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Crónica del apagón anunciado

Francisco Andrés Gallardo | 7 de mayo de 2014 a las 10:35

Se apaga la luz y no hay nada más allá, de un segundo a otro. Bueno, no nos pongamos intensos y existencialistas con un apagón en los televisores. En esta ocasión no hubo himnos ni oraciones tras la despedida y cierre a medianoche. La Sexta 3 o La Siete han muerto de un balazo anunciado. Pobres abuelas esperando que alguien llegue ahora a reordenarles los botones. La administración ha sido implacable consigo misma y ha sido cruel con unas empresas que habían hecho los deberes de sobra. El Gobierno con la sentencia ha visto el cielo abierto, y también la TDT, para dar un escarmiento a las dos grandes que se habían convertido en gigantes, en un duopolio que sentían amenazador. Por muchas licencias que vengan a partir de ahora, y aunque se recorte la tarta en trozos menos suculentos, Mediaset y Atresmedia van a seguir mandando en el mando con gran diferencia. Y RTVE tomará oxígeno, que no es poco. Y el espacio radioeléctrico se queda más disponible, reduciendo las trabas a las empresas de telecomunicación. De un segundo para otro, sin más, los espectadores se han quedado sin cinco canales bien visibles. A los que de verdad nos gusta la pantalla de siempre esto es una pérdida sentimental, aunque zapeáramos deprisa sobre Nueve o Nitro, porque lo peor es el mensaje de fragilidad legal, la vulnerabilidad de las empresas, de los medios y de los profesionales. La televisión valenciana fue guillotinada con menos aspavientos que en la dramática Grecia; en el gobierno madrileño nadie mostraba tibiezas por lo mismo y la TDT, aquel abanico de pluralidad que se concibió hace diez años, la siega el ministro Soria con pretextos legales con un desparpajo digno de Mila Ximénez. Un apagón en el que, por cierto, las propias cadenas no tenían claro la fecha y anunciaban programaciones hasta el martes por la noche, confirmándose la clausura el mismo lunes. Otro repunte del desconcierto y la improvisación que han reinado sobre estas licencias ejecutadas al anochecer.

Se cierran canales, pero el 3 y el 5 seguirán ahí

Francisco Andrés Gallardo | 30 de abril de 2014 a las 1:26

Los Telecinco o Antena 3 harán mejor o peor televisión, que guste más o menos a cada cual, pero demuestran cada día que, tras los años transcurridos, son los que saben hacer la mejor televisión comercial y suculenta. Cada uno en su estilo, en sus detalles y en su línea editorial. Telecinco, eran otros tiempos en facturación publicitaria y en número de canales, llegó a ser la empresa más rentable de toda Europa (la que con menos conseguía más beneficios: no es difícil recordar de qué manera). Ha habido intentos de competencia más o menos ambiciosos. Desde canales que llegaban con respaldo y bendiciones como La Sexta o Cuatro, que terminaron siendo zampados, a proyectos cutres como los de Veo o Net; y otros de ínfulas pero con corto presupuesto como 13 TV. En TVE es donde estaban los profesionales más curtidos, pero ya hicieron una criba quitándose en su momento a más de 3.500 trabajadores que tenían más de 52 años: la cadena pública depende ya mucho de las productoras. En Canal Sur es en parte incomprensible que 25 años después no sepa sacar más rédito a su abultada y veterana plantilla.

Para dar lecciones de cómo sobrevivir y convertir sus cadenas en empresas solventes los ejemplos son Telecinco, con todos sus defectos, y Antena 3, que ha adoptado el papel que encarnaba la mejor TVE. Son dos cadenas que se han mantenido durante más de veinte años entre las predilecciones del espectador español, por encima de todos los cambios, y las que mejor han sabido jugar sus cartas en lo empresarial y en lo financiero. Si se fijan, aunque se equivoquen en algunas inversiones, no dan grandes pasos en falso, aunque las cuentas les han salido en los últimos años gracias a que el presidente Zapatero le quitó la publicidad a RTVE, pese a que no sirvió para salvar el cuello a Cuatro y a La Sexta.

El actual Gobierno ha visto una oportunidad en la sentencia contra la TDT para reconfigurar el panorama mediático a su gusto, para favorecer a grandes empresas y a corporaciones amigas y, de paso, pararle los pies a estos dos gigantes. Atresmedia y Mediaset saldrán de esta. Abofeteadas, recelosas. Pero sus primeros y segundos canales seguirán mandando en el mando.

TDT 2.0. La tele que tenemos ¿y nos merecemos?

Francisco Andrés Gallardo | 18 de septiembre de 2011 a las 13:55

Remite la marea y la inundación de logotipos en abierto en el televisor irá menguando y, empresarialmente, concentrándose. A finales de año la TDT española, ese exceso innecesario, como tantos otros que ahora paga el país, estará copada por los dos grandes grupos privados audiovisuales, Mediaset y Antena 3, con una TVE más endeudada (sufriendo en estos meses una surrealista rotación de presidente por orden alfabético) y que afrontará así un giro tan cierto por orientación política como incierto por planificación económica. Las autonómicas, por su parte, penden de un hilo presupuestario y de la contención de gastos de las administraciones, al límite de la asfixia. La mayoría de las locales viven ya en el naufragio de unos ayuntamientos derrochadores y una situación de práctica invisibilidad entre tantas nuevas cadenas; y los canales menores, tipo Intereconomía, 13 TV, Disney Channel o MTV, deberán plantearse qué papel cumplen en el panorama de los tiempos revueltos y las cifras fragmentadas e insuficientes. En el lado de las privadas se van a quedar sin apenas competencia los dos grandes paquetes de canales: los de Telecinco y los de la más que probable fusión (y puede que debamos hablar otra vez de “absorción”) entre Antena 3 y La Sexta, rodillos que pondrán cada vez más difícil la rentabilidad de los solitarios modestos.

En esta temporada se dibuja una segunda etapa tras el apagón de la primavera de 2010 y, tal como ocurriera 20 años atrás, a principios de los 90, de nuevo las audiencias se disputarán entre TVE, Telecinco y Antena 3. Si con la aparición de las privadas la competencia era entre operadores individuales , ahora en la guerra comercial luchan conjuntos de canales temáticos, con la notable diferencia de una cadena pública nacional exenta de la tarta publicitaria y a su vez bajo un modelo de financiación amonestado . Pese a la presente borrasca publicitaria que remueve los cimientos de los medios de comunicación, Mediaset-Telecinco, que agrupa a más de una cuarta parte de la audiencia, obtuvo 85 millones de beneficios en el primer semestre de este año. Antena 3, por su parte, de camino al 20% de cuota conjunta, ha presentado casi 54 millones, algo más de lo que va a acumular de déficit TVE en este 2011, 50 millones (y 66 millones en 2010, su primer año sin publicidad), y con un evidente retroceso de seguidores.

Por el lado de la oferta de programación (y captación así de espectadores y clientes) cada grupo tiene claro la estrategia que van a asumir en este periodo 2.0 de la nueva televisión en abierto. Mediaset cumple un año de gestión de Cuatro y de su ampliación de canales (Boing y el posterior Divinity). Telecinco en estos meses va a fijar aún más su dedicación al mundo del corazón, de sus realities y de los conflictos (Acorralados es el actual motor), ampliando ese tipo de producción propia durante los fines de semanas, con el ‘intermedio’ de los informativos. Pasapalabra y las series en el horario estelar serán las excepciones a una parrilla reconocible por más de un 15% de audiencia adicta e incondicional. Cuatro busca ese otro tipo de público que, por edad o exigencia, ha dejado de identificarse con Telecinco, como sucede con FDF o Divinity, mientras que Mediaset completa su contratación publicitaria con un soporte para niños, Boing, y un futuro canal para hombres, con más deporte, Xtra.

La filosofía de Antena 3 se inspira directamente en la de TVE. La generalista del Grupo Planeta va perfilando una parrilla alternativa a los fieles de La 1: información y magacines durante la mañana, seriales en la sobremesa, concursos en la tarde, series propias y entretenimiento estelar en el prime, y reportajes a medianoche. La cadena aporta de su cuño un filón inamovible como Los Simpson y El Hormiguero traído de la competencia. Neox se va aupando como “la Cuatro” de Antena 3, lo que viene a chocar con la futurible incorporación de La Sexta, más los complementos de Nova y sus telenovelas y Nitro, con acción. La oferta cinematográfica de La Sexta 3 vendría a cerrar un buen conjunto.

¿Cultura? ¿Ciencia? Eso ya sólo se puede encontrar en La 2 que no pasa del 2% de los espectadores (y Canal Sur 2, poco más del 1%). TVE, con 1.200 millones de presupuesto anual, soporta un modelo de contenidos imposible de sostener económicamente para un operador privado. Disciplinas minoritarias en Teledeporte o información todo el día, con su altísimo coste, en 24 Horas, tienen su refugio en la pública. La transición a la espera de un nuevo gobierno lleva a TVE a la provisionalidad. La actual directiva ha sacado todo el catálogo (programando por ejemplo a la vez Águila Roja y Cuéntame), por un lado para apurar los mejores índices y por otro para dejar las manos libres a la futura dirección.

Canal Sur, con mínimos terroríficos durante este verano, sigue arpretándose el cinturón, opta por la continuidad y aunque oficialmente al director general Pablo Carrasco le quedan años de mandato junto a un posible gobierno del PP, las conjeturas pasan por una renovación integral en la cúpula de la cadena andaluza. La autonómica tiene 1.630 trabajadores y una subvención anual que ahora es de 155 millones. Premisas muy complicadas para presentar en una TDT reconfigurada.

Cádiz se quedó sin ver a House

Francisco Andrés Gallardo | 22 de diciembre de 2010 a las 2:25

Mal rayo le parta a la TDT. Pues, efectivamente, eso es lo que nos pasó ayer a los sofalícolas gaditanos. Dos horas de apagón digital en toda regla. Dos horas nocturnas sin televisor, con el internés echando humo porque se fue toda señal catódica en el plasma. Bueno toda no, se salvaba el multiplex de Canal Sur, que con 75 Minutos, el concurso Taxi y la película de Hitchcock ‘Yo confieso’ no era una parrilla para tirar cohetes. Pero nos trajo aquella sensación de hambruna cuando teníamos apenas un par de canales por nuestra televisión tan terrestre. Está claro: si algún día se produce una hecatombe nuclear, sobrevivirán las cucarachas y la señal de Canal Sur.

En cuanto un repetidor tan celestial es abatido por cualquier avería, toda la televisión, por mucha HD que tengamos, se va a hacer puñetas. Nos quedamos sin House y sin el partido Nadal-Federer por Teledeporte. Jo, con Abertis. Tardaron dos horas en reparar el pifostio digital. Vaya rollo de tele.

Siempre nos quedará el youtube. Para animaros el día, ahí va la última versión de ‘El mundo tras el cristal’. Ojo a la chica del final. Vosotros mismos…

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De DEC a la TDT

Francisco Andrés Gallardo | 20 de junio de 2009 a las 18:55

DEC es ese trastero de la actualidad que tanto partido saca Antena 3 en la noche que menos televisión se ve ¿Quién tiene la culpa de ese solar de los viernes, la propia audiencia o los programadores? Ante la mirada de Cantizano, Coto Matamoros anunció la otra noche que se suicidaba; el hijo mayor de El Fary pisoteaba la tumba de su padre; Soraya Arnelas desdeñaba su fracaso eurovisivo, y Jorge Cadaval se vestía de Soraya. Los Morancos resurgen tal como fueron siempre y ahora sobreviven en este callejón donde el kilo de desfachatez se paga al portador.

En el patio de los directivos también hay peleas callejeras y los de Prisa, Ono y Telefónica están de morros con el Gobierno porque la TDT de pago viene a morderles sus pay per view. ¿Aún creían que no iba salir adelante? Tal vez el mosqueo de Prisa con su radiante novia, Mediapro, es sólo una pose ante los accionistas y ante la propia Telefónica, damnificada mayor con este zoco digital terrestre, que será algún día la que acabará tragando con Digital +.

La TDT española se concibió en los tiempos de sobreabundancia, cuando se regalaban concesiones como en una tómbola. Ahora los grupos repliegan velas, tienden puentes y no quieren que la oferta se fragmente demasiado. La taquilla es un auxilio más que regala el Gobierno, como la supresión de publicidad en TVE, para que amigos y enemigos privados rentabilicen un lucro que se les ha complicado. La TDT, aquella utópica alfombra de canales y alternativas, se va a convertir en un supermercado poco atractivo entre pantallas en negro, teletiendas y concursos de sacapelas. Este mismo viernes, en Factoría de Ficción (Telecinco), Germán Ramírez-Jim Carrey, reciclado de Gran Hermano, fue capaz de estirar una hora con un tonto enigma, exprimiendo euros a quienes querían salir en antena. Sí, otro timo digital.

Crisis y tragaperras televisivas

Francisco Andrés Gallardo | 2 de febrero de 2009 a las 0:34

OTRO efecto colateral de la crisis: los señuelos para llamar a los programas y hacerse millonario al instante (ay, qué programa más tedioso), forrarse literalmente de billetes o apresurarse a quemar el móvil mientras caen fajos a una caja de cristal y el vocinglero presentador busca el nombre de un animal de compañía que empieza por la letra pe. Las tómbolas televisivas están en su esplendor y 2009 será el año de los sacapelas. Los milagros económicos no existen, y los conseguidos por la suerte son remotísimos, pero el personal se va a dejar las falanges, las de los dedos, al reclamo de una tabla de parné mientras unos cuantos se forran de verdad a costa ingenuidades y desesperaciones.

En pleno esplendor económico los premios de los concursos eran más bien modestos. Valga el ejemplo del superviviente Saber y ganar, una odisea de semanas para reunir unos miles de eurillos. Los pelotazos en estos años sólo han estado al alcance de los lumbreras de Pasapalabra y similares. En la crisis de los 70 era Kiko Ledgard el mago que regalaba billetes verdes con soltura en el Un, dos, tres, el Disneylandia para millones de esperanzados españoles en blanco y negro. Los duros 80 se culminaron con los escaparates de El precio justo, cuando se regalaban apartamentos y ferraris por la chiripa de una cifra. La televisión se convierte en hada madrina, pero en realidad es siempre la madrastra. Ahora incluso parece sacarnos la navaja al cuello. Los concursos de engañabobos que hasta hace poco se programaban en lo más recónditos de las madrugadas comienzan a invadir las parrillas de la TDT en horario de mañana, tarde y noche. Siempre hay un crédulo capaz de dejarse una calderilla, o algo más compulsivamente. Estas máquinas tragaperras son en realidad la cara más triste de la tele.

(Os recuerdo al bisabuelo de los sacaperras actuales, ‘El precio justo’. Qué grande don Joaquín Prat. Ah, y la voz de los escaparates, otro imprescindible, Primitivo Rojas, que lo seguimos oyendo en la SER)