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La Nochevieja de dos tontos muy tontos

Francisco Andrés Gallardo | 2 de enero de 2012 a las 18:31

Este es la crónica de la Nochevieja televisiva que hoy aparece también en papel…

La que llevaba el traje azul era Paz Padilla, con Prat, y juraría que era el vestido que lucía Belén Esteban hace un año. Las que se fueron a tomar por uvas se decantaron esta vez por el color rojo, sin atender a las exigencias de Angela Merkel. Rojo con chorreras y brillos, como Anne Igartiburu; con estilo Gilda, como Carolina Martín en Canal Sur, viva la Pepa; o con adornos fractales en el caso de Isabel Pantoja. Jorge Javier cambió de pareja. Mandan millones. La viudísima, la ex alcaldesa de Marbella, fue tomada de la mano para asomarse a saludar a la Puerta del Sol y de las Pelucas. Como una Evita clamando por los descamisados, “Maribel” podría haber cantado No llores por mí, Argentina, pero después al piano entonó con su maromo A mi manera, con su hijo Kiko de testigo. La Pantoja y Paquirrín desearon un feliz año en 1989. Entonces eran Martes y Trece. La versión original es más inclasificable. Kiko, aprendiendo la soltura de carrerilla, proclamó su pesar ante toda España de la ruptura con su ex novia y ex portada de Hola. Vuelve a casa, vuelve, decía Kiko, el primo de Rivera más listo. Y si Isabel era Evita, Jorge Javier tenía un punto de Carmen Polo: intrigando y controlando. De buena gana se hubiera puesto los collares. En La Sexta acababa Dos tontos muy tontos, de lo más recomendable en la noche, cuando Jorge Javier parecía sacar del museo de cera a la artista sevillana.

Anne Igartiburu, mala cara, y José Mota, en la auténtica cadena oficial de las uvas, La 1, se ha convertido en una pareja cansina. Da recochura decirlo, pero fue así. Les faltó chispa. Mota repitió algunos de los chistes ya lanzados en su inmediato especial, el notable Seven: los siete pecados… Con el recorte de 200 millones en RTVE Águila Roja se convertirá este año en Gallina Blanca y Gran Reserva en Tinto con Casera. El humor de Mota va a seguir siendo en los próximos siglos el mejor regalo para la cena de Nochevieja. Con Rajoy y Zapatero de investigadores de Seven (eso sí, referente pelín antiguo y demasiado visto), los abundantes cameos eran un aliciente añadido entre las siempre celebradas imitaciones del Rey, Rubalcaba o la nueva Desazones de Cospedal. En los colegios españoles ya no se hablará del Siglo de Oro sino del de Baño de Alpaca, como mucho. La crisis extrema da para reírnos a carcajadas. Bien lo sabe el maestro Gila. Como paradoja humorística, Igartirburu condujo el especial musical, extremadamente rutinario, cambiando de traje con cada presentación. Sólo en vestuario de la “Corazones” ya tenemos ahorrados los 200 millones del ala.

Carolina Cerezuela (debilidad de aquí el cronista), la más guapa en la noche, optó por el malva para acompañar a Sobera en Antena 3. Para la cena los de la nueva fusión crearon un autozapping y para el cotillón, un karaoke con actuaciones de ayer, hoy y nunca. La Sexta, lo dicho: los tontos y en las uvas, a Wyoming y Usun grabados. Otra autoparodia. Para refrito con sustancia y guasa, el de La 2, Cachitos de hierro y cromo, con Luis Aguilé o Rafaella Carrá. Qué noche.

Canal Sur siempre celebra esa fiesta que es para los copleros de la familia, mientras el resto de los posibles invitados nos quedamos en la puerta, sin ganas de entrar en esa sala de fiestas del siglo pasado. No, no queremos más marisco congelado, apartamos el plato del mando cuando se nos aparece algún canturreo de Canal Sur. Nos quedamos mejor en Cádiz, con el pito de Modesto, amable, con retranca, qué gran tipo; y los guantes de Débora. Digo, Carolina. En una espléndida plaza gaditana de San Juan de Dios habían muchos menos pamplinosos que en la Puerta del Sol, donde siempre parece escenificarse un carnaval chungo. Y con dos tontos asomados al balcón.

La normalidad de las cosas felices

Francisco Andrés Gallardo | 6 de diciembre de 2011 a las 10:51

(En este vídeo está el partido Del Potro-Nadal completo en una televisión portuguesa)

Tras estar fuera con los Ondas, timonenando tantas páginas de papel, ahí va la (feliz) columna que sale publicada hoy en los periódicos…

Nos hemos acostumbrado a ganar la Copa Davis que nos olvidamos de lo que supone realmente ese logro deportivo y también de lo que conlleva ese éxito como imagen de un país y de una cadena pública ante el resto del mundo. Extasiados con el juego de los tenistas españoles, pájaras en el dobles aparte, tal vez se nos empaña a los ojos de la costumbre el notable trabajo de realización de TVE y, en especial, la calidad de la retransmisión en HD, con la gozada de las imágenes a cámara lenta. Nos hemos olvidado que hace apenas un puñado de años los partidos de tenis se solventaban con un par de cámaras y una narración visual monótona y previsible. Y para colmo las raquetas españolas perdían más de lo deseábamos en aquellos maratones.

Los jugadones de Nadal y Ferrer nos despistaban este fin de semana del despliegue de TVE por cubrir con mucho más que dignidad los momentos de descanso. A falta de publicidad fueron bien recibidas las imágenes captadas en la intimidad de los equipos, los momentos atrapados a las aficiones o las entrevistas a personajes fichados en las gradas. Sí, aparecía en los paneles el nombre de Madrid, pero no hubo espectador que no se diera cuenta de que la Davis se vivía en Sevilla. Estábamos tan concentrados en el juego que los comentarios de Nacho Calvo y Tomás Carbonell, de Xavi Díaz y Rosana Romero, sonaban como lluvia, como telón simpático, vibrante y sin pifias de pecado capital que anotar en su casillero. El título de la Davis se festejó con un halo de tradición, de reiteración, de esperada fiesta tras la emoción. Fue un canto al esfuerzo, al pundonor. En la pista y en la propia TVE. Un abrazo a lo cotidiano, a la normalidad de lo bien hecho. A unas banderas nacionales que se jalean con el orgullo de sentirnos españoles. No, no crean que al cabo de los años todo eso ha sido tan fácil de conseguir.

(Abajo, Rafa Nadal emula a los de ‘Inocente, inocente’)

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La noche de Paquito El Chocolatero

Francisco Andrés Gallardo | 22 de noviembre de 2011 a las 13:49

Ana Blanco y Pepa Bueno, juntas, sin revolver, con sonrisa y sin aparentar codazos, se prestan a desgranar unos sondeos que ya habían comenzado a rular por las redes sociales y también por La Sexta, visto lo visto. TVE, La 1 en fin, llevaba ya casi hora y media de actualidad electoral, con una apoteosis de conexiones, reporteros y un paredón luminoso que separaba la información de la tertulia con Ana Pastor (la chica en la mirilla de los cortos de miras). Una cadena pública ejerciendo su servicio público, y con el público siguiendo su narración: lo que ha venido haciendo en estos últimos años.

¿Qué hacían en ese momento Antena 3 y Telecinco, los líderes comerciales, líderes de las cadenas con anuncios? La del 3 remataba uno de esos telefilmes suyos de azúcar y cloruro sádico y en Telecinco María Teresa Campos, en Qué tiempo tan feliz, había entrevistado a Tito Valverde, sin un comisario que llevarse ya a las solapas, y daba paso a uno de esos insufribles karaokes de lánguidos triunfitos. A los chicos les correspondía entonar con voluntarioso solfeo En un mundo nuevo de Karina. En un mundo nuevo ¿y feliz? Si Dios y Angela Merkel quieren.

Cuando las dos grandes privadas se ponían a contar el 20-N, las públicas ya tenían la tarea hecha del “20-11″, como titulaba La 1. La fecha con letra olía a chamusquina franquista. Canal Sur ya había relatado suficientes cosas, en el plató y en la tertulia de Mabel Mata, cuando Pedro Piqueras saludaba al personal. Matías Prats, conciso y sobrio, aunque apareció tarde, fue de nuevo esa compañía idónea para hilvanar porcentajes y previsiones. Antena 3 se marchaba tras las palabras institucionales de Rajoy. Su propuesta eran los vampiros de Luna nueva, pero cortaron la película a los cinco minutos para dar paso a la cúspide, a la escena de balcón. Un Romeo y muchas Julietas en Génova, que no en Verona, para festejar una victoria cantada y prevista. Tú sí que vales. Echamos de menos a Rockefeller. Los titulares estaban perfilados de antemano y la sorpresa pudo ser una derrota más abultada de lo previsto. El pico de audiencia se producía, cuestión de morbo, con la aparición en solitario del candidato Rubalcaba, con unos jóvenes de teloneros. Prime time. Las cadenas jugaban al contraste: tensa calma en Ferraz; botes, rock and roll y Paquito El Chocolatero para la franja azul. Rajoy también iba a dar la cara solo, pero lo hizo con pose presidencial. Mucho mejor que en el debate.

Cuando ya era el turno de Cayo Lara y de otros las privadas barrían la casa y en las públicas iba decreciendo la audiencia porque todo el pescado estaba vendido. Intereconomía jaleaba su teletienda en una noche de fiesta, mientras que La Sexta abordaba la tertulia de Ferreras con tintes de acto de contricción. La gente se terminó la cena al margen de la realidad

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Gila, sus mitades visibles e invisibles

Francisco Andrés Gallardo | 16 de noviembre de 2011 a las 12:52

Gila llegó a comparar el humor como “una estafa cerebral”, al fabricar imágenes imposibles, creando absurdo y ficciones cuando la televisión, ni nada parecido, existía. Y Gila era un monologuista cuando no existían los monólogos. Aquellos diálogos inexistentes con el teléfono están instalados como un jarrón heredado en la memoria colectiva. La mitad invisible se adentraba este sábado (sí, en esa cadena perdida que se llama La 2) en la vida y experiencias de un pensador convertido en actor y humorista que conversaba “con el enemigo” cuando en España el ejército nos daba tanta risa que había que tomárselo muy en serio. Pincha aquí para ver el programa

Juan Carlos Ortega es el grumete de este programa sobre arte, donde también cabe el humor, y que rastrea los detalles ocultos de las obras y sus autores. El sábado anterior fue para Un perro andaluz de Dalí y Buñuel, una mirada al surrealismo cuando el resto de canales se enfrascan en sus realidades comerciales. Y en esta última entrega puso voz a las respuestas telefónicas que nunca oímos en los números del anunciante de Filomatic. Un milagro de mentirijillas con el sello Ortega.

Gila, que ahora se daría un festín entre los fracasos de nuestros políticos, las primas de riesgo y tantos nombres griegos intraducibles, era un artesano de la caricatura de la vida cotidiana, del reverso de las formalidades. Era la mitad invisible de sí mismo y de una sociedad que fue transportando, más allá de las épocas, en unos monólogos que nos sabíamos de memoria. La mitad invisible forma parte de esa parrilla tan amplia y casi desconocida de La 2 que hay que saborear, porque en cualquier momento nos destapa la sorpresa de encontrarnos con Gila y sus hermanastros: Javier Cansado, Ortega y Forges.

Ana Blanco, calma en la tormenta

Francisco Andrés Gallardo | 4 de noviembre de 2011 a las 13:09

El mundo parece desplomarse, la riada del desastre financiero se desparrama por la calle y nos arrastra a todos sin poder asirnos a las ramas de una estabilidad improbable. Todo intenta ser lo que fue pero ya nada es lo que era. Y los etarras, como siempre, siguen riéndose. Nuestro entorno tiembla como un seísmo en El Hierro, pero siempre hay cosas, y personas, que parecen permanecer a nuestro lado. Todo podrá cambiar y conmovernos, pero Ana Blanco seguirá contándonos con amabilidad y solvencia lo que ocurre a la hora en que los espectadores oyen con más atención: las 3 de la tarde.

Ana, fiel a su peinado aunque algún ángulo de su cara, ay, nos delate el paso del tiempo, se sentó en la mesa del Telediario en 1991 y su profesionalidad ha sorteado cambios políticos, cataclismos en RTVE y presidentes y consejeros de toda calaña y condición. Ana Blanco representa la credibilidad de la cadena pública, al margen de vaivenes y provocaciones. El 21-N puede traer días de pasillos dramáticos en Torrespaña, pero seguro que nadie podría discutir que a las tres de la tarde quien se ha de asomar a la pantalla es esta bilbaína que en sus inicios llegó a ser la voz en off de algún pionero concurso de Canal Sur.

Es poco cortés que les diga que Ana acaba de cumplir unos 50 años que todavía no representa pero que le sientan muy bien. En estos meses sólo nos cuenta todas esas malas noticias que nos dejan el alma molida a palos, pero nunca disimuló la sonrisa cuando había que alegrarse en los días de vino, rosas, ladrillos y medallas de oro. Aquellos días en que Grecia, como mucho, nos daba algún disgusto en baloncesto.

Hay cosas que todavía nos pueden acariciar el pellejo del desencanto como la narración reposada de la eficaz conductora del Telediario 1. Las malas noticias, con calma, son un poco menos hirientes.

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El debate paralelepídedo

Francisco Andrés Gallardo | 19 de octubre de 2011 a las 10:03

Me preguntan si el debate Rubalcaba-Rajoy será lo más visto del lunes 7 de noviembre: Sin duda, sí, aunque ese día haya Águila Roja. ¿Tendrá más audiencia que los debates Zapatero-Rajoy? Probablemente no. Pero seguro que será igual de tostón que aquellos en los que la crisis era una pelusa económica en la solapa y se recuerda más por la niña imaginaria a la que apeló el candidato popular.

El debate no va a desestabilizar la balanza y ganará de calle Mariano Rajoy porque está investido con la púrpura de la responsabilidad. Será un pulso dialético en el que Rubalcaba sólo conseguirá hacer cosquillas. Probablemente lo moderará el presidente de la Academia, Manuel Campo Vidal, con alguna acompañante, quizá Olga Viza, los mismos conductores que en la primavera de 2008. Y poco más. El debate nace tan encorsetado, tan pactado, tan calculado, tan paralelepípedo, tan endogámico, que televisivamente será un programa renqueante y previsible. Muchas cadenas que lo van a dar, como Canal Sur, lo asumen como una obligación institucional. Y más con la que está cayendo.

Los políticos hace ya tiempo que causan más indignación que interés y verlos charlotear en la pantalla, con sus expresiones de porexpán y sus lugares comunes, no entusiasman. Por muchos debates añadidos que haya, no despertarán impulsos entre los electores catódicos.

Ahora bien, el más listo de la clase, con un ego que no cabe fotografiado en todo este blog a lo largo, ha arrojado un guante genial: Felipe González quiere rememorar aquellos encuentros con Aznar. Aquellos sí que fueron dos debates. O eso nos pareció. Rubalcaba (o peor, ZP)-Rajoy es un partido de la ACB frente a un González-Aznar, que es pura NBA política. Es lo mismo, pero no es igual. Menudos triples encestan aún los perros viejos.

(El vídeo de arriba es la apertura de un reportaje de La Sexta ante los debates entre Zapatero y Rajoy de 2008)

Ana Pastor no puede estar en la diana

Francisco Andrés Gallardo | 13 de octubre de 2011 a las 0:47

http://www.youtube.com/watch?v=5kf4M4eDo9M
 
Parece que algunos afiliados al PP sueñan con un 21 de noviembre de furgonetas y paredes. De días de ajustes de cuentas y escarmientos de no sé qué. Si no se invoca el pegajoso espectro de la Guerra Civil parece que muchos no saben salir adelante, ni de un lado ni al otro de las orillas de los resquemores. El 20 N tiene toda la pinta de que va a ser un gran día para el PP, pero recordemos que el voto que emitirá la ciudadanía, entre la esperanza y la indignación, lo que pide es gestión. Mejor gestión, que es lo que se merece este país. No venganzas personales ni revanchas de lo que pasó o dejó de pasar en marzo de 2004. Hay tipos en las filas del PP que se están frotando las manos. Peor aún son esos que han estado al servicio del PSOE y van ahora de disidentes.No creo que Ana Pastor tenga mucha culpa de lo que nos sucede en España y a su programa matinal no se le puede reprochar ni calidad, ni interés, ni gastos, ni índices de audiencia (tiene muchos más seguidores que los programas de Carlos Dávila en los tiempos más afilados del aznarismo, por ejemplo). Es decir, cumple de sobra los objetivos de servicio público de TVE. Habrá tenido algún defecto: ponerse arisca con alguno del PP. Esas cosas que no perdonan los cortos de miras, como el dirigente valenciano que ha utilizado el twittercon los palos en alto, anunciando privatizaciones y que se congratula de un futurible cese de Ana.

A mí, como periodista y sofalícola, no me preocupa Ana Pastor. Si los que lleguen a TVE no la quieren, siempre habrá otros medios que la valoren y donde podrá seguir trabajando con libertad y criterio. Me preocupa más su equipo. Esa infantería que sería condenada a los ostracismos de la redacción por haber sido “colaboracionistas del zapaterismo”. Ellos sí que sufrirían los vaivenes de RTVE que, fiel a su sino, está predestinada al conflicto y al cretinismo.

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“Me gusta ser una zorra”

Francisco Andrés Gallardo | 7 de octubre de 2011 a las 9:40

Ya vemos que la acepción de “zorra” tiene para el juez Del Olmo un significado literario que se cruza con lo ingenuo hasta retorcerse en el cinismo. No pensaron lo mismo sobre esa palabra los políticos de la entonces AP cuando arrearon el primer zurriagazo contra José María Calviño en los primeros meses del felipismo en TVE. Aquello fue por lo de Me gusta ser una zorra… cabrón, sincero título perteneciente a un más que endeble tema musical del grupo Las Vulpes y que recientemente versionó La cabra mecánica. Me gusta ser una zorra, grafiti que permaneció durante años en un aula de la complutense Facultad de Ciencias de la Comunicación, frase con la que se reía Alejandro Pizarroso, apareció en un matinal de los sábados, Caja de ritmos (posterior a Torrebruno y anterior a La bola de cristal), y se interpretaba como un exabrupto para los castos oídos de los niños de la Transición. Hasta que no se armó el revuelo nadie oyó lo que habían cantado Las Vulpes: uno de esos escándalos de otro tiempo cuando el personal escandalizaba con cosas que salían en la tele y los partidos se arrojaban palabras y no comisiones. (Arriba el vídeo original de aquel programa y de aquella canción. Me da risa escucharla de nuevo).

La canción se cargó Caja de ritmos (que no La edad de oro de Paloma Chamorro como se evocaba en otros medios a propósito del imaginativo juez). Tena pagó el pato de la zorra porque el guerrista Calviño tenía que dar un presunto escarmiento. Pero aquello quedó de puertas para fuera. Carlos Tena, alma de Pop-grama o de Música, maestro, fue amonestado con la boca pequeña y regresó poco después con A-uan-ba-buluba-balam-bambú, título y formato que, por cierto, causó admiración en otras cadenas europeas.

Con los años parece que algunos dulcificaron el raposo insulto, aunque aquella zorra del 83 no tiene nada que ver con la fauna, que por acción u omisión, nos está dejando el mundo hecho unos zorros.

Los Alcántara nos dan la mano

Francisco Andrés Gallardo | 2 de octubre de 2011 a las 13:03

Si Cuéntame sobrevive como si no pasara el tiempo por ella, paradójicamente, es porque ha sabido identificarse con el presente de todo este decenio que lleva en emisión. En esta temporada la familia y sus allegados van a pasarlas canutas: espejo de aquella eterna crisis de los 70 frente a esta, de economía de guerra, de la que ya veremos cuándo nos repondremos. Los Alcántara están en la alcantarilla, un guiño sabio de sus creadores, y van a pasarlo muy mal económicamente, acompañándonos de la mano cada jueves. La crisis de ellos ya la vivimos muchos de nosotros. Una crisis en pesetas y billetes con florones. Buscando trabajo a pulso, por telefonazo fijo y con sablazos por carta certificada. Una crisis analógica, que ahora podemos ver en alta definición (aprovechen, si pueden, ver Cuéntame por TVE HD), con cigarrillos, cassettes y tintorro. Una crisis que forzaba un cambio generacional y que barruntaba un cambio político. Cuéntame nos habla de 2011 en 1979. La diferencia es en aquellos años, en el que todos habíamos vivido mucho menos, éramos menos escépticos y todavía existían utopías sin defraudar.

El calvario presupuestario de RTVE nos trajo un primer capítulo de resumen en esta temporada que hubo que calificarlo de timo, pero, en cuanto ha entrado en acción, Cuéntame vuelve por sus fueros. Es, de largo, la serie española mejor interpretada y da gusto contemplar incluso a los secundarios y a los episódicos, como esos jóvenes que encarnan a los macarras que ha de lidiar en un centro de rehabilitación la hija mayor, Inés (por cierto, Pilar Punzano es mejor que Irene Visedo). La serie estelar de La 1, con permiso del ninja de los tiempos de Quevedo, sigue mostrando músculo, bien dirigida, notablemente contada y, tal vez, un poco más mejorable en su ambientación. Será por cuestión de presupuesto. TVE no puede tirar por la alcantarilla algo así.

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No a la vuelta de la censura en RTVE

Francisco Andrés Gallardo | 22 de septiembre de 2011 a las 11:50

En la casa de locos en que se ha convertido (de nuevo) RTVE, con esa presidencia por orden alfabético, era normal que la mayoría de los consejeros, esos privilegiados virreyes que creen que tienen una cajita de música entre las manos, decidieran caer en la tentación de controlar hasta el último confín lo que pasa en la corporación. A ver, que no podían dejar suelto tanto rojo, vago y derrochador como piensa alguno sobre la redacción de la pública. La decisión de acceder a las escaletas de los informativos y programas, y amenazar así veladamente a los profesionales, es uno de esos grandes despropósitos que nos quedaban por ver en esta democracia tan vulnerable.

A los políticos (en general los poderosos) les encanta tener estabulados a los periodistas y a los medios. Señalar con el dedo, mirar de reojo y pasar la mano entre la caricia y el puñal. Los consejeros del PP y CiU, con la abstención de los de PSOE, ERC y CC OO cumplieron durante doce horas el sueño de atar a la plantilla de RTVE, devolviendo los fantasmas sicarios que durante siglos pulularon por Prado del Reír y por Torrespaña. La corporación pública pegó de sopetón un salto mortal atrás.

Con la más que presumible victoria de Mariano Rajoy no faltarán voces en el seno del PP que pidan revanchas y, en favor de los servicios que prestaran en su momento los urdacis, se llegue con la guadaña para ajustar cuentas. Puede ser inevitable, pero aunque estén impacientes ya podrían disimular.

Entre treinta canales los ciudadanos españoles tienen derecho a contar al menos con un medio público audiovisual que sea lo más independiente posible de los intereses políticos. Ahora que hay cadenas de todos los colores, bien nos merecemos que TVE mantenga un estatus de neutralidad, credibilidad y profesionalidad. Porque la tutela y la censura ya han roto los juguetes municipales y autonómicos.