Votar desde los 16 años

Tacho Rufino | 27 de abril de 2016 a las 15:29

QUIZÁ usted no sepa que hace justo una semana la mayoría del vigente Congreso de Diputados se pronunció a favor de que los españoles pudieran votar desde los 16 años. Sólo los partidos que supuestamente cuentan con el voto más conservador -PP y Ciudadanos- votaron en contra de la propuesta de ERC. Estando la política como está -cabildeando-, es de suponer que los que votaron “sí” creen que tienen mucho que arañar de nuevos 800.000 votantes, y viceversa. (Por cierto, cuando escribí “españoles” usaba el plural castellano, ellas y ellos, y por eso aprovechamos parar hacer notar que muchos de los argumentos en contra del voto a los 16 coinciden con los que antaño negaban el voto a la mujer.)

La mayoría de los países donde la mayoría de edad es anterior a los 18 años son países subdesarrollados y con baja esperanza de vida. Cada día hay más excepciones. En Escocia se vota a los 16, y es ése el modelo a seguir por los independentistas catalanes: pillarán mayor cacho con jóvenes educados en el rechazo a “España”. Austria, Noruega y estados de EEUU ya han aprobado medidas en ese sentido. En Alemania hay una corriente que promueve el voto a todos los nacidos, con delegación paterna de los menores de 12. ¿Le parece una locura? ¿Cómo va a votar un menor -dirá alguien-, vulnerable y sin criterio, ignorante de cualquier cosa allende la red social? ¿Cómo nuestros vitelloni, que permanecen en casa hasta la treintena y más, van a dilucidar quién es mejor para dictar leyes?

Puestos a conectar voto y madurez, albergo muchas dudas sobre que buena parte de los votantes tenga criterio para hacerlo, o criterio racional. La madurez mental, y mucho menos política, de muchos de nosotros es cortita. En muchos casos, el único móvil del voto es “dárselo siempre a los míos”, a los que me dan sopa boba o a quienes se alinean con mis presupuestos morales o sociales, o nos echamos en los brazos de vendedores de crecepelo. O sea, que eso no vale. Si nos parece bien que tengan sexo antes de casarse y antes de echar canas, o sean madres por encima de todo si quedan embarazadas -o alternativamente, aborten por decisión propia-; si no paramos de anestesiarlos con fiestas continuas donde no se controla en absoluto qué toman o no, si desde los 12 pueden ser testigos en el divorcio de los padres, ¿por qué no concederles el voto también a ellos? ¿Si los dejamos disparar en cotos, conducir scooters? ¿Por qué no estimular así que asuman deberes, y no sólo derechos sin límite? Si pueden trabajar y tributan como cualquiera, ¿por qué no van a votar? ¿Y por qué no, paralelamente, reducimos la edad penal? (Glups, qué huerto.)

Urbanidad, perros y wc

Tacho Rufino | 25 de abril de 2016 a las 16:15

LOS urbanistas miden la calidad de vida de una ciudad con indicadores técnicos: medioambiente, habitabilidad, movilidad o cohesión social. Doctores tiene la urbe, pero todos somos peritos en valorar lo bien o mal que se vive en tu ecosistema. Evaluamos según los síntomas que más significativos nos parecen más allá de inventarios oficiales, y si de vez en cuando se viaja, esa percepción también es comparativa. Hay cuatro o cinco indicadores de las ciudades del sur que contrastan seriamente con las del norte, a pesar de lo cual, según las encuestas, estamos encantados de conocernos, porque “aquí se vive mejor que en ningún sitio del mundo”. A saber: caca de perro en acera por habitante, nula limpieza de los servicios y WC de los bares, vociferio y abuso del coche (o escasez de desplazamientos a pie). En los dos primeros estamos altos en los ránkings, y en los dos segundos, ahí andamos. Admitamos que la ciudad, la calle, el barrio o el pueblo donde usted vive es la excepción.

Tener un perro como mascota es un hábito con el que emulamos de forma precipitada -es decir, sin la debida cocción de urbanidad previa- a los británicos, y llenamos los condominios de perros salchicha, labradores, bodegueros, jack russells y, lo más fashion actualmente, bracos alemanes… y de sus mojones -con perdón, es para entendernos- en las aceras, parques y alcorques (muchos propietarios piensan que la base de un árbol o la tierra son sitios en los que dejar los truños de su chucho no sólo es cívico, sino nutritivo para la flora). Que sí: la mayoría recoge amorosamente el set de boñigas de Pongo o Dana, pero hablamos de porcentaje: con un diez por ciento de dueños guarros, las aceras dan asco y ofrecen serio peligro de costalazo. Mi evalaución es transversalísima: en esto no hay distinción socioecnómica significativa; hace unos días volví a pasar por un demodé barrio de clase media-alta de mi ciudad –llamado Los Remedios, aunque esto no parezca tenerlos–, y el escenario merecía un pictórico título: “Paisaje después de la cagada”.

¿Y lo dantesco de no pocos servicios públicos, sobre todo bares, de nuestras ciudades? Partimos de la premisa de que tal suciedad y empantanamiento úrico es mayormente cosa de los usuarios, de los clientes que dejan el urinario como nunca dejarían el de su inmaculada casa (el civismo es justo lo contrario: mi casa estará como esté, la casa común es sagrada). Es una cuestión de reciprocidad y respeto: de urbanidad. Un amigo, veterano perruno y campeón del gasto de suela me recuerda la clave y la extrapola a nuestra gobernanza común: si la urbs y la civitas latinas, lo común, no son respetadas por sus habitantes, ¿cómo vamos a tener un sistema político respetable?

Aznar, enemigo interior de Montoro

Tacho Rufino | 25 de abril de 2016 a las 16:08

aznar monto miki duarte

 

 

 

 

(ilustración que tomo prestada de Miki&Duarte para Grupo Joly)

WINSTON Churchill, legendario premier británico, es una fuente de citas, algunas sin duda tan legendarias como apócrifas. Demos por cierto que él, en efecto, dijo aquello de que “hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos mortales… y compañeros de partido”, y también, refiriéndose al hemiciclo y las bancadas enfrentadas de whigs y tories que “nuestros adversarios están enfrente; nuestros enemigos, detrás”. Muchos hemos pensado en estos términos -en el enemigo interior, y no precisamente en el demonio que habita en cada uno y emerge de vez en cuando- en estos días en que Aznar, soberbio y pequeñamente despótico, malcriado por los suyos, se ha rebelado contra Montoro, el hombre más fuerte del Gobierno español en funciones: el de las pesetas. En estos días del enésimo desconchón en los muros de la patria nuestra, que si algún día parecieron sólidos, hoy vemos desmoronarse. Días extraños en que las manos limpias oficiosas resultaron estar emporcadas, invadidas por el lupus mafioso, días en que algunos defensores de la ciudadanía acabaron no siendo otra cosa que chorizos. El descreimiento está servido. Qué corrosión. (Y encima, supimos el jueves que Prince ya no bordará más riffs ni ya música ninguna. Estamos de luto púrpura.)

Debemos aun así sobrevivir, comentar detalles de la actualidad que no supongan una y otra vez caer en el pesimismo y la negación absolutos. E intentar hacerlo con una cierta sonrisa daleada. Resulta hasta gracioso que quien gobernó el país durante trece años con mano de hierro y aparentes buenos resultados económicos -la calma soleada que precede al tsunami que, en no poca medida, facilitó la ley del suelo del propio Aznar- diga, irritadísimo, que este país es “tercermundista” porque se ha filtrado desde la Agencia Tributaria -por orden del propio Montoro, debemos interpretar- que una sociedad patrimonial del matrimonio Aznar-Botella fue inspeccionada por Hacienda y concluyó en un acuerdo de mayor tributación y/o multa. Aznar se queja de mal trato de los supuestos suyos -“los de detrás”, que dijo Churchill- en un clásico tic paternalista que confunde la magnanimidad que él tuvo al nombrar a Montoro (y a Rajoy, a quien también lanza pildorazos periódicos desde su trono de Gran Hombre) por su poder público, como si tal acción fuera generosidad y grandeza personal, o incluso nepotismo soberano, y ya le debieran pleitesía, obediencia perruna ante sus caprichos e incluso arrastre de hinojos, de por vida, los nominados por el prócer (es éste un vicio de liderazgo muy extendido también, por ejemplo, en la universidad).

Ya puestos, Aznar ha vuelto a recordar que a él no le gusta pero que ni un pelo la reforma fiscal llevada a cabo por el ingrato de Montoro. Ante lo cual, éste ha estado bravo, y yo desde esta esquinita, le dedico un par de asentimientos cefálicos por ello: “Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Esto es como el quirófano. No moleste, estamos operando”. (No ha dejado pasar esta ocasión la aguerrida esperanza liberal, que es otro de los “de detrás” de Rajoy, una de los nuestros a quien no conviene dejarle el asiento de detrás del copiloto, si el copiloto eres tú y te llamas Cristóbal. En otro alarde de su poco contrastada anglofilia institucional en la práctica, Esperanza Aguirre ha dicho que “en Gran Bretaña, Montoro ya hubiera dimitido por la fitración”. Con ese rasero, ella quizá hubiera tenido que dimitir varias veces en las Islas. Y hasta ser inspeccionada de una u otra forma. Ella, con sentirse “avergonzada” y “abochornada” por los tejemanejes de sus segundos, ha tenido bastante. Tan británicamente.)

Las ‘offshore’ de los ‘narcos’, pioneras

Tacho Rufino | 19 de abril de 2016 a las 9:00

Los narcos gallegos abrieron la senda de Panamá y sus ‘offshore’: unos adelantados

Vito Corleone tuvo que hacer volar muchas seseras para que sus nietos pudieran tener un patrimonio inmaculado y una educación de élite. Él era un personaje de la novela de Mario Puzo que la Paramount y un Coppola treintañero llevaron a la cima del cine con dos películas monumentales, pero la ficción no hacía más que representar la pura realidad: de la miseria al crimen, y de ahí al ‘establishment’ y la centralidad pública, de la mano de policías y jueces sobornados, abogados y asesores financieros de prestigio y otros lavanderos sociales necesarios. Enfocando más cerquita, cuando Esther Lago, mujer del ‘narco’ Laureano Oubiña, iba a diario en chándal a la sucursal de sus bancos en un pueblo de las Rías Baixas con una bolsa de plástico repleta de billetes de todos los colores, su bancario la recibía como a una señora y le ingresaba la enésima morterada. Llegó un momento en que el descaro humillaba –y hasta fagocitaba—a la Guardia Civil, y dolía a la Agencia Tributaria y a las madres de muchos toxicómanos condenados a la muerte en vida, o ya sin ella. Y el mal –que siempre enseña la matrícula al bien–, como hace el agua, buscaba otra salida: aparte de cochazos y pazos y lujo más o menos hortera pagado siempre en billetes, los ‘narcos’ comenzaron a utilizar a terceras personas como hombres de paja: esposas e hijos, y no pocas amantes y yonquis (Mario Conde prefiere como testaferro a un atlético profesor de esquí, es cuestión de estilos). Lo siguiente fue constituir una ‘offshore’ en Panamá.
Porque los pioneros en montar sociedades opacas con las que ocultar y/o blanquear dinero fueron los grandes traficantes gallegos (concedamos una frase consabida a los sepulcros blanqueados técnicos: no todas las ‘offshore’ tienen origen criminal y –qué cosas— tampoco son ilegales). Oubiña, Miñanco y demás, bien asesorados por trasuntos del abogado cocainómano que interpreta Sean Penn en ‘Atrapado por su pasado’, fueron por delante. Como informa esta semana Susana Luaña en ‘La Voz de Galicia’, el propio Oubiña se casó, aparte de con Lago, con la panameña Odalys Rivera, y vivió –puro amor romántico, compromiso y proyecto de futuro— varios años en el país centroamericano. Ahora, estos tipos retratados con desquiciado esperpento en ‘Airbag’, ‘El Padrino’ proyectado en un espejo del Callejón del Gato, sienten el aliento de la ley en el cogote, y, encogidos, vuelven a los coches, los homenajes varios y los testaferros. El famoso péndulo. Quizá nuestros artistas y nuestros ‘pijas de Madriz’ retratados en ‘Panamaleaks’ –cuánto une a los extremos y qué ‘transversal’ es la evasión fiscal— también seguirán la senda de regreso de los pioneros.

Calarse un Panamá

Tacho Rufino | 18 de abril de 2016 a las 20:06

(Este artículo se publicó el pasado 5 de abril en la edición en papel)

Comienza la campaña del IRPF con el destape de un inmenso fraude, qué cosas

Vaya paradoja que la campaña del impuesto sobre la renta y el descubrimiento de una fabulosa red de ocultación del dinero hayan coincidido en el tiempo, como se alinean dos planetas no muy distantes que orbitaran en un juego de fuerzas complejo pero estable. A partir de hoy, dos tipos de españolitos –los asalariados y los autónomos– comienzan a echar cuentas. La mayoría asalariada y por cuenta ajena espera que en junio Hacienda le devuelva lo que le ha retenido de más, porque –aunque cada día menos– se da la paradoja de que el currito/a con nómina financia al Estado hasta que tal devolución se produce. Allá, en la otra esquina, está el paraíso, que diría el ya octogenario Vargas Llosa: el paraíso fiscal. En ese planeta residen de forma más o menos física otras personas que han metamorfoseado a complejos entramados de personas jurídicas: Messi, Almodóvar, la hermana del ex Rey de España. Todo ello “presuntamente”, faltaría más. Casi dos mil españoles parecen ocultar al fisco sus dineros blancos y/o negros mediante un sastre de Panamá que les hace un traje fiscal que refleja toda mancha tributaria. También los hay extranjeros, algunos poco sorprendentes, como es el caso de los presidentes argentino y ruso, Macri y Putin. Y hay desconcertantes nombres, como el del primer ministro islandés, que va por la vida de gladiador antifraude. Qué disgusto nos estamos llevando quienes hemos añorado para nosotros la forma en que Islandia fulminó a los políticos que llevaron a la ruina a codiciosos inversores británicos y holandeses.
Quienes más dinero obtienen en nuestro territorio no tienen claro que es su obligación revertir parte del mismo en este país. Lo dice la Constitución y lo regula la poliédrica normativa fiscal estatal, autonómica y local. Todo esto resulta muy desconcertante. A algunos les parecerá indignante. Otros creemos que, como la jodienda, el fraude fiscal no tiene enmienda, o sólo represión. Y ya vemos qué complicado resulta: no sólo esta fabulosa trama de evasión era desconocida para el gran público –para el minoritario, sin duda, no lo era–, sino que debemos ser escépticos: a esta rata no se la mata fácilmente. Recordemos: cuando la crisis asoló al planeta bipolar –sin duda asoló  más a un polo que a otro–, todos hablamos de la ‘refundación’ del capitalismo, algo que pasaba por controlar los dineros ocultos. Pero poco se ha hecho. Nuestros bancos principales son intermediarios en este trajín global. (Por cierto, Panamá no es un paraíso fiscal unánimemente reconocido como tal; no es un paraíso de pata negra. Sólo de dinero negro. No confundamos, por Dios.)

‘Postureo’

Tacho Rufino | 18 de abril de 2016 a las 20:04

“Todos fingimos de una u otra forma, pero no tenemos que formar gobierno”

Todavía no utilizo esa palabra con la naturalidad y credibilidad con que lo hacen mis alumnos (perdón, Junta de Andalucía, sé que ese término, “alumnos”, es machista y guillotinable desde la semana pasada). Pero prometo enemndarme y utilizarla con regularidad en cuanto sea capaz de pronunciarla con cierta oportunidad e intención: ‘postureo'; qué gran neologismo, de fonética sugerente, apuesto por su supervivencia. La ortodoxia vigente –los leídos y escribidores más sabihondos e inflexibles– propondrá alternativas consolidadas que sirvan para aludir a lo mismo que postureo y su correlativo verbo, posturear: aparentar, fingir que se es algo de forma gratuita e indolora. Posturear mejora y da cariz de falsedad a presumir; por ejemplo y mayormente en las redes sociales, alardear de estar comprometidísimo con algo que en el fondo te importa, a la hora de dormir, una higa bien gorda: los toros bravos, los perros maltratados, los propios parias de la tierra en su duro éxodo o su eterna miseria (condéneme por mezclar bichos y desgraciados humanos: quizá su condena sea posturera; en caso contrario, disculpe la crudeza).
El postureo ha invadido la política española de forma preocupante: no es lo mismo vacilar en una feria expeliendo tics del señor de tronío que no eres, o de señora sandunguera a la par que exquisita, que llevarse las semanas sin tener bemoles de ponerse de acuerdo y pactar para gobernar (que es por lo que se los vota y retribuye, a los diputados). Y hacerlo cabildeando en falsete, de cara a las cámaras, vengan ruedas de prensa, vengan frases ocurrentes, vengan palabras de gil (“transversalidad” es mi término posturero político preferido). Esos planos secuencia de Sánchez e Iglesias, que avanzan hacia las cámaras y los plumillas destacados para recoger la enésima chorrada inútil de los postureros líderes “de progreso”; ellos, como ajenos al tumulto, con gestos faciales y corporales que diríase que son dos filósofos entre otros de “La escuela de Atenas” de Rafael. El propio Rivera, quizá ya abducido por la onda expansiva del postureo, que enfila a gran velocidad el sofá donde se encuentra con los propios Sánchez o Iglesias, con quienes intercambiará estampitas programáticas en falsete. Sabiendo de sobra que es “un ‘pa’ ‘na’ (otra neologismo de calle, que no acabó de cuajar, aunque uno haya decidido seguir utilizándolo… ¿postureo lingüístico, éste? Pues va a ser que sí. Todos tenemos nuestra ventanita posturera por la que nos asomamos. Pero no tenemos que formar gobierno).

¿Tú tienes ‘offshore’, criatura?

Tacho Rufino | 18 de abril de 2016 a las 20:03

Antes de que, en la primavera del año 2000, estallara la llamada ‘burbuja puntocom’ –que a una España poco digitalizada y con pocas compañías de referencia en los nuevos sectores afectó poco–, se consideraba que internet iba a construir un planeta más justo y desarrollado, en el que quedarían gran cantidad de recursos ociosos y aprovechables de forma alternativa. Una arcadia feliz y en red en el que las personas tendríamos también mucho tiempo excedentario para también convertirnos en mejores personas. Un camelo de manual, y no hace falta remitirse a hechos concretos: baste decir que el mundo no va mejor. Lo que sí ha conseguido internet y la globalización e inmediatez de contactos y transacciones que ella conlleva es acelerar y elevar a poder supremo a las finanzas (es cierto que también el conocimiento se transfiere y comparte mucho mejor y más rápidamente, aunque cabe poner en duda, como hemos hecho aquí recurrentemente, si tal mejora ha sido ‘popular’ y ‘democrática’, o sea, ‘global’, o sólo ha abundado en la brecha entre dos tipos de personas: la que usan bien la información y quienes sencillamente están narcotizados y sometidos por ella). Sea como sea, si algo es internet es financiera, y si algo ha potenciado internet es la intensidad y velocidad de las finanzas. La instantaneidad de las transacciones financieras es completa. Los centros de decisión financieros son el Gran Hermano que influye decisivamente en la vida de la gente: de forma inmediata y directa. ¿Conspiranoia? Pues bueno, pues vale. Un ejemplo local: la llamada burbuja inmobiliaria española es anteriormente –y en esencia– una burbuja financiera. ¿Conocen a algún bancario que le hable en plata con una copa por delante?

La fiscalidad en su vertiente tributaria es un asunto también
esencialmente financiero. Ente otras cosas, la tributación debe –o debe “de”, depende si usted lo cree o lo pone en duda–redistribuir la riqueza y hacer los sitios más habitables. De los impuestos comen los Estados, sus finanzas (ingresos y gastos). La evasión fiscal es un serio problema del planeta, por no hablar de la sostenibilidad de nuestros presupuestos y, también, coberturas sociales y pensiones nacionales. Resulta al hilo naif recordar aquella verdad metafórica de Adam Smith que decía que del egoísmo o la codicia del carnicero dependía que usted tuviera un filete para cenar o no. No cabe trasladar tal máxima a la codicia o egoísmo del evasor: de su trampa –que lo es– no se beneficia más que él y quienes lo asesoran. Según la propia Asociación Española de Banca y sus anuarios, la expansión internacional de la banca se ralentizó bruscamente antes de que nadie osara hablar de “crisis”, sin duda anticipando lo que estaba por venir. Sin embargo, la apertura de oficinas de representación o sucursales ‘offshore’ –sonoro término enmoquetado para decir paraíso fiscal; desconfía de los tiquimisquis terminológicos– no dejaron de crecer (sobre el volumen de los fondos privados allí desviados no sabemos nada; ahí está la clave: un paraíso fiscal es por principio opaco). El dinero salía del país; el dinero de quien tiene dinero de verdad. Se ponía a salvo, y de paso dejaba de tributar en el país donde reside el evasor. Una preguntita muy tonta para terminar, con permiso de Pilar de Borbón: ¿para qué constituye alguien una sociedad ‘offshore’, si no es para evitar tributar? Otra tontería: intentar pagar menos impuestos será insolidario y tal, pero es lícito. Siempre, claro, que no sea ilegal. (Corolario con forma interrogante: ¿la filtración de los ‘Papeles de Panamá’ son un milagro de algún dios pagano para acometer de una vez la erradiación de los paraísos fiscales, donde, ay, muchos de quienes deciden ponen sus jurdeles a buen recaudo?)

Mario Conde, ¿recuerdan?

Tacho Rufino | 18 de abril de 2016 a las 19:52

HACER leña del árbol caído es una actitud que consideramos vil, carroñera: machacar de palabra u obra a quien antes de caer en desgracia social por un demérito, fatalidad o delito, nunca nos hubiéramos atrevido a criticar en público, y menos delante del caído. Caminando por la espectacularidad boscosa del norte de España, he asistido a los estragos de quienes han podido aprovechar para hacer leña o pulpa de papel tras los incendios continuos que asolaron muchos montes, mayormente con la criminal intención de sacarle provecho personal al fuego. En las horas de soledad, los pensamientos fluyen y saltan de lo trivial a lo esencial, de lo querido a lo odiado, de lo inmediato y lo pasado a lo por venir. Ha sido así inevitable dedicar neuronas al asunto más morboso de la semana: la nueva detención de Mario Conde. ¿Hacemos leña del árbol caído al indignarnos y poner verde ahora al ex banquero? No. No sabemos si el árbol está caído –aunque bien que lo parece, con su familia destrozada y muchos dándole la espalda–, pero su prepotencia y descaro tras salir de la cárcel auguraba algo así como lo que está pasando.

Mario Conde fue el vívido símbolo de la llamada “cultura del pelotazo”, y a punto estuvo de erigirse en prócer político. Fue condenado por vaciar al banco por entonces más señero del país, Banesto. Botín soltó la gran pasta -si no, la hubiera soltado el Estado, ya saben-, se manejó mejor que el Bilbao Vizcaya y encumbró a su propio grupo al quedarse con los restos del naufragio (al Santander y al fisco le debe Conde burradas de pasta, a pesar de lo cual recibe en sus fincas, una en Sevilla; qué habilidad). Aclamado por bello -la guapura estimula la indulgencia de algunos y algunas- y por ser número uno de su oposición a la Abogacía del Estado -como si no hubiera también perturbados o canallas con oposición ganada-, Conde se había aliado con un gran inversor, Abelló, y mediante Antibióticos obtuvo una posición de control en Banesto. Y lo saqueó, porque -como bien sabemos ahora- en esa España se practicaba ya la que sería después Doctrina Zaplana que ha retratado lo que somos: “Yo he venido aquí a forrarme”, y si hay que robar, se roba. Vergonzante doctorado Honoris Causa con el gran Villapalos, tenido por “carismático”, “hombre hecho a sí mismo” y “creador de riqueza”, por modelo de la España moderna que se ventilaba la caspa del hombro de tergal marrón. ¿Se acuerdan? Ahora España y su Hacienda están caninas, se siente el clamor de los contribuyentes que están contra la pared -usted quizá, y yo-, y lo han pillado. Durante este tiempo, tras salir de su primera cárcel, algunos que hacen ahora carne picada del Conde caído se han arrimado a él, le han chupado la espalda baja, lo han llevado a foros y platós. Vergogna!

Es la economía, ‘What else?’

Tacho Rufino | 18 de abril de 2016 a las 19:50

COMO sucede con la interpretación de la Historia y de la evolución de las cosas de los humanos, en la actual política española de interregno se dirime un combate turbio entre las ideas y lo material, de forma que podemos encontrar idealistas frente a materialistas, al menos en las fachadas. En una esquina, con calzón rojo, nos encontramos con aquellas formaciones políticas que habitan en las grandes palabras y conceptos ideológicos, normalmente de izquierda (y mira que el marxismo es en esencia materialista, pero la estrategia y la táctica es lo que tienen). También con calzón ideológico pero sentimental, rojigualda y estrelado, en la esquina identitaria -qué término tan estúpido, por fullero y victimista… y victimario-, están los independentistas vigentes, que son catalanes, porque los separatistas vascos se deben de decir: “Mejor que yo estoy no voy a estar; vamos a dejarnos de rupturas o violencias que no llevan a nada ahora a nuestro privilegiado bolsillo: el reparto fiscal nos viene fenomenalmente bien”. Y en la otra esquina del debate político (inútil) que no cesa, con calzón azul pavo, están los materialistas, a pesar de ser “los de derechas”. Los que piensan que es la economía lo que mueve todo, también la unamuniana intrahistoria de la gente de a pie; y que vamos a las pesetas, que lo demás son galletas. Porque, la verdad, la derecha, si algo ha sido siempre, es materialista y economicista, aunque haya gustado de suavizarse con una forma de religión y de Iglesia vestida de limpio y vinculada al poder, al poder con mayúsculas. Fondo y forma, verdades a medias y mentiras completas. Y mucho cuento.

Francamente, creo que si en algo ha salido ganando el PP en estos cuatro meses de negociaciones estériles ha sido en no quemarse con la esterilidad: no ha negociado con nadie, porque nadie quería hacerlo con los de Rajoy, salvo Ciudadanos, que no ha caído tanto como Podemos (Iglesias) y PSOE (Sánchez) en el vicio del simbolismo y las grandes palabras sin cocer. En España hay dos cosas importantes, la economía y el problema catalán, y resulta que -lo comunicó el partido oficialmente el miércoles- el PSOE “retrasará su informe sobre economía del país hasta que haya Gobierno”, y Podemos -lo dijo Iglesias el martes- afirma que “la cuestión catalana no ha estado nunca sobre la mesa” en estos cuatro meses. Joder, ¿y de qué quieren hablar, de qué han hablado? Los corta y pega de programa electoral sólo han servido a los intereses partidistas y/o personales -ay, Sánchez, con el gran partido que diriges- de los negociadores.

Obviemos el asunto catalán por un momento (en el fondo, un asunto económico: fiscal, y remitámonos al comentario de arriba sobre la pax vasca). Las negociaciones deben concretar posiciones y enjaretar acuerdos sobre, a saber: el control o relajación del déficit; el gasto de las comunidades autónomas, y sus ingresos, o sea los impuestos (corazón de la política económica de cualquier gobierno a día de hoy); cómo vamos a crecer, y cómo se pretende incentivar dicho crecimiento, única manera de paliar el cáncer del desempleo; qué pasa con las pensiones, no las de ahora, sino las de dentro de veinte años; si vamos a pedir a la Unión Europea que en vez de dar barra libre a los bancos se dé pasta en mano a las familias, a todas, para hacer crecer vía consumo e inversión privados la economía y aumentar un poquito la inflación, cosa que conviene a la deuda de las familias y el propio país; y si vamos a pedir también a Europa la renegociación o reestructuración de nuestra silente lacra, la deuda pública, prima del déficit. Ahí están los asuntos que afectan a la gente. No son asuntos fashion, pero votamos para estas cosas. Digo yo.

Iñigo, castigado ‘a pensar’

Tacho Rufino | 29 de marzo de 2016 a las 13:26

Vanity Fair

Vanity Fair

HOY, se espera, Íñigo Errejón volverá a hablar en público. El que fue número dos de Podemos debe participar en la Junta de Portavoces del Congreso, como portavoz de la formación morada que formalmente es. Hace once días que el joven diputado decidió cerrar para el público sus protuberantes morritos de jovenzuelo, porque el gran chamán y todopoderoso líder, Pablo Iglesias, se ventiló sin contemplaciones al número tres, Sergio Pascual, en contra de su criterio y sin siquiera avisarle. A pesar de ser un cargo centralísimo en la política española vigente, Errejón ha antepuesto su pataleta y su táctica personal dentro del partido a su condición de cargo público, algo verdaderamente significativo, por no decir inaceptable. Pero en fin, también podemos afirmar que puestos a hacer mutis por el foro capitalino, Rajoy está arriba en el ranking de muditos públicos desde hace mucho tiempo.

Y en esto, oh casualidad, que Monedero emerge de sus cenizas, justo cuando se cumple un año de su dimisión por los chanchullos financieros con los que a la Nueva Política comenzó a ponérsele cara de vieja en formol. El que era el número dos antes de Errejón ataca de nuevo, y si uno fuera mal pensado diría que todo es un montaje al que el pobre Íñigo ha estado ajeno: “Monedero, vete un añito a la nevera, que ya buscaremos una forma de mandar al pijito a su casa; mientras tanto, nos será útil”. En pura ortodoxia marxista, a los desfavorecidos y los parias de la tierra los debe guiar gente bien formada, que incluso provengan de las clases dominantes, aunque quizá Errejón era demasiado niño bien. Eso sí, intelectuales todos ellos. Tanto que a veces da como fatiga tanto pavoneo primaverita con la condición de “intelectual”, que cualquier diría que en vez de Iglesias, Errejón y Monedero estamos ante Bertrand Russell, Henri-Levy y Noam Chomski. “Juan Carlos es un intelectual que necesita volar”, dijo Iglesias de Monedero antes del estratégico retiro de éste. “El defecto de Pablo es su soberbia intelectual”, le devolvió Juan Carlos; algo así como ofender a alguien diciéndole que la tiene demasiado grande. Cuando Íñigo confundió el tabaco de liar y soltó aquello de “la hegemonía se mueve entre la tensión del núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales: Afirmación-apertura”, Pablo lo rehabilitó con un: “Es duro ser intelectual”. Ahora, Monedero da cremita al amortizado compañero con la misma matraca: “Íñigo debe pararse a pensar”. Como cuando la seño le dice al travieso de la guardería que se suba a la mesa “a pensar”. A una mesa de otro partido, quizá.