a las 11:48

No todo es complacencia y bandeja a favor del PP en TVE, menos mal. Si se escanean las parrillas incluso nos topamos con contenidos que escapan de la línea facilona de la cadena pública y hay programas que presentan aristas incómodas que delatan que a alguien se les ha colado por la gatera. Lo último ha sido el Jordi Évole que discurrió por el Documentos TV del pasado domingo, Dinero sagrado, un programa británico que desentrañaba, y de forma muy acertada y amena, todo el polvorín financiero que hay bajo la basílica de San Pedro. El profesor John Dickie, con unas pautas similares a la del efectivo follonero de La Sexta, recorría varios países siguiendo la pista a los lucrativos ingresos de determinados obispados y los jugosos negocios de establecimientos romanos, exentos de impuestos, propiedad del Vaticano. Un repaso histórico a la Santa Sede como paraíso fiscal desde que se convirtiera en estado independiente con el tratado firmado por Mussolini. Es compresible que el papa Francisco se haya puesto manos a la obra, ejem, para auditar todas esas cuentas e inversiones a nombre del Espíritu Santo. Su Santidad se está jugando el tipo. Como Dinero sagrado se emitió por La 2 el programa pasó de largo (pero, por ahora, se puede ver en la web de RTVE). Hubiera dado una noche de lujo a La 1, o a cualquier privada, escociendo a toda la rama tecnócrata de la Conferencia Episcopal. TVE, por una vez, nos dio una sorpresa a nuestro favor.

Si pinchas aquí, puedes verlo

El Évole de Salvados obsequiaba este domingo con la entrevista a Pepe Mújica, el presidente uruguayo, que prefiere la sobriedad auténtica, su concepción, a la austeridad sádica. Risto regresaba y se perdía entre dos egos petulantes: Luis del Olmo y Pedro J, coleando con su vídeo. El Chester, para dormitar.

La noche de Paquito El Chocolatero

Francisco Andrés Gallardo | 22 de noviembre de 2011 a las 13:49

Ana Blanco y Pepa Bueno, juntas, sin revolver, con sonrisa y sin aparentar codazos, se prestan a desgranar unos sondeos que ya habían comenzado a rular por las redes sociales y también por La Sexta, visto lo visto. TVE, La 1 en fin, llevaba ya casi hora y media de actualidad electoral, con una apoteosis de conexiones, reporteros y un paredón luminoso que separaba la información de la tertulia con Ana Pastor (la chica en la mirilla de los cortos de miras). Una cadena pública ejerciendo su servicio público, y con el público siguiendo su narración: lo que ha venido haciendo en estos últimos años.

¿Qué hacían en ese momento Antena 3 y Telecinco, los líderes comerciales, líderes de las cadenas con anuncios? La del 3 remataba uno de esos telefilmes suyos de azúcar y cloruro sádico y en Telecinco María Teresa Campos, en Qué tiempo tan feliz, había entrevistado a Tito Valverde, sin un comisario que llevarse ya a las solapas, y daba paso a uno de esos insufribles karaokes de lánguidos triunfitos. A los chicos les correspondía entonar con voluntarioso solfeo En un mundo nuevo de Karina. En un mundo nuevo ¿y feliz? Si Dios y Angela Merkel quieren.

Cuando las dos grandes privadas se ponían a contar el 20-N, las públicas ya tenían la tarea hecha del “20-11″, como titulaba La 1. La fecha con letra olía a chamusquina franquista. Canal Sur ya había relatado suficientes cosas, en el plató y en la tertulia de Mabel Mata, cuando Pedro Piqueras saludaba al personal. Matías Prats, conciso y sobrio, aunque apareció tarde, fue de nuevo esa compañía idónea para hilvanar porcentajes y previsiones. Antena 3 se marchaba tras las palabras institucionales de Rajoy. Su propuesta eran los vampiros de Luna nueva, pero cortaron la película a los cinco minutos para dar paso a la cúspide, a la escena de balcón. Un Romeo y muchas Julietas en Génova, que no en Verona, para festejar una victoria cantada y prevista. Tú sí que vales. Echamos de menos a Rockefeller. Los titulares estaban perfilados de antemano y la sorpresa pudo ser una derrota más abultada de lo previsto. El pico de audiencia se producía, cuestión de morbo, con la aparición en solitario del candidato Rubalcaba, con unos jóvenes de teloneros. Prime time. Las cadenas jugaban al contraste: tensa calma en Ferraz; botes, rock and roll y Paquito El Chocolatero para la franja azul. Rajoy también iba a dar la cara solo, pero lo hizo con pose presidencial. Mucho mejor que en el debate.

Cuando ya era el turno de Cayo Lara y de otros las privadas barrían la casa y en las públicas iba decreciendo la audiencia porque todo el pescado estaba vendido. Intereconomía jaleaba su teletienda en una noche de fiesta, mientras que La Sexta abordaba la tertulia de Ferreras con tintes de acto de contricción. La gente se terminó la cena al margen de la realidad

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Ana Pastor no puede estar en la diana

Francisco Andrés Gallardo | 13 de octubre de 2011 a las 0:47

http://www.youtube.com/watch?v=5kf4M4eDo9M
 
Parece que algunos afiliados al PP sueñan con un 21 de noviembre de furgonetas y paredes. De días de ajustes de cuentas y escarmientos de no sé qué. Si no se invoca el pegajoso espectro de la Guerra Civil parece que muchos no saben salir adelante, ni de un lado ni al otro de las orillas de los resquemores. El 20 N tiene toda la pinta de que va a ser un gran día para el PP, pero recordemos que el voto que emitirá la ciudadanía, entre la esperanza y la indignación, lo que pide es gestión. Mejor gestión, que es lo que se merece este país. No venganzas personales ni revanchas de lo que pasó o dejó de pasar en marzo de 2004. Hay tipos en las filas del PP que se están frotando las manos. Peor aún son esos que han estado al servicio del PSOE y van ahora de disidentes.No creo que Ana Pastor tenga mucha culpa de lo que nos sucede en España y a su programa matinal no se le puede reprochar ni calidad, ni interés, ni gastos, ni índices de audiencia (tiene muchos más seguidores que los programas de Carlos Dávila en los tiempos más afilados del aznarismo, por ejemplo). Es decir, cumple de sobra los objetivos de servicio público de TVE. Habrá tenido algún defecto: ponerse arisca con alguno del PP. Esas cosas que no perdonan los cortos de miras, como el dirigente valenciano que ha utilizado el twittercon los palos en alto, anunciando privatizaciones y que se congratula de un futurible cese de Ana.

A mí, como periodista y sofalícola, no me preocupa Ana Pastor. Si los que lleguen a TVE no la quieren, siempre habrá otros medios que la valoren y donde podrá seguir trabajando con libertad y criterio. Me preocupa más su equipo. Esa infantería que sería condenada a los ostracismos de la redacción por haber sido “colaboracionistas del zapaterismo”. Ellos sí que sufrirían los vaivenes de RTVE que, fiel a su sino, está predestinada al conflicto y al cretinismo.

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