La banca gana

Tacho1 de Julio de 2009 a las 10:08 am

Como el agua busca su salida, a veces por donde no conviene, el dinero también se orienta. Por ejemplo, existe una relación apreciable -aunque no pueda medirse con precisión- entre el desplome de la actividad económica visible y legal y el alza de la sumergida y alegal, tanto en actividad como en empleo. ¿Si hubiera realmente más de cuatro millones de parados, más otros millones de personas que dependen de ellos, habría paz social? En la práctica, el problema con esa filtración de lo visible a lo invisible es que las actividades sumergidas no cotizan ni pagan impuestos, y no contribuyen a pagar subsidios de desempleo (que en no pocos casos se añaden a los dineros que se obtienen por los chapús que se realizan bajo la superficie).

También hemos sabido esta semana de otra relación digna de reflexión: la bolsa ha subido en los últimos cuatro meses prácticamente el doble de lo que han supuesto los planes de rescate del sector bancario por parte de los gobiernos del primer mundo, que es el más duramente castigado por la crisis (al menos en términos numéricos). ¿Adivinan cuáles son las empresas que cotizan en bolsa que han notado mayores subidas en las bolsas…? ¡La banca, hombre, claro! La bolsa se ha empeñado en mostrarse vestida de casino en el que ganan los mejor informados y los cazadores de plusvalía sin contrapartida de riqueza real. Por eso su condición teórica de termómetro de la economía real y de indicador del valor de las empresas está más que en entredicho. Pero su lógica es a veces aplastante: ¿flotador público para la banca? Pues mayor valor de la banca en el mercado continuo. De todas formas, hasta que se recuperen las pérdidas que comenzaron hace ahora dos años, queda mucho. Mientras, la paradoja de una banca que saca pecho en bolsa resulta dolorosa para muchos que han perdido mucho… pero que no levantan cabeza porque siguen sin recibir crédito, y no cotizan en bolsa ni en casi ningún sitio. ¡Ay, los mercados imperfectos!

Al hilo de este asunto, me permito colgar la siguiente viñeta, de Borja Montoro, publicada en La Razón:

El holgar se va a acabar

Tacho27 de Junio de 2009 a las 4:13 pm

LA Real Academia Española de la Lengua define holgar como: “Estar ocioso, no trabajar”. Pues bien, la pícnica demografía de los países ricos -pocos productores jóvenes para pagar las pagas de retiro de unos mayores cada vez más longevos- nos pone de frente el que es quizá el principal problema de los presupuestos públicos de cara a un futuro casi inmediato: el merecido descanso remunerado tras la vida laboral tendrá que esperar unos años más para las cohortes que, inexorablemente y en el mejor de los casos, llegaremos a viejos. Más pronto que tarde, vamos a tener que trabajar y cotizar después de la actual edad límite, los 65 años. El debate sobre la abolición de ese límite se ha acentuado con la penuria económica instalada desde hace dos años en el mundo desarrollado, un caso similar a otros grandes asuntos, como el de las facilidades legales para despedir empleados o como la energía nuclear, que, como de improviso, han venido a lomos de las vacas flacas como espurgabueyes. El debate sobre los asuntos hasta ayer dormidos en los brazos de la exuberancia es una de las pocas caras positivas del poliedro de la crisis. ¿Qué le dice el tiburón al náufrago?: “El flotar se va a acabar”. ¿Qué le dice la crisis al cincuentón y sus sucesores? “El holgar se va a acabar”, por lo menos desde los 65. Apuesten por un nuevo término: “La cuarta edad”.

He leído esta semana que cuando Otto von Bismarck estableció la primera pensión para trabajadores de más de 70 años, la esperanza de vida de un prusiano era de 45. Dicha edad de retiro se ha ido retrasando, mientras que la esperanza de vida se ha incrementado en mucha mayor medida. Además, mientras que en los orígenes de las prestaciones sociales de jubilación los beneficiarios eran los individuos pobres más fuertes, hoy no hay que ser especialmente fuerte para llegar a 65 en un aceptable estado de forma. Ni mucho menos son los pobres los beneficiarios: de hecho, las pensiones más altas son las de quienes más han ganado en su vida laboral por rentas del trabajo, y ello haciendo caso omiso de las planes de pensiones privados (cuyo valor, por cierto, se ha reducido globalmente en una tercera parte en menos de dos años). Visto desde otra perspectiva, la gente sobrevive mucho más a su edad de retiro: en ciertos países escandinavos, hasta 25 años.

Hay un factor clave, que por tanto no debe ser ignorado, ni apisonado por la generalización: no es lo mismo trabajar mayor de ferrallista, mecánico de tractores o camarero que de profesor, escritor o psicólog clínico. La única solución a la incapacidad de seguir soportando una profesión penosa físicamente o a la menor capacidad de adaptarse a las nuevas tecnologías es no pretender seguir trabajando en lo mismo. La duración de la jornada es otra variable a tener en cuenta. Por supuesto, no debe esperarse que las cantidades recibidas por sueldo se mantengan, sino al contrario. Un cambio de la mentalidad juvenilista exacerbada que aún impera debe producirse, también. A fin de cuentas, ¿qué remedio queda? Un dato: ciertas encuestas entre los mayores británicos y estadounidenses revelan que la mayoría querría seguir trabajando más tiempo.

Si aplicamos el dogma del principio de caja (se paga con lo que entra de las cotizaciones de los activos), el sistema actual no es sostenible. Hay que mover ficha, y conviene no dejar que los que la muevan sean los dedos de aquellos a quienes la pensión se la trae al pairo: no sólo las grandes fortunas, sino también los que se han blindado a partir de lo público. Es éste, sin duda, un asunto principal de Estado, una buena oportunidad para crear una grosse koalitionen a la española, que congregue con este propósito a las fuerzas políticas y sociales. Sin la interferencia de ex padres de la patria metidos a gurús de galáctico caché, que parecen haber visto la luz tardíamente, y gustan de asombrar con sus repentinos cambios ideológicos. Mirada larga, paso corto, pocos focos… y menos egos desbocados. Por favor.

La vergüenza de Ulrike

Tacho26 de Junio de 2009 a las 10:58 am

“ESTIMADO profesor R., referente al examen de GC, siento mucho que no estaba bien preparada para este examen. Al final me he concentrado demasiado en las otras asignaturas y me faltaba el tiempo de estudiar para esta asignatura. Tengo vergüenza que es precisamente su asignatura. Espero que tenga la posibilidad de repetir el examen en septiembre. Un saludo, Ulrike Meyfarth.”

Recibí la semana pasada este correo tras un examen en el que esta alumna -a quien he cambiado el nombre por el de una fabulosa saltadora de altura, también alemana- declaraba sentir “vergüenza” por no haber hecho el examen como debiera. He recibido cientos de emails desde que esta vía de comunicación está a disposición de los alumnos universitarios para contactar con los profesores. En la mayoría de los de este tipo, se tiende a la justificación, e incluso hay quien proyecta su fracaso en la forma de impartir la asignatura o, sin empacho ni temor, en el propio docente (al que no suelen llamar “profesor”). Por no hablar de la nada desdeñable cantidad de alumnos problematizados por un pariente mayor recién fallecido (en estos casos, la mentira sería buena cosa), o con enfermedades propias tan difíciles de comprobar como la lumbalgia del Maradona del Sevilla. Por otro lado, comprobar esos extremos no debe tentar al profesor: sería meterse en un jardín, y hasta en un laberinto. Ulrike y otros alemanes formaron parte de un reducido número de alumnos a los que, en el primer semestre, impartí la asignatura introductoria de Gestión. Con algunas excepciones, los germanos sobresalían de la media, al menos en ciertas actitudes: sus tareas individuales o en grupo eran concienzudas, a veces demasiado largas; solían siempre comenzar con un apartado de, por así llamarlo, “Antecedentes y contexto”, y finalizar con “Opinión y conclusiones”; su inglés, en fin, era excelente. No todos eran formales en los plazos, pero desde luego no lo eran menos que la media de aquel grupo plurinacional. Pero el rasgo que más distinguía a los alemanes era que, cuando les pedía un corolario sobre la clase que terminaba, eran indefectiblemente los últimos en salir; quizá con Carlos, español. No abreviaban, no salían del paso para ganar quince minutos “de patio” al tiempo oficial de clase.

Aclararé que no soy un germanófilo ni un renegado, y sé la dudosa validez estadística de lo que cuento. Es claro que el hecho de estar fuera de tu país estimula tu esfuerzo, tu miedo quizá, tu creatividad también, y tu necesidad de superar la barrera idiomática y cultural. Sólo por esto vale la pena mandar a los hijos fuera, una inversión más rentable que, por ejemplo, toda la basura tecnológica que reciben y que se arrumba de inmediato. A las empresas les sucede lo mismo: la productividad tiende a ser mayor en estados de incertidumbre, así como también se estimulan los griales de la innovación y de su prima la creatividad. Aflora la vergüenza torera de unos alumnos -y empresas- motivados y acuciados por las dificultades. Más allá de la vergüenza de Ulrike, tan improbable entre nuestros dueños del mando a distancia -para nada castrados por la responsabilidad, y menos por la culpa-, valga hoy jueves esta reflexión tan poco técnica para ver que hay vida más allá de nuestra tierra andaluza, cuya riqueza natural, eso sí, admite pocas comparaciones.

Golpes bajos a la RSC

Tacho24 de Junio de 2009 a las 1:08 pm

 

Golpes Bajos era un grupo gallego de los ochenta que hizo canciones que para muchos, como yo, son legendarias. Entre otras, No mires a los ojos de la gente o Malos tiempos para la lírica. Ésta última ha cedido sin querer, y sin intervención de la SGAE que yo sepa, el copyright de tan bello título a cantidad de artículos y referencias periodísticas más o menos bellas. Yo también me concedo la licencia de poner mis sucias manos sobre la canción de marras y, aunque no en el título de esta entrada, diré que corren malos tiempos para la Responsabilidad Social Corporativa (ya imagino a ciertos amigos puristas de aquel tiempo pasado abofeteándome telepáticamente, pinchando alfileres en la fotito del alimentador este blog, o incluso mordiéndose los nudillos muy encorajinados). Pero la Responsabilidad Social Corporativa -gastos e inversiones de las empresas para revertir parte de su beneficio en la sociedad, haciendo de ello un argumento de marketing, lo cual es muy lícito- está perdiendo peso presupuestario en muchas empresas. Caja Madrid anunció antes de ayer recortes cuantiosos en su Obra Social para el próximo ejercicio, también ha congelado los salarios más altos. Se basa en que sus resultados han caído casi en un 70 por ciento. Muy comprensible. Como, paralelamente, también es comprensible que el Gobierno decida eliminar la bonificación de 400 euritos en la renta de cualquier contribuyente, medida desacertada tanto por su origen electoralista como por lo despilfarrador para con unas arcas públicas en el borde del abismo. Los no estrictamente necesario queda pospuesto hasta nueva orden.

Sísifo somos todos

Tacho20 de Junio de 2009 a las 5:38 pm

POR avaro, mentiroso y bandido, los dioses lo condenaron al eterno absurdo de cargar una y otra vez una gran roca hasta la cima de una montaña, para dejarla caer a toda velocidad. Bien mirado, la condena del desdichado Sísifo no deja de parecerse a la que -no por primera ni segunda vez- el mundo sufre por causa de la economía: la condena de las crisis periódicas, la dura subida tras el alegre y vertiginoso descenso. Obviemos por un momento las teóricas causas cíclicas que quieren explicar los desastres periódicos, y vayamos a la coincidencia entre el mito clásico y el esqueleto de la cruda realidad económica y social que vivimos. Por un número considerable de avaros, mentirosos y bandidos, la economía mundial vivía en una burbuja, y por otro número considerable -y no disjunto del anterior- de avaros y mentirosos, la economía acabó reventando y yéndose al traste. Ahora nos toca subir la montaña, cargados con una mochila de problemas: paro galopante, destrucción de empresas de todo tamaño, anorexia de la confianza, caída en picado del consumo, pertinaz sequía del crédito salvo para pagar a Cristiano Ronaldo, contracción económica, probable travesía del desierto para España, drenaje acelerado de las cuentas públicas… (En este escenario, Felipe González recupera visibilidad y arrea un bofetón a su supuesto correligionario y jefe, Zapatero: declaró el martes que hemos tocado fondo, sí, pero que vamos a arrastrarnos por el fondo diez años. También, por cierto, abogó por la flexibilidad laboral y el desarrollo energético nuclear, en clara disidencia del aparato socialista en vigor.)

En estos días en los que la turbulencia económica y financiera parece -sólo parece- amainar, surge como una gran roca la deuda pública que están asumiendo los países desarrollados: grandes cantidades de dinero que incrementan el déficit presupuestario público alarmantemente. O bien grandes préstamos que el propio Estado toma, dado que los ingresos fiscales se han desplomado por la contracción de la actividad. Un lucro cesante que se suma a las costosas acciones directas de más o menos urgenica o maquillaje (planes de estímulo, keynesianismo de apretón). A estas cantidades debe unirse la repentina y creciente sangría de las prestaciones de desempleo. Las cuentas, en definitiva, están en rojo. Y para mucho tiempo. No sólo nosotros, sino nuestros hijos, tendrán que subir la montaña cargados de deuda.

Un mayor control sobre el gasto público -llamémoslo así- superfluo puede ser una solución paliativa menos arriesgada que la de subir los impuestos, política esta última que supone un riesgo claro sobre el consumo, cuya atonía es una de las claves de la crisis versión española. La cantidad recaudada por las subidas de impuestos indirectos -como los que se pagan por consumir cigarrillos y carburantes- es incomparablemente mayor y más inmediata que la de tocar los impuestos directos, personales o empresariales. Como también recordó Felipe a Zp, que acaba de subir los mencionados impuestos indirectos sobre el tabaco y la gasolina (un verdadero fortunón inmediato para las arcas públicas), en Japón la subida de impuestos implicó diez años de deflación y parálisis del PIB. (Quizá leyeran el jueves en esta misma sección el excelente didactismo de Joaquín Aurioles acerca de la relación entre deuda pública, déficit público, recaudación por impuestos, consumo, prestaciones de desempleo y otras magnitudes económicas, infaustamente de moda. Pueden leerlo en la edición digital del periódico, con el título Efectos secundarios.)

Sísifo -un mito moralizante- pagó a solas por sus culpas. En la cruda realidad, todos pagamos las culpas de no muchos bandidos tan postineros como asilvestrados, aparte de ciclos más o menos inexorables. Sísifo, en el mundo real, somos todos.

Préstamos: para Ronaldo, sí

Tacho18 de Junio de 2009 a las 2:05 pm

 

La sequía financiera dista mucho de haber remitido. No sólo grandes, sino -más intensa y fulminantemente- pequeños empresarios y autonómos sufren en sus carnes la terca reticencia de sus bancos habituales a darle “agua de vida” a cambio de un precio, el interés. En parte justificado por un crédito cercano a la gratuidad, la banca, como mucho, concede préstamos si, a cambio, constituyes un depósito, haces un leasing o un renting o, en defintiva, le haces ganar un dinero extra aparte de la carga financiera. Al asfixiado empresario no le salen las cuentas, y no le queda otra que acoquinar su ritmo de trabajo, e incluso paralizarlo, con la inevitable sangría de puestos de trabajo que ello implica.

Pero sí hay dinero para el Real Madrid, un equipo que pertinazmente se reinventa a base de talonario, con mayor o menor éxito. Esto lo convierte en un club con un impacto medíatico planetario creciente… y también en algo repelente para los aficionados al fútbol más “deportivos”. Pero, en fin, la estrategia de Florentino siempre ha sido la de pagar lo que haga falta, que yo sacaré más vendiedo derechos, giras y camisetas; o aunque sea a costa de una nueva recalificación. Y, por supuesto, los bancos siguen abriéndole las compuertas al gran colmillo blanco pelotero, aunque Botín -presidente de uno delo sprestamistas de la operación- nos haga creer que él no sabe “cómo se llama el futbolista ése” (Cristiano Ronaldo). Blesa, de Caja Madrid, dice por su parte que “prestamos dinero a quienes nos lo van a devolver”. Espermos que se lo devuelvan, y que no se les pinche la pelota a las partes implicadas en este juego galáctico.

Unos tanto y otros nada. Legalidad absoluta por parte del Madrid y su banca, sí, pero los excesos en tiempos de penuria no están nada bonitos. No soy de los que dice aquello de “veintidós tíos detrás de una pelotita”: para ellos, todo esto está entre la decencia y su antónima. Y son muchos.

Fiscalidad creativa: cómo subir los impuestos

Tacho15 de Junio de 2009 a las 6:45 pm

Usted es un diligente padre de familia. Usted, supongamos, es un pater familias responsable, ya sea hombre o mujer: el término es un cliché -que no tendría ya cabida en un mitin al uso, almibarado y recargado por el lenguaje no sexista y políticamente correcto- para referirse a alguien que cuida de sus bienes y su hacienda. En ese caso, deberá proveer los ingresos suficientes para compensar sus gastos e inversiones normales. Quizá decida endeudarse puntualmente, con el propósito de incrementar o mantener su patrimonio y el de quienes de usted dependen. Un/Una buen/buena padre/madre de familia no debería pedir dinero a crédito para gastos suntuarios, es decir, para aquellas salidas de dinero que no son necesarias para la explotación (familiar o empresarial). Si sus ingresos menguan y no dan para cubrir sus costes fijos o variables, no queda más remedio que buscar nuevos ingresos. Alternativamente, reducir sus gastos o diferir su deuda. O una combinación de esas posibilidades. Los gobernantes de los países se encuentran ante una tesitura similar en los días que corren.

Los estados han encarado la crisis con operaciones de rescate, con inyecciones de liquidez con dinero público presente o futuro (es decir, endeudándose), con aumento del gasto estatal en carreteras y otras infraestructuras, incluidas aceras o zanjas, y otras medidas interventoras más o menos eficaces y reflexivas. Estos costes y salidas de dinero, unidos a los costes por el aumento brutal de los desempleados -particularmente doloroso en el caso español- han eliminado de un plumazo el superávit de los presupuestos públicos. Y no queda más remedio que hacer dinero para aguantar como sea la quema, para llevar pan a casa, para pagar la luz y el colegio.

A nivel macro, a los gobiernos no les queda otra que subir los impuestos para poder pagar subidios, infraestructuras, educación, sanidad, justicia o defensa públicas, y tantos otros rubros del presupuesto del Estado. Obama va a establecer un impuesto sobre el uso del móvil en las empresas, porque su déficit fiscal se prevé en nada menos que el 28 por ciento del PIB para finales de este año. Se trata de una nueva tendencia de gestión pública, que bien podría llamarse Fiscalidad Creativa. Volviendo a Obama, se supone que las llamadas son un beneficio, o como mínimo una transacción gravable, lo que ya es suponer. En España -una vez concluidas las elecciones europeas, claro- se decide subir el tabaco y la gasolina. Eso de momento. El gran pelotazo es la temida subida del tipo de IVA. Eso supondría un encarecimiento de la inmensa mayoría de los bienes y servicios, al final siempre pagados por un consumidor con un bolsillo cada vez más menguante. Es realmente una solución arriesgada. Quizá angustiada. ¿Tenemos muchas otras soluciones que aumentar la presión fiscal? No es esa la cuestión, sino más bien lo es cuáles van a ser los hombros que soporten la subida de impuestos directos e indirectos. Salgado y su secretario Ocaña han ideado una estrategia de muy buena venta popular: gravar los blindajes de ciertos ejecutivos, que hacen de su capa un sayo con planes de salida y de pensiones que pagan sus empresas de espaldas a los accionistas menos poderosos (los más poderosos pueden estar en el ajo en muchos casos). Difícil de implantar, pero muy lucida de cara a la opinión pública de tropa (ver una entrada en este blog relacionada con este asunto).

Los impuestos van a seguir subiendo. La opción contraria de reducirlos y así dejar más dinero en manos del público, relajando la presión fiscal, no parece que se vaya a imponer a la crudeza e inmediatez de la opción alternativa: subir los impuestos, apagar el fuego presupuestario.

El Gran Rodríguez Houdini

Tacho14 de Junio de 2009 a las 4:30 pm

DILIGENCIA es sinónimo de prontitud y rapidez y, quizá por eso, a los coches de caballos que transportaban personas y cosas se los llamó con ese mismo nombre. La diligencia es tenida por virtud porque, aparte de la prontitud, se le presupone la cualidad de inocular cuidado y responsabilidad a la solución del trabajo o del problema. En uno de los sentidos, nuestros gobiernos central y, accesoriamente, autonómico deben ser calificados de diligentes: han reaccionado con prontitud y rapidez a la marabunta de problemas que nos atacan desde todos los flancos -financiero, empresarial, productivo, laboral-, cual inmensa legión de hormigas africanas. Pero no podemos decir lo mismo de la otra cara de la diligencia: las medidas acometidas son dispersas y, lo que es más grave, contradictorias, lo que no es compatible con la responsabilidad debida. Como si de apagar un fuego doméstico se tratara; en medio del cual, presa de los nervios y la urgencia, vertiéramos toda el agua en el primer resplandor que amenazara con abrasarnos. En ese sentido, los planes de estímulo vía municipios o los destinados a la automoción; los avales e inyecciones de liquidez a la banca paralizada, las ayudas varias a sectores varios (y no a otros menos señalados o menos estratégicos políticamente), y otras medidas de intervención en la economía han conseguido resultados más o menos perceptibles, pero no han atajado la sangría que, a la postre, es una sangría de puestos de trabajo. La ministra Salgado se preguntaba hace un par de semanas sobre si el naufragio no habría sido peor en caso de no haber intervenido el Gobierno con su arsenal financiero y normativo. Miedo dar pensar que la cosa hubiera sido peor. La política económica suele ser cada día más política y menos económica. Debemos asumir que la democracia también consiste en que quien gobierna lo hace para poder seguir gobernando, y no para mejorar las cosas, salvo que ambos objetivos se alineen más o menos mágicamente.

Esta semana, un prestigioso semanario internacional califica a Zapatero de prestidigitador por sus promesas y repentinos planes en el Debate del estado de la Nación, sacados por sorpresa de la chistera, a saber: un portátil por colegial, dos mil euros para cada comprador de un coche, reducciones selectivas de impuestos para ciertas pymes y no otras, entre otros conejos y palomas. Todo menos quedarse quieto; un compulsivo e improbable perpetuum mobile, una huida hacia adelante por parte de quien rige un timón con poca palanca ante una tempestad que no acaba de amainar. Aunque nadie sepa quién va a pagar todo esto, que se suma a los crecientes subsidios de desempleo, ni quién va a lidiar con la coordinación de las medidas centrales con las taifas autonómicas.

El Gran Houdini, legendario ilusionista húngaro, conseguía zafarse de cualquier atadura, incluidas las camisas de fuerza o las esposas. El Gran Rodríguez Zapatero está rompiendo en practicante del ilusionismo económico: dice poder cambiar el modelo productivo. No influir en él, no propiciar su cambio: “vamos a cambiar el modelo económico” decía con la solemne entonación sincopada que suele usarse en los mítines, que tan repelente resulta cuando se escucha en la tele. Para ese singular y hasta ciclópeo propósito ha prometido nuestro presidente una Ley de Economía Sostenible. ¿Es posible, es siquiera sensato plantearse llegar a un modelo productivo equilibrado sectorialmente y orientado a una producción y un consumo respetuosos con el biotopo humano , y que además garantice la renovación de los recursos? Idílico, de acuerdo; deseable al máximo, también. Pero, ¿puede lograrse eso con una ley? Antes que esperanza, causa desazón que nuestros próceres electos nos prometan edénicos escenarios inmediatos. Por favor, queremos lo posible, que es lo que cada cual quiere para su casa. El Gran Houdini, tras escapar de las más variadas trampas y obstáculos imaginables, murió de un puñetazo en el estómago, que lo pilló desprevenido.

La locomotora alemana renquea

Tacho9 de Junio de 2009 a las 2:02 pm

(Foto: EFE)

Alemania sufre como pocos países la recesión mundial, al menos a tenor de los datos de descenso del PIB (que no lo son todo). Otra prueba palmaria de que la economía es, quizá inexorablemente, global es el hecho de que los campeones mundiales de la exportación -y, debido en gran parte a ello, los que lucen una la balanza comercial más lustrosa- acusan caídas del PIB inimaginables sólo ayer. Si los destinos de sus mercancías de alto valor añadido y de su know-how congelan los pedidos y las compras, lo que antes era una fortaleza indudable se convierte ahora en un repentino talón de Aquiles comercial. España es el caso contrario: nuestro déficit comercial es tan acusado que la crisis, pírricamente, ha apaciguado la vertiginosa entre importaciones y exportaciones de nuestra economía. Según datos de ayer, el banco central germano, el Bundesbank, prevé una caída del PIB de nada menos que el 6,2 por ciento en 2009.

Hasta ahora, la productividad laboral y su reverso, la competitividad del país, habían sido señalados como los flotadores que estaban consiguiendo que el desplome económico alemán no se tradujera en un oleada de despidos: la sangría laboral española se ha producido antes por nuestra muy diferente estructura sectorial, de costes laborales y de producto obtenido por hora trabajada. La continuada caída de la producción alemana agregada de bienes y servicios -el PIB- acabará más pronto que tarde por empujar a miles de personas a las colas del paro. El país que gobierna Angela Merkel supone casi un tercio de la economía de la zona euro. La locomotora se ralentiza peligrosamente: olvidémonos de las certezas.

No obstante, el pesimismo no ha secuestrado a los alemanes: allí no ha estallado burbuja inmobiliaria alguna; sus familias son prudentemente ahorradoras y no son presa del consumismo; sus bancos e intermediarios financieros no abrazaron la fe libérrima que condujo a las estafas de mayor o menor intensidad; su fuerza de trabajo cuenta con un segmento de formación profesional bien capacitada; sus ciudadanos, en suma, no son partidarios de salvarle el cuello a nadie con fondos públicos. Todo muy alemán.

Blindajes tecnócratas: el que venga detrás, que arree

Tacho8 de Junio de 2009 a las 7:23 pm

(Fotos: Mansión de Fred Goodwin apedreada; John Kenneth Galbratih)

Me contaron que un alto y muy pérfido diplomático británico decía de los españoles que somos “especialistas en cagarla cuando las cosas nos iban bien”. Venía a querer decir, probablemente, varias cosas: entre otras, “no trago a los españoles, como principio cero”, y “los españoles son proclives a tirar la casa por la ventana y no pensar en el futuro y en los posibles cambios, tantas veces repentinos, desde el ciclo alto al ciclo depresivo”. Quizá no le falte razón, en cualquier caso el dardo bien vale alguna reflexión. De entrada, que resulta que no sólo derrochamos y perdemos contacto con la realidad en épocas de opulencia. Pero, también, que en las épocas de crisis, muchos de quienes ostentan el poder formal de las organizaciones siguen pensando, básicamente, en su propio medro y su futuro personal. Otra forma de fastidiarla, pero en tiempos depresivos.

John Keneth Galbraith -economista canadiense y, durante un tiempo, diplomático de EEUU, a pesar de sus posiciones tenidas por izquierdistas- hablaba con lucidez de la tecnocracia como el origen de muchas ineficiencias en los mercados, por no hablar de injusticias. Galbraith habla incluso de “explotación”. Dicho en corto, la tecnocracia la conforman los ejecutivos no propietarios, al menos originalmente no propietarios, que sin embargo toman el poder de la organizaciones que los contratan de una manera siempre orientada a sus propios intereses. Los salarios directivos españoles en dinero y en especie han crecido en la última década de una manera totalmente despareja de los salarios más bajos. Según Galbraith, la tecnocracia explota tanto a los propietarios como a los consumidores, y su estrategia personal es prioritaria, siempre por encima de la estrategia de las empresas que les pagan. También cabe hablar de tecnocracia pública, por supuesto. Los blindajes son una de las formas más habituales de trincar: las empresas los firman alegremente a veces. En las empresas más grandes y con mayor distancia del accionista -muchas veces, un accionista disperso en el mercado bursátil-, colchones dorados de retiro, tantas veces desproporcionados, pillan por donde dijimos a la empresa, lastran sus dividendos y limitan las posibilidades de incentivar retributivamente a los niveles medios y bajos del organigrama. En alguno casos, como sucede en épocas de penuria, la empresa es incapaz de echar a un directivo que ya no es útil: le cuesta demasiado caro, y no sabe dónde ponerlo.

¿Sólo en épocas de subidón se cometen imprudencias que condicionan el futuro, como la negociación de blindajes irracionales? ¡No! Según informa Negocios de El País en el salmón de ayer, en 2008 los blindajes no sólo no se han congelado, sino que han aumentado nada menos que un 9 por ciento. “Si la cosa se pone fea, mejor buscar un colchón en el que amortiguar el golpe”, comienza diciendo el reportaje. Y el que venga detrás que arree. En el caso del mencionado artículo, se centra sólo en grandes empresas cotizadas. Pero también hay ejemplos como éste en empresas no tan grandes. La codicia genera odio cuando la cifra del paro se acerca a ese límite imaginario de 5 millones de parados: el umbral de la convulsión social. Claro, que también “el blindado” podrá alegar “legalidad” en el trato con su empresa, y puede que no le falte razón. No todo es ley, obviamente, pero es un buen argumento al que agarrarse: “ande yo caliente, y ríase la gente”, escribía el cordobés Góngora.

Para cerrar el razonamiento, cabe recordar que el mangazo legal del altísimo directivo no es cosa española, ni mucho menos. El caso más notorio del último año ha sido el de un ejecutivo galáctico, que se encargó de dejar derrumbarse la gloria bancaria nacional, con un blindaje obsceno y una pensión vitalicia de casi un millón de euros anuales. Por cierto, el banco es el Royal Bank of Scotland y el personaje es Fred Goodwin (que incluso fue previamente nombrado sir). Very british…

Autor

Economía razonable para todos lo públicos

Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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