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Andalucía: menos pandereta (propia) y más respeto (ajeno)

Francisco Andrés Gallardo | 20 de marzo de 2015 a las 18:56

Hasta Al rojo vivo salta el domingo al terreno de juego del prime time a interesarse por nuestras elecciones. Qué orgullo ¿verdad? Toda España pendiente de nosotros, todo el mundo preocupado por Andalucía y por una vez no es por alguien relacionado con Isabel Pantoja, con Rocío Juradooy con Jesulín de Ubrique. Andalucía interesa hoy a (los medios de) Madrid. Pero no interesa por los andaluces en sí, que sólo valemos nuestro peso en votos y en índices de audencia (a veces ni eso), sino que están mirándonos con lupa para ver hasta dónde llega la riada de Podemos y el imprevisto aluvión de Ciudadanos (Ciutadans en el léxico propio de los peperos más miopes). Somos la avanzadilla de lo que será el futuro, un laboratorio en forma de cortijo perpetuo que hoy dibuja en sus decisiones de qué manera el bipartidismo se convierte en una tarta deconstruida.
Por una vez, por unos días, Andalucía no saldrá en las cadenas por la crónica de sucesos, por los casos de corrupción o por algún personaje que alimenta horas de magacín o de un reality. Al margen de lo que vayan a decir los votos, esta raya que ponemos en la pared de la historia podría servir para que a partir de ahora nos tomemos un poco más en serio a nosotros mismos como pueblo para que así nos tomen más en serio los demás. Que nos hace falta. Aquí sólo nos indignamos si se meten con la Semana Santa, como les pasó a los de La Sexta hace un par de años, pero consentimos que el estereotipo más zafio de Andalucía se pavonee por Casados a primera vista (mayoría andaluza absoluta, con exponentes que nos sonrojan ¿por qué Antena 3 ha consentido algo así?), los grandes hermanos, los sálvames, los adanes y cuanto programa necesite de un anónimo con ganas de exhibirse. De un día para otro no vamos a tomar una actitud germánica porque entonces, peligrosamente, dejaríamos de ser andaluces. Pero es una labor que debemos hacer entre todos: exigir, pero exigir de verdad, un trato más respetuoso de Andalucía y de lo andaluz frente a los demás, en todos los medios; ir dejando de ver contenidos que por muy entretenidos que parezcan nos aportan bien poco y esperar que las cadenas públicas sean las primeras en tomarnos más en serio evitando, por ejemplo, que seamos carne de cachondeo de zapping en las privadas. Somos un histórico pueblo de cumplidores y de gente muy trabajadora. Nada que ver con el arquetipo televisivo. Menos pandereta, menos chufla y menos bajunerío. Una mejor imagen para una tierra que necesita respeto e inversiones de gente seria.

Robaron un camión de chirimoyas…

Francisco Andrés Gallardo | 25 de octubre de 2014 a las 21:05

Había que tener redaños en la eclosión de los años 70 para lucir una calvorota monda y lironda cuando los acomplejados señores bigotudos se arropaban con bisoñés y se liaban ensaimadas de pelos apretujadas con laca para disimular sus evidentes alopecias. Había que tener entonces una estampa bravía para ser calvo, llevarse un chupachups en la boca e intimidar así a los malos. Aristóteles Savalas, Telly para todos, fallecido en 1994, era un tipo con carácter fuera y delante de las cámaras y dotó a su intratable teniente neoyorquino de un aura ruda pero moderna que cautivó. El teniente Theo Kojak, más recordado por los caramelos y por las sevillanas de Pepe Da Rosa (el vídeo de arriba) que por su impacto en la tele, iba a ser el personaje de un telefilme pero finalmente fue el protagonista de una serie de acción que se prolongó durante cinco años cuando las cadenas no se encariñaban tanto con sus criaturas.
Alguien atrapará la marca Kojak de los caramelos con palo de Fiesta, fábrica que ha dejado todavía un resquicio de esperanza para su supervivencia. Desde 1975 estas chucherías están en los quioscos y han pervivido por encima de la memoria del propio personaje. Era un fumador contumaz y en plena pionera campaña antitabaco los guionistas vieron un rasgo saludable e identificativo, incluso realista, que calmara el mono de nicotina a base de chupachups. Los niños emulaban a los de la tele, a ese tipo misterioso del sombrero. Se llevaban el palo a la boca mientras blandían su revólver de plástico, imitando al detective de origen griego, como su intérprete, que pasó a la historia por su despedida latiguillo: “¿quién te quiere a ti, muñeca?”, el internacional “who loves ya, baby?”. Kojak fue de las primeras series de TVE dobladas en España. Hasta su predecesor Kung Fu (1973) todas las ficciones estadounidenses o británicas llegaban con su doblaje neutro hispanoamericano. A Theo-Telly le pusieron la voz de Gary Cooper, de Burt Lancaster: Vicente Bañó. Así cualquiera.
Kojak se instaló en la Primera Cadena en el nicho más estelar de aquel tiempo: la medianoche de los sábados, donde estuvieron Los intocables, El fugitivo o El Santo. El último había sido el churro de El inmortal. Cuando apareció el calvo repartiendo mala leche los espectadores aplaudieron aliviados. El teniente se había estrenado en Estados Unidos, en la CBS, en 1973, y aterrizó en España el 9 de mayo de 1975, tras la ración del Directísimo de Íñigo. Las investigaciones en Manhattan Sur se prolongaron durante más de un año de forma ininterrumpida (hizo descanso con la muerte de Franco), de ahí que calara de manera extraordinaria entre nuestros paisanos y salieran a la venta caramelos, juguetes y hasta un disco cantado por Savalas. Aunque Da Rosa lo incluyera entre los cuatro detectives, el resto de compañeros (Colombo, McCloud y Banacek) formaban parte de una franquicia menos agresiva o realista que el investigador rapado. En Estados Unidos los otros iban los jueves por la noche en la NBC y aquí, los domingos, como Estrenos TV. El calvo era más trepidante y deslenguado, sus ecos llegaron a House, y rompía moldes en el género que ahora llaman procedimental (caso, desarrollo y solución). El personal español sentía predilección por el compadre Stavros, hermano de Telly en la vida real.
Kojak concluyó su gloriosa etapa en TVE el 22 de septiembre del 76, con el declive del lacio Palmarés (que pasó de Bárbara Rey a Pilar Velázquez, futuras reinas del destape) y fue sustituido durante pocas semanas por Al filo de la memoria. El 23 de octubre del 76 se estrenaba Sábado Cine, todo un clásico en la parrilla de la cadena pública. En aquellos años de Kojak todo lo que aparecía en televisión se convertía en oro, incluso unas eternas piruletas de cereza con chicle dentro.

La RTVE que se encuentra José Antonio Sánchez

Francisco Andrés Gallardo | 23 de octubre de 2014 a las 11:36

 

jose antonio sanchez sofalicola

José Antonio Sánchez Domínguez, tras pasar por Telemadrid con su ERE de más de 700 trabajadores, es ya el nuevo presidente de RTVE. Sus antecesores no han pasado más de dos años y medio en el ‘trono de hierro’ de Prado del Rey. Él mismo estuvo algo menos de dos años en su anterior etapa (2002-2004), con Alfredo Urdaci de escudero en Informativos. Esta es la RTVE con que se encuentra ahora diez años después…

 

Ha perdido la mitad de la audiencia en 10 años

Cuando Sánchez dejó la dirección general de RTVE en 2004, La 1 tenía un 21,4% de auidencia y La 2, 6,1%, 27,5 entre ambas. En septiembre La 1, gracias a la selección, apuró hasta el 10%, pero en julio tuvo su mínimo histórico, 8,9%. La 2, registró un 3% y entre todos los canales (Teledeporte, en riesgo de clausura, Clan y 24 Horas) suman en total un 17%, poco más de lo que registra Telecinco. Cuando llegó González-Echenique en julio de 2012 La 1 tenía un 12,2% y ha perdido más de 2 puntos en 2 años pese a que se recortaron el número de canales de la TDT.

Los Telediarios ya no son líderes de audiencia

En el período anterior de Sánchez los informativos conducidos por Urdaci eran líderes. La prolongada etapa de Fran Llorente vivió un descenso que se remontó con creces. Desde que está Julio Somoano los Telediarios han perdido el primer lugar frente a los de Telecinco y son superados los fines de semana por los de Antena 3. En 2012, el último año con Llorente, los Telediarios tuvieron una media de 2,3 millones de espectradores, 16%(los de Telecinco, 1,8 millones, 13,1%). En la actualidad los noticiarios de La 1 los ven 1,8 millones de media, 13,2% y Telecinco lidera con 1.867.000 de media, con 14,4% de cuota. Los de Antena 3 se acercan a los 1,7 millones, 13%. Otros espacios informativos como Informe Semanal o Los desayunos viven sus momentos más discretos, aquejados de críticas desde el seno de la redacción.

Una deuda en efectivo de 328 millones de euros

Desde 2007, año en que se creó la corporación, RTVE suma un déficit de 716 millones, de los que 388 millones pertenecen a depreciación inmobiliaria. La deuda acumulada en impagos hasta Echenique es de 328 millones. Antes de la incorporación del primer presdiente nombrado por el PP la deuda era de 162 millones. La plantilla de RTVE la forman más de 6.500 trabajadores (la mitad que la RAIitaliana pero 6 veces más de los empleados de Telecinco). Los sindicatos temen un ERE, que se produciría tras las elecciones generales.

Una reducción de ingresos públicos del 40%

La losa deficitaria que tuvo que encarar González-Echenique se debió a la reducción en un 40% de la dotación pública, con 250 millones de transferencia. El presupuesto se ha reducido en 21,6% y se ha pasado de los 1.200 millones de ingresos en 2009 a los 940 millones (que se quedarán sobre los 820 millones) de 2014. Los ingresos por tasas a cadenas privadas y empresas de telecomunicación se fueron reduciendo con la crisis. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha anunciado nuevas fórmulas de financiación frente a la rubricada en 2009, cuando se quitó la publicidad en TVE. La SEPI aún ha de aportar 130 millones de auxilio para enjugar el déficit.

Una programación sin carisma ni atractivos

Salvo series veteranas como Águila Roja o Cuéntame, no hay programas en prime time que lideren. La columna vertebral de La 1 la forman Mariló Montero, Anne Igartiburu o Toñi Moreno. Faltan conductores de prestigio y carisma en las parrillas de TVE y RNE.

Eurovisión 2014: los pelos, la lluvia y los ‘oits’ points de Carolina Casado

Francisco Andrés Gallardo | 11 de mayo de 2014 a las 11:07

Diversión con banderas, como Sheldon. “Join us” por los pelos de Conchita. Mártir rusa, diva centroeuropea.

Los intérpretes eurovisivos elaboraban anoche su enseña nacional antes de cada actuación. Las banderas, esas que se tremolan con espasmos en las gradas, el mosaico de los “points”, son el decorado de toda la vida de Eurovisión, la esencia de su existir, por encima de los eurofans, los apaños y de la misma televisión: una noche para la afirmación nacional, desde las potencias soberbias como Rusia, columpiándose como sus gemelas ante el cubo de pantallas; a lunares del mapa como San Marino. La popera de Ucrania se acompañaba de otro artefacto. Todo sea por responder a los rusos, abucheados por el personal. Política y música. Todo junto. Más que nunca. Y los compadreos en los votos como siempre. Entre nórdicos y vecinos, aunque Portugal pasó de Ruth. Gracias a Albania por los 12 puntos. Las votaciones estuvieron más competidas que de costumbre. Al final sobresalieron las barbas de Conchita Wurst. La austríaca: más símbolo que canción. Si lo llegamos a saber, mandamos antes a Falete. Le dimos nuestros 12 votos en una lamentable intervención de la portavoz Carolina Casado. “Oits points….” dijo la desnortada presentadora española, tipo relaxing cup. Vaya pronunciación…

Por la nave de Copenhague (unos astilleros desguazados, menudo símbolo) andábamos nosotros, con Ruth Lorenzo que cual Penélope tejió nuestra bandera con ovillos de lana entre dos columnas. La admirada de los británicos, pero que sólo nos dieron 5 puntos, apareció con el pelo ajado por una falsa lluvia, como si hubiera salido de una playa de la Manga. La sirena española cantó muy bien. De lo más potable del chaparrón de anoche. Estuvo mejor Pastora Soler en su momento, que fue décima. Ruth se mostró potente, claro; en una puesta en escena que no fue de las más brillantes. Ni la realización. Ese “De rein, de rein” en solitario sonaba firme, pero en una atmósfera gélida, como el vestido plateado. Perfecta vocalización y pronunciación. Sin arrugas. Mas a Ruth le faltó esa chispa que tuvieron otros. En la partida interpretativa le ganó la sueca Sanna Nielsen. Un Undo conmovedor que fue tercer puesto. Como el casi hipnótico Calm after the storm de los holandeses, segundos.

Ha sido el mejor puesto de España en los últimos diez años. En otro tiempo Lorainzo (BBC dixit) habría brillado aún más. Los Eurovisiones de estos años suenan demasiado repetitivos, como una misma balada , de ahí que animara la barba de Conchita Wurst y su mensaje en Rise like a Phoenix. La decepción fue para Armenia, para Aram Mp3, elevado a los altares desde meses atrás y que llegaba renqueante al momento decisivo. Y de contrapunto, las chonis polacas. Eurovisión, siempre con ganas de provocar, como el chikilicuatre de Francia, un mamarracho. Y actuaciones anticuadas, como la Terelu Campos de Italia, la Mónica Naranjo de Eslovenia o el sobrevalorado tipo del silbidito de Suiza.

Conchita entonaba lo que parecía una banda sonora de James Bond con mensaje de reclamación. La actuación más emocionante para los presentes en la capital danesa. También era favorita la británica, pero en la final terminó aguándose, sin rain en este caso. Íñigo, que era el comentarista para nosotros, también estuvo bien. Nada que decir contra el maestro.

Este año los participantes inauguraban la gala en desfile, todo muy talent. Eurovisión es La Voz con barra libre. Números musicales sin problemas de presupuesto. Las posibilidades tecnológicas permiten hacer maravillas audiovisuales. Ya no es cuestión de una canción, de un cantante, de un destello, sino de un espectáculo total del que es difícil sobresalir. Y Todo se encomienda a la geografía, a votar al amiguete y a dejarse guiar por la simpatía. Por el simbolismo. O el frikismo. Y mucha diversión con banderas, lo que convierte a Eurovisión en el programa musical más emocionante del año, pese a todo.

Recibimos 12 puntos de Albania; 8 de Suiza; 6 de Francia; 5 de Rumanía y del Reino Unido; 4 de Lituania, Letonia, Eslovenia e Israel; 2 de Polonia, Estonia y Armenia; y 1 de Alemania. 74 puntos que elevaron a Ruth al décimo puesto empatada con el anfitrión danés. Europa es así. Las elecciones europeas no fueron ni para Cañete, ni para Soraya. La ganadora se llama Conchita. Con toda la barba.

La TVE de Suárez asomada al futuro

Francisco Andrés Gallardo | 26 de marzo de 2014 a las 13:52

“Muchacho, la Marina te llama”, decía un animoso spot al servicio de la Armada para reclutar voluntarios y que recordarán los espectadores en blanco y negro. Indirectamente se estaba construyendo la transición, pero entonces no lo sabía nadie. Tal vez ni siquiera el propio director general de Radiodifusión y Televisión, Adolfo Suárez. El máximo responsable de TVE había brindado una generosa porción de anuncios al Ejército para que aparecieran en los intermedios de la sagrada Primera Cadena. El director general había intimado con algunos militares, inclusive con el entonces general de brigada Manuel Gutiérrez Mellado, admirador de Por tierra, mar y aire. El lápiz de la Historia garabateaba líneas, pero nadie lo sospechaba. Suárez ligaba así lazos fraternales con un grueso de la cúpula de las Fuerzas Armadas.

También en los Telediarios había profusión de imágenes y noticias del Príncipe. De “don Juan Carlos de Borbón y Borbón”, así, con los dos apellidos, que calara. En las profundidades del régimen había arenas movedizas que optaban por el nieto político del dictador, Alfonso de Borbón, el duque de Cádiz. Suárez se negó en redondo a retransmitir la boda del siglo franquista. La de la nieta Carmen Martínez-Bordiú (quien con los años acabaría en Mira quién baila) y el pretendiente estirado. El director general de RTVE, en un segundo-primer plano de la película, había firmado el argumento: renovación sucesiva, con calma y sin alborotos. Valerio Lazarov, exótico fichaje desde el otro lado del Telón, podía jalear con las cámaras y las minifaldas, que ya se encargarían los corbatones de los informativos a poner la cara seria y las cosas en su sitio. Bueno, en todos los Telediarios no. En el de la medianoche, escondido, el 24 Horas de Martín Ferrand, con José María García, se permitían excentricidades liberales que terminaron con un precipitado cese. En la Ser levantarían Hora 25.

Suárez quería aire fresco pero nunca una levantera que le llevara por delante. Por eso puso en marcha el Estudio abierto, con José María Íñigo en el UHF, un salto al vacío del directo (abajo, un vídeo de ejemplo de lo que era ese programa a principios de los 70), pero tutelado de cerca. Permitiendo, pero vigilando. La censura, con Francisco Ansón al frente, seguía firme pero flexible, tal vez por el propio desgaste del régimen. En el extranjero, en 1973, aclamaban a La cabina, único Emmy español, contemplándola como una crítica al franquismo desde dentro. Antonio Mercero y José Luis Garci pretendían más bien un cuento de terror. Por si acaso, los censores optaron por cortar un plano donde aparece la estación de Nuevos Ministerios.

En una España llena de turistas y con unos españoles con el pasaporte menos controlado, TVE era la avanzadilla de España en Europa y viceversa. Había que cuidar Eurovisión, siempre escaparate para los países que tienen poco que decir en todo lo demás, crear el Festival de la OTI con los hermanos hispanoamericanos (un castigo, vamos), y había que ampliar corresponsalías, hacer especiales donde hubieran efluvios renovadores para que la audiencia presintiese que aunque la vida siguiera igual, ya no era la misma.

El vicepresidente Carrero Blanco le pidió a su amigo Suárez que adoctrinase con amenidad sobre el Fuero de los Españoles y desde TVE nació Crónicas de un pueblo. Un verano azul en Puebla Nueva del Rey Sancho en el que Mercero (antes de La cabina, su oxigenante compensación) terminó retratando una España que aspiraba a prosperar. Unos ciudadanos, espectadores, que preferían la gran evasión: los detectives norteamericanos como Ironside, los cuatreros de La ley del revólver, la consulta del Dr. Gannon en Centro Médico, o la justicia a patadas de Kung Fu. Y doblados al castellano, donde la censura podía hacer de las suyas alterando expresiones. Caracoles, repámpanos y cosas así.

La ficción nacional era sobre todo adaptación literaria. Las de la Novela de la sobremesa o el estelar Estudio 1. Hubo entregas como Las brujas de Salem, en la versión de 1973 con Concha Velasco, en la que el realizador Pedro Amalio López jugó al filo de la navaja. Y el director de la casa, también. De esta etapa es la mejor adaptación teatral de toda la historia, el Doce hombres sin piedad dirigido por Pérez Puig.

Antes que recortar mejor era prevenir, omitir: prescindir en la cartelera de títulos incómodos como La tía Tula o de las recreaciones sobre Juana de Arco, ya que el príncipe francés no sale bien favorecido. Al final la santa pasó por la hoguera. Casi lo que le esperaba al futuro duque. Nada de apariciones de Serrat, Raimon o de cualquier músico ajeno a los circuitos convencionales. Mejor paisajes con banda sonora como Música en los jardines de España. Qué bucólico. Nada que sobresaltara a los espectadores más ilustres. Renovación con simpatía y dentro de un orden. “Mantenga limpia España”, ya habían dicho en otros spots.

La televisión de Suárez era la TVE del primer Un, dos, tres, con minifaldas por las rodillas y un don Cicuta que parecía habitar por el bosque de El Pardo (arriba os he colgado un programa completo de 1973).  Y hasta ahí podíamos leer. El resto del relato eran órdenes estrictas. Pero por las pantorrillas de los censores se entremetía un viento pirenaico. Mientras no fuera una fuerte tramontana que despertara al búnker, a Suárez le parecía bien.

Adolfo Suárez, el poder de la imagen

Francisco Andrés Gallardo | 26 de marzo de 2014 a las 13:45

La buena impresión era fundamental para Adolfo Suárez, voraz relaciones públicas en su carrera política desde un pueblo de la Meseta hasta alcanzar La Moncloa. Las formas siempre fueron vitales para un excelente negociador y un tenaz paciente de despachos. Y la imagen. La buena imagen. Todo sobre lo de dar el lado bueno en la pantalla y detrás de ella lo aprendió Adolfo Suárez en TVE. En los primeros años del mastodonte de Prado del Rey comenzó a tejer su red de contactos, políticos y empresariales, mientras apuraba con fino hilo censor. La todopoderosa cadena, el régimen y su doctrina metidos plácidamente en el salón de todos los hogares españoles, no podía permitirse ni sobresaltos ni incomodidades. Ni un escote de más ni una homilía de menos. Eso lo llevó Suárez a rajatabla mientras echaba una mano a quien pudiera necesitar unos minutos de gloria o la omisión de una inoportunidad.

Las oficinas de RTVE eran una atalaya donde el futuro presidente podía tutear a cualquier figura, mientras crecía en preparación, en visión política y también en olfato para los negocios.

La primera etapa en el organismo fue bajo el sol de Manuel Fraga, ministro de Información, por recomendación del tutor del abulense, Fernando Herrero Tejedor. Con 33 años fue nombrado director de programas de la televisión. Una cadena paternalista y oficialista, donde abundaban los dramáticos, los programas divulgativos (él pondrá en marcha la televisión escolar matinal) y unos Telediarios, a las tres, a las nueve y a las once y media, que aún eran llamados como “el Parte” por millones de espectadores de una posguerra que empezaba a quedar difuminada.

En pocos meses, el eficiente Suárez se convertía en el director de la Primera Cadena, de la Única. El UHF emitía en pruebas y estaba destinada a ser plataforma de experimentos y futuro ventanuco de jóvenes creadores algo contestatarios. Minucias de escaparate. La Primera, la que se veía (la Segunda era virtualmente invisible), era la oficial, la que debía entretener e instruir. E informar al dictado del ministro.

El entusiasta abulense se convirtió en un experto en imagen. Este reclamo al voto en las elecciones a procuradores en Cortes de 1967

 

Suárez

atestigua ese máster de dos años en Prado del Rey. Un aspecto kennedyano, alejado del aura rancia de muchos de sus compañeros de escaños. Ligeramente movido dentro de un Movimiento estancado. Siempre impecable, sin una arruga. Formal sin ser convencional; gubernamental, pero como si fuera uno de los nuestros. Así fue y así lo recordamos.

“Bienestar y Cultura para nosotros y nuestros hijos”, su lema. Seguro que lo pronunció más de una vez en su despacho con vistas a la sierra. Sus paisanos lo llevaron por aclamación a la Carrera de San Jerónimo y de ahí sólo había un paso para migrar de la tele, a fin de cuentas una posición para hacerse valer, a ser gobernador civil, un entrenamiento para metas ejecutivas mayores en responsabilidad y territorio. Y la provincia era idónea: Segovia, a pocos kilómetros del meollo madrileño. Adolfo Suárez jugaba en ideas con ventaja sobre la mayoría, a lo que se añadía su don de gentes y una proximidad al hombre fuerte del régimen, el vicepresidente Carrero Blanco.

En 1968 dejaba de preocuparse por los programas para pasar a las preocupaciones segovianas. Detrás dejaba proyectos como los primeros contenidos de TVE premiados en el extranjero: El último reloj, El asfalto o Historias de la frivolidad (todos ellos de Narciso Ibáñez Serrador), burla contra la censura y estrenado después de la Oración, Despedida y Cierre. Despuntes osados para dar otra imagen más allá de los Pirineos. El programa de más éxito de esta trayectoria fue la serie Historias para no dormir. Terror para un país que siempre tenía miedo. Y los niños se reían con las inclinaciones imposibles de Locomotoro. El junco que se dobla pero siempre sigue en pie.

El cambio de ministro de Información, con los leves aires cambiantes de 1969, le vino bien al gobernador segoviano. Carrero Blanco le recomendó directamente para que fuera director general de RTVE y el relevo de Fraga, Alfredo Sánchez-Bella, lo tuvo claro. También contaba con la propuesta del Príncipe de España, con el que Suárez iniciaba una relación estrecha y discreta.

En la cúspide de la casa donde se había fraguado su imagen, Suárez emprendió una paulatina operación de rejuvenecimiento de la televisión y del aspecto de un régimen controlado por un anciano. En España mandaban los de siempre, cada vez más mayores, pero los españoles empezaban a confiar en un futuro más feliz, representado en los Príncipes, mudos y saludadores, viajeros e inquietos.

La etapa de la dirección general de Suárez fue la más brillante y revolucionaria, dentro de lo que cabe, de la historia de la TVE en blanco y negro, pese a su dramático contexto histórico. Desde los primeros programas de entrevistas en directo, como el de José María Íñigo, a los espacios de reporteros en el extranjero, el doblaje de la series (que hasta entonces llegaban con voz latinoamericana), series propias con ambición (Los camioneros, con Sancho Gracia) e intención (Crónicas de un pueblo). Una apertura con la puerta entreabierta. De paso tuvo que despedir a su hermano de secretario, José María, Chema, un caso casi perdido.

De Prado del Rey salió en 1973, curtido y relacionado, con enemigos pero sobre todo con incondicionales. Leales en una casa de veteranos carcas que pusieron a su disposición el gigante de TVE para construir el calculado derribo del franquismo. La televisión hablaba de ilusión y de normalidad. Buena imagen, siempre buena imagen, para un país que cambiaba de camisa. El presidente la llevaba siempre celeste, la que daba mejor contraste en blanco y negro.

Suárez ya llevaba su experiencia electoral de 1967 para vender con garantía su mutante UCD. Impecable. Arrugas, las justas. Sólido y responsable. Fue el primero en aparecer en la noche de los candidatos de 1977. La televisión de Suárez culminaba con éxito la operación. Después todo se hizo tan cuesta arriba que fue difícil enmendarlo en la pantalla. El presidente pidió que su realizador favorito, Gustavo Pérez Puig, no estuviera presente cuando, con mala cara, en febrero del 81, anunciaba su dimisión. La azulada TVE de la UCD más dura moría año y medio después

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A la reina Isabel se le pone la cara de la jueza Alaya

Francisco Andrés Gallardo | 9 de octubre de 2013 a las 14:11

El problema de la seerie Isabel es la evidente falta de presupuesto, pero parece que Telefónica, su patrocinador, al menos apoquina lo suficiente para que la serie de la productora Diagonal para TVE mantenga el tipo e incluso el rigor que tanto enoja a algunos catalanes. Se ven obligados a recortar en figurantes, exteriores y escenas espectaculares, aunque sólo unos segundos en la Alhambra compensan esa contención obligada para una ficción que debió aprovecharse de unos tiempos más rumbosos. Isabel, ya lo dijimos por aquí, es un Estudio 1 por entregas. Una prolongada obra de teatro que ha ganado en diálogos e interpretación en esta segunda temporada. Y hasta los propios reyes han crecido mientras afilan sus aristas ladinas, inevitables para sobrevivir en la guerra civil y en todos sus frentes abiertos. Ambos son mejorables, pero ya vamos tolerando sus pronunciaciones. Vale, iremos aceptando a Jenner y a Sancho porque no tenemos otra.

En el pasado episodio, que aquí puedes ver íntegro, tocaba el encuentro con una Andalucía para ajustar católicas cuentas, con Antonio Garrido como cortijero medieval en la piel del duque de Medina Sidonia, disputándose la plaza hispalense con el marqués de Cádiz. Arbitrariedad, cainismo, impunidad o fanatismo en las líneas de una historia que parece afanarse en comparar el siglo XV con lo que (todavía) nos sucede en estos tiempos.

“En Sevilla abundan los malhechores que burlan nuestras leyes. Es en los palacios donde habitan los de peor calaña. Aquellos a cuyo amparo los otros roban y matan. Nobles poderosos a costa de envilecer a nuestros súbditos…”, redacta la reina católica, avisando a su marido de que va a coger este toro por los cuernos (lo puedes ver en el minuto 30 del episodio). Ole. Ni el mejor trovador habría definido la Andalucía de 2013. A Michelle Jenner se le puso el otro lunes la cara de la jueza Alaya.

La salsa que mató a ‘Informe Semanal’

Francisco Andrés Gallardo | 7 de octubre de 2013 a las 10:14

 

Para ver Uno de los nuestros, pincha aquí para verlo, hay que acompañarse de un vaso de rebujito y de un cuñado para sentir que se está en una caseta de la feria. Pero caseta como mínimo de sindicato. Y bailar al son de la orquesta, irse arriba y sentir cómo el burbujeo festero sube por las canillas. De otra manera Uno de los nuestros es un programa de digestión pesada. Si no se tienen ganas de juerga con la pantalla es mejor verlo en dosis moderadas.

El nocturno de los sábados de La 1 es una enorme nave espacial donde la jaranera e impagable María del Monte se sienta en los sillones de La Voz y en lugar de fichar al aspirante cantarín lo termina de enviar al foso o le da una palmadita en la espalda mientras el personal le despide a lo Nino Bravo con lo de “al partir un beso y una flor…”. María se come a Gurruchaga y a Roser, pero el verbo comer no tiene aquí mala intención.

Sí, tiene su guasa Uno de los nuestros, no porque Carlos Latre se lo eche a los hombros (es un enorme imitador, pero un presentador limitado), sino porque todo está pensado en tono de comedia: los vídeos de los aspirantes, con posproducción de docu-reality, los concursantes en sí, el tono del jurado y, sobre todo, los personajes que forman la orquesta. Son Risto Mejide minions, que juzgan y entran en conflicto para dar salsa a la salsa. El mejor comentario de la noche de estreno, tildar a un melódico de “Bisbamante”.

Uno de los nuestros es esencia Gestmusic, que hace un programa de los sábados por la noche de Joaquín Prat adaptado a estos tiempos. Un Mira quién baila vestido de El Semáforo. Una becerrada a la que sólo falta el ruedo de Grand Prix.

Muy a su favor: que al lado de la jartura del casposo Se llama copla parece un programa digno de llevarse un Emmy.

Muy en su contra: que en TVE hayan asesinado a Informe Semanal por esta verbena. Por mí, que el Tribunal Supremo condene a Julio Somoano a bailar la conga con Latre.

 

El ‘Informe Semanal’ invisible

Francisco Andrés Gallardo | 6 de octubre de 2013 a las 19:32

Una cadena que no tiene obligaciones comerciales (¿o tal vez sí vuelve a tener esas obligaciones?) puede permitirse decisiones de lujo en la programación y tener gestos de prestigio que no pasen necesariamente por guarismos en el audímetro. Y en una TVE sin publicidad (pero con millones de patrocinios), y con canales condenados a lo minoritario, La 1 podría ser entretenida y cercana, plural y cascabelera también, sin renunciar a su horizonte y a sus señas de identidad con casi 60 años a cuestas. Si pensábamos que era imposible superar fases recientes tan tremebundas en RTVE como la de Carmen Caffarel o la del abuelo Alberto Oliart, el sustituto designado por el dedo del PP (Oliart, al menos, fue condenado por consenso), Leopoldo González-Echenique, está alcanzando niveles inauditos de delirio. Incluso de desfachatez. Y ahí están dos nombres fundamentales para engordar esa decrepitud. El director de Informativos de TVE, Julio Somoano, brazo ejecutor de los deseos de la línea dura del PP; e Ignacio Corrales, director de la parrilla, surgido del Grupo Secuoya, la productora arrimada a los populares que entre otras cosas avala ese dechado de esencias llamado Entre todos de Toñi Moreno & Pablo Carrasco.

En TVE no deberían de haber tenido nunca la obsesión por hacerse con los desempleados y pensionistas españoles (y en concreto andaluces) para engordar sus cuotas de audiencia. Tendrían que estar jugando otra liga frente a Antena 3 y Telecinco, con autoridad y con credibilidad, porque disponen de presupuesto y talento (y convenio colectivo) para hacer otra parrilla y tener otra estrategia.

La última gran idea acordada entre Somoano y Corrales ha sido la de llevar Informe Semanal a la medianoche del sábado. Tras 40 años, premios y recordados trabajos, el programa que concentraba el lustre pretérito de TVE acaba en el trastero de la parrilla. A la vista de pocos. Por si por presunto prestigio y obligación han de tratar algún tema incómodo y hasta dar voces a todos. Qué cutres.

Toñi Moreno, ustedes no son formidables

Francisco Andrés Gallardo | 22 de septiembre de 2013 a las 19:54

La Cadena Ser, mucho antes incluso de que naciera el Grupo Prisa, dedicaba una de sus noches a la persuasión elegante de Alberto Oliveras para pedir ayuda a la gente con Ustedes son formidables. Bonito proyecto, a lo Frank Capra, para unos tiempos en blanco y negro, sorteando a la censura en un programa que no terminaba de dejar bien al desarrollismo franquista. Eran un par de horas de una programación que tenía muchos otros ámbitos para formar y sobre todo para entretener (porque informar, en aquellos tiempos, la radio podía informar más bien poco).

Antes de ensuciar el nombre de Alberto Oliveras mejor no comparemos una época con otra. Ni Tiene arreglo ni Entre todos pueden equiparase a las intenciones de Ustedes son formidables y a la sociedad a la que se dirigía. Los programas de Canal Sur y de La 1, que se extienden durante más de doce horas (¡medio día!) a la semana, están pensados para cosechar índices de audiencia a toda costa. Horas, horas y horas de tómbola con exhibición de penas ajenas. Espacios en los que la desgracia y la solidaridad interesan sólo según el rendimiento que den en antena. La miseria y la caridad (con Andalucía imparable, en alpargatas) como espectáculo y negocio, como cuota de audiencia. Como coartada política en RTVE; como justificación política y rendimiento comercial en Canal Sur. Cuando vea que los directivos de RTVE (PP) y los de la RTVA (PSOE-IU), creativos y presentadores se han rebajado el sueldo a la mitad para entregar el resto a los necesitados de esos programas podrá ir creyéndose lo de las buenas intenciones.

Pablo Carrasco dejó Canal Sur porque no estaba de acuerdo con que le tocaran su sueldo anual de 124.000 euros. Se marchó a RTVE para plagiar lo poco que estrenó y le funcionó en su etapa. Eso no es profesional. Ni leal. Se llevó al director y a la presentadora de Tiene arreglo, Toñi Moreno, para hacer lo mismo en Madrid, cobrando bastante bien de una cadena desnortada. No se llama solidaridad. No. Se llama pasta.

¿Es plagio? Claro que sí. Aquí ‘Tiene arreglo’. Canal Sur, presentado por Toñi Moreno

Y aquí Toñi Moreno, con el mismo director y con el ex director general de Canal Sur, detrás, en Entre todos en La 1

Y aquí Tiene arreglo, ahora, sin Toñi Moreno, y con Fernando Díaz de la Guardia, en las mañanas de Canal Sur. Por si quedaban dudas. Y a seguir cobrando a costa de la miseria.