Atentado en Suecia

Tacho Rufino | 21 de febrero de 2017 a las 21:11

Hace unos días recibí un correo de Monica Lewinsky. Al pronto, me estremecí. Pero no era nada personal. Lejos ya los tiempos en los que Monica se arrodillaba ante Clinton en el Despacho Oval, la becaria preferida de su presidente favorito trabaja ahora en el gabinete de prensa de una de esas revistas crípticas donde los universitarios, da igual que seas biólogo o de empresariales, deben publicar para poder promocionar. Un nutritivo negocio editorial, por cierto, mayormente estadounidense, en el que los periféricos entramos con fe de converso. Ayer, al saber que Trump volvió a decir un embuste grave, me dije: “Estos Estados Unidos no son lo que eran”. A Clinton se le obligó, como se hizo con Juan Carlos I con Corinna y los elefantes, a pedir perdón ante la cámara con cara de máxima contrición y mayor propósito de enmienda. Siempre nos contaron que allí la mentira de un gobernante se perdona poco o nada. A Donald, de momento, le sale gratis. Como Maradona y sus leches, Trump es inocente nato en esto de soltar trolas. Aunque sean tan delirantes como la de Suecia. Un infundio mil veces más grave que una calentón con final de cortina descorrida. Donde no hubo atentado ninguno, por mucho que el presidente USA así lo afirmara para, voilà la pirueta tramposa, abundar en su argumento sobre terroristas entre los refugiados musulmanes. Que haberlos, los habrá. Pero no ha habido bombas en Suecia. Una cosa es colocar a Spain junto a Paraguay en el mapa y otra pasarse la realidad por el mismo forro de la prepotencia.

Esto encaja con el término de moda, posverdad, que viene a ser dar más importancia a crear emociones que a los hechos a la hora de emitir juicios o de advertir de peligros. A lo largo de la Historia siempre ha existido esta práctica, que se acelera ahora con las redes sociales. Pensemos en el pan y circo romano o el de Ronaldo; que le pregunten a Goebbels. En realidad, practicar la posverdad significa mentir para manipular, ahora o al preparar las Cruzadas, pero así dicho pierde mucho tirón comunicacional. Uno cada vez compadece más a los jueces, que no paran de oír mentiras estructuradas en una estrategia de defensa o ataque judicial: “Yo no sabía nada, en realidad gasté millones pero porque es que yo soy una lela loca de amor (o un presidente que estaba en otras cosillas)”. Ya vemos lo que respeta la verdad el Maquiavelo de la Trump Tower. Quién diría aquello de que para estar en política era bueno, per se, haber sido un hombre de empresa exitoso. ¿Fue Jesús Gil? ¿Bungabunga Berlusconi?

EL antiuniversitario

Tacho Rufino | 21 de febrero de 2017 a las 21:09

Típicamente, un extremista de derechas hace patente sus inquebrantables certezas y fobias, por muy incorrectas que puedan parecer. No siente complejos por ello ni tiende a justificarse, le da seguridad su propia simplicidad, y hasta le divierte: maricones, moros de mierda, etcétera. Nunca presume de tolerante o abierto de mente. No sucede lo mismo con el extremista de izquierdas. Éste también compra el traje ideológico prêt à porter, un pack completo de progresismo, y carece de dudas, igual que el facha. Pero el ultra rojo suele presumir de tolerancia, compromiso y solidaridad. Todas ellas, virtudes que practica de forma selectiva, claro está. Pero más allá de la estética, en uno y otro extremo hay muchas más coincidencias esenciales que diferencias: los extremeños se tocan, que decían Pedro Muñoz Seca y su tocayo Pérez Fernández. Que piensen otros; yo, a mi sota, caballo y rey. El radical -cuya raíz o ancla no le permite mucha oscilación en las creencias- es previsible, cansino, perezoso de mente. Tiende a agredir y a abusar enarbolando la divisa de la verdad. Poseer la verdad es lo que tiene.

Esta semana hemos tenido ración de totalitarismo en la universidad; en esta ocasión, totalitarismo de izquierdas, que suele cursar con foulard, antiheteropatriarcalismo y abominación de lo heteronormativo (sugiero a la muy tolerante RAE que vaya preparando sus definiciones, junto con la de empoderamiento, y de paso la actualización de la voz transversal). Le ha tocado a la Universidad de Sevilla, aunque la imbecilidad inquisidora va por barrios. Al reventar un acto de una miembro de Vox, partido derechón donde los haya, practican lo que mejor se le da a una mente acrítica, aunque se presuma de lo contrario: de ser enemigo no ya de la universidad y su esencial naturaleza de libertad de pensamiento y expresión, sino de la libertad, sin más. Vaya por delante que alguna de las cosas que estos zotes fascistoides dicen defender al impedir la conferencia la defiende también quien suscribe: lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (si esta última condición existe) pueden y deben manifestarse como mejor les convenga y plazca. Cosa que a la conferenciante, al parecer, le preocupa por antinatural, regresivo y lesivo para la gente normal. Allá ella. Pero con estos comportamientos torquemadianos pasados por un mayo del 68 que apesta a rancio, los estudiantes cegados por la Verdad se convierten en un trasunto progre de los hinchas navajeros de los estadios. Y de paso le dan otra patada en el ya de por sí amoratado arco inguinal de nuestra maltrecha universidad.

Bankia: “… y Zapatero huyó hacia adelante”

Tacho Rufino | 21 de febrero de 2017 a las 21:06

“La judicialización de la vida política española es una paradójica ancla”

“Si sabía que sería desastroso, ¿por qué ‘Mafo’ hizo de violinista del Titanic?”

Esta semana hemos visto tumbar en juicio por delitos varios en connivencia con gobernantes e instituciones públicas a todo un ex miembro de la Casa Real, Iñaki Urdangarín, padre de tres hijos pequeños y marido de una hermana del Rey, que repudió a ambos al iniciarse la causa. Seis años de prisión. Rebobinen apenas una década y tal escenario hubiera parecido una broma de muy mal gusto. También esta semana, un ex gobernador del Banco de España, y un ex presidente de la CNMV, los grandes puestos vigilantes de nuestro sistema económico, estatutariamente independientes del Gobierno de turno, han sido llamados por el juez en calidad de imputados o investigados: los van a acusar, sería desconcertante que no fuera así.

La judicialización de la vida política española puede ser observada tanto desde un punto de vista positivo como de otro negativo. Alivia, si miramos la cara buena del fenómeno al que asistimos desde que estalló la crisis, que ante la extendida corrupción de las relaciones institucionales entre partidos gobernantes y organismos y empresas públicas, que han saqueado al Estado y han puesto al país al borde del colapso y, sin temor a exagerar, la miseria, el poder judicial haga de ancla de un sistema democrático que ha estado a la deriva. Con errores e injusticias: imputados o investigados tratados como peligrosos malhechores, sacados de su casa a deshora y con parafernalia mediática por la policía y guardia civil… que a la postre resultaron ser inocentes, o al menos no culpables. En la otra parte, la cara fea de la judicialización de la vida política es el coste económico asociado al colapso de los mal dotados tribunales; su lentitud es quizá el punto más débil de nuestro engranaje como Estado de Derecho. También es de lamentar que sea la Justicia quien se vea compelida a meter en vereda a tanto chorizo electo o con influencia pública. Paradojas de un ancla.

Que hay caso para investigar a Ordóñez (MAFO) y otros pretorianos suyos, y también a Segura, de la CNMV, parece evidente; ya fue desconcertante que un juez dijera en su día que no. Los inspectores los advirtieron de cosas como ésta: “La salida a bolsa con un banco doble [BFA-Bankia] es el primer paso para nacionalizar las pérdidas, algo injusto y contrario a lo que nos pide la norma“. O esta otra: “Dije que no lo diría más. Pero lo digo: este grupo NO ES VIABLE”. Una más: “Los ingresos serán menores que los costes por mucha cuenta de resultados que pinten con beneficio” Y otra: “Hay que venderlo, y gratis”. Y MAFO tiró para adelante cual violinista del Titanic. La rebelión interna del propio Banco de España esta semana, lleva un sapo muy entripado, muy dentro: aparte de que ese tipo de recogidas plebiscitarias de firmas suelen ser tramposas –“es un clamor popular, oiga; no firmes, tú verás…”–, hay gente en el Banco de España que mira hacia arriba, al Gobierno entonces vigente. Ayer, en estas páginas, la analista Carmen Pérez escribía un secreto a voces: si se pretendía socializar pérdidas, alguien daría la orden de sacar Bankia a bolsa, y el Banco de España, obediente, hizo la vista gorda: repartimos el marrón entre todos los españoles, no sólo entre preferentistas, accionistas o cuentacorrentistas del banco de Rato y BFA. ¿Quién gobernaba allí arriba del todo? Era Zapatero, superado por la presión de la UE: huyamos hacia adelante, ya veremos. “Que se llame también a Elena Salgado y José Luis Rodríguez Zapatero, ministra de Economía y presidente del Gobierno por entonces: sus declaraciones son necesarias para que la verdad sobre el caso Bankia sea desvelada”, sugiere Carmen con aplastante lógica. Que esto no va a pasar, ya lo sabemos: hagamos lo imposible, y preparémonos para los milagros.

Recogida de firmas

Tacho Rufino | 15 de febrero de 2017 a las 17:11

-Ahora vais a firmar en un papel que os voy a pasar. Cada uno pondrá sus apellidos y nombre y su firma debajo de donde pone “Apellidos, Nombre” y “Firma”. Donde pone “DNI” no pongáis nada, eso es para los de BUP. Es por un empresario que ha hecho mucho por este colegio y que han detenido sin tener culpa ninguna en Chile, en Sudamérica. Bueno, rápido, que tenemos que seguir con los quebrados, que estáis todos muy verdes.

-Se ruega encarecidamente a todos los hermanos que pasen a firmar el día del Quinario en una hoja al efecto destinada a elevar una protesta al alcalde por su negativa a autorizarnos a poner un busto de nuestro recientemente fallecido Hermano Mayor, D. Aquilino de la Sal y Balcones, tan querido por todos nosotros, en la Plaza de los Baluartes, nuestra plaza, la que con tanto mimo cuidamos. Figuran en el listado todos los hermanos. En el caso de que alguno, por encontrarse fuera de la ciudad u otro imponderable, dejara su espacio en blanco, procederemos a enviarle un formulario por correo electrónico para que pueda sumarse al común sentir de nuestra Hermandad. Fdo. Aquilinode la Sal y Bermúdez, Hermano Mayor interino.

-Unidades del Cuerpo de Defensa Civil procederán a recordar el lugar y la hora de la Manifestación Patriótica del próximo jueves por todos los centros de trabajo de La Habana. Si algún cubano o cubana con empleo público cayera o estuviera enfermo en tal día y hora, podrá justificarlo debidamente en la comisaría de la Policía del Pueblo más cercana a su domicilio. Deberá trasladar copia de la certificación médica, sellada en dicha comisaría, a su centro de trabajo en el plazo máximo de una semana después de la manifestación patriótica.

Censura de la ceguera (de MAFO)

Tacho Rufino | 14 de febrero de 2017 a las 18:45

Tras un extraño parón que un juez dio a las imputaciones, ese mismo juez -Andreu- se ve obligado ahora a reabrir la causa contra el que fue máximo responsable del Banco de España (Miguel Ángel Fernández Ordóñez), junto con la del de la CNMV (Julio Segura), por no haberse dado cuenta de que la salida a Bolsa de Bankia era un pufo. Un pufo del que ni MAFO, como se lo conoce, ni Segura, la otra pata clave para asegurar la viabilidad y limpieza de estas operaciones, percibieron. Cualificados inspectores suyos les advirtieron en su momento de que aquella operación no sólo era artificial, sino ruinosa para accionistas, depositantes y, a la postre, para los españoles, desavisados. Resulta que el banco central español, tras la creación del euro, no tiene casi mayores competencias que la vigilancia y supervisión del sistema bancario. Y ya sabemos, tampoco hace falta ser un experto tecnócrata. Casi que mejor, según lo visto.

Mientras tanto, en otro banquillo no muy lejos de allí adonde van a tener que ir a declarar como investigados ambos, el que fue presidente de la propia Bankia, Rodrigo Rato, es acusado por Hacienda de haber urdido la evasión por lo fino de 7 millones… ¡mientras que era ministro de Economía! También se lo acusa de ponerse las botas a costa de aquel pufo cajario, no sólo por las tarjetas black, sino facturando desde sociedades suyas por variados conceptos. Aquí tampoco se pisaron las mangueras respectivas, los figuras: MAFO ha sido siempre de la órbita socialista. Con los gobernadores del Banco de España sucede que son aupados con más o menos disimulo por el PP o el PSOE unos meses después de llegar al poder. El que viene detrás aguanta unos meses “al del otro”. Y coloca al propio. Una de autonomía y otra de independencia, marchando. Aquella ceguera inexplicable colocó a España en la bancarrota y ante el rescate exterior. Caruana fue el gobernador “independiente” pero dependiente del PP de Aznar, y Fernández Ordóñez fue el “independiente” pero dependiente del PSOE de Zapatero. (Gran estadista que también se apuntó a la ceguera y definía por entonces al sistema bancario español como el “más sólido del mundo”.)

MAFO ha coupado múltiples puestos de relevancia e importancia técnica y política. También es columnista de El País, y ha sido mucho tiempo asesor del Grupo Prisa. Fernández Ordóñez también fue presidente de la Comisión Nacional de la Energía, del Tribunal del Defensa de la Competencia y director ejecutivo del FMI. No hay más preguntas, digo datos.

Salvar al joven

Tacho Rufino | 14 de febrero de 2017 a las 18:41

En su columna del domingo en este periódico, León Lasa abordaba hace poco el fenómeno Hygge, una concepción de la vida que simboliza la felicidad generalizada en el que pasa por ser el país con mayor desarrollo social del planeta, Dinamarca: “Hygge es esa sensación que se tiene cuando, tras una sauna y unos largos de piscina, uno va a casa, enciende unas velas, abre una botella de vino, se pone un jersey viejo de cashmere, apaga el móvil y ve una buena película con la calefacción puesta”, decía Lasa. Estar a gustito, vaya. Disfrutar de las pequeñas cosas y placeres, que es la clave si uno no quiere acelerar la vida en el “no pares sigue-sigue” de la celebración o viaje que sea menester; o, en el polo puesto, dedicarse a ser un esclavo del trabajo, un triste workaholic. Cuando uno ve un cuadro económico de Dinamarca entiende que tienen razones objetivas para estar tan a gusto con una taza de chocolate y unos calcetines de lana buena para los pies por alto y toda la sencilla impedimenta disfrutona. Si fue primero la gallina Hygge o el huevo de su PIB y su “calidad institucional”, no sabe uno decirlo. La clave del Hygge bien puede ser la aceptación social que siente el danés medio -que son casi todos-, en un país que detesta el clasismo y prefiere la redistribución a la dialéctica ganadores-perdedores, ricos y pobres. Esto tiene que ver mucho con su economía; evitemos los datos, pero digamos sin miedo que son espectaculares. Y allí no existe la brecha entre mayores y jóvenes.

Una brecha que aquí no para de agrandarse. Las alarmas deberían estar sonando día y noche por este drama. Los jóvenes españoles son los grandes perdedores de una crisis que tienen mucho de española, de rinconetes en cajas de ahorros y cortadillos en partidos políticos, con gobernantes y banqueros ciegos ante el hundimiento inminente. Si no fuera por su tendencia a escenificar jaulas de grillos y disputas shakesperianas, puño en alto y en ristre, Podemos tendría un futuro envidiable. Un dato escalofriante: en 2011 se crearon en España 254.000 nuevos hogares. En 2014, 76.000. Un trasunto humano del comportamiento animal que limita la fertilidad en las situaciones amenazantes. Si España no reconoce que el primer problema que tiene es el paro y las expectativas juveniles, está condenada al fracaso. De ahí depende directamente el otro grave escollo de nuestra viabilidad como país, las pensiones. Otra gallina y otro huevo. Gallina vieja y huevo muy duro. Por Shakespeare, ya puestos: algo huele a velas en Dinamarca… y a chamusquina en España.

Enchufes

Tacho Rufino | 14 de febrero de 2017 a las 18:39

El caso de la empleada de la Universidad de Sevilla que ha colocado a 22 parientes y afectos en la contrata de limpieza que su propia unidad debe tener bajo control ha levantado ampollas. Hay miles de casos en España (mírese bien, mire bien cerca): en la política, entre ésta y las empresas y bancos, en la universidad; entre amores, bandidos o con papeles. En no pocos casos, las organizaciones se conciben como una forma de adquirir poder y hacer el bien… a los tuyos. Ser un prócer y un benefactor a costa de lo que no es de uno. Un godfella, como Ray Liotta y Joe Pesci en la de Scorsese, pero sin machetazos en los maleteros. Alguien que me deba algo. La empresa está en segundo plano. Pero no siempre se enchufa de forma fraudulenta y codiciosa, ni para retribuir unos servicios sexuales. Vayamos a los datos.

La mayoría de la gente accede aquí a su puesto de trabajo mediante un enchufe. O su hermana más aseada, la recomendación. Tan poco secreto es que lo dicen los propios Ministerio de Economía y barómetro del CIS. Prepárese: a través de un familiar, un amigo cercano o por amigos de amigos acceden a una colocación nada menos que el 45%, casi la mitad. Del otro 55%, las siguientes vías en importancia nada tienen que ver con los contactos o el nepotismo: autónomos y opositores con éxito van casi a la par, y acaparan un 25% de la estadística. Un 10% obtiene empleo mediante el envío de currículum vitae. Para entrevistas, anuncios, internet, ETT, servicios públicos de empleo y otros varios canales -que son los que más literatura y técnicas producen- queda un 20%. Uno de cada cinco. El empleo escaso explica bastante este estado de cosas.

Suelo interpelar a los alumnos de Empresariales sobre ello. ¿Qué piensa de la recomendación como criterio principal de selección? En esto también funciona la tan humana adaptación del juicio a los intereses personales. Nadie -nadie- le dirá “Yo soy un jodido enchufado” o “Me parece bien el enchufe, mi abuelo tiene una empresa” o “Mi madre es político, algún favor le deberán” o “Mi tío es el rey del evento y la croqueta engalanada, conoce a todos los empresarios de la ciudad: algo me buscará”. Pocos empresarios de una pyme, poquísimos, siguen un proceso de reclutamiento y selección basado en el mérito. Suelen preferir a alguien con referencias: aquí, quien puede recomienda y enchufa (quede claro: no son la misma cosa). Con el principio “mi poder primero, la empresa después”, la práctica es perversa, puesto que acabará dañando a la empresa, primando su relevancia y su trasero.

Lo gratis

Tacho Rufino | 14 de febrero de 2017 a las 18:37

No es fácil ser coherente con lo que pregonamos. Es habitual que critiquemos a desconocidos por comportamientos que no nos censuramos a nosotros mismos: una infracción de tráfico, tirar papeles al suelo, no recoger los truños de tu adorada mascota, molestar a los vecinos. Disponemos de muchas palabras para definir el doble rasero: farisaico, doble, hipócrita, puritano. Hay un paso más allá en la doble moral del desahogado que todos llevamos dentro más o menos domeñado por la educación: la pasión por lo gratis. El abuso de lo que no nos cuesta dinero. El club deportivo que frecuento provee de toallas limpias a los socios. Aunque ahora sucede menos -enseñanzas de la crisis, quizá-, no es infrecuente ver cómo un señor que pontifica contra junteros, peperos, niñatos, podemitas, periodistas o cualquier otro objeto de su fobia privada, muy digno y denunciante, usa tres o cuatro toallas cada día, una de ellas quizá sólo para echarla bajo los pies mientras se cambia. Uno siempre se malicia que tanto furor higiénico fuera de casa se compensa dentro de la misma. Rollos de papel higiénico que desaparecen en los aseos de facultades u oficinas; empujones y sofocos en una feria de muestras serrana por coger un trozo de morcilla que en la nevera propia cogería moho.

Ayer sábado supimos por un juguetón artículo de The Economist algo que ya nos veníamos oliendo: los termostatos de los hoteles son masivamente placebos. O sea, usted lo regula a su gusto, pero es un quedo, como algunas píldoras que carecen de principio activo, pero calman a gente nerviosilla y sugestionable. Solemos abusar en los hoteles gastando una cantidad de energía que nunca derrocharíamos en el hogar: baños y duchas interminables, todo el kit de aseo al neceser, incluidos peines o gorros de ducha que nunca usaremos. En otro tiempo se birlaban las toallas y los albornoces, que después tus invitados podían ver en tu cuarto de baño al ir a hacer un pipí, con Hotel Marina D’Or o Hilton, según, bien estampados y visibles. Qué decir de la mantita a cuadros de aquella Iberia que aún no sufría el letal ataque de las aerolíneas de bajo coste. En algunos hoteles de cuatro estrellas ya se prohíbe entrar en el desayuno buffet con bolso, porque muchos salen del comedor mutados en despensas de excursionista. Y no le queda a uno más remedio que atracarse de yogures con muesli, huevos con beicon, kiwis, donuts de fresa, dos zumos de naranja y otro de frutas del bosque. Cosas que no te tomarías ni amarrado al levantarte en un día normal. Faltas, pecadillos leves.

La verdad sobre Bimba Bosé en 10 claves

Tacho Rufino | 31 de enero de 2017 a las 19:50

Este escrito, ya se lo adelanto, no tiene nada que ver con la modelo y cantante recientemente fallecida. Sin embargo, usted ya ha hecho subir mi contador un puntito, y eso hoy priva (y prima) muchísimo. ¿Fácil, verdad? ¿De mal gusto? En estos ‘Tiempos Trump’, el mal gusto da mucho eco y provee ganancias. De hecho este artículo, el de verdad, va sobre el nuevo becerro de oro de la comunicación y el periodismo emergente: el ránking, los artículos más leídos. Haber titulado, por ejemplo, “El rey del ránking” no hubiera estado mal y sería mucho más adecuado, pero no me hubiera dado tantos votos por la cara. De hecho, lo más congruente para seguir la zanahoria del ránking y trepar por la cucaña del voto hubiera sido escribir de la estupenda Bimba, de su androginia, de su talento como cantante, de los insultos por twitter tras su muerte, etc. Con eso y, sobre todo, un poco de Ginfosociacom (Gestión Informática y Social del Contador, cedo el acrónimo al mundo, a ver si cuela la “m” final, que tiene mucha más pegada así que con “n”), lo petas en el ránking. También ayuda el hecho de ser un articulista brillante y consolidado, pero éstos son los menos. Vamos a ello, dejemos a Bimba descansar en paz:

El rey del ránking

La probabilidad de que usted esté leyendo esto en un dispositivo digital es mucho mayor que la de que lo haga en papel, con café casero o de máquina italiana en barra, una vez conquistado “el de la casa”, que ostenta –mire bien– un lamparón en las esquinas de abajo a la derecha, páginas impares; como dice un buen amigo castizo “qué nos gusta un balde”. Está por estudiar cuánto virus se trasmite por esa vía, la tradicional, aunque la metamorfosis vertiginosa del consumo de prensa haga que tal estudio esté ya en fuera de juego. El cambio tecnológico –el de la forma en que hacemos las cosas—no sólo transforma los procesos técnicos, sino también, yendo al caso, a la forma en que uno que escribe públicamente se relaciona con otros que lo leen. Quienes leen cada día necesitan mayor inmediatez y superficialidad. Incluso lectores avezados sufren sudores, dilataciones y cosas por el estilo al pasar de la quinta página de una novela o un ensayo. No digamos ya quien sólo consume información –o sus sucedáneos— a través de múltiples ventanas: a este lector de picoteo 2.0. y digital, con smartphone, en red y todos los avíos del potaje comunicativo contemporáneo, las sinapsis neuronales le han mutado, y lo de la lectura continuada y el conocimiento lineal y profundo lo azoraría e inquietaría hasta el brote histérico, como aquellos niños japoneses que sufrían algo parecido a la epilepsia con los destellos de sus dibujitos.
Muchos periódicos digitalizados, por ejemplo, se han lanzado a las noticias-ránking: los quince alimentos más cancerígenos, las diez playas más recónditas, las catorce mejores técnicas de hacer el amor a solas, diez maneras de ser muy feliz en un segundo matrimonio, los seis trucos de la fabada light. Cápsulas informativas para gente captada para la nueva causa de la red. Los ránkings también llegan a los columnistas, que nos vemos, con más o menos denuedo y técnica, forzados a competir por el ránking. No ya contra el articulista brillante y veterano, sino contra quien trabaja bien la red social y el IP, y a las siete se autotuitea antes incluso de lavarse los dientes: es su propio community manager privado, director ejecutivo de su propia opinión. Hay alternativas para subir el contador: jóvenes informáticos con ADN de hacker y empresas te gestionan a unos tíos en India que entran una y otra vez en el artículo deseado. No es nada caro. Un servidor, en cualquier caso, ya se declara incapaz de competir con el comentarista del corazón de la última página de un semanario, con todo respeto, ni con un tuiteradicto que lo da todo en las redes futboleras. La tecnología cambia el estado del poder; la redacción –el periodismo– pierde peso ante la necesidad de generar ingresos por el aumento de la publicidad, ya en medio digital. La tecnología redistribuye las influencias y redefine los prestigios. Los traslada a un espacio matrix donde moran el big data, el publicitario y el publicista: todo por el contador, aunque sea con truco. La competencia es, siempre hasta cierto punto, buena. Si es sana y bien ponderada, mucho mejor.

Bankia: de banco malo a banco bueno

Tacho Rufino | 31 de enero de 2017 a las 18:57

La más esencial responsabilidad con la sociedad que tienen las empresas es crear empleo y ganar dinero, junto con el cumplimiento de la ley. Accesoriamente, una buena empresa debe revertir a la sociedad parte los réditos que obtiene dentro de ella. Sucede que cuando a la responsabilidad social de las empresas se le ponen mayúsculas y se la llama RSC, y se editan costosas memorias y material promocional de corte “mira qué buenos somos”, dicha responsabilidad puede adquirir un tufo de cosmética. Aun así, presumir de lo propio -o sea, hacer marketing de la empresa- al tiempo que se hace algún beneficio social -cultural, científico, deportivo, asistencial en general- sigue un esquema “ganar-ganar”. Y nada debe obstar para ello: debemos despojarnos tanto del postureo corporativo como de la sospecha y la inquina acerca de cualquier cosa que huela a empresa, un vicio progre tan español como la tortilla de patatas.

Ayer lunes supimos de un acto de responsabilidad corporativa por parte de un banco nacionalizado y en vías de recapitalización, Bankia, que ha prescindido de dar largas a la obligación de resarcir los cargos indebidos durante años por cláusulas suelo de las hipotecas concedidas a particulares. El banco que dirige Goirigolzarri se pone de hecho a devolver con intereses lo que debe reintegrar a quien nunca debió cobrárselo: que uno firme una cláusula no quita que ésta sea abusiva. Bankia fue rescatada por el Estado -usted- echando dinero público presente y futuro a espuertas en un pozo excavado con la mala gestión y el manejo político. Unos agujeros patrimoniales originados por el desahogo y la promiscuidad político-financiera de aquellas cajas de un Madrid de winners de plástico y su sucedáneos valencianos. Un holding que emergía con rutilante futuro, con el bluf Rato al timón, y al badajo de la campanita en su nefasta salida a bolsa. Era otra Bankia. Nada que ver con la vigente. Cierto es que de su rescate –el mayor de la banca española– no retornará lo esperado al Estado, ni mucho menos.

“Para qué vamos a marear al cliente y a nosotros mismos: organicemos el proceso poniéndonos al servicio del cliente implicado, devolvamos los 200 millones más intereses, y a otra cosa; de paso nos ahorramos 100 millones de litigios”. Sensato y justo. Y muy reconfortante. Declaran que esto lo hacen también para “mejorar nuestra reputación”. Ganar-ganar. Y resarcir. Y dejar de marear. Si el Gobierno ha promulgado un decreto exprés para mantener el colosal litigo fuera de los juzgados, su carácter timorato hace que debamos dar la bienvenida y entonar un bravo ante la iniciativa de Bankia. A ver si los bancos privados siguen esa estela de genuina responsabilidad social.