Francisco Andrés Gallardo20 de Junio de 2009 a las 6:55 pm
DEC es ese trastero de la actualidad que tanto partido saca Antena 3 en la noche que menos televisión se ve ¿Quién tiene la culpa de ese solar de los viernes, la propia audiencia o los programadores? Ante la mirada de Cantizano, Coto Matamoros anunció la otra noche que se suicidaba; el hijo mayor de El Fary pisoteaba la tumba de su padre; Soraya Arnelas desdeñaba su fracaso eurovisivo, y Jorge Cadaval se vestía de Soraya. Los Morancos resurgen tal como fueron siempre y ahora sobreviven en este callejón donde el kilo de desfachatez se paga al portador.
En el patio de los directivos también hay peleas callejeras y los de Prisa, Ono y Telefónica están de morros con el Gobierno porque la TDT de pago viene a morderles sus pay per view. ¿Aún creían que no iba salir adelante? Tal vez el mosqueo de Prisa con su radiante novia, Mediapro, es sólo una pose ante los accionistas y ante la propia Telefónica, damnificada mayor con este zoco digital terrestre, que será algún día la que acabará tragando con Digital +.
La TDT española se concibió en los tiempos de sobreabundancia, cuando se regalaban concesiones como en una tómbola. Ahora los grupos repliegan velas, tienden puentes y no quieren que la oferta se fragmente demasiado. La taquilla es un auxilio más que regala el Gobierno, como la supresión de publicidad en TVE, para que amigos y enemigos privados rentabilicen un lucro que se les ha complicado. La TDT, aquella utópica alfombra de canales y alternativas, se va a convertir en un supermercado poco atractivo entre pantallas en negro, teletiendas y concursos de sacapelas. Este mismo viernes, en Factoría de Ficción (Telecinco), Germán Ramírez-Jim Carrey, reciclado de Gran Hermano, fue capaz de estirar una hora con un tonto enigma, exprimiendo euros a quienes querían salir en antena. Sí, otro timo digital.
Francisco Andrés Gallardo6 de Junio de 2009 a las 8:11 pm
“De la unión de dos cojos no sale un corredor de maratón“. Paolo Vasile. Consejero delegado de Telecinco.
La televisión y el fútbol, dueto irresistible, se habían convertido en la soga que asfixiaban a ambas empresas, que parecían estar expuestas a un orgasmo mortal. Era tal el odio que se profesaban que en realidad lo que sentían era un irrefrenable amor mutuo. El cariño del dinero. La pasión de la codicia. Prisa había apurado su suerte y su carísimo juguete digital era una tortuga perezosa cuya arterioesclerosis sólo se curaba con aspirinas ligueras contantes y sonantes. Mediapro, astutos en las negociaciones, acumulaban pagarés de derechos futboleros que debían rentabilizar de forma apremiante. Toda la Liga no podía emitirse por La Sexta. Y Gol TV necesita de unos decodificadores que al personal le va a dar pereza comprar por lo menos hasta las Navidades.
Tanta guerra, tantos titulares, tantos desaires, tantos títeres entre clubes de fútbol, directivos y canales de la competencia, para al final cerrar ciclo con un piquito interesado y una futura reconversión del medio. Qué rollo cuando las chaquetitas manejan la pantalla. La guerra del fútbol acabó con un armisticio bursátil que recibe con alivio y euforia el mismo Gobierno que ha precipitado el proyecto de una TVE sin publicidad pero con muchas dudas. Todos los anuncios que sobren no van a caber entre las fusionadas, Telecinco y Antena 3. De hecho es improbable que vayan a sobrar muchos anuncios.
Telecinco, aliada desairada de Prisa, anda llorando por las esquinas porque en sus días de rosas y tomates no creía necesitar del fútbol o de su Fórmula 1 que tanto mimó. Al menos cogieron de los pelos la Copa de Confederaciones. La cadena de la rima se nos presentó como una mansión sarda de glúteos mamachichos y chistes calabreses que evolucionaron hacia un imperial marcianismo que ha desembocado en el belenestebanismo que nadie está dispuesto a comprar pay per view en la dichosa TDT.
Os recuerdo aquellas chicas que cantaban: “Mamá, Silvio me toca…”